Nicaragua, a 25 años. ¿Una revolución olvidada?

Nora Ciapponi

Hace dos décadas y media (Julio de 1979), con el triunfo de la revolución nicaraguense, comenzaba uno de los procesos más importantes del continente Latinoamericano. Sorprendentemente, la fecha pasó sin que practicamente nadie escribiera o recordara el hecho.


Hace dos décadas y media (Julio de 1979), con el triunfo de la revolución nicaraguense, comenzaba uno de los procesos más importantes del continente Latinoamericano. Sorprendentemente, la fecha pasó sin que practicamente nadie escribiera o recordara el hecho. Sin embargo, cuando en Julio de 1979 el pueblo nicaraguense y el FSLN terminaban de derribar a la dictadura somocista, millones de trabajadores y luchadores en el mundo compartíamos no sólo la alegría del triunfo, sino también las esperanzas de que ello posibilitara un cambio revolucionario para todo el Continente. El triunfo Nicaraguense representaba el fin de largas décadas de lucha contra una de las más antiguas y despóticas dictaduras, en momentos en que el resto del itsmo centroamericano como en Argentina, Uruguay, Chile y Brasil, resistíamos los sangrientos golpes de estado que cobraban la vida de millares de luchadores y que terminaron infligiendo una severa derrota a la causa obrera y popular latinoamericana de la década del 70.
El triunfo de la Revolución Nicaraguense como su dinámica y las tareas que de ella se desprendían, abrió no sólo inmensas simpatías y espectativas en la vanguardia revolucionaria internacional, sino también fundamentales debates, cuestionamientos y enfrentamientos entre organizaciones, intelectuales y militantes, los que defendiendo apasionadamente sus puntos de vista intentaron aportar al curso del proceso revolucionario abierto. Hoy, a veinte años de aquella revolución, es necesario reflexionar sobre esas discusiones e intentar extraer las fundamentales lecciones, especialmente aquellas que posibilitaron que la revolución iniciada en Nicaragua y que prosiguió en todo el istmo centroamericano durante años, pudiera ser finalmente desviada y derrotada hace ya más de una década.

