Aniversario de la Revolución Nicaraguense. Testimonio de lucha contra la dictadura: Compañera Hilda Duarte Solórzano

tortilla con sal
21.Jul.10 :: Nicaragua - Histórikas

Hilda Duarte Solórzano, hondureña de 51 años, es colaboradora histórica del FSLN. Se involucró en la lucha del Frente en 1976 cuando conoció a los comandantes guerrilleros del Frente Norte en Honduras. En 78 se trasladó a Nicaragua para seguir apoyando la lucha. Su papel en ese tiempo fue de trasladar armas y municiones de Ocotal a los comandantes guerrilleros en Estelí.

Al escuchar de la lucha Sandinista se me dio vuelta el corazón

Yo soy de origen hondureño, de una familia campesina, proletaria. Conocí a los compañeros guerrilleros del Frente Norte en el año 1976 en un campamento en la frontera con Nicaragua que quedaba cerca de donde mi familia vivía. En ese tiempo tenía 18 años. Los miembros de mi familia nos involucramos apoyándoles con comida y otras cosas que necesitaban. Los primeros que me hablaron sobre la lucha sandinista fueron Heriberto Rodríguez Marín y Pastor Montoya. Me explicaron cuál era el programa del Frente Sandinista con la gente humilde.


Al escuchar de la lucha Sandinista se me dio vuelta el corazón

Yo soy de origen hondureño, de una familia campesina, proletaria. Conocí a los compañeros guerrilleros del Frente Norte en el año 1976 en un campamento en la frontera con Nicaragua que quedaba cerca de donde mi familia vivía. En ese tiempo tenía 18 años. Los miembros de mi familia nos involucramos apoyándoles con comida y otras cosas que necesitaban. Los primeros que me hablaron sobre la lucha sandinista fueron Heriberto Rodríguez Marín y Pastor Montoya. Me explicaron cuál era el programa del Frente Sandinista con la gente humilde.

Él me decía “mire, compañera, la lucha de nosotros es para un cambio para el pueblo, para que vivamos en solidaridad con la gente pobre, para que ya no haya escasez de medicina, para que la gente ya no viva en casas de cartón, casas de plástico.” Yo era una campesina muy humilde. Con costo tenía segundo grado, casí ni leía. Entonces lo que él me dijo a mí me hizo tomar conciencia, como que se me dio vuelta el corazón y me dije “yo voy a buscar como luchar junto con esa gente, como colaborar con ellos.” Entonces yo me volví correo para los compas del Frente Norte. Llevaba mensajes entre ese campamento y casas de seguridad en Tegucigalpa. Desde la montaña salía a pie hasta cierta parte y después viajaba en bus.

La Guardia hondureña escalaron sus medidas represivas

Hubo determinado momento en el 78 cuando la Guardia de Honduras interceptaron a Germán Pomares en un lugar de la frontera que se llama Dificultades. Después de eso la Guardia comenzó a llegar a la zona a investigar a la gente. Querían darse cuenta de quiénes eran los que estaban colaborando con los compañeros guerrilleros. Ahí por mi casa la Guardia halló un buzón de armas. Entonces vinieron y echaron preso a mi tío y a mi hermano. Los torturaron. También torturaron a la esposa de mi tío. Después de eso mi familia tuvo que abandonar sus casitas y se fueron para otro lado.

Para ese tiempo yo ya estaba trabajando directamente con el Frente como correo en las ciudades de Danlí, El Paraíso y Tegucigalpa. Pero como después que agarraron a Pomares se alborotó la Guardia hondureña, entonces tenía que tener más cuidado. Yo llevaba mi niña Amparo conmigo para disimular un poco. Tenía un añito. A ella le puse los correos en las bolsas de la ropa y así los pasaba hasta Tegucigalpa.

En ese período yo estaba desestabilizada emocionalmente. A mi niño mayor, que tenía 4 años en ese tiempo, me lo quitó el papá.

Él me dijo que si seguía pidiendo que me diera mi hijo, me iba a denunciar como colaboradora del Frente. Era un campesino muy humilde, y como a los sandinistas los pintaban como los delincuentes, los bandoleros, entonces él no estaba de acuerdo y me amenazaba de esa manera.

Trabajo clandestino en Ocotal

Poco después, siempre en el 78, me trasladé para Ocotal en Nueva Segovia. Cuando me traslado para Nicaragua tengo que dejar mi niña con mi familia. Me sentí desequilibrado con mis niños allá y yo en otro lado. Pero a mí me necesitaban en Ocotal porque hacían falta colaboradores nuevos. Todos los colaboradores de ahí ya estaban colorados, ya la Guardia los tenía detectados.

Mi papel en Ocotal era trasladar gente de Nicaragua a Honduras, gente que se iba a entrenar a los campamentos. También garantizaba el traslado de gente, armas, municiones y correos entre Ocotal y Estelí. Mi situación fue bien difícil. No tenía ningún ingreso. Yo vivía de la comida que me daban los colaboradores. Yo recuerdo que el único dinero que me dieron los compas fue después de ese asalto al banco en Ocotal cuando me dieron 100 córdobas para que me comprara una ropita y unos zapatos.

