Italia

El terremoto electoral en Italia deja un país ingobernable

Orsola Casagrande


Los resultados de las elecciones en Italia confirman el fracaso de un sistema político que la gente, una vez más, ha rechazado. Se impone el cómico Beppe Grillo con su mezcla de populismo y reivindicaciones y causas que pertenecen a las luchas territoriales de los últimos años. El tercer partido es el de la abstención.


El terremoto electoral en Italia deja un país ingobernable

Orsola Casagrande

Si una cosa han dejado clara las urnas es que los italianos dan por finiquitado el actual sistema político

Es lo que indica la autora al destacar el resultado de M5S, el alto grado de abstención y el fracaso de Rivoluzione Civile. Berlusconi pide diálogo al centroizquierda para dar un Gobierno al país, pero el PD deja la decisión en manos de Napolitano.

Los resultados de las elecciones en Italia confirman el fracaso de un sistema político que la gente, una vez más, ha rechazado. Se impone el cómico Beppe Grillo con su mezcla de populismo y reivindicaciones y causas que pertenecen a las luchas territoriales de los últimos años. El tercer partido es el de la abstención.

Terremoto, tsunami, desastre, fracaso

Las definiciones catastróficas abundan para explicar estos resultados electorales. Cierto que con estos resultados el país hoy es ingobernable. La Cámara de Diputados está en manos del centroizquierda, aunque por un puñado de votos, un 0,4% más que la derecha. Pero gracias al premio de mayoría garantizado por una ley electoral que aún penaliza la democracia, entendida como derecho a ver en el Parlamento a los partidos que uno escoge, la coalición de Pier Luigi Bersani se encuentra con 340 diputados. El segundo lugar es para Silvio Berlusconi (sí, las pesadillas en Italia vuelven recurrentemente), con 124. Tercero quedó Grillo (el único que realmente puede cantar victoria), con 108. Muy diferente es la situación en el Senado, donde entre el centroizquierda y la derecha solo hay 3 escaños de diferencia (120 Bersani, 117 Berlusconi), pero nadie llega a los 158 escaños necesario para garantizar una cierta gobernabilidad.

Hasta aquí la frialdad de los números. ¿Qué ha pasado? y, sobre todo, ¿qué va a pasar ahora? Ha pasado que la gente ha enviado mensajes claros aunque contradictorios: no quiere más este sistema político. Eso ha quedado claramente demostrado. Por un lado, por la victoria de Grillo, promotor del partido «no-partido». Por otro, por la fuerte abstención (25%). Además, no ha convencido la nueva lista de centroizquierda Rivoluzione Civile que no entra en Parlamento, porque solo ha conseguido el 2% (se requería el 4%) y eso no hace sino confirmar que lo viejo camuflado de nuevo no engaña a nadie.

La contradicción está en el éxito del Movimento 5 Stelle (M5S) del cómico Beppe Grillo: un movimiento que gana, desde una mezcla de populismo, autoritarismo (si al líder -que no era candidato- alguien no le gusta, fuera), algo de racismo (tanto que ha ignorado totalmente el tema de los inmigrantes en su programa electoral) y mucho de confusión en la elección de los temas por los que lucha. Así, está en contra del Tren de Alta Velocidad y a favor de la agua como bien público, pero también con una visión economicista (la común y más extendida) y sin plantear propuestas alternativas. Respecto a la emigración, se opone al ius soli (derecho de nacionalidad por nacimiento en un lugar) y, por si fuera poco, en unas recientes declaraciones dijo: «Deberemos hacer como en EEUU: tomar huellas digitales de los pies, de las manos y hacer un escáner de la pupila de los emigrantes». Es verdad que el programa de Grillo, al ser lo suficientemente ambiguo, atrae un poco a todos los descontentos con el sistema político italiano, pero si este mensaje se escucha alto y claro es porque la gente ya da por acabado este sistema.

Por eso merece la pena dedicar un poco más de atención al resultado del M5S. En la votación al Senado eran importantes los resultados de las regiones norteñas de Lombardía, Piemonte y Emilia Romagna y las meridionales de Campania, Lazio y Sicilia, que en conjunto eligen a 153 senadores. La derecha ha ganado en Lombardía y Campania; el centroizquierda, en Piemonte, Emilia Romagna y Lazio, y en Sicilia el M5S es el verdadero ganador (el primer partido de la isla), aunque el premio de mayoría va a la coalición de centroderecha liderada por Silvio Berlusconi.

En todas las regiones, el movimiento de Grillo avanza hasta ganar en ciudades y barrios importantes. En el histórico barrio obrero de Mirafiori, en Torino (la ciudad obrera, la ciudad de la Fiat), por ejemplo, Grillo ha obtenido más del 30% de los votos. Lo mismo ha pasado en muchas alcaldías del Valle de Susa donde desde hace años se lucha contra el TAV (aunque se practica un nuevo modelo de gobernanza y de desarrollo, incluso económico).

El centroizquierda ha de reflexionar mucho sobre por qué no ha sido capaz de aparecer como una verdadera alternativa a la nada propuesta por Berlusconi (que, merece la pena recordar, en términos absolutos ha perdido casi el 9% de sus apoyos). Las primeras valoraciones desde dentro del Partito Democrático (PD) son, no tanto de autocrítica, sino de excusas, hasta un poco cómicas si la situación no fuera tan trágica.