Una revolución antidictatorial que destruyó el aparato militar del régimen

La máxima expresión del triunfo revolucionario que derrocó a Somoza fue la destrucción de la sanguinaria Guardia Nacional. Ello fue posible porque el movimiento de masas desarrolló una amplia y extendida movilización insurreccional, la que superó en gran medida los propios objetivos del Frente Sandinista que buscando sin dudas la derrota del somocismo, no se proponía la destrucción de su aparato militar.
El 4 de Junio de 1979 el FSLN llamaba a desarrollar la huelga general contra Somoza, la que se extendió durante un mes y medio hasta el triunfo. En ese lapso se produjo un proceso imparable de organización autónoma de masas, formandose comités y milicias independientes en barrios y poblaciones, con armas sacadas de los cuarteles abandonados por la Guardia Nacional en descomposición. Esas milicias y comités organizaron comunidades, tomaron tierras, casas, medios de transporte, distribuyeron víveres y asumieron múltiples iniciativas.
El relato de un combatiente popular de uno de los barrios de Managua reflejó en gran medida lo que ocurría en todo el país: ?La organización tenía que darse a nivel de Comité de Resistencia, en la cual estaban incluidas las personas que iban a participar en la construcción de barricadas y trincheras para los combatientes armados y a nivel de Comité de Defensa Civil propiamente dicho, el que se encargaría de ubicar un dispensario médico por cada cuadra, de ser preciso, y de la distribución de alimentos. Ese mismo día se procedió a la ubicación de todos ?los sapos? (alcahuetes) del sector, así como de los ?paramilitares? y demás esbirros de la Dictadura. Otro grupo se encargó de quebrar las bujías en los postes de alumbrados públicos, mientras que otras personas preparaban en diferentes lugares, refugios antiaéreos. A las once de la noche, del domingo once de junio, todos los vecinos salieron de sus casas dispuestos a levantar poderosas barricadas que impidieran la entrada de la guardia somocista al sector. Mientras unos se encargaban de lanzar al pavimento ?muñecas?, que no eran otra cosa que clavos de dos pulgadas cubiertas de ollín para que el enemigo no los viera de noche, y ?miguelitos?, especie de clavos soldados, otros abrían enormes zanjas de dos metros de ancho para impedir el avance de las tanquetas. En las casas se preparaban los cócteles Molotov para ser lanzados a las tanquetas una vez atrapadas. Indudablemente que las mejores trincheras fueron construidas con los adoquines que levantamos de las calles. Nunca pensó Somoza que al adoquinar las calles no solamente se enriquecía, sino que el pueblo utilizaría esos adoquines para defenderse de su asesina guardia somocista. Los muchachos del barrio, cuya edad oscilaba entre los diez y los veinticinco años, procedían a recuperar armas de las casas de los somocistas. Cada joven era un miliciano, cada nicaraguense un combatiente y cada casa un cuartel sandinista. Se procedió a colocar vehículos en las avenidas para que obstaculizaran el paso,… todo el barrio estaba listo para esperar a ?las bestias?…Así el pueblo de Nicaragua preparaba la ofensiva final contra sus opresores?. (Extractos del relato de un luchador anonimo, publicado en ?Barricada?, Nicaragua/Agosto de 1979).
Derrocado Somoza y su Guardia Nacional destruída ¿cómo no iba a profundizarse y desarrollarse esta inmensa experiencia del movimiento de masas? El vacío provocado por la destrucción de la Guardia Nacional fue intentándose cubrir desde los primeros meses posteriores al triunfo, por una amplia vanguardia de milicianos que tuvo en sus manos la defensa de la revolución frente a los ataques de los somocistas, lo que de una manera bastante ?caótica? reflejaba no sólo el estado de ánimo del movimiento de masas, sino también la disposición a encarar las fundamentales tareas revolucionarias. Este positivo ?desorden? sin embargo, representaba la principal preocupación del Frente Sandinista de Liberación. Desde el 20 de Julio mismo el FSLN comenzó a llamar a la devolución de las armas en manos del pueblo, a la par de intensificar su objetivo de construir ?su? propio ejército, un ejército burgués clásico, con grados y disciplina, utilizando a las milicias populares existentes como ?su? cuerpo paramilitar, como ?ayudantes?, retaguardia o reserva, dado que dichas milicias irregulares e independientes no representaban ninguna garantía para la burguesía ni para el imperialismo, sino por el contrario, sentaban firmes bases para el desarrollo del poder obrero y popular.
El FSLN daba así los primeros pasos para construir un nuevo régimen de dominación, de carácter democrático burgués, institucionalizado a través del Gobierno de Reconstrucción Nacional, en el que conviviría el FSLN con la burguesía opositora al Somocismo bajo el beneplácito del imperialismo y las burguesías latinoamericanas que habían dado su apoyo en la lucha contra el somocismo e impulsando una ?economía mixta? (estatal y privada). Y aunque este proceso estuvo plagado de contradicciones, especialmente por el ímpetu revolucionario de las masas que no dejaba respiro, primó la influencia y el prestigio que el FSLN tenía sobre la mismas, especialmente por el retraso de los trabajadores ?en el propio proceso revolucionario- en construir sus propias organizaciones y programa independientes.
Desarmar a las milicias, institucionalizar la democracia burguesa, se conviertieron así en los dos grandes objetivos de la burguesía y el imperialismo para reconstruir su poder, el que debería llenar el inmenso vacío provocado por la insurrección de masas triunfante.

