Argelia y Cuba

Así era el Che

Ben Bella- La Haine
01.Feb.15 :: Cuba - Africa

Ben Bella, primer líder de la revolución argelina, recuerda sus encuentros con el Che, las largas horas de discusiones y la solidaridad que se brindaban mutuamente


Así era el Che
x Ben Bella
Ben Bella, primer líder de la revolución argelina, recuerda sus encuentros con el Che, las largas horas de discusiones y la solidaridad que se brindaban mutuamente

El 9 de octubre de 1967, en una pequeña sala de la escuela de La Higuera (Bolivia), Ernesto Che Guevara, que había sido hecho prisionero en la víspera, fue asesinado. Aquel que Jean Paul Sartre llamara “el ser humano más completo de nuestra época”, acababa así su vida que lo había llevado, con la esperanza generosa de aliviar los sufrimientos de los pobres, de la Argentina a Guatemala, de Cuba al Congo y finalmente a Bolivia. El presidente Ahmed Ben Bella se encontró con él frecuentemente entre 1962 y 1965 en Argelia, que era entonces tierra de asilo para todos los antiimperialistas del mundo. Ben Bella fue el Jefe Histórico del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino y Primer Presidente de Argelia Independiente (1962); también presidente del Movimiento por la Democracia en Argelia (MDA)

Desde hace treinta años Che Guevara interpela a nuestras conciencias. Más allá del tiempo y del espacio, escuchamos el llamado del Che que nos conmina a responder; sí, solo la revolución puede hacer del hombre una lumbrera. Hemos visto irradiar esa inteligencia a su cuerpo desnudo, tendido en algún lugar del fondo de Ñancahuazú, sobre esas fotos aparecidas en los periódicos de los cuatro rincones del mundo mientras el mensaje de su última mirada continúa alcanzándonos hasta lo más recóndito de toda el alma.

El Che era un valiente, pero un valiente consciente, con el cuerpo debilitado por el asma. Yo lo acompañé a veces por las alturas del Chréa, encima de la ciudad de Brida. Cuando lo atacaba la crisis le daba a su rostro un tinte verdusco. Quien haya leído su ‘Diario de Bolivia’ sabe que con su salud deteriorada él hizo frente a las terribles pruebas físicas y morales que se han cruzado en su camino.

Es imposible hablar del Che sin hablar de Cuba y de las relaciones particulares, que tanto nos unen a su historia. Su vida, sus vínculos con ese país que fue su segunda patria antes de que él se volviera hacia donde lo llamaba la revolución

Conocí a Ernesto Che Guevara en vísperas de la crisis internacional de otoño de 1962, la crisis de los misiles (1) y el bloqueo de Cuba decretado por EEUU. Argelia acababa de lograr su independencia, de constituir su primer gobierno, y como jefe de nuestro gobierno yo debía asistir en ese mes de setiembre de 1962 a la reunión de las Naciones Unidas en Nueva York para levantar simbólicamente la bandera argelina en la sede de la ONU, ceremonia que consagraba la victoria de nuestra lucha de liberación nacional y la entrada de Argelia en el concierto de las naciones libres.

El buró político del FLN había decidido que ese viaje a las Naciones Unidas fuera seguido de una visita a Cuba. Más que la visita se trataba de un acto de fe que marcara nuestros compromisos políticos. Argelia deseaba subrayar públicamente su total solidaridad con la revolución cubana, particularmente en esos momentos difíciles de su historia

Invitado el 15 de octubre de 1962 por la mañana a la Casa Blanca, mantuve francas y vivas discusiones con John Fitzgerald Kennedy con respecto a Cuba. A la pregunta directa que le hice: ‘¿Va usted hacia una confrontación con Cuba?’, me respondió sin dejar ninguna duda sobre sus intenciones reales: ‘No, si no hay cohetes soviéticos; sí, en caso contrario’. Con insistencia Kennedy trató de disuadirme de ir a Cuba por vuelo directo a partir de Nueva York, llegando incluso a hasta evocar la eventualidad de un ataque de la oposición cubana instalada en Miami al avión de las fuerzas aéreas cubanas que me iba a transportar. A esa amenaza apenas velada le respondí que yo era un fellaga (guerrillero) y que las amenazas de los harkis (soldados), fueran argelinos o cubanos, no me intimidaban.

