Ideario de militantes argentinos en la Nicaragua Sandinista

Leandro Volonté - Marcelo Landi

A través de entrevistas a militantes de diferentes organizaciones políticas, acompañado por bibliografía, diarios de la época y archivos de inteligencia de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires, se intenta rastrear en el ideario de los argentinos que brindaron su apoyo y solidaridad internacionalista o latinoamericana al proceso revolucionario dirigido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua desde fines de la década del setenta a inicio de los noventa.


Resumen

A través de entrevistas a militantes de diferentes organizaciones políticas, acompañado por bibliografía, diarios de la época y archivos de inteligencia de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires, se intenta rastrear en el ideario de los argentinos que brindaron su apoyo y solidaridad internacionalista o latinoamericana al proceso revolucionario dirigido por el Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua desde fines de la década del setenta a inicio de los noventa.

El trabajo apunta a indagar en las reflexiones de los militantes sobre el auge de luchas en Argentina y la posterior derrota sufrida con el Golpe de 1976, período que inicia la represión abierta por parte de las Fuerzas Armadas para la desarticulación total de las organizaciones político-militares que desde 1974 venían siendo socavadas por fuerzas paramilitares y de seguridad que apuntaron a las personalidades más relevantes socialmente, como estrategia de aislamiento de las mismas.

Además, una mirada reflexiva sobre la Nicaragua Sandinista que recibió a una parte de la militancia argentina exiliada. Estos militantes, de diferentes organizaciones como el PRT-ERP, Montoneros, Partido Comunista, Intransigentes, cristianos, etc., por elecciones múltiples (particulares y colectivas) decidieron continuar aportando a un proceso revolucionario que logró tomar el gobierno de Nicaragua. De esta manera la subjetividad de los militantes nos conducirá al clima de la época donde una revolución llega triunfante para gobernar Nicaragua en un contexto de crisis económica mundial iniciada en 1973 y de baja en las luchas de clases, con oleadas represivas en gran parte del planeta.

También pensar Nicaragua como nexo para toda aquella militancia nueva que se forma en la década de 1980, como dice uno de los entrevistados: “la generación Malvinas era casi una especie de revancha por no haber militado en la época de la dictadura. Siempre tuve la sensación de ser demasiado chico para ser Montonero y demasiado viejo para ser de la Fede….”1 Esta generación visualiza al proceso iniciado por los Sandinistas como la nueva Cuba que a través de las armas conduce políticamente el país. Además, las brigadas de solidaridad fueron la instancia para la formación política y militar de esta nueva generación y la posibilidad de ejercer solidaridad latinoamericana e internacionalista.

Introducción

Este trabajo intenta indagar en las reflexiones de dos generaciones de militantes argentinos (“setentistas” y “ochentistas”) en torno a la revolución y la derrota a partir de los aportes internacionalistas a la experiencia del Sandinismo en Nicaragua entre 1979 y 1990.

La palabra ideario2 nos parece acorde para reflejar el cúmulo de sensaciones que las entrevistas orales originaron ante cada pregunta, ante cada recuerdo de los momentos vividos de los entrevistados/as.

Entre los diferentes móviles que nos llevan a realizar este trabajo (trabajo en proceso, por cierto), nos interesa puntualizar sobre la posibilidad de reflexionar sobre ese pasado reciente. Esta reflexión no quiere ser sólo eso, en el sentido de únicamente considerar atentamente un hecho para luego multiplicar los miles de papers que congreso a congreso se acumulan para saciar los apetitos individuales de los investigadores. Pretendemos rescatar vivencias para pensar y nutrir con síntesis las futuras reflexiones de colectivos humanos actuales en torno al cambio, que entendemos deberá dar la humanidad ante la crisis civilizatoria actual3. Una crisis donde “(…) ni siquiera la noción de crisis capitalista es suficiente para entender la situación que hoy está viviendo

la humanidad: una verdadera encrucijada histórica, que puede catalogarse como una auténtica crisis civilizatoria, por las múltiples dimensiones que ésta conlleva, porque al mismo tiempo estamos viviendo, por lo menos, cuatro crisis de manera simultánea: ecológica, climática, energética y alimentaria, todas producidas por la suicida mundialización del capital”4.

Otro aspecto donde nos interesa inmiscuirnos es la derrota, sobre todo a la luz de los intentos revolucionarios del siglo XX para instaurar sociedades socialistas y la imposibilidad, aún, de haber logrado dicho proyecto a nivel mundial. Por esta razón, la revolución nicaragüense nos resulta, si se quiere, un proceso dislocado; ya que las convulsiones sociales mundiales producidas a finales de la década del sesenta resultan para ese período un tanto remotas. Es decir, para los finales de la década del setenta el mundo asiste a una embestida del capital que hace que poco a poco comience el desgaste final de los Estados hegemonizados por la Unión Soviética.

A partir de la crisis del petróleo las economías de los países, sobre todo los periféricos, se estancan, aumenta la brecha entre riqueza y pobreza, se debilitan los Estados nacionales, la combinación de estancamiento más inflación (estanflación) no tiene soluciones categóricas, dando pie al avance del neoliberalismo como receta triunfante del capital. En todo el mundo las grandes ciudades reciben población campesina desempleada que generan economías paralelas de subsistencia ante la imposibilidad de incorporarse al mercado laboral urgido de alta cualificación. “En la medida que la economía transnacional consolidaba su dominio mundial iba minando una grande, y desde 1945 una universal, institución: el estado – nación” (HOBSBAWN, E.; 1998: 423). La transnacionalización del capital va acompañada con el crecimiento de los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que adquirieron cada vez más autoridad durante la década de crisis, en la medida en que las fluctuaciones incontrolables de los cambios, la crisis de la deuda del tercer mundo y, después de 1989, el hun

dimiento de las economías del bloque soviético hizo que un número creciente de países dependiesen de la voluntad del mundo rico para concederles préstamos, condicionados cada vez más a la adopción de políticas económicas aceptables para las autoridades bancarias mundiales (HOBSBAWN, 1998).

Con este panorama mundial, Nicaragua asiste en 1979 a una revolución triunfante que irradia al mundo una esperanzadora posibilidad ante el contexto de debacle económica y política mundial. Esta revolución permite canalizar las necesidades de aquellos revolucionarios que vienen expelidos por la ola contrarrevolucionaria mundial, y sirve como base para exportar la revolución a los países circundantes. Esta experiencia nos remite a las solidaridades internacionalistas de la república española y la lucha contra el fascismo a nivel mundial. En ese contexto es comprensible el especial ahínco que EEUU desde la presidencia Reagan puso para financiar y comandar el aplastamiento de la posibilidad de un nuevo país socialista.