Una política de férreo control

El mantenimiento de la unidad con la burguesía y la aplicación de un plan económico de superexplotación al servicio de los capitalistas, debía llevar rápidamente al Sandinismo a buscar el total control de los trabajadores de la ciudad y del campo, logrando no sólo la entrega de las armas sino también impidiendo cualquier organización independiente, canalizando y reprimiendo las luchas, persiguiendo como cualquier gobierno a los ?agitadores? y ?extremistas?. Los nuevos y combativos sindicatos de empresa, surgidos en los primeros años de la revolución (1.447 sindicatos), fueron controlados a través de la constitución de una central sindical dependiente completamente del Estado. Lo mismo ocurrió con el campesinado. Los numerosos conflictos obreros y del campo eran denunciados como ?actos contrarrevolucionarios?, a la par de prohibirse las huelgas en las instituciones públicas, los entes autónomos o descentralizados y en las empresas llamadas de ?interés colectivo?. Se establecieron penas de hasta tres años de cárcel a quienes osaran llamar a la huelga. Estas nefastas leyes, llamadas ?de emergencia? alcanzaron su máxima expresión en 1982, con la represión practicada sobre cualquier manifestación y reclamo obrero.
La expulsión y represión (en combinación con el gobierno Panameño) de la Brigada Internacionalista Simón Bolivar por parte del Sandinismo a un mes del triunfo revolucionario (1), se inscribió en este marco: impedir por todos los medios que el movimiento de masas adquiriera una dinámica propia e independiente, dado que la Brigada no sólo intervino militarmente junto al FSLN para derrocar a Somoza, sino impulsó desde el primer momento la autoorganización e independencia política de los trabajadores respecto a la burguesía nicaraguense y el imperialismo, en el camino a la constitución de su propio poder.