Nuestra llegada a Cuba el 16 de octubre se desarrolló en una fiesta popular indescriptible. El programa preveía discusiones políticas en la sede del partido en La Habana, pero desde la llegada de nuestra delegación las cosas se desarrollaron de modo muy diferente. Apenas dejamos las valijas en el lugar donde íbamos a residir, nos pusimos a discutir a brazo partido con Fidel, Che Guevara, Raúl Castro y otros dirigentes que nos acompañaban

Hablamos horas y horas. Desde luego que informé a los dirigentes cubanos la impresión que me había dejado mi entrevista con el presidente Kennedy. Al fin de nuestros debates apasionados en torno a mesas que nosotros mismos habíamos armado, nos dimos cuenta de que prácticamente habíamos agotado el programa de los temas que teníamos que estudiar y de que nuestra reunión en la sede del partido ya no tenía más objeto. De común acuerdo decidimos entonces pasar directamente al programa de visitas que debíamos hacer a través del país

Esta anécdota da idea de las relaciones totalmente desprovistas de protocolo entre la revolución cubana y la argelina y de los vínculos personales que me han unido a Fidel Castro y al Che Guevara. Esta solidaridad se confirmaría de manera espectacular en ocasión del primer alerta grave que amenazó a la revolución argelina con el asunto de Tindouf en octubre de 1963. Nuestro joven ejército, recién salido de la lucha de liberación, que no poseía todavía cobertura aérea puesto que no teníamos un solo avión, ni fuerzas mecanizadas, fue atacado por las fuerzas armadas marroquíes sobre el terreno que le era más desfavorable, sin poder utilizar los únicos métodos que conocía y que había probado en nuestra lucha de liberación: la guerra de guerrilla

El desierto y sus vastas extensiones desnudas estaban lejos de las montañas de Aurés, del Djurjura, de la península de Collo o de Tiemcen que habían sido su medio natural del que conocía todos los secretos. Nuestros enemigos habían decidido que tenían que romper el empuje de la revolución argelina antes de que llegara a ser demasiado fuerte y arrastrara todo a su paso.

El presidente egipcio Nasser nos envió muy rápidamente la cobertura aérea que nos hacía falta y Fidel Castro, Che Guevara, Raúl Castro y los dirigentes cubanos nos enviaron un batallón de 22 tanques y varios centenares de soldados (bajo las órdenes del comandante Efigenio Ameigeiras, un veterano de Gramma, compañero de primera hora de Fidel Castro y del Che y antiguo jefe de la policía revolucionaria cubana) encaminados hacia Bedeu, al sur de Sidi Bel Abbès, donde yo los visité, que estaban listos para entrar en la lucha si hubiese proseguido la guerra en las arenas

Esos tanques poseían un dispositivo infrarrojo que les permitía actuar de noche. Habían sido entregados a Cuba por los soviéticos con la condición expresa de no ser puestos en ningún caso en manos de otros países, incluyendo a estados comunistas como Bulgaria. A pesar de esas restricciones de Moscú los cubanos no vacilaron en enviar tales tanques en auxilio de la revolución argelina en peligro.

Detrás de los acontecimientos de Tindout era evidente que estaba la mano de EEUU. Nosotros sabíamos que los helicópteros que transportaban a las tropas marroquíes estaban piloteados por norteamericanos. Esas mismas razones d solidaridad internacional fueron las que más tarde condujeron a los dirigentes cubanos a intervenir más allá del Atlántico en Angola y en otros lugares.