El alcalde de Bari ha sido capaz de explicar así el fracaso: «La verdad es que el centroizquierda ha hablado en campaña electoral de la verdad, que es que las cosas están muy mal, de que el país está en una crisis gigante y que no hay muchas ideas para salir de ella. Berlusconi, por contra, ha vendido humo y mentiras, ilusionando a la gente. Los resultados demuestran que la gente prefiere escuchar mentiras porque por lo menos las mentiras dan algo de esperanza también. Quizás debamos tener en cuenta que la próxima campaña electoral debería ser menos seria y que hay que dar esperanza a la gente aunque sepas que estás contando mentiras». Si esa va a ser la estrategia del centroizquierda, es mejor dejar de esperar que en Italia pase algo realmente político, al menos en términos de discusión política.

Por otro lado, la izquierda que se ha quedado fuera del Parlamento no habla, y si lo hace es para que los integrantes de esta alianza se responsabilicen mutuamente de su fracaso.

Los que han reaccionado de inmediato a los resultados han sido, como era previsible, los mercados. Los grandes inversores. Los que están dibujando la economía y la política del país han reaccionado no escondiendo su preferencias. La misma evolución de los acontecimientos lo atestigua. A las 15.00., con los primeros sondeos a pie de urna que daban una victoria holgada al partido de Bersani (es decir: gobernabilidad), el spread (prima de riesgo) bajaba hasta rozar los 260 puntos y las bolsas subían 4 puntos. Además, curiosamente, el título Fininvest, del grupo de Berlusconi, registraba un alza espec- tacular en la cotización, tanto que fue retirado de las listas.

Cuando los primeros datos de escrutinio mostraban otra realidad, el spread comenzó a subir hasta los 340 y la Bolsa de Milán, a caer en picado. «Los mercados han reaccionado con miedo», «un voto contra el euro», comentaban los analistas.

A estas alturas parece increíble que analistas y grandes bancos como Goldman Sachs no hubieran previsto el resultado de Beppe Grillo. Y sobre todo, que realmente alguien pensara que la política de austeridad impuesta por los centros financieros (BCE y FMI) pasaría sin oposición ni obstáculos. Esta vez el lema «quizás nos hemos pasado, pero ha colado» no ha cuajado.

La pregunta sigue siendo ¿qué va a pasar ahora? Silvio Berlusconi «se abre» al centroizquierda y pide «diálogo» porque la prioridad es «darle un Gobierno al país». El PD no dice mucho y se limita a dejar la decisión al presidente, Giorgio Napolitano (cuyo mandato termina el 15 de mayo), quien asegura que hará lo necesario para averiguar si existe la posibilidad de formar Gobierno, aunque no parece muy seguro.

La verdad es que este terremoto (anunciado) ha demostrado que en Italia se siguen construyendo casas sobre territorio sísmico. Y cada vez que ocurre un nuevo seísmo, se vuelven a sorprender por el derrumbe de las casas. Peor aún, no se cambia de sitio; se barren los escombros bajo la alfombra y ¡adelante! Como se dice en el juego de la ruleta de la fortuna: «¡Otra vuelta, otro premio!».

Un sudor frío recorre los mercados

Los mercados financieros mundiales intentaban ayer digerir la materialización inesperada de uno de los peores escenarios políticos factibles en Italia, el de la vuelta a la ingobernabilidad, que hace temer un nuevo brote de fiebre en la zona euro y sumergió a Europa en la angustia. Algunos analistas se preguntaban si Italia puede poner en peligro toda la zona euro.

Perdidas las últimas esperanzas de que el centroizquierda lograra una mayoría en el Senado con el apoyo de la alianza de Mario Monti, la reacción fue violenta y las bolsas europeas se desplomaron en su apertura, aunque París, Frankfurt, Londres y Bruselas redujeron sus pérdidas a media tarde. La Bolsa de Milán cerró con una caída del 4,89%.

En el Estado español, considerado también un eslabón débil de la zona euro, su ministro de Economía, Luis de Guindos, admitió que Italia tuvo un efecto de contagio en los mercados financieros, pero confió en que sea un efecto de «corta duración». «Lo que es bueno para Italia es bueno para España. Estoy convencido -añadió- de que prevalecerá la voluntad política para llevar a cabo las políticas necesarias para sacar a Europa de la crisis».

El panorama postelectoral italiano causó desconcierto en Bruselas, que dijo entender «el mensaje de inquietud» de los italianos en torno a las políticas de austeridad impuestas por la troika al tiempo que reclamó a los italianos más esfuerzos presupuestarios para cumplir sus compromisos europeos.

Los líderes de liberales y demócratas y de los socialdemócratas en el Parlamento Europeo (PE) subrayaron que el resultado de las elecciones demuestra que aunque las políticas de disciplina fiscal son necesarias, no son la única vía para combatir la crisis.

París aseguró que los italianos rechazaron en las urnas «la política impuesta por los mercados», tras una serie de medidas draconianas que sumieron al país en la recesión, mientras que Berlín consideró «esencial» la formación «rápida» en Italia de un Gobierno «estable» para llevar a cabo en el país la política de reformas «en interés de toda Europa.

Gara