Para la insurrección de septiembre mi papel era trasladar armas de Ocotal a Estelí. Las armas las veníamos a dejar ahí por el Rosario que era donde estaba la mayor parte de los colaboradores, ahí estaba el Zorro [Francisco Rivera], ahí estaba Froylán [Juan Alberto Blandón]. Lo más fuerte que hice fue trasladar un misil antiaéreo. El misil me lo dieron empacado como un regalo en una caja de pleibol dentro de una bolsa de regalo con un lazo.

Recuerdo que cuando estaba arriba del bus, por lo pesado del antiaéreo, no lo pude subir al maletero. En ese momento se me acercó un guardia ¡y me ayudó a subirlo! Después se sentó a la par mía y durante todo el viaje venía enamorándome. En el terminal de Estelí se bajó conmigo y me dijo “qué bonito regalo que andás. ¿Puedo acompañarte a donde llevás ese regalo? ¿Qué es lo que vas a celebrar?” Ya me puse chiva y le digo “es para un cumpleaños pero no es hoy.” Y después agarré en la dirección equivocada. Él me siguió hasta cierta parte pero después lo perdí.

Al tercer día de la insurrección de septiembre llega un mensaje a Ocotal diciendo que los compas necesitaban más armas y más municiones con urgencia, que era de vida o muerte. Pero a la hora llegada ninguno de los colaboradores quería ir. Decían que todos estaban muy colorados. Entonces tuve que ir yo. Las cosas las metimos dentro de sacos de maíz, de frijoles, de café. Ahí venían tiros de escopeta, tiros de carabina, tiros de fal, niples, dinamita, de todo.

Pero la guardia era bandida y tenía unos chuzos para estar metiendo en los sacos para ver si venía algo. Y en todo Ocotal había un cordón de la Guardia. Acuérdese que la región estaba en plena insurrección. Entonces les dije a los colaboradores que si fuera posible me buscaran un taxista que era “oreja” para que la Guardia no fuera a revisar lo que llevábamos. Y así fue. El taxista no sabía lo que llevaba ni me conocía a mí como colaboradora del Frente.

La muerte de Facundo Picado

Esas armas se los entregué a Facundo Picado por Las Mesitas, allí por la Escuela de Agricultura. Eso fue ya para el final de la insurrección de septiembre. Pero lo que pasó fue que René [Elías Noguera] y el Zorro ya se habían retirado de la ciudad y habían mandado a decir a Facundo Picado que se retirara. Pero ese mensaje nunca llegó. Ya la Guardia había retomado posesión de Estelí pero Facundo no sabía, estaba confiado de que la retirada estratégica todavía no se había dado.

En el momento que Facundo está escribiendo unos correos que quería mandar conmigo a Honduras llega la Guardia y comienza a volar con los Garands. Facundo se posicionó detrás de una piedra y yo detrás de otra.

Pero era un grupo de milicias que tenía Facundo ahí, no había mucha gente preparada militarmente. Facundo y otro compañero más eran los únicos dos que tenían Garands, los únicos que podían darle duro a la Guardia. Y claro, la Guardia tenía todo su equipo. En una de tantas le pegaron a Facundo en el abdomen y ahí murió a la par mía.

Yo quería quedarme para atenderlo pero me gritaron que me retirara, que me iban a matar. Y entonces salimos corriendo. Pero la Guardia nos venía persiguiendo en un avión, rafagueándonos desde el aire. Hubo un montón de heridos y muertos. Algunos compas venían con las tripas de fuera. Salir vivo de ahí era un milagro de Dios. Ya cuando logramos llegar hasta un lugar que se llama las Labranzitas, yo venía descalza, casi desnuda.

Lo que dimos fue por conciencia sin pedir nada a cambio

Para la segunda toma de Estelí en abril yo estuve en El Paraíso con los colaboradores. En esos días fue que me avisaron que mi mamá estaba grave - y mi mamá tenía a mi niña - entonces yo me fui para donde mi familia.

Estuve en Honduras con mi familia hasta después del triunfo. Tenía una situación muy difícil, sin dinero, mi niña prácticamente aguantando hambre, mi familia hecha paste por el traslado que tuvieron a otro lugar. Son cosas que te golpean emocionalmente.

Yo me vine para Nicaragua en agosto, al mes del triunfo, a involucrarme en el trabajo revolucionario. Durante la guerra de los contra-revolucionarios trabajé como enfermera curando heridos en los campos de batalla del norte.

La lucha del Frente Sandinista fue duro. Los que dieron para la lucha lo hicieron por conciencia sin pedir nada a cambio. Es que los compas del Frente Sandinista hacían un trabajo buenísimo. Lograban convencer a la gente de la verdad. Porque era la verdad de que te hablaban. Eran cosas tan importantes que era de confiar. Yo confié ciegamente en el programa histórico del Frente Sandinista.