Trabajo de fuentes

Principalmente el trabajo está vertebrado a partir de entrevistas realizadas a militantes de diferentes organizaciones políticas (Montoneros, Peronismo de las Bases / Fuerzas Armadas Peronistas –PB FAP-, Partido Revolucionario de los Trabajadores / Ejército Revolucionario del Pueblo –PRT ERP-, Partido Socialista de los Trabajadores –PST-, Federación Juvenil Comunista / Partido Comunista –FJC PC-) que participaron entre 1979 y 1990 en las diferentes formas de aportes al proceso llevado adelante por los sandinistas5.

Otra importante fuente está representada por los legajos de inteligencia del archivo de la ex – Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires -DIPPBA6-. Adicionalmente se ha utilizado bibliografía especializada, biografías y autobiografías de militantes partícipes.

En torno a las fuentes escritas, los legajos de la ex – DIPPBA, son parte del aparato represivo estatal, entendiendo al Estado como garante para legitimar las relaciones sociales imperantes y está representada por legajos de informes producidos por la misma policía provincial, así como informes provenientes de otras inteligencias argentinas7.

La fuente oral incorpora el aspecto subjetivo a partir de testimonios de militantes que estuvieron en Nicaragua para aportar sus energías al proceso político sandinista. “La metodología oral aporta elementos en forma significativa a la historia, ya que demuestra que la vida de las personas no se puede considerar como un fenómeno individual, sino que es sobre todo un producto social. Las personas forjan su identidad en tanto comparten tareas con otros individuos dando a su existencia un carácter social. Su vida adquiere sentido en comunidad, en tanto pertenecen, en diferentes planos a la vez, a las fábricas, al lugar de estudio, a sus barrios” (POZZI, P. y SCHNEIDER A.; 2000).

En este sentido, diferenciamos a dos generaciones de entrevistados. Por un lado, aquellos que durante las décadas de 1960 y 1970 formaron parte de las organizaciones revolucionarias. Esta generación sufrió una embestida represiva encabezada por las Fuerzas Armadas que desarticularon la posibilidad de un cambio revolucionario en la Argentina, provocando el exilio del país de miles de militantes para impedir el exterminio que el terrorismo de Estado les estaba aplicando. A esta generación la denominaremos “los setentistas”8.

La otra generación que podemos diferenciar es la de aquellos jóvenes que comenzaron a participar políticamente en los últimos años de la dictadura. Esa militancia nueva comienza a participar en los primeros años de la década de 1980; en palabras de Mario (ex militante del FJC-PC): “la generación Malvinas era casi una especie de revancha por no haber militado en la época de la dictadura. Siempre tuve la sensación de ser demasiado chico para ser Montonero y demasiado viejo para ser de la Fede (…)9. Esta generación visualiza al proceso iniciado por los Sandinistas como la “nueva Cuba” que a través de las armas había logrado conquistar la conducción política del país. Además, las brigadas de solidaridad fueron la instancia para la formación política y militar de esta nueva generación y la posibilidad de ejercer solidaridad latinoamericana e internacionalista.

Respecto a cuestiones de cronologías de hechos y descripciones sobre desarrollos del proceso priorizamos la voz de los entrevistados, describiendo o vertebrando dichos elementos.

Relatos y documentos

Las transcripciones de las entrevistas fueron cruzadas con extractos de diarios y documentos de inteligencia para dar un corte cronológico al relato.

Entrevista a Daniel, militante del PRT ERP10:

“A fines de mayo del 79 (…) estábamos discutiendo cuestiones del estatuto del Partido y demás, pero languidecía la reunión. Hacemos entonces un cuarto intermedio, y cuando se retoma la reunión se plantea suspenderla y salir para Nicaragua. Ya había contactos con gente de allá, y como se veía que por este camino de reconstruir formalmente el PRT no se avanzaba definimos ir a Nicaragua y ver qué hacer. Me parece que fue una decisión acertada (…). Se hizo una lista de voluntarios, y van primero seis compañeros: el capitán Santiago, el pelado Gorriarán, Manuel Beristain, Martín Massetti, el Gato y el gordo Sánchez. Llegan al Frente sur. De acuerdo a las capacidades y la experiencia son distribuidos en distintos lugares (…). Cuando triunfa la revolución los compañeros entran a Managua con el Frente Sur, algunos van a parar a la contrainteligencia (Gorriarán, el flaco Santiago), Sánchez va a la policía (…) y después vamos llegando el resto. Yo llego en septiembre”.11

Julio de 1979

Solicitada publicada por Clarín de fecha 06-07-79 que fuera patrocinada por el P.S.T. en solidaridad con el pueblo de Nicaragua. (…) La publicación de la solicitada aludida, parece ser el primer paso dado por la conducción del P.S.T. para impulsar una corriente de apoyo a la revolución que en Nicaragua encabeza el (…) FSLN. Esta postura es coherente con la Tendencia Bolchevique (…) habiendo adoptado otras organizaciones trotskistas del continente, medidas similares, o incluso, más radicales (tal como el PST colombiano, que ha enviado una “brigada” a combatir junto al FSLN)12.

Intensas batallas en el sur de Nicaragua. En epígrafe de la foto: Guerrilleros de la “brigada” Simón Bolívar de Colombia reciben instrucciones y entrenamiento en Bogotá para sumarse a las fuerzas sandinistas que luchan en Nicaragua contra el presidente Anastasio Somoza. (…) Diario El Día, 6/6/7913

Última noticia: Cayó Managua. Las fuerzas victoriosas del Frente Sandinista de Liberación Nacional entraron en Managua esta noche en forma ordenada y ocuparon posiciones en una docena de barrios de los alrededores, mientras esperaban avanzar hasta las instalaciones del cuartel de la Guardia Nacional en la loma Santa Cruz. Al mismo tiempo se anunció en fuentes gubernamentales que el presidente interino Francisco Urcuyo abandonó el país con un grupo de colaboradores. Diario Crónica. 19/7/7914

Meses antes, en ese mismo año (1979), llega Nora, militante del PST, integrando la Brigada Simón Bolívar15. “Luego de una intensa actividad política en Argentina ya en el 79 cuando se da lo de Nicaragua, yo estaba desgastada. Estaba bien haberme quedado, pero era mucho llanto, mucha crisis de los familiares, mucho horror de todo lo que era la dictadura. Y digo “bueno, hasta acá”. En ese momento se arma la Brigada y tomo la decisión de ir para allá. (…) La mayoría de los compañeros de la Brigada eran colombianos. De Argentina vamos dos: Miguel y yo… Salí de Argentina media disfrazada hacia Uruguay, de ahí a Chile. Luego estuve unos quince días en Costa Rica esperando la visa para entrar a Nicaragua. Así que yo llego ya al borde del triunfo. El grupo de compañeros donde está Miguel logra entrar primero, desde Puerto Limón, Costa rica. Luego fue llegando el resto de la brigada. Ahí perdemos tres compañeros colombianos…

La experiencia más importante es vivir una revolución, todo lo demás es secundario. La fuerza, la energía desplegada de la gente, haciendo de todo. Nosotros terminamos ocupando la casa de un ex senador somocista, una mansión enorme, que estaba ubicada a fuego cruzado entre la vieja catedral en donde estaban ubicados algunos somocistas que todavía resistían, y del otro lado la empresa telefónica desde donde se combatía a los somocistas. Nuestra actividad principal ahí no era la resistencia armada, pero sí aportábamos a la resistencia nocturna.