Las circunstancias que determinaron la llegada de ese batallón blindado merecen ser informadas pues ilustran más que cualquier otro comentario el carácter de nuestras relaciones privilegiadas con Cuba.

En octubre de 1962, en ocasión de mi visita a Cuba, Fidel Castro había hecho honor a la promesa que su país había formulado de suministrarnos un equivalente a 20 millones de francos franceses. Teniendo en cuenta la situación económica de Cuba se nos iba a enviar no en divisas sino en azúcar. Pese a mi rechazo, por considerar que en ese momento Cuba tenía más necesidad de azúcar que nosotros, él mantuvo esa ayuda. Aproximadamente un año después de esta discusión un navío con pabellón cubano llegó al puerto de Orán. Junto con la carga prometida de azúcar nos encontramos con la sorpresa de veinte tanques y centenares de soldados cubanos que llegaron en nuestra ayuda. En una hoja arrancada de un cuaderno escolar Raúl Castro me envió un breve mensaje para anunciarme este gesto de solidaridad. (2)

Desde luego que nosotros no podíamos dejar que ese navío partiera vacío, y lo llenamos de productos argelinos. Por consejo del embajador Jorge Serguera enviamos algunos caballos árabes. Así comenzó entre nuestros dos países un trueque sin carácter comercial, bajo el sello de la solidaridad, que en tales circunstancias constituyó un aspecto original de nuestras relaciones.

Che Guevara era particularmente consciente de las innumerables restricciones que traban y debilitan una verdadera acción revolucionaria, lo mismo que de los límites que afectan cualquier experiencia, incluso la más revolucionaria, desde el momento en que ella es directa o indirectamente confrontada con las reglas implacables de la ley del mercado y de la racionalidad mercantil. Él las denunció públicamente en ocasión de la Conferencia afro-asiática que tuvo lugar en Argelia en febrero de 1965. Además, las incómodas condiciones de la conclusión del problema de los misiles instalados en Cuba y el acuerdo alcanzado entre la Unión Soviética y EEUU habían dejado un sabor amargo.

Mantuve una conversación muy dura a ese respecto con el embajador soviético en Argelia. Todo ello unido a la situación que prevalecía en África, permitía esperar inmensas potencialidades revolucionarias y había conducido al Che a considerar que el punto débil del imperialismo se encontraba en nuestro continente y que en adelante él debía dedicarle sus fuerzas.

Yo traté de hacerle notar que quizás esa no era la mejor manera de ayudar a la maduración revolucionaria que se desarrollaba en nuestro continente. Si una revolución armada puede y debe encontrar apoyos internacionales, también debe ella misma crear sus propios apoyos internos. Con todo Che Guevara sostenía que su compromiso debía ser total y físico.Varias veces se trasladó a Cabinda (Angola) y al Congo Brazzaville negándose a utilizar el avión particular para asegurar una mayor discreción a sus desplazamientos.

Alerté entonces a los embajadores de Argelia en toda la región para que se pusieran a su disposición. Yo lo vi en cada uno de sus viajes al África negra y pasamos largas horas intercambiando ideas. Cada vez él se mostraba impresionado por la fabulosa riqueza cultural del continente, así como poco satisfecho de sus relaciones con los partidos marxistas de los países que había visitado, cuyas concepciones lo irritaban.

Esta experiencia de Cabinda, conjuntamente con la que él tendría a continuación con la guerrilla que se desarrollaba en la región de la ex-Staleyville (actual Kisangani en la República Democrática del Congo, ex Zaire) lo habían decepcionado mucho. Paralelamente a la acción del Che nosotros desarrollamos otra acción para salvar la revolución armada del oeste del Zaire. De acuerdo con Nyerere, Nasser, Modibo Keita, N’Krumah, Kenyatta y Sekou Touré, Argelia aportaba su contribución enviando armas vía Egipto mediante un verdadero puente aéreo, mientras que Uganda y Malí se encargaban de suministrar cuadros militares.