1979-1981, se extiende la revolución Centroaméricana

Los años 1979 a 1981 se caracterizaron por un lado por la profundización de la revolución nicaraguense y su extensión a Centroamérica. La iniciativa de masas contenida durante tantos años se desplegaba en los barrios, fábricas y campos nicaraguenses, construyendo sindicatos combativos, ocupando tierras y fábricas. En El Salvador, producto de la movilización obrera y popular (Octubre de 1979), caía el dictador Romero, mientras las dictaduras de Guatemala y Honduras esperaban su turno. Estos años se caracterizaron por la colaboración estrecha que establecieron el imperialismo y el sandinismo, concretada en la formación del Gobierno de Reconstrucción Nacional, con representantes de la burguesía nativa e integrado, entre otros, por Violeta Chamorro (líder de la oposición burguesa).
El Imperialismo, a partir de la constitución del Gobierno de Reconstrucción Nacional, se lanzó a contribuir a la estrategia de ?normalizar? a Nicaragua con préstamos a bajísimo interés. Venezuela y México hicieron tratos comerciales preferentes para enviar petróleo, mientras la Iglesia Católica trabajaba desde dentro del propio gobierno de Reconstrucción Nacional, ocupando importantes cargos políticos gubernamentales…., todo con el objetivo de impedir que el Sandinismo y el movimiento de masas avanzaran en las transformaciones revolucionarias. Fidel Castro acompañó esta política de la burguesía. Desde Cuba, utilizó su prestigio para afirmar estar ?absolutamente convencido de que tanto Nicaragua como El Salvador quieren llegar a un arreglo negociado con los Estados Unidos. Es falso que los comunistas de esa zona pretendan construir, en este período histórico el socialismo mediante la dictadura del proletariado. Lo que buscan es un régimen democrático, sobre la base de una economía mixta y del pluralismo político?. (2)
De esta manera se iba constituyendo un cerco reaccionario contra Nicaragua, como hacia todo el proceso revolucionario Centroamericano. El Sandinismo junto a la burguesía nicaraguense a la par de iniciar la reconstrucción de una economía capitalista (llamada ?economía mixta?) y un régimen democrático burgués en el país, aceptaba las exigencias de la burguesía y el imperialismo de abandonar al pueblo y guerrilla salvadoreños, a los que llamaba a la negociación con sus enemigos. Mientras el FSLN convocaba a una campaña mundial para ?defender a Nicaragua de la agresión imperialista yanqui?, no emitía una sola palabra sobre el importante proceso revolucionario que se desarrollaba en El Salvador, de carácter mucho más obrero que el Nicaraguense. El apoyo del sandinismo ?utilizando todo su prestigio político- a la Junta de Gobierno encabezada por el coronel Majano (sucesora de la dictadura de Romero.1979) , se convertía así en un factor decisivo para desmovilizar a los trabajadores salvadoreños e impedirles que siguieran adelante hasta aniquilar la contrarrevolución y su ejército. Este ?respiro? fue aprovechado por el Ejército y los fascistas salvadoreños para reorganizarse. Comenzaron los asesinatos a líderes políticos, sindicales y estudiantiles de izquierda, mientras la ciudad de San Salvador era copada por los escuadrones de la muerte que aniquilaban a la amplia vanguardia sindical y política, y cuyos golpes más certeros fueron el asesinato de toda la dirección del Frente Democratico Revolucionario (la organización legal de la guerrilla que participaba de una reunión) y posteriormente, el que cobró la vida de Monseñor Romero (Obispo de San Salvador de gran influencia popular). Así, la victoria revolucionaria salvadoreña, que había estado al alcance de la mano se convertía en poco tiempo, en una sangrienta derrota. Así el imperialismo, las burguesías latinoamericanas y las del istmo, lograron uno de sus principales objetivos: fragmentar la revolución centroamericana manteniéndola dentro de las artificiales pero reales fronteras ?nacionales?.
De esta manera podían jugar un rol ?preventivo? en el resto de Centroamérica, justamente el que no habían podido viabilizar en Nicaragua para evitar que el movimiento de masas junto al FSLN lograra derrocar por vía revolucionaria al régimen Somocista y a su Guardia Nacional. Utilizando todas sus armas y herramientas, el imperialismo se proponía una política combinada: congelar y desviar el triunfo de las masas nicaraguenses, a la par de evitar nuevos triunfos revolucionarios que derrocaran no sólo los gobiernos dictatoriales centroamericanos, sino también destruyeran sus Guardias Nacionales o Ejércitos burgueses, lo que peligrosamente abría la perspectiva de una revolución obrera y socialista en todo el istmo como la amenaza de extensión a México.
Así se fue imponiendo una política de chantaje y negociación, la que incorporaría la presión por vía militar. Sin posibilidades de lograr apoyo para una intervención directa (fresca todavía la derrota en Vietnam), aprovecharía la ausencia de política por parte del sandinismo de impulsar la revolución en el resto de centroamerica, enviando y armando a finales de 1981, la guerrilla ?contra?, constituida por gusanos somocistas y respaldada por la CIA en la frontera con Honduras. Sus objetivos fueron sintetizados así por la Comisión Kissinger: * ? Detener la guerra y los asesinatos en El Salvador. * ?Crear las condiciones bajo las cuales Nicaragua pueda asumir su sitio como miembro pacífico y democrático de la comunidad centroamericana.? * ?Abrir el camino al desarrollo democrático de todo el istmo?. El pueblo hondureño en lucha contra su propia dictadura, quedaba así prisionero de la misma y de la política imperialista, luego de haber apoyado esperanzado el triunfo revolucionario nicaraguense. La larga tradición de lucha unificada del pueblo centroamericano contra las distintas invasiones imperialistas en Nicaragua a lo largo del siglo, como la solidaridad efectiva llevada adelante para lograr el derrocamiento de Somoza, eran suficientes antecedentes para acudir al llamado del Sandinismo y pueblo nicaraguense a defender y extender la revolución en curso,… el que nunca se concretó.
Esta política de cada vez mayor presión por parte del imperialismo, se complementaría con dos pasos trascendentales: la exigencia de elecciones en Nicaragua, a la par de desarrollar procesos electorales ?democraticos? en el resto de Centroamérica, cambiando ?desde Washington? a las viejas dictaduras por gobiernos ?electos?. Así, en El Salvador hubo elecciones en 1982 y 1984, en Honduras en 1982 y en Guatemala en 1985, de las que surgieron regímenes que poco se distanciaban de las anteriores dictaduras.

El surgimiento de ?Contadora?