Durante el día era moverse para todos lados, cuando uno terminaba el día parecía que había vivido diez días, una vida muy intensa, pero no te cansabas, no hay cómo transmitirlo. Dormíamos en el piso, pasamos bastante hambre los primeros días, hasta que nos fuimos organizando con la gente del lugar

A primera hora del día, nos venían a buscar los obreros, nos llevaban de un lado para otro. (…) cuarenta y pico de años que no pudieron hablar nunca en una asamblea, que se tenían que cuidar de todo; entonces cuando se da el triunfo todo eso se libera, pero faltaba experiencia de cómo proceder, qué hacer. Pero el aprendizaje era rapidísimo.

En los lugares en que me tocaba, nos poníamos en una tarima, y decíamos “bueno vamos a iniciar la asamblea. Ustedes conocen la gente, primero saquemos a los que sepan que son buchones”, y entonces convocaban a la asamblea, y un compañero con una voz muy tímida al principio decía “pensamos que no todos debemos estar en esta asamblea…”, y así la gente misma iba gritando los nombres de los capataces que los habían verdugueado, los obreros que habían buchoneado, etc. Después se elegían a los delegados.

Eran sindicatos por fábricas, no había sindicatos por industria en Nicaragua. La experiencia que había con el somocismo era el sindicato “blanco”, es decir, elegido por la empresa, o sea, ni siquiera es burocrático, sino que los delegados eran elegidos directamente por el patrón. Entonces, ahora la asamblea elegía a los delegados, y se iba resolviendo qué hacer. En un mes organizamos más de 100 sindicatos (…). Lo importante es que gente que no habló nunca, que sus padres no habían hablado, que sus abuelos tampoco, se reconocen su propia voz, y a las dos o tres veces que se animan a hablar ya no los para nadie, uno veía el crecimiento rapidísimo de los obreros (…). Y después también las tareas de coordinación, juntarse con obreros de otras fábricas, como no había sindicatos por industria eso favorecía, porque eran menos corporativos, y más en medio del proceso revolucionario. (…)

Y entonces empezamos a plantear de construir alguna especie de centralidad que articulara las experiencias, y ahí el Frente Sandinista se empieza a preocupar, ya había empezado el proceso de desarme en los barrios, de ir controlando barrio por barrio, un control burocrático, desmiliciar, ir proponiendo la construcción de un ejército regular.

En Managua cierran un diario que instaba a conservar armas: “El diario El Pueblo fue cerrado el lunes a la noche y su director, Mervin Wallace, fue encarcelado en Managua después que escribió un artículo denunciando que el nuevo gobierno nombró en puestos importantes a ex partidarios del depuesto presidente Anastasio Somoza (…) Un comunicado publicado en la última edición del diario por un grupo que se define como nicaragüenses marxistas leninistas decía que el público no debería entregar sus armas porque servirían como una importante garantía de los derechos conquistados y de los que todavía deben ser logrados. Diario Crónica, 28/716.

“El FSLN –afirma Nora- tenía un prestigio muy grande porque era indudable que había conducido el proceso de un movimiento antidictatorial fuertísimo, y como Somoza duró tanto, como se sostuvo tanto tiempo en el poder, la revolución tuvo que ir lejísimo, y cómo le decís después a la gente “bueno ahora volvé a tu casa y quedate en paz”; (…) no se contentaban, cuando la fuerza colectiva logra derribar tales muros, cuando se genera algo tan grande, no es para conseguir pavadas, y la gente sale y después reclama.

Pero nosotros entonces veíamos que estaban desmovilizando, habían hecho un acuerdo para gobernar con Chamorro, ya nos dábamos cuenta que iban a construir un gobierno de unidad nacional, que el proyecto transformador iba a quedar a mitad de camino (…).

Entonces, esa fuerza colectiva contrasta con el proceso de negociación que estaba llevando adelante FSLN, entonces empiezan a decir, “bueno ustedes muchachos vuélvanse, por qué no hacen como la brigada Victoriano Lorenzo”, que había salido de Panamá, ayudó en la caída de Somoza, y después se volvió (…) claro: los había mandado Torrijos, eran para esa tarea. Pero nuestra tarea era más amplia, social, sindical, política. No confrontamos con el FSLN pero se dan cuenta que la dinámica que establecía la gente empalmaba con nosotros, y había que cortar eso. La gente se empieza a avivar, y nos dice que pidamos la ciudadanía y nos quedemos. Nosotros no la pedimos. Los más activistas nos dicen que disolvamos esto y nos vayamos a sus casas, pero nosotros éramos muy conocidos, era todo muy artificial.

Y bueno, convocan al Búnker a toda la Brigada Simón Bolívar. Nosotros nos quedamos toda la noche reunidos discutiendo a ver qué hacíamos, la gente empieza a venir al local, se convoca a una movilización, decidimos ir acompañados por la gente; a las 6 de la mañana estaba la gente concentrada en la puerta del lugar donde estaba la brigada, así que se hace una marcha muy combativa hacia el búnker en donde estaba el Frente. Llegamos al bunker, que estaría a unas veinte cuadras, cuando recién amanecía, y el Frente pierde la paciencia y nos mete adentro recién a las siete de la tarde. Se bajaba uno, bajaba otro, y la gente decía no, que bajen los comandantes acá, no querían que vayamos a la entrevista, ya sabíamos que no volvíamos más (yo me había llevado los pasaportes falsos, los dos mangos que tenía). Pero a eso de las 7 nos vinieron a buscar y nos llevaron de prepo. Nos llevaron a un salón que vendría a ser como un teatro adentro del búnker, y ahí estaban todos, nos hicieron sentar, ellos estaban en el escenario, estaban los Ortega, Wheelock, los cuatro o cinco más importantes. Diciéndonos reaccionarios, por qué no se dejan de joder y se vuelven a su país, nosotros callados la boca, no podíamos hablar, hablaban ellos, había gente del ERP y de los Montos también colaborando con el Frente (…) a las 11 de la noche nosotros seguíamos oyendo a los trabajadores afuera agitando.

A eso de las 3 o 4 de la mañana nos sacan de ahí, nos suben a un micro y nos tiran al piso, no nos dejan ver para dónde vamos. Habremos andado unos 40 minutos, habían hecho el acuerdo con Torrijos de que nos llevaban a Panamá, en un avión especial sólo para nosotros.