Fue en El Cairo, donde nos reunimos por iniciativa mía, que concebimos ese plan de salvataje y comenzamos a aplicarlo cuando nos llegó un llamado desesperado de los dirigentes de la lucha armada. Por desgracia, pese a nuestros esfuerzos, nuestra acción llegó demasiado tarde y esa revolución fue ahogada en sangre por los asesinos de Patrice Lumumba

En una de sus estadías en Argelia, Che Guevara me hizo conocer un deseo de Fidel estando Cuba bajo estrecha vigilancia, nada podía ser organizado seriamente para enviar a América Latina armas y cuadros militares que habían sido entrenados en Cuba. ¿Podía Argelia tomar la posta? La distancia no era gran problema sino que al contrario podía ser una ventaja para mantener el secreto que condicionaba el éxito incluso de una operación de esta importancia. (3)

Mi respuesta fue desde luego un “sí” espontáneo. Y se comenzaron entonces a crear estructuras para el recibimiento de los movimientos revolucionarios de América Latina, bajo el control de Che Guevara. Rápidamente los representantes de muchos de esos movimientos revolucionarios se transportaron a Argelia, donde me encontré con ellos en muchas oportunidades en compañía del Che

En las alturas de Argel, en una casona rodeada de jardines, se estableció un estado mayor que reagrupaba a los movimientos. Esta Villa Susini había sido un lugar célebre cuyo nombre había pasado a la posteridad porque durante la lucha de liberación nacional había sido un centro de tortura en el que muchos resistentes encontraron la muerte

Un día Che Guevara me dijo: “Ahmed, acabamos de recibir un duro golpe, hombres entrenados en Villa Susini fueron detenidos en la frontera entre tal y cual país (ya no recuerdo los nombres) y temo que hablen bajo tortura”. A él le inquietaba que nuestros enemigos conociesen la verdadera naturaleza de las sociedades de import-export que habíamos implantado en América del Sur

Che Guevara había partido de Argel cuando tuvo lugar el golpe de Estado militar del 19 de junio de 1965 contra el que, por otra parte, él me había puesto en guardia. Su partida de Argel, después su muerte en Bolivia y mi propia desaparición durante 15 años deben ser estudiados en el contexto histórico que marca el reflujo que siguió a la fase de las luchas de liberación victoriosas. Tal reflujo de los regímenes progresistas del Tercer Mundo, entre otros los de N’Kruma, de Modibo Keita, de Sukarno, de Nasser, etc., tuvo lugar después del asesinato de Lumumba. (4)

Esta fecha del 9 de octubre de 1967, inscripta en letras de fuego en nuestra memoria, evoca una jornada inconmensurablemente sombría para el prisionero solitario que yo era, mientras las radios anunciaban la muerte de mi hermano y los enemigos que juntos habíamos combatido entonaban su siniestro canto de victoria. Cuando más nos alejamos de esa fecha, cuando se amontonan en la memoria las circunstancias de la guerrilla que ese día tuvo fin en el Ñancahuazú, más está presente el espíritu del Che en el accionar de los que luchan y de los que esperan

Un día de mayo de 1972 el silencio opaco de mi prisión celosamente guardada por centenares de soldados fue roto por una gran algarabía. Así me enteré de que sólo a algunos centenares de metros Fidel estaba allí visitando una granja modelo muy próxima e ignorante sin duda de que yo me encontraba en esa casa morisca aislada sobre la colina desde la que él podía percibir los techos por encima de la cima de los árboles.

Fue ciertamente por las mismas razones de discreción que esta misma casa había sido elegida por el ejército colonialista como centro de tortura. En ese momento una multitud de recuerdos vino a mi espíritu, una cohorte de rostros, como un film patinado por el tiempo desfila por mi cabeza, y nunca, desde que nos dejó Che Guevara, estuvieron tan vivos en mi memoria

Su recuerdo nunca nos ha dejado a mi esposa y a mí. Una gran fotografía del Che ha estado siempre colgada en los muros de nuestra prisión y su mirada ha sido testigo de nuestra vida cotidiana, de nuestras alegrías y de nuestras penas. Pero otra fotografía más pequeña, recortada de una revista, que yo había pegado sobre un cartón y protegido con un plástico, nos ha acompañado siempre en nuestras peregrinaciones.