En Enero de 1983 surge el grupo denominado ?Contadora? (Isla de Panamá del mismo nombre sede de la reunión), alentados por el imperialismo yanqui y la socialdemocracia europea. Lo integraban representantes de los gobiernos de México, Colombia, Venezuela y Panamá. Sus objetivos: impulsar ?la paz? a través de una solución negociada para la revolución centroamericana, logrando que la guerrilla salvadoreña entregue las armas renunciando al triunfo militar, a la par de promover procesos electorales controlados por el ejército y los fascistas. Los famosos ?21 Puntos de Contadora? consagraban con claridad estos objetivos. Señalaban la prohibición de apoyar a quienes ?intenten desestabilizar a los gobiernos de los países de Centroamérica?, de fomentar la ?subversión?, de realizar toda acción que ?ponga en peligro la confianza política? o que obstaculicen ?la paz, la seguridad y la estabilidad en la región?, y establecían el compromiso de eliminar el tráfico de armas destinado a quienes ?intenten desestabilizar a los gobiernos?. (Acta de Contadora publicada en Barricada/Nicaragua, Enero de 1983).
Los gobiernos europeos, la socialdemocracia, la Internacional conservadora, los partidos demócrata y republicano de Estados Unidos, las burguesías de América Latina, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Unión Soviética, Pinochet, Fidel Castro, la dictadura salvadoreño, y muchos más, corrieron a darle su apoyo. Fidel Castro declaraba: ?Contadora ha sido, es y será una esperanza de paz en Centroamérica?. (El Tiempo, Bogotá, 18/4/83). El Sandinismo se convirtió en su más entusiasta defensor. Los Partidos Comunistas de todos los países dieron su apoyo siguiendo a Gorbachov.
En Julio de 1983, el gobierno de Managua presentaba un proyecto de tratado a EE.UU, en el marco de Contadora, donde señalaba que ?la persistencia del conflicto salvadoreño y su prolongación indefinida en el tiempo está afectando seriamente la paz y la seguridad de toda la región?, y consideraba ?un deber moral y una necesidad insolayable el coadyuvar, o por lo menos no entorpecer las gestiones…para alcanzar una solución política negociada entre las fuerzas en lucha en ese país?. (El Tiempo, Bogotá, 22/7/83).
Las justas dudas de uno de los integrantes del FMLN Salvadoreno que manifestó el temor de que los sandinistas ?nos entreguen en la negociación? (Newsweek, 18/6/84), se verían más adelante completamente confirmadas. (3)
En Setiembre de 1984 Contadora presentó el Acta para la Paz y la Cooperación en Centroamérica, la que establecía prácticamente la pérdida de independencia política de Nicaragua dadas las exigencias avasalladoras de su soberanía. Al día siguiente, el sandinismo anunció su aceptación del Acta sin restricciones ni críticas. Y aunque el Acta no se firmó por política de EE.UU., ya que el mismo prefirió impulsar el bloqueo económico e intensificar las acciones de los contras para exigir una absoluta rendición, el sandinismo comenzó a aplicar unilateralmente algunas de sus cláusulas para demostrar ?buena letra?: 1) renunció a la cooperación de cien instructores militares cubanos, 2) declaró una moratoria indefinida en la adquisición de nuevos armamentos, 3) tramitó una ley sobre inversiones extranjeras, 4) cerró las oficinas del frente guerrillero salvadoreño que se trasladó a México, 5) convocó a elecciones en Noviembre de 1984, 6) amplió la amnistía a los ?contras? a principios de 1985, 6) cortó toda ayuda a los rebeldes salvadoreños. Aún así el imperialismo continuó con su cerco para lograr una rendición total.
El bloqueo económico y la intensificación de las acciones militares por parte de los contras, llevaría a que el pueblo de Nicaragua y el propio gobierno vivieran tremendas dificultades durante esos años. Se gastaba más del 50% del presupuesto en la defensa del país, se desplazaba de las tareas productivas a enorme cantidad de obreros y campesinos para dedicarlos a la defensa, etc. Las pérdidas económicas producidas por la guerra sumaban millones de dólares, así como las humanas (14.260 nicaraguenses). A estas dificultades se sumaba el descontento de grandes masas campesinas por no haber obtenido la tierra, lo que daba base social a la contrarrevolución, lo que obligó al sandinismo a dar un giro en su política agraria con una tardía y masiva ?titularización especial? de aquellas tierras (1984-85) que los campesinos habían tomado en los años anteriores. Ello permitió crear las condiciones políticas para desarrollar la ofensiva militar que logró finalmente derrotar a la contra. El triunfo fue obtenido no por una buena estrategia militar o política del sandinismo, sino porque existía la disposición revolucionaria de las masas a defender y profundizar su revolución. Quienes se alistaron para combatir en los Batallones de Infantería de Reserva en Nicaragua fueron obreros voluntarios, mientras otros millares de obreros cumplían con doble jornada en las fábricas para cubrir esos puestos. También tomaron sus armas miles de campesinos, quienes habían impulsado la revolución para conquistar su tierra….Sin embargo, aún con este nuevo e importante triunfo, el curso de la revolución no lograba salir del pantano.