Esto era parte de todo un acuerdo más general, todo el mundo estaba contra Somoza, pero cuando éste cae la revolución termina para ellos, ahí todos los gobiernos centroamericanos que habían apoyando hasta ese momento cierran filas para poner orden, impulsar la política de gobierno nacional, de economía mixta, etc. Era la unidad que lograba Somoza: una vez derrotado había que poner las cosas en su lugar. Cuando llegamos a panamá nos llevan a la cárcel a todos juntos (…).

Es muy fuerte que te saquen de una revolución, (…) yo como me quedé en Centroamérica, en El Salvador, etc. seguí con la adrenalina para todos lados. Pero otros compañeros la pasaron mal. Y que te arranquen del lugar donde estás inserto, andas a mil, una cosa muy avanzada, es muy fuerte psicológicamente. Y algunos incluso se volvieron clandestinamente a Nicaragua, dos o tres hicieron eso. A Argentina no iba a volver, hacía dos meses que me había ido, entonces me quedé en Centroamérica, en El Salvador (…).”17

“¿Brigadas sandinistas a los países vecinos? El guerrillero costarricense Plutarco Elías Hernández, comandante del Frente Sandinista, anunció la salida de brigadas internacionales de Nicaragua “hacia otras tierras para colaborar con otros grupos revolucionarios” (…). A mediados de 1979 integró Hernández la brigada latinoamericana Simón Bolívar con unos dos mil hombres de diversos países que ayudaron a la guerrilla nicaragüense”. Diario La Nación 28/7/7918

“La Argentina continuará relaciones con Nicaragua. Sorprenden la presencia y amenazas públicas de extremistas en ese país. El representante argentino en Managua, Eduardo Mario Bretón, también entregó una comunicación manifestando la molestia por declaraciones de elementos subversivos argentinos formulados en ese país centroamericano”. Diario La Prensa 3/8/7919

“Ofensiva somocista. Centenares de ex Guardias Nacionales desataron una guerra de guerrillas en varias zonas del país. Importantes movilizaciones de tropas continúan realizando los milicianos sandinistas con el propósito de neutralizar a centenares de ex guardias nacionales que han desatado una virtual guerra de guerrillas en varias zonas de Nicaragua”. Diario Popular 3/8/7920.

Respecto al desarme de la población, tomamos un extracto de la biografía de Enrique Gorriarán Merlo, donde claramente hay un posicionamiento diferente al de Nora, respecto a cómo debía llevarse adelante el proceso revolucionario:

“Hay que tener en cuenta que en ese momento desaparecía todo el orden de un Estado, y aparecía un Estado nuevo, lo que, obviamente, conllevó a un gran desorden inicial. En esos días lo que más abundaba era el armamento, y sumados a esos actos de revanchismo popular, un montón de oportunistas pregonaban que habían participado en la revolución sin haberlo hecho y provocaban episodios de vandalismo y robos. A esa gente hubo que desarmarla” (GORRIARÁN MERLO, E.; 2003: 392).

En esos días de 1979 en que era expulsada de Bluefields la Brigada Simón Bolívar, Daniel se incorporaba al proceso sandinista: “Al llegar a Nicaragua nos vamos integrando en distintas actividades. Se notaba mucho la presencia de los compañeros que venían de Argentina, el aporte, por la experiencia que traíamos encima. Yo no tengo acá una participación preponderante, porque a mí la división del partido me afectó mucho, fue un mazazo. Pero no me fui de la organización, hice los máximos esfuerzos por ser coherente con mi militancia en el PRT (…).

Vivía en un cuartel, militaba todo el día, tenía instrucción militar, enseñaba lo que sabía (…). Un día nos informan que se había decidido concentrar un grupo de unos 12 o 13 compañeros para hacer instrucción militar y de inteligencia, en una casa que está en las afueras de Managua, en el camino que va para León. A mí nunca me dijeron nada, y además uno está entrenado para disciplinarse y no pensar, pero se ve que de algo me daba cuenta, porque un día se me ocurre hacerle un comentario al Pelado, le digo “qué suerte que hay en el grupo dos compañeros que saben guaraní” (…). La tarea que tenía asignada este grupo era la ejecución de Somoza [que estaba en ese momento en Paraguay, bajo la dictadura de Alfredo Stroessner]. En un momento nos empiezan a enseñar transmisión con telégrafo, en Morse. Y yo me daba cuenta que el que venía aprendiendo más rápido era yo, pero en un momento empecé a fallar. Y en ese momento me desafectaron de la tarea. Yo creo que eso del teléfono era un test psicológico. Ahí me desafectaron y me quedé casi un año sin tarea. Estuve enseñando un poco de todo (física, formación de milicias, etc.).

Un día de septiembre de 1980 estaba buscando una casa para alquilar en el barrio Bello Horizonte y aparece la noticia que lo habían matado a Somoza, la gente empezó a salir a la calle, fue decretado el día de la alegría popular, todo el mundo gritando y festejando. Lo había ejecutado este grupo de compañeros. Al año siguiente nos fuimos a hacer un curso militar a cuba, ahí estuvimos 9 o 10 meses, y ya cuando volví quedé medio desvinculado de la organización.

El 17 de septiembre 1980, a las 9:55 de la mañana, muere el ex dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle, alias “Tachito” alcanzado por la acción de un grupo comando del PRT ERP que cumplía órdenes de la comandancia del FSLN para dar muerte al Jefe hasta ese momento de la contrarrevolución. En la acción es atrapado Hugo Irurzún, alias Capitán Santiago.

Jorge, militante de PB FAP, había comenzado su exilio Canadá. En 1979 fue a Nicaragua: “Fui instructor de milicia (…). Estuve en los barrios más combativos de Managua. Eran los barrios Primero de Mayo, Unión Soviética, los barrios orientales (…). Después hacía un programa en Radio Noticias, en La Voz de Nicaragua, producía programas (…) Estaba con compañeros del Peronismo Montonero (…), como yo era internacionalista y militaba con todas las organizaciones, a veces me recriminaban pero ahí había un montón de lugares donde aportar. En enero de 1981 fui a El Salvador, estuve 2 meses, en una organización que era el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos que formaba parte del FMLN. Ahí me aboco a las tareas revolucionarias en el interior del país. Estuve en el Frente Anastasio Aquino (…). En 1982 ante el peligro de invasión, fui a organizar los comités de defensas nicaragüenses. Nosotros estábamos en un proceso revolucionario y cuando vos sos revolucionario, sos revolucionario en todos lados. (…) la gente se ponía contenta con los internacionalistas21.

