El Salvador

El Salvador: Un Gobierno sin cambio y sin izquierda

Dagoberto Gutiérrez
06.Jun.12 :: El Salvador


El partido FMLN, golpeado fuertemente en las elecciones de marzo, vincula su destino al de la nave gubernamental, aunque Funes esté dispuesto a erosionarles sus bases


El Salvador: Un Gobierno sin cambio y sin izquierda

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El partido FMLN, golpeado fuertemente en las elecciones de marzo, vincula su destino al de la nave gubernamental, aunque Funes esté dispuesto a erosionarles sus bases

El gobierno del Presidente Funes suele presentarse como un gobierno de izquierdas y como un gobierno del cambio. El Presidente tomó posesión de su cargo cubierto, precisamente, por la mágica palabra del cambio. La población voto por él, subyugada también por la misma palabra, por sus olores, sus sabores, y sus claras resonancias de posibilidad de mejorar la vida, cambiando la actual, de desempleo, opresión, pobreza e incertidumbre, por una vida mejor con dignidad y trabajo, futuro y educación. De esta manera, la instauración del actual gobierno coincidió con las esperanzas renovadas de miles de hombres y mujeres de El Salvador.

Han pasado 3 años, rápidos y volátiles, y el cambio ha cedido su lugar al desengaño, y la esperanza a una especie de malestar que combina desencanto con indignación. En esta marejada subjetiva, el pueblo da un tratamiento diferente a la cúpula del partido FMLN y al Presidente Funes. Esa diferencia se expresa en las encuestas, sin que hasta el momento se sepa a profundidad los contenidos reales del tratamiento otorgado a Mauricio Funes, probablemente se deba a que el Presidente, desde un principio, precisó que su guía y referente era el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y el entonces presidente de Brasil, Lula Da Silva. El presidente Funes dejó claro que no pertenecía a ningún partido político, y de manera abundante y hasta excesiva, ha enfatizado que el partido FMLN no tiene que ver con sus decisiones como presidente, y que el mejor trato que él puede darle es el de socio de su gobierno, que es algo equivalente a una especie de aliado.

Durante estos 3 años, el Presidente Funes ha hecho todo lo posible por demostrar que él solo, y solo él, ejerce la función de gobernar, y que se trata de un ejercicio en la más completa soledad; aunque a la hora de presentar su gobierno, tiene cuidado de hacerlo enfatizando que se trata del primer gobierno del cambio y en determinadas circunstancias que se trata también de un gobierno de izquierda, y el primero en la historia del país. Por su parte, el partido FMLN, pese a ser maltratado, humillado y desconocido por el Presidente, pierde cada día su independencia política con respecto a la gestión presidencial. Se trata de un partido cuya actividad empresarial requiere estratégicamente del control del aparato gubernamental del cual depende, en buena medida, el éxito de sus negocios y sus alianzas comerciales. Para este partido, resulta más decisivo aún, presentar al gobierno Funes como su gobierno, un gobierno del cambio y también de izquierdas. En el caso del Presidente Funes y del partido FMLN, hay coincidencia plena en presentar como demostración del cambio un listado de medidas gubernamentales que, a su juicio, testimonian fehacientemente el cambio ofrecido en la campaña electoral y el esperado por los votantes en el país. Así que resulta necesario explicar que una cosa son las medidas gubernamentales que pueden ser buenas o malas, de acuerdo a las circunstancias, y otras son las políticas de las que forman parte estas medidas que la nutren y la definen. Una cosa son los pasos tácticos de un gobierno y otra es su estrategia política. Una cosa son las diferentes direcciones de una gestión gubernamental y otra cosa es el rumbo acordado, establecido y determinado. Veamos uno a uno estos aspectos.

Es cierto que las medidas sobre la salud, la educación, los zapatos y uniformes, la alimentación de escolares, serán siempre positivas, pero en las actuales circunstancias del país, expresan la gestión gubernamental ante la crisis, obedeciendo directrices del Banco Mundial y del FMI, y son medidas de crisis que, en ningún caso, por sí solas, definen a un nuevo orden que sustituya al actual.

El país carece de un rumbo político determinado, y el actual gobierno que lo definió como de unidad nacional, que se negó a renunciar al modelo económico neoliberal, que unció su desempeño y futuro a la administración estadounidense, se encuentra ahora en la mayor soledad política interna y externa. En el primer aspecto, el gobierno Funes no aparece respaldado por la cúpula empresarial, tampoco por ningún movimiento popular, por ningún partido político en particular, y carece, a 3 años de gestión, de una estrategia política y económica medianamente definida.

En el discurso presidencial, en ocasión de su tercer año de gobierno, el Presidente Funes enumeró las medidas gubernamentales más recientes con las que ciertamente aparece intentando reparar algunos males producidos por el neoliberalismo en el país, pero en ningún momento el gobierno ha intentado trastocar, perturbar, ni mucho menos afectar en lo más mínimo, las reglas del juego del mercado, que son las reglas neoliberales, aunque su gobierno se dedique al vendaje de las peores heridas que el modelo genera. Es cierto que en su discurso, el Presidente se aleja y hasta desconoce su gestión, y aquí aparece la llave que impide que éste sea reconocido ni medianamente como un gobierno diferente a los anteriores y mucho menos como uno de izquierda.

Por su parte, el partido FMLN, golpeado fuertemente en las últimas elecciones de marzo, vincula su destino al de la nave gubernamental, aunque Funes esté dispuesto a erosionarles sus bases, tal como ocurrió en la última concentración en La Feria, el domingo pasado. Por eso, en la actual administración se da el más inusual entendimiento político que vincula a un Presidente en solitario y a un partido cada vez más alejado de la gente y también de su gente. Mientras tanto, el régimen político se introduce vigorosamente en la mayor de las crisis, y toda la sociedad entra a un momento en el que la crisis planetaria del capitalismo, nos someterá probablemente a una de las mayores pruebas de resistencia.

El pueblo necesitará elaborar con premura su propia política de crisis para asegurar la alimentación, la coordinación entre las diversas organizaciones, la coordinación regional, el entendimiento con los sectores campesinos y la defensa de las tierras santas para la subsistencia.

La Haine