La revolución es finalmente derrotada

El 7 de Agosto de 1987 los gobiernos de Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Guatemala suscribieron el acuerdo de Esquipulas II. Los gobiernos firmantes se comprometieron a negociar con los grupos ?alzados en armas de sus respectivos países?…En Nicaragua ¡con los contras!, ya totalmente derrotados a los que se reconocía como ?una fuerza beligerante? en el terreno político y militar, (¡) aceptando por tanto, reincorporarlos a la vida política a los asesinos del pueblo. Este siniestro acuerdo fue seguido por el de Sapoá, firmado el 23 de marzo de 1988 entre el gobierno de Nicaragua y la Resistencia Nicaragüense (los ?contras?), acordando un ridículo ?cese al fuego?, con mercenarios derrotados que huían despavoridos a Honduras…El gobierno Nicaraguense libera a partir de él a 100 ex guardias somocistas presos como inicio de un plan de ?mayores libertades?, aceptando que el imperialismo le de ?ayuda humanitaria?, a los contras, todo ello a pesar del repudio del pueblo….Así la ?contra? se puede legalizar y aunque dividida, un sector participa en las elecciones posteriores de 1990.
Durante el año 1988 los trabajadores resistieron el nuevo plan económico del gobierno. Se sucedieron importantes huelgas y movilizaciones en la Capital y en el campo. La lucha obrera y popular se profundizó arrastrando por primera vez a sectores como médicos y maestros, obteniendose algunos aumentos salariales. Se sumaron paros en la clase obrera industrial, en la construcción, y los conflictos se extendieron al campo entre los trabajadores algodoneros y recolectores de café. Durante esas huelgas se puso de manifiesto la ruptura que se venía produciendo entre el FSLN y los trabajadores, surgiendo algunos sindicatos no adheridos a la Central Sandinista. Aún así, el gobierno logró golpear y aislar las huelgas más importantes, dado que el nuevo ascenso no logró unificar a los trabajadores y campesinos en una gran lucha nacional. Los dirigentes sandinistas utilizaron ese año la tribuna del Primero de Mayo para pronunciarse vivamente contra las huelgas. En Noviembre del mismo año, frente a la lucha de los trabajadores del Ingenio San Martín, Jaime Wheelock Román, ministro de Desarrollo Agropecuario y reconocido dirigente del FSLN enardecido decía: ?Al que levante aquí la bandera de la huelga le vamos a cortar las manos?. (Barricada, 13-11-88). Las elecciones universitarias de 1987 reflejaron la pérdida de base social del sandinismo, al igual que las secundarias de 1988, mientras se fortalecía el bloque de los 14 partidos de oposición que aglutinaba a las distintas fracciones de los tradicionales partidos Liberal y Conservador, a los socialcristianos, socialdemócratas y al Partido Comunista. Este bloque, junto con la jerarquía de la Iglesia Católica se convirtió en el vocero político de las exigencias de los alzados en armas y del imperialismo norteamericano, los que desarrollaban importantes movilizaciones que comenzaban a capitalizar el descontento obrero y popular. ..El FSLN en vez de apoyarse cada vez más en el movimiento de masas para resistir a la burguesía y el imperialismo, profundizaba sus rasgos totalitarios y represivos, a la par de avanzar en los pactos que exigía el imperialismo.
En diciembre de 1989 se terminan suscribiendo ?los acuerdos de Costa Rica?. Reunidos todos los presidentes centroamericanos. Nicaragua estuvo representada por su Presidente Daniel Ortega. A la misma asistió el Presidente Cristiani de El Salvador, a quien Ortega sólo un mes antes había denunciado como ?el presidente de un gobierno asesino de sacerdotes, monjas y dirigentes políticos? (?Sur?, Buenos Aires, 27/11/89). Sin embargo Ortega no dudó en firmar en esa reunión de ?paz?, el ?apoyo al gobierno salvadoreño de Alfredo Cristiani, como producto de un proceso democrático, en su propósito de encontrar una solución al conflicto por medios pacíficos?. Con toda razón, el FMLN salvadoreño rechazaba ?con indignación? el acuerdo de Costa Rica por considerarlo ?contrario al clamor de todas las fuerzas democraticas y sociales?, señalando que la declaración de los presidentes ?le da respaldo incondicional al principal violador de los derechos humanos de la región, un gobierno que ha asesinado y perseguido a religiosos y bombardeado a la población civil? (Clarín, Buenos Aires, 13/12/89). Los acuerdos firmados fueron todavía más allá. Se pidió auxilio a la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación (CIAV), integrada por representantes de la ONU y la OEA para que iniciaran de inmediato acciones para desmovilizar al FMLN…