Entre 1981 y 1982, Daniel había vuelto a Nicaragua luego de un curso de formación militar en Cuba.: “Estuve un año trabajando en una empresa lechera, mi mujer trabajaba ahí y me consiguió un trabajo que era encargado de transporte. Nosotros trabajábamos como si fuera una militancia. (…) Ahí aproveché la formación militar que tenía, los cursos que había hecho, para organizar las milicias en el tambo de una de las haciendas que se llamaba El Charco, sobre el lago Managua. Después me echaron de ese trabajo porque no podían robar, no podían robar nafta, vender viajes de los camiones (…), me quieren sobornar (…). Pero a la semana me sacaron del puesto de trabajo (…).

Entonces me pusieron a repartir comida en las cocinas de las haciendas de los siete u ocho campos que tenía la empresa (…). Después dejé de trabajar en eso, me conseguí un trabajo de profesor de Física en dos escuelas, debuté con 35 horas semanales, vos fijate la carencia que había (…).

En el 83 empezamos a cavar refugios antiaéreos en las escuelas, en las guarderías, los edificios públicos previendo bombardeos de la contra. Ahí había participación popular, era una ciudad en guerra…”

En ese período llega a Nicaragua Sidel, ex militante del PRT-ERP hasta 1971, año en que ingresa a Montoneros hasta su exilio en 1977, donde se contacta nuevamente con el PRT ERP. Trabajaba como Ingeniero en el montaje de una Central Geotérmica en el volcán Momotombo, cercano a Managua, y los fines de semana aportaba a la construcción de refugios y en tareas relacionadas a la formación de las milicias.

Dice Sidel: “Primero me fui Brasil. La iglesia brasilera era la que manejaba los exilios no sólo de argentinos, sino también de chilenos, uruguayos… Ahí estuve poco tiempo: había que anotarse eligiendo los países adonde querías ir, yo me anoté en tres: en México por el idioma, en Francia porque había estudiando un poco de francés de la secundaria, y Holanda porque había una prima. Y bueno, con tres chicos chiquitos nos mandaron a Holanda. En el exilio yo no estaba organizado con los montoneros. Charlábamos con algunos compañeros que había allá, pero no estaba encuadrado en la organización. Yo decía qué vamos a hacer a 12 mil kilómetros (…). Además tenía contacto también con gente del ERP, con Mattini por ejemplo.

Yo me quería ir a aportar a algún lado, decía ¿qué hago en Holanda? Pedí para ir a Cuba pero no había lugar, ya estaban saturados de latinoamericanos. Pensé también en ir a Angola. Y al final salió la posibilidad de ir para Nicaragua, a trabajar como ingeniero civil en el montaje de una Geotérmica que habían donado los italianos. Me tenían que conseguir desde Naciones Unidas el país que me financiara los gastos mientras durara el trabajo, y eso termina saliendo por el lado de Dinamarca.

El que me dio el okey para entrar Nicaragua fue Gorriarán. Fuimos a fines del 81, trabajé allá durante todo el 82 y el 83. Nos dieron una casa en Managua de un ex somocista. Los chicos iban a la escuela, y yo empecé a trabajar en el Momotombo que está como a 80 y pico km. de Managua, iba los lunes y volvía los sábados. Tenía un jefe responsable para la parte de ingeniería, y después también otro responsable por el lado del FSLN. Hacía también un aporte al servicio de inteligencia del Frente, que dependía del Ministerio del Interior (…).

En diciembre del 83 se terminó el contrato, el proyecto quedó funcionando. Así que ahí me quedé sin laburo, y ya estaba Alfonsín en Argentina, así que había que pegar la vuelta (…)”.

Durante la reapertura democrática en Argentina, los partes de inteligencia refieren a que las organizaciones “(…) Montoneros y Ejército Revolucionario del Pueblo, ambas se hallan en proceso de reorganización y coincidentemente aparecen empeñadas en aprovechar al máximo los beneficios de la legalidad para extender sus estructuras. (…) la línea Nicaragua o Comité Gorriarán del ERP, entrena guerrilleros en el país centroamericano y aspira a un próximo reinicio de operaciones armadas en la Argentina. (…) Para el PC el frente a constituir deberá reunir las características del (…) FSLN de Nicaragua integrando a todos los elementos ideológicamente afines en un agrupamiento único en procura del objetivo común pero manteniendo sus características distintivas propias. Incluye, conforme a lo acordado en la conferencia de PC Latinoamericanos (Bs As julio 84) la lucha armada como medio para llegar al poder22.

Desde 1979 en Argentina hay múltiples actos, marchas, concentraciones y festivales solidarios en apoyo a los Sandinistas. Esas actividades eran relevadas detalladamente por los servicios de inteligencia, donde se incluían recortes de diarios en los informes:

“Viaja rumbo a Nicaragua otro grupo ‘brigadista’”. Un segundo contingente de brigadistas General San Martín partirá mañana a Nicaragua (…). La llamada Segunda Brigada del Café compuesta por 33 personas, repetirá la experiencia de su predecesora, que permaneció un mes y medio en áreas fronterizas de Nicaragua, en enero de 1985. Diario Crónica, 2/1/85.

“Viaje a Managua. En una conferencia de prensa juventudes de partidos políticos anunciaron que el próximo 2 de enero, una denominada Brigada del Café Malvinas Argentinas constituida en forma unitaria por veinte militantes viajará a Nicaragua (…) participaron los peronistas (…), los intransigentes (…), el comunista (…), del MAS y radicales de la Junta Coordinadora de Córdoba y representantes de las juventudes de la Democracia Cristiana, Partido de la Liberación, Socialista argentino y JP 26 de julio”. Diario Clarín, 23/12/85. 23

En los años finales de la dictadura en la Argentina, Raúl comienza su militancia universitaria en La Plata. En 1982 se afilia al PC: “Había como un conflicto generacional en ese momento en la Fede: había toda una parte de la juventud comunista que venía de la dictadura, muchos de ellos hijos de comunistas; y por otro lado nosotros que no veníamos de ningún lado, ni de esa tradición ni de la militancia en la dictadura (…) hubo un par de años que fue bastante extraño y bastante conflictivo. En el 86 se arma la primera Brigada que va a Nicaragua, que es la más masiva, van ciento y pico de militantes de la Fede.

Al año siguiente, 1987, se armó la brigada General San Martín. Éramos 30 y pico, dividimos por regionales. Nos juntamos un par de veces los compañeros de la regional Sur (5 o 6), y salíamos a hacer unas caminatas, una especie de entrenamiento previo. Y tuvimos también un encuentro nacional antes de salir. Había algunas actividades para juntar plata y además hacer política con eso. Y los primeros días de enero de 1987 partimos para Nicaragua, a la zona de Matagalpa.

El primer impacto que nos llevamos es que Nicaragua era una sociedad tremendamente pobre (…).

