Paraguay

Paraguay: vender la paz y administrar la violencia para garantizar el negocio de la guerra

Del Rosario Ignacio Denis
07.May.15 :: Paraguay

Paraguay –con la excusa del terrorismo y el EPP– se impuso la ley de militarización de la zona norte, y en San Pedro se instaló el “Centro de Operaciones de Emergencias” (COE) bajo las directivas del gobierno de Estados Unidos, todo ello para garantizar la paz y la tranquilidad. Para Abel Irala, del Servicio Paz y Justicia (Serpaj Paraguay), este centro se trata de “la penetración imperialista con la formación de policías militarizadas y de cuerpos especiales de élite para el combate al terrorismo o la prevención del mismo, en algunos casos con involucramiento directo del Pentágono”


Paraguay: vender la paz y administrar la violencia para garantizar el negocio de la guerra
Por: Del Rosario Ignacio Denis | Jueves, 07/05/2015 07:55 AM | Versión para imprimir
“La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo.

El respeto a las culturas milenarias hace nacer la paz en el presente”

Rigoberta Menchu

La Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) quería introducir unas cuñas radiales como parte de sus estrategias llamando a la desmovilización de los grupos armados en el norte del país. La iniciativa, según algunos asesores, se dio para recurrir a la sensibilidad de los integrantes y que éstos depongan las armas. El ministro Luis Rojas, de la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD) manifestó que “el spot de la FTC fue un error desde todo punto de vista”; al final, dicha iniciativa fue suspendida pero dejando fuertes críticas, burlas y rechazo de la ciudadanía en general.

La ley de militarización que pesa sobre la zona norte del país, al mando de una “Fuerza de Terror Corrupta” (FTC), tiene muy claros sus propósitos en cuanto a misiones locales territoriales y sus fines globales, ya que forman parte de la receta de guerra larga del Pentágono donde las fuerzas militares se encargan de administrar la violencia. Es una estrategia no aislada y casual de los negocios desde la violencia y la guerra; para nadie hoy es un secreto que la FTC cuenta directamente con el asesoramiento del Comando Sur de los Estados Unidos y el Mossad israelí, los cuales tienen varios objetivos, principalmente, controlar los recursos naturales de la región: tierras, agua dulce (Acuífero Guaraní), minería, como también garantizar los corredores de tráficos de drogas y armas en toda la región.

Tal como sintetiza el gigante y querido Eduardo Galeano: “la economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado. Los organismos internacionales que controlan la moneda, el comercio y el crédito practican el terrorismo contra los países pobres, y contra los pobres de todos los países, con una frialdad profesional y una impunidad que humillan al mejor de los tira bombas. (…) Los pistoleros que se alquilan para matar realizan, en plan minorista, la misma tarea que cumplen, en gran escala, los generales condecorados por crímenes que se elevan a la categoría de glorias militares. (…) Los violadores que más ferozmente violan la naturaleza y los derechos humanos, jamás van presos. Ellos tienen las llaves de las cárceles. En el mundo tal cual es, mundo al revés, los países que custodian la paz universal son los que más armas fabrican y los que más armas venden a los demás países; los bancos más prestigiosos son los que más narco-dólares lavan y los que más dinero robado guardan; las industrias más exitosas son las que más envenenan el planeta; y la salvación del medio ambiente es el más brillante negocio de las empresas que lo aniquilan. Son dignos de impunidad y felicitación quienes matan la mayor cantidad de gente en el menor tiempo, quienes ganan la mayor cantidad de dinero con el menor trabajo y quienes exterminan la mayor cantidad de naturaleza al menor costo.”

En la actualidad, las transnacionales y mafias del narcotráfico no cuentan con otra opción más que la de ejecutar por etapa la doctrina del Plan Colombia en otros países para reconquistar América Latina; este Plan consiste en propiciar conflicto y violencia para la caotización, y de esa manera justificar su presencia en territorio estratégico: existen hoy más de 47 bases militares norteamericanas en el continente, que desde Colombia, con sus 7 bases y la 4ª Flota, perfeccionan las viejas Escuelas de las Américas. Colombia se constituye así en el centro de operaciones más grande del continente. El Plan Colombia hace que este país, en el sur, sea uno de los que más venden la paz, al administrar violencia y permitir la circulación del negocio de la guerra.

El imperio de los Estados Unidos no tiene otra opción para detener la entrada de otras potencias mundiales en su llamado patio trasero; sin duda, cada vez más el escenario geopolítico amenaza al imperio más grande de la historia: existe una crisis estructural del mismo que alimenta su mayor agresividad y genera más violencia. Es claro que solo con la militarización del continente latinoamericano, con las caotizaciones artificiales en la región, puede controlar los territorios estratégicos.