Así el espíritu, abnegación y disposición revolucionaria de las masas nicaraguenses y centroamericanas como de sus organizaciones, fue claramente traicionado por el FSLN y sus aliados castristas, socialdemocratas y stalinistas. Para demostrar como se fue dando éste proceso, nada mejor que las palabras del propio Presidente Reagan, a dos años de los acuerdos de Contadora, en 1985: ?Cuando nosotros llegamos a Washington (en 1981),la pregunta en los labios de todos era: ¿Caerá El Salvador en manos comunistas? Hoy la pregunta es: ¿Ganará la democracia (lease la burguesía) en Nicaragua? (The Economist 30-11-85).
En 1990 con Bush (padre) como nuevo Presidente de EE.UU. tanto había avanzado la burguesía y el imperialismo en su política, que logró desplazar del gobierno al propio Sandinismo a través de las elecciones, las que dieron un rotundo triunfo a la Union Nacional de Oposición burguesa (UNO), que obtuvo el 55,2% de los votos, contra un 40.8 % del FSLN. Culminaba así el paciente, persistente y filoso trabajo de imponer la democracia burguesa en Nicaragua, la que otorgaría finalmente todo el gobierno a la burguesía. Ironicamente, el mismo pueblo y su vanguardia, el FSLN, que habían logrado derrotar y destruir a una de las más feroces dictaduras y Guardia Nacional del continente, como posteriormente a los ?contras?, eran virtualmente ?pasados por las urnas?. Los años de guerra, el hambre, la inflación y los inmensos sacrificios impuestos al movimiento de masas durante esos largos años, fueron creando un creciente descontento y desprestigio del FSLN, como también desánimo. Los resultados no se condecían con las aspiraciones y objetivos por los que el pueblo nicaraguense había protagonizado la gran revolución de 1979….
La vanguardia revolucionaria internacional que había dado su apoyo a Nicaragua y al FSLN, asombrada y confundida por los resultados electorales, articulaba todo tipo de análisis y explicaciones, la mayoría de ellas destinados a descargar responsabilidades sobre el heroico pueblo nicaraguense. Otros, abrieron tibios interrogantes sobre la responsabilidad del FSLN.
Quienes desde la izquierda nunca osaron denunciar la política del Sandinismo, como tampoco el rol cumplido por ?Contadora? ni diferenciarse de él, hoy parecen haberse olvidado de sus antiguas posturas y acciones. Esto puede contribuir tambien al ?olvido? general a que nos referimos al inicio del artículo. Sin embargo, veinticinco años despues, extraer lecciones de la derrota de uno de los mas importantes procesos revolucionarios de las ultimas decadas, se convierte en una necesidad imprescindible para relanzar la lucha por el socialismo en nuestros países. Un socialismo que nada tenga que ver con las fracasadas experiencias del Este mal llamadas ?socialistas?, controladas por burócratas enriquecidos y separados del pueblo trabajador, el que no tenía en sus manos ninguno de los resortes económicos, sociales ni culturales para construir la nueva sociedad. Seremos capaces de abrir una nueva perspectiva socialista si desde las luchas mismas de cada país, podemos ir proyectando una nueva sociedad a partir de construir aquí y ahora, nuevas organizaciones populares independientes de cualquier aparato, sea estatal o de quienes pretendan asumir el papel de ?representantes del pueblo? para una y otra vez, conciliar con los poderosos. Como deberá ser más Continental e Internacional que nunca, por la globalización que nos impuso el Capital.
El socialismo desde abajo por el que luchamos, no podrá ser copia ni calco de lo conocido, aún cuando debamos extraer enseñanzas de las experiencias revolucionarias de otros pueblos del mundo, porque una y otra vez se ha confirmado como un vaticinio aquella consigna de Marx: ?La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos?. La experiencia nos debería enseñar a agregar dos palabras ?o no será?. Nicaragua lo demostró.