El lugar donde trabajábamos se llamaba UPE (Unidad de Producción Estatal). Trabajábamos todos los días, nos despertábamos a las cinco de la mañana, desayunábamos (el desayuno era el mismo que el almuerzo y la cena: tortilla de maíz, frijoles, arroz y café), luego íbamos a la formación, en donde hablaba algún sandinista y se pasaba revista a los logros de la cosecha del día anterior, y después salíamos caminando al campo, por las montañas.

Teníamos una canasta y bolsas, y de rodillas íbamos sacando los granos de café. Nos pasábamos horas haciendo eso. Parábamos para comer, y seguíamos hasta las 4 o 5 de la tarde. Ahí bajábamos con las bolsas hasta un lugar donde se pesaban, individualmente y por brigada (…)

Es interesante porque uno llegaba con todos los prejuicios, en nuestra brigada había varios universitarios, otros que venían de la militancia barrial, obreros que militaban en fábricas, y desde la ingenuidad uno suponía que los que venían de la fábrica, los que venían del barrios, estaban más templados en el acero revolucionario que un burgués de clase media como uno, pero ahí te encontrabas con cualquier cosa, algunos empezaban a pasar parte de enfermo muy seguido, viniera de dónde viniera, no eras distinto en ese sentido (…) Creo que lo que te sostenía era la cabeza (…). Después nos íbamos a bañar a un arroyito que teníamos descubierto por ahí, y rápidamente anochecía, a cenar y a dormir. Ésa era más o menos la dinámica cotidiana. No había día de descanso, salvo cuando había alguna tarea especial como pintar una escuela o alguna cosa así, ese día no se cosechaba. (…)

Nosotros no tuvimos demasiado contacto con nicaragüenses, porque encima donde estábamos no había brigadas de la juventud sandinista. Los nicaragüenses que había eran campesinos, y con los campesinos era difícil el trato, interactuábamos en algunas fiestas, (…).

Después ya cuando fuimos a Managua ahí interactuábamos más con gente, en la calle, charlabas, preguntabas, tomabas un auto y te hablaban mal de la situación, otro defendía, y así. Pero los contactos con los sandinistas eran contactos más programados, y de eso yo la verdad que no recuerdo demasiado (…) además porque como Nicaragua para nosotros era un lugar importante, habíamos leído sobre la historia y el proceso sandinista, y por ahí lo que te venía a decir la conferencia no aportaba demasiado, lo otro era más significativo… por lo menos desde mi experiencia, desde mis recuerdos…

Allá había diferentes tipos de brigadas: algunas que eran de las organizaciones marxistas o amigas del sandinismo en otros lugares, y otras que eran más amplias, con gente que o militaba en otros espacios o simplemente tenía una actitud de solidaridad con Nicaragua y entraba por algún lado. La posibilidad de intercambio con la gente de esas brigadas tenía que ver con la posibilidad de entender el idioma (…). Había muchos nórdicos, suecos, daneses, noruegos, finlandeses; el intercambio pasaba por cuestiones cotidianas, manguear cigarrillos, jugar al fútbol, en la cola de la comida, en alguna joda, pero no había demasiado intercambio a nivel político (…).

Cuando volvimos hicimos un par de charlas, alguna película, y no mucho más que eso; después volver a lo cotidiano. Había una valoración sobre la experiencia nicaragüense dentro de nuestro espacio militante de la juventud comunista, pero después en el resto de la sociedad no había demasiada preocupación por eso. Con los de la regional sur que estábamos en la brigada nos juntamos un par de veces después a charlar, ver fotos; con el tiempo nos dejamos de ver (…) yo dejé de militar en el 89”24.

Durante 1988 hay legajos de la inteligencia bonaerense refieren sobre la Actividad de la Brigada General San Martín: “(…) el grupo referido organizó al igual que lo efectuado en años anteriores la partida de jóvenes hacia Nicaragua. (…) conformado por integrantes de la Federación Juvenil Comunista, la Juventud Peronista 26 de Julio, la Corriente Nacional Patria Libre y el Movimiento Radicalismo de Liberación 29 de mayo. (…) Acerca del presente grupo se señala que el mismo presenta diferentes características al de años anteriores. Una de ellas es el número de componentes, notablemente reducido (….). La razón fundamental de esta merma podría justificarse en que los participantes deberían tener aptitudes para adaptarse a las condiciones que presenta el conflicto civil – armado imperante en Nicaragua. Del mismo modo es dable destacar que la Federación Juvenil Comunista se encontraría en proceso de cubrir sus cuadros con el tipo de instrucción militar adquirida en Nicaragua. (…) La misma, en esta oportunidad, se llamará Brigada Agustín Tosco”25.

En abril DIPBA-Vicente López informa que “(…) medios de reunión de esta dependencia, han podido obtener de fuentes siempre bien informadas, que integrantes de las conocidas Brigadas del Café, han actuado en la República de Chile. Como se recordará en el transcurso de 1987, jóvenes, pertenecientes al Partido Comunista, fueron a la República de Nicaragua, con la misión de recoger café, siendo esa la excusa, ya que en realidad, conforme a las fuentes, fueron a realizar un curso intensivo de duración de 30 días para entrenamiento de guerrilla urbana. Al regresar los miembros y luego de estar un tiempo en nuestro país, los mismos, fueron a la República de Chile a activar en ese lugar. Aparentemente las autoridades chilenas, los habrían detectado y expulsado (…)”26.

En 1990 la situación en Nicaragua es sumamente compleja, la contra no da respiro, asolando a la población civil. En el contexto de llamado a elecciones se da la participación de Mario, militante de la FJC-PC, que ya había tenido una experiencia de aporte internacionalista en Chile.

En su testimonio, nos dice: “Vos llegás a Nicaragua y la presencia argentina en el FSLN es muy importante, muchos cuadros de Montoneros, compañeros del ERP tomando tareas de policía en muchas localidades (…). En esa brigada fuimos todos los secretarios de organizaciones de las regionales, es decir la segunda línea (…).

En Nicaragua estuve tres meses. Las campañas duraban un mes o un mes y medio, pero después yo me quedé en las elecciones, a ligar el viandazo de la reacción. En realidad ya había algunos síntomas, habían aparecido algunas cosas que no eran felices.

En algunos lugares de Managua, en las ciudades grandes, había empezado a haber levas forzadas de combatientes. Muy poco había quedado de aquella milicia, había un ejército regular muy aceitado, hay algo de la frescura del partisano que se pierde, hay algo de la garantía de lo popular afectada por esa profesionalización.

Y después esa campaña electoral con un Daniel [Ortega] con camisa hawaiana, un intento de tapar el sol con la mano, de no hablar de la guerra civil como si no hablando pudiese ocultarse (…). Y un pueblo cansado, porque había diez años de sandinismo pero había cuarenta y pico de guerra civil, muchos muertos, se notaba un cansancio.