Paraguay –con la excusa del terrorismo y el EPP– se impuso la ley de militarización de la zona norte, y en San Pedro se instaló el “Centro de Operaciones de Emergencias” (COE) bajo las directivas del gobierno de Estados Unidos, todo ello para garantizar la paz y la tranquilidad. Para Abel Irala, del Servicio Paz y Justicia (Serpaj Paraguay), este centro se trata de “la penetración imperialista con la formación de policías militarizadas y de cuerpos especiales de élite para el combate al terrorismo o la prevención del mismo, en algunos casos con involucramiento directo del Pentágono”. En el caso de Perú, está prevista la instalación de 11 bases militares; para el mes de setiembre el incremento de contingente militar asciende de 125 a 3200 soldados. Según el Congreso norteamericano, el aumento de soldados servirá para contribuir a la lucha conjunta con los soldados de la Marina peruana contra los insurgentes y narcotraficantes. En Honduras, bajo el pretexto de combatir el narcotráfico, con la Operación Martillo, las tropas norteamericanas desde la base militar Soto Cano se han adueñado de la Mosquitia. En Guatemala, los militares en las Escuelas, los escuadrones de seguridad ciudadana y la declaración de estados de excepción ante situaciones de conflictividad social, últimamente fue preocupación para la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En Costa Rica, más de 2000 soldados participaron en un ejercicio bajo el mando del Comando Sur. En Chile, con el gobierno de Piñera, inauguró una base militar para el entrenamiento en combate urbano en Concón, que en una visita oficial del Secretario de Defensa de Estados Unidos y ex director de la CIA, León Panetta, negó que se tratara de una base militar; según Panetta, se trata de “un campo de entrenamiento operado total y absolutamente por Chile” para preparar a militares en operaciones de paz. Cuando el presidente Obama visitó Chile, en marzo de 2011, se firmó un tratado de cooperación con la Agencia Nacional para el Manejo de Emergencias (Fema), lo que permite el despliegue de tropas estadounidenses en suelo chileno, ante la eventualidad de que el ejército nacional se vea “sobrepasado por alguna situación de emergencia”.

La estrategia de militarización del continente es un hecho abiertamente denunciado en diferentes foros, cumbres de varios países, como CELAC, ALBA, UNASUR; estas instancias de integración regional, igualmente, exigieron al gobierno de los EE.UU la salida de todas las bases militares para garantizar un continente de paz; sin embargo, existen un lobby imperial que no descansa en la ampliación del poder militar en la región con el objetivo de controlar militarmente para imponer el negocio de la guerra, continuar alimentando la violencia, vendiendo solo románticamente la idea de la paz.

La táctica comunicacional de difusión de cuñas radiales que quería utilizar la FTC en Paraguay, es una herramienta que utilizan en Colombia en el marco de la ley llamada de Justicia y Paz, o Ley 975 de 2005, promovida por Álvaro Uribe en su dos periodos de gobierno; él es uno de los impulsores del negocio de la guerra y el narcotráfico, fundador del paramilitarismo, personaje férreo en frecuente lobby con el Imperio.

La Ley de Justicia y Paz ha sido duramente cuestionada por organizaciones de derechos humanos y las Naciones Unidas; esta normativa garantiza la impunidad y trae consigo el aumento de la violencia por la militarización de las comunidades; pretende convertir la criminalidad en hábitos comunes y hacer entender que la fuerza de la represión es la única garantía de una supuesta seguridad, como también un rostro empeñado en buscar la paz y la tranquilidad para las comunidades; en realidad, es un terror establecido y planificado desde las fuerzas militares que cumplen tareas precisas en los negocios corruptos de la guerra. Esta práctica pone en peligro a todos los poderes institucionales democráticos del país, favorecen solo a las mafias organizadas en armas que administran la violencia y la criminalidad. Denunciar esta práctica y realidad que azota a las comunidades es exponerse a las amenazas judiciales, policiales, militares y paramilitares, es la expresión del terrorismo de Estado en su face superior y, en este contexto, todas las garantías institucionales tienden a desaparecer.

Antes esta clara amenaza a la estabilidad, a la institucionalidad democrática y por la continua violación de los derechos políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales en Paraguay, no existen otros actores para la transformación que no sean los movimientos sociales y populares, campesinos, indígenas, estudiantiles, obreros, barriales, docentes, con el acompañamiento de intelectuales honestos, partidos políticos progresistas, ambientalistas, etc. Esa llamada sociedad civil necesita ejercitar acciones políticas maduras en su dimensión democrática, medir su fuerza con clara intención de poder. La clase dirigente debe reflexionar en su papel ante la historia y con humildad y honestidad combatir todas las arrogancias políticas desde una profunda autocrítica para conquistar la unidad con mayúscula. Estos planes del imperialismo, de reconquistar América Latina, trascienden las luchas partidistas, sectoriales, electorales, por lo que es necesario un espíritu unitario que vele por la defensa de la humanidad, la justicia social, por la democracia y la paz verdadera.

Del Rosario Ignacio Denis. Ingeniero Agroecologico graduado en Instituto Latinoamericano de Agroecologia Paulo Freire (IALA)