Es la más cara a nuestros ojos. Se encuentra hoy en Maghinia, mi ciudad natal, en la casa de mis viejos padres que ya no existen y en la que nosotros depositamos nuestros recuerdos más preciosos antes de partir al exilio. Es la foto de Ernesto Che Guevara tendido, el torso desnudo y el cuerpo que irradia tanta luz. Tanta luz y tanta esperanza

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Notas:

1. Estos tanques, junto con un contingente de cientos de combatientes cubanos, llegó escondida y sin aviso en un barco cubano dentro de una carga de azúcar. Lo hicieron así para burlar la prohibición de los soviéticos, que auxiliaban a Cuba con ese armamento pero impidiéndole compartir el recurso con terceros países, ni siquiera los del llamado “campo socialista” del Este de Europa

2. La crisis de los misiles: En octubre de 1962 los servicios de información de EEUU detectaron la presencia de misiles soviéticos de corto alcance con carga atómica en Cuba. El gobierno de Kennedy decreta un bloqueo total sobre Cuba, desatándose una crisis internacional, que aumenta al derribar los soviéticos un avión espía U2, la joya de la aviación gringa, sobre Cuba. Pero rápidamente se llega a un acuerdo con el gobierno soviético de Nikita Jruschev quien está dispuestos a retirar los misiles, e incluso a aceptar la pretensión norteamericana de que una misión de inspección de Naciones Unidas controle en la isla el desmantelamiento de lo que el imperialismo consideraba “armas ofensivas”, a cambio de que EEUU retire sus misiles de Turquía. Esta propuesta es rechazada airadamente por el gobierno cubano, por entender que es atentatoria contra su soberanía. Los misiles son retirados por decisión unilateral de la Unión Soviética.

3. El comentario de Ben Bella acerca de que él acordó con el Che Guevara que Argelia ayudaría a los grupos revolucionarios latinoamericanas, contradice los dichos de Ciro Bustos, compañero de Jorge Ricardo Masetti en la primera guerrilla que envió el Che a Argentina en 1964 y, luego de visitar al Che en la selva, detenido con Regis Debray en Bolivia en 1967. Bustos (ver http://www.lahaine.org/index.php?p=584) sugiere que Masetti tuvo que buscar por su cuenta ayuda de los argelinos debido a la falta de compromiso de los cubanos bajo el mando de Barbarroja, que no les proveían las armas y equipos necesarios. Cosa que, según se ve ahora, no sería del todo cierta.

4. El derrocamiento de Ben Bella: En junio de 1965 un golpe de Estado encabezado por el coronel Boumedienne (que era miembro del gobierno y del FLN) tomó el poder y encarceló a Ben Bella. Abandonó la orientación autogestionaria y de cooperativas socialistas y la línea internacionalista activa que la revolución argelina había tenido con la conducción de Ben Bella, y la sustituyó por una gestión estatista centralizada. En la segunda mitad de los 70, la crisis se fue profundizando en Argelia, hasta que luego de una nueva constitución y elecciones, un nuevo gobierno del FLN comienza una política de distensión liberando a Ben Bella que había estado en prisión durante quince años. Ben Bella siguió participando hasta su muerte, en abril de 2012 a la edad de 95 años, en actividades de solidaridad revolucionaria. Más información sobre la revolución argelina en “Los torturadores norteamericanos de Irak son alumnos de los franceses en Argelia”

Le Monde Diplomatique, octubre 1997 / Alfaguara. Completado por La Haine

Texto completo en: http://www.lahaine.org/asi-era-el-che