[Luego de la derrota electoral del sandinismo], los internacionalistas organizamos un acto que se llamaba “No entregués”, juntamos unas 20 mil personas en Managua, para pedirle a Daniel Ortega que no entregara el gobierno. Pero la conducción sandinista en ese momento planteaba que la única que vez que había habido democracia en Nicaragua fue gracias a los sandinistas, que no podían borrar con el codo lo que escribieron con la mano (…) y nosotros no teníamos respuesta, no había habido fraude, vos convocaste a elecciones y perdiste, no podés no entregar el gobierno. Esa es la derrota en realidad, más que la de los votos: qué pasó de aquellos jóvenes entrando en Managua, amados por el pueblo al punto del erotismo (…) y bueno, era la consecuencia de haber estado los últimos años de gobierno administrando miseria, bancándote las medidas del FMI, etc. [Después de esa experiencia Mario comenta que] de 10 que fuimos, 7 se quebraron, se fueron a la casa”.

Respecto a las elecciones y al proceso en general Jorge plantea que “la mayoría de la gente tenía que salir a combatir a la contra, no producía, no se podía mantener mucho más eso. Se mantuvo durante un tiempo a costa de grandes sacrificios de la clase obrera y fundamentalmente el campesinado nicaragüense. Empieza a visualizarse la caída de la Unión Soviética y del campo socialista, no había más remedio que llamar a elecciones y para colmo perderla, y si se ganaba las elecciones no sé que se iba a hacer. Había todo un repliegue del movimiento revolucionario en el mundo. El tema que Nicaragua siga siendo una retaguardia internacional estratégica no se puede mantener: eran 3 millones de personas y cercado por dos países, ni era una isla de 14 millones de personas, ni había construido el socialismo hacía 40 años como Cuba. Había 150 bases militares en Honduras, era imposible sostener eso”27.

¿Por qué ir?

Cuenta Raúl: “Yo tengo un amigo, Alfredo28, (…) que también estuvo en Nicaragua, en la Brigada “Agustín Tosco”, que fue en el 88. Hace unos años fuimos a comer con su mujer, mi mujer y mi hija, que tendría 15 años. Entonces salió el tema de Nicaragua, creo que fue la primera vez que hablé con mi hija sobre esto. Entonces le contábamos con Alfredo algo de la experiencia, y la primera pregunta que me hizo mi hija es ¿y ustedes qué ganaban yendo allá?”.

Al respecto Nora afirma: “La disposición de ir a combatir a un país hermano no aparecía como una locura. Acá en Argentina estábamos en plena dictadura, por lo cual no había mucha reacción, pero sectores de vanguardia lo veían con simpatía (…). Y desde el punto de vista de la experiencia histórica donde apoyarnos, estaba la experiencia centroamericana en la época de la resistencia de Sandino contra las intervenciones estadounidenses, y la experiencia de la guerra civil española. Cuando uno ve la película Tierra y Libertad, por ejemplo, se da cuenta lo que representa, yo me veo ahí muy identificada”.

También Alfredo recuerda haberse sentido identificado al ver la película Tierra y Libertad, de Ken Loach, dice: “en la España del 30 se decidía mucho en materia política y en los 80 se vivía algo parecido en Centroamérica. Nicaragua era nuestra Vietnam. Íbamos a defenderla, como decía el Che a multiplicarla. Íbamos, con esa antorcha en alto, a incendiar América. Creíamos ser los portadores de algo nuevo. Ese era el espíritu”29.

Apertura de consideraciones

Según Jorge, “Nicaragua fue una de las revoluciones triunfantes de aquel movimiento guevarista, a todos nosotros nos levantó el ánimo, porque veníamos de derrotas acá en Argentina, en otros países, en Chile, en otros lugares. (…) Tiene que ver con la inserción en el país donde se estaba, en Canadá era otra cosa, pero acá no había tiempo para pensar y llorar, era todo optimismo y darle para adelante”.

Juan30, del PRT-ERP, también refleja el significado del proceso Nicaragüense: “a nosotros nos tocó tener la maravillosa suerte de entrar al Frente Norte, ir bajando en la victoria de ese Frente, y estar en Managua el día del triunfo (…). La sentí como algo que me salvó la vida porque yo venía de la derrota, de haber sufrido mucho, de haber perdido, de haber perdido muchos compañeros, y se empezaba a construir la ideología del escepticismo… digamos, es verdad que se puede ganar o perder, pero se empezaba a construir la idea que no se podía ganar (…) y ese era un pueblo en victoria y era una organización triunfante, ver la gente en las calles con las banderas: ¡habían ganado! Era lo que nosotros habíamos querido hacer, que estaba hecho en otro lado, para mí fue revelador, es verdad que esto sí se podía hacer”.

Daniel, por su parte, cuenta que “desde el punto de vista personal fue la peor etapa de mi vida, no tengo mucho para contar. Pero como grupo, cumplió el objetivo del reagrupamiento de un sector del Partido que había quedado bastante desvencijado. Y por su puesto lo que significa poder aportar a una experiencia revolucionaria”.

La mirada de Raúl expresa las razones de la generación que empezó a militar en los años ´80: “la Brigada estaba construida dentro de todo el discurso internacionalista, que seguramente era mucho más débil que en otras épocas, pero nosotros sentíamos que Nicaragua era un lugar importante para otros procesos latinoamericanos, ir a trabajar allá a cosechar café era ir a dar una mano a todo eso, ¿no?, ahí es donde residía la fortaleza de tu cabeza para trabajar sesenta días”.

Con respecto al balance de la experiencia en lo personal, Raúl resalta que “para mí Nicaragua fue una experiencia buenísima a nivel humano; la experiencia del trabajo, de encontrarte con tu límite, de tener que encontrar fuerzas cuando no las tenías, ni en el cuerpo ni a veces tampoco en la cabeza (…) en ese sentido fue una experiencia muy fuerte, no tanto en el sentido de formación política (…). Por otro lado, Nicaragua para mí fue un gran proceso desmitificador. Lo que nosotros empezamos a descubrir es que los nicas que íbamos conociendo eran campesinos que de la revolución y del sandinismo tenían poca idea. Entonces empezamos a ver las cosas desde otro lado, ¿no? Incluso –a nosotros no nos pasó, pero sí a otros brigadistas- por ahí lavaban la ropa, la colgaban para que se seque, y cuando volvían a buscarla no había nada (…) había que hacer guardia para que los nicas no te la afanaran (…) los tipos vivían en unas condiciones de miseria muy grande, era lógico, pero para nuestro idealismo revolucionario era tremendo, el hecho que los tipos eran gente común, muchos de los cuales no tenían ninguna idea vinculada a la revolución; era gente que valoraba que la revolución había echado a Somoza y que ahora comían un poco mejor, y eso era la revolución para ellos (…) a muchos de los que fuimos con la Brigada incluso le provocó crisis (…).