Notas
(1) La Brigada Internacionalista Simon Bolivar (BSB), se conformó a partir del llamado del Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia, integrante de la Fracción Bolchevique de la IV Internacional (S.U.). En la misma participaron, además de colombianos, combatientes de distintos paises latinoamericanos (60). Dicha Brigada se disciplinó militarmente al Sandinismo, a la par de mantener su independencia política. Tres integrantes de la misma perdieron su vida en tierra Nicaraguense: Pedro José Ochoa García, Mario Cruz Morales y Max Leoncio Senguí Casco. La Brigada fue violentamente expulsada de Nicaragua en Agosto de 1979 por el Gobierno de Reconstrucción Nacional Nicaraguense.
(2) El Tiempo, Bogotá, 28/6/82-Memorandum de Fidel sobre conversación con José Figueres ?ex Presidente de Costa Rica, entrevista mantenida en La Habana en ese mismo mes y año. - .

(3) En 1984 moría en Nicaragua (se dijo ?suicidio?), uno de los más importantes dirigentes del FMLN, Salvador Cayetano Carpio, que se oponía a negociar con Duarte. Este oscuro hecho arrojó muchas dudas sobre la dirección sandinista y del FMLN, porque evidentemente en esos momentos se debatía una desesperada lucha por barrer obstáculos para la negociación.

PARA RECUADRAR

Una política revolucionaria independiente que reivindicamos

? Desde 1977, llamamos a brindar apoyo al FSLN y al pueblo nicaraguense para su lucha contra Somoza. Que se reconociera al FSLN como fuerza beligerante.
? Llamamos al derrocamiento de la dictadura y a instaurar un gobierno del sandinismo y de las organizaciones obreras y populares.
? En Mayo de 1979, a iniciativa del Partido Socialista de los Trabajadores de Colombia, se impulsó la Brigada Simon Bolivar (integrada luego por combatientes de distintos países) y que combatió bajo el mando militar del FSLN, colaborando con la victoria que derrocó a Somoza y destruyó a la Guardia Nacional.
? Nos opusimos a la política de colaboración de clases impulsada por el FSLN inmediatamente despues del triunfo, rechazando el desarme de las milicias, impulsando la movilización de los trabajadores y el pueblo y llamando a constituir un gobierno de ruptura con la burguesía y el imperialismo.
? Impulsamos la construcción de nuevos sindicatos, Comités Obreros y toda otra expresión independiente de los trabajadores. Rechazamos la sujeción por parte del Estado de los organismos construidos por los trabajadores y campesinos, llamando claramente a mantener su independencia.
? Denunciamos la política de ?Contadora?, el Grupo de los Ocho, los Acuerdos de Esquípulas o de Costa Rica como expresiones contrarrevolucionarias, destinadas a derrotar el proceso revolucionario en curso en Nicaragua, y en Centroamerica.
? Denunciamos los acuerdos secretos que se establecían en estos encuentros, llamando a que fueran debatidos públicamente por los trabajadores y el pueblo.
? Frente a la agresión de los contras, estuvimos en la primera fila de la solidaridad con Nicaragua y con la revolución salvadoreña, luchando por la expulsión de las tropas yanquis de toda Centroamérica.
? Desarrollamos una amplia denuncia contra el embargo económico de Reagan a la par de impulsar acciones de solidaridad: ¡Que los sindicatos del mundo entero recauden un día de salario para Nicaragua! ¡Que las organizaciones estudiantiles, campesinas y populares colecten y envíen su ayuda para quebrar el bloqueo!
? Denunciamos la política de ?respeto a las fronteras? llevada adelante por el Sandinismo, a la par de llamar a dar todo el apoyo en armas, voluntarios, víveres, etc. a la revolución salvadoreña en curso.
? Impulsamos una política internacionalista destinada a unir en un solo proceso la revolución centroamericana.

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Nora Ciapponi es reconocida militante socialista en Argentina. Participó de la Brigada Simón Bolivar en Nicaragua junto a otros numerosos combatientes de distintos países latinoamericanos