Y lo mismo cuando conocimos Managua y otras ciudades, donde descubríamos la pobreza, los barrios de clase media de allá que eran equivalentes a las villas miserias de la Argentina de los 80. Es decir que el mundo terrenal de la Nicaragua revolucionaria era muchos más miserable y pobre que nuestro mundo burgués capitalista, eso te pegaba (…) el darse cuenta que la revolución la hace la gente y no porque haya leído el capital”.

El proceso nicaragüense tenía una trascendencia que iba más allá de sus fronteras. Sobre esto Nora reflexiona: “Nosotros pensábamos que el proceso nicaragüense –y así lo viví yo después, prácticamente- era parte un proceso de todo el istmo, que había tenido a principios de siglo una unidad. Panamá siempre fue un poco distinta, pero Nicaragua, El Salvador, Guatemala, habían tenido una experiencia colectiva común, las intervenciones de Sandino, una insurrección en el Salvador que el PC la deja pasar, es decir, una serie de procesos que habían conmovido al istmo, y que nosotros pensábamos que eso tenía una profunda unidad. Y EEUU estaba preocupado por eso, vos no podías hablar sólo de una revolución nicaragüense, esto es muy importante, porque desataba un nudo de algo mucho más grande. Entonces la política nuestra terminó siendo cómo aportar al proceso en el Salvador, en donde había una revolución en curso muy acicateada por el triunfo en Nicaragua, y que el FSLN la apoyara”.

Y concluye con un balance crítico: “pero como parte de los acuerdos el FSLN fue abandonando eso. La revolución salvadoreña, después de un avance muy importante del movimiento real, terminó aislada, la dejaron sola”.

Jorge pone el acento en el endurecimiento de la política imperialista de EEUU a partir de la llegada de Reagan a la Casa Blanca: “En ese momento se perfilaba fuerte la revolución salvadoreña. Cuando llega Reagan, no solamente cambia ahí, sino que acá en Argentina también cambia, la dictadura de acá empieza a considerarse como el reaseguro del anticomunismo.

Nicaragua es un país pequeño y por lo tanto el período de transición era construir una economía real basada en la propiedad colectiva, en la propiedad mixta y la propiedad privada. Hasta el año 80 había todo un programa, (…) que después no se pudo cumplir cuando apareció Reagan, que empezó a boicotear todo ese proyecto y le declaró directamente la guerra a la revolución sandinista. Hubo que replantear la situación: hacer un país en economía de guerra. Entonces, había que conformar batallones de infantería de reserva. Estaba el Ejército Popular Sandinista; el Ministerio del Interior tenía las tropas Pablo Ubeda, después estaban los Batallones de Infantería de Reserva que eran las milicias constituidas en Batallones de Combate, y por último las milicias”.

Para Daniel, Nicaragua significó también “una gran enseñanza en cuanto a las dificultades que implica la construcción de un proceso revolucionario, la constatación de que después de la toma del poder político viene una tarea igual de difícil, no están todos los problemas resueltos. La necesidad, por ejemplo, de un partido revolucionario”.

Mario, en cambio, señala conclusiones diferentes respecto de este último punto: “uno de los sandinistas aprendió a ver cómo construyen desde la pluralidad, habían tenido propuestas para todos, capacidad de aglutinar a todos en contra de, en un marco de amplitud, de espacios de participación. Pero después (…) el pasar de un Frente amplio antes de ganar la guerra a un Partido luego, fue minando esa fuerza vital que lo movía (…) se produce una cierta inercia a la hora de asumir roles de estado, hay algo en la fuerza instituyente que se va perdiendo, tu agenda va perdiendo las partes más dinámicas de la revolución, (…) el pasar de ser una milicia de partisanos a un ejército profesional (…) la pérdida paulatina y sutil del vínculo directo con el pueblo.

En Nicaragua apareció lo partidocrático, lo rígido, en nombre de la Organización, en nombre de las tareas de estado. El repliegue hacia el partido significó en algún punto una falta de creatividad a la hora de proponer nuevas formas de expresión popular”.

Raúl, por su parte, tiene una valoración algo distinta en este tema: encuentra una “cierta vocación del sandinismo por abrirse, se podría decir, por no entrar dentro de la lógica de vanguardia, del partido único, de cerrar la experiencia política. Yo creo que en alguna medida, por cierto perfil histórico del sandinismo, por el contexto histórico, por lo que se exigía desde afuera para la ayuda, o por las presiones (…) el proceso sandinista intentó mantener cierta vida democrática, bueno, incluso murió por la vía democrática. A mí eso siempre me sorprendió y de alguna manera me atrajo, el hecho de que el sandinismo tenía corrientes internas que confluyeron, el incluir a personalidades (…) cuando nosotros fuimos justo habían sancionado la nueva constitución, a mí me daba la sensación que se pudiera generar una cierta participación popular, de masas, contener de alguna manera eso y no anquilosarse en otro tipo de experiencias (…) eso a mí me generaba ciertas expectativas. Uno podría decirme, eso es por cierta desviación pequeñoburguesa de creer en la democracia, vaya uno a saber…”.

Esta diversidad de miradas sobre el proceso político sandinista es parte de un balance todavía abierto, que necesita ser profundizado y sistematizado. Es interesante la reflexión de Mario cuando sostiene que el nicaragüense es “un proceso que no terminamos de estudiar muy bien, todavía no le hemos sacado el jugo, lo hemos vivido más como un proceso social que como político, nos pasa con el sandinismo (…), hay una tendencia a sacar una conclusión social (…) casi autodefensiva, que es para no meterse en el plano de lo político que es cuando uno descubriría que hay elementos políticos de la experiencia que todavía no han sido desentrañados y que realmente son la antitesis de lo que uno quiere hacer.

En palabras de Nora, “Nicaragua nos deja planteado el problema de la búsqueda de cómo la gente puede construir su propia autodeterminación, su propia proyección, que se sienta sujeto colectivo (…) porque sino tanta energía desplegada para que después venga un comandante y diga “bueno hasta acá llegamos”, ¿otra vez ese freno? No. Entonces ahí está me parece uno de los más grandes nudos (…) yo sigo creyendo que es posible (…) por un lado el líder es necesario, y además, necesario o no, es una construcción de la gente; pero cómo se articula eso y cómo lograr que la gente no se quede esperando que la resolución a sus problemas venga siempre por otro lado. Que sea su propia construcción alternativa (…) que la gente es capaz no tengo ninguna duda: capaz de transformarse, de revolucionarse, convertirse en otra cosa (…) creo que sigue siendo posible, que vale la pena”.

Leandro Volonté / leandrovolonte@yahoo.com.ar y Marcelo Landi /terovolador@gmail.com

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