Colombia y Venezuela

El contrabando visto desde el otro lado de la frontera

Oscar Javier Forero
08.Ago.15 :: Colombia - Venezuela - Costa Rica

A ambos lados de la frontera, tanto en Colombia, como en Venezuela los pueblos sobreviven, pues en ambos el capitalismo se ha apoderado de los medios de producción y ha amasado sus fortunas a costa del trabajo de los pobres, pero del lado venezolano esa tendencia ha venido reduciéndose debido a la llegada al poder de la Revolución Bolivariana, la cual si bien no ha roto con las cadenas del capitalismo, si ha garantizado niveles de inclusión que dudo que alguien de manera racional y objetiva pueda negar.


El contrabando visto desde el otro lado de la frontera
Por: Oscar Javier Forero |
Generalmente la percepción que tenemos de la frontera y de lo que acontece en el lado colombiano lo vemos como un simple “problema de ellos”, algo alejado de nuestra realidad, que nada tiene que ver con nuestro entorno y que poco importa; otros piensan que Cúcuta es la más clara muestra de lo que es Colombia; y, en el mejor de los casos, recurrimos a observar la “tele-realidad” colombiana desde los medios de comunicación tradicionales, RCN y Caracol principalmente, quienes manejan de una forma muy inteligente la manipulación mediática, la alienación, el sensacionalismo y la pérdida de valores, al punto que nuestras televisoras, periódicos, estaciones de radio y páginas de internet, se quedan en pañales, ante semejante manejo de masas y estupidización de la sociedad.

No hay que olvidar que los dos canales de televisión que mencioné, son de las dos familias más adineradas de Colombia, así como los diarios El Espectador y El Tiempo, por lo tanto “cobran y se dan los vueltos” pues a pesar de propugnar (al igual que Venevisión, hija de los Cisneros) objetividad, imparcialidad, información veraz y oportuna, ésta dependerá de los intereses económicos, políticos y corporativos que tengan sus dueños.

Por ello, tanto RCN como Caracol, atacan, mienten, desinforman, manipulan y hasta satanizan, con especial énfasis diario la situación que se vive en Venezuela. Regularmente hablan de escasez, inflación y alto costo de la vida, más no van (ni van a ir) a la raíz del problema.

Por otra parte, los televidentes tanto colombianos como de otros países, especialmente venezolanos, obtusamente, asumen como ciertas todas las matrices de opinión que desde el vecino país se generan, basta sólo con revisar las noticias que a diario presentan sobre Venezuela para comprobar el especial énfasis que realizan en descalificar a la Revolución Bolivariana. La oligarquía colombiana, bajo un falso patriotismo, es sumamente fascista y reaccionaria; cuando alguien ha estado cerca de arrebatarles el poder no han dudado en masacrarlo. Representan fielmente la política proyankee de Francisco de Paula Santander, del mismo modo que los Estados Unidos heredan al pie de la letra el legado de James Monroe. Debo decir que nuestra oligarquía, también se queda en pañales.

La percepción que se genera es que Venezuela está sumida en una profunda crisis, con una marcada escasez de productos de primera necesidad, donde la gente hace inmensas colas, peleándose por adquirir los pocos productos que llegan a los anaqueles puesto que el gobierno, altamente corrompido, no hace nada para surtir los supermercados, habiendo además quebrado innumerables empresas a raíz de las nacionalizaciones, el control de cambio y el control de precios, noticias como esta son el pan nuestro de cada día: (Las 10 claves de la escasez en Venezuela. http://www.eltiempo.com/mundo/latinoamerica/claves-de-la-escasez-en-venezuela/15213281), siendo el unico objetivo, impedir a toda costa que la Revolución Bolivariana y su proceso de inclusión social cruce la frontera y tome el Palacio de Nariño.

En pocas palabras, se habla, se especula y se analiza tanto al enfermo, que ni siquiera se menciona el origen de la enfermedad. ¿A qué me refiero con esto?, a que por ningún lado se menciona realmente ¿Por qué los anaqueles en Venezuela se encuentran vacios?, la respuesta es simple, los anaqueles en Venezuela se encuentran vacios por el mismo motivo que los anaqueles en Colombia están llenos. La una es inversamente proporcional a la otra, mientras más vacios están los anaqueles venezolanos, mas llenos estarán los anaqueles de los supermercados colombianos.

Pero y ¿Por qué los anaqueles en Colombia están llenos?, ¿será por qué su economía se encuentra en un nivel perfecto de producción/consumo?, o ¿acaso será por qué existe un exceso de oferta?, a lo mejor otros dirán que es porque a los colombianos le gustan más los productos venezolanos, e incluso habrá quienes digan que es porque el gobierno colombiano si se esmera por la alimentación de su pueblo.

La realidad es otra, la realidad nos dice que en Colombia la calidad de vida de las mayorías es precaria, que los índices de pobreza aumentan de forma alarmante, que la violencia es el resultado de años y años de exclusión y saqueo a los pobres, que el narcotráfico dinamizador de su economía, es el petróleo de los colombianos, y que ha propósito de las recientes declaraciones de Juan Manuel Santos, sobre la “prosperidad” que ellos dicen “exportar”, Colombia ha exportado tanta droga como pobreza, esta última con especial incidencia en la República Bolivariana de Venezuela, veamos sólo una pequeña parte de algunos datos que fundamentarán lo arriba señalado:

EN MATERIA ECONOMICA

Colombia es el octavo país más desigual del mundo. Sólo superado por Argelia, Bolivia, Haití, Honduras, Namibia, Sudáfrica y Zimbabue [1].

Entre el 2,5% [2] y el 36% del PIB colombiano [3] es producto del narcotráfico, el lavado de dinero y la legitimación de capitales, cifras que varían de acuerdo a al método de cálculo y a los intereses que ello representa.

El PIB per cápita de los colombianos es de 7.720 dólares americanos anuales [4], sin el aporte generado por las drogas el PIB per cápita estaría entre los 7.527 dólares y los 4940,8 dólares. Esto significaría un incremento en los niveles de pobreza y de miseria.

Tan sólo el 43,2% de la población económicamente activa se encuentra laborando en el sector formal y 56,8% en el sector informal [5].

El pasaje urbano en Bogotá, en el sistema de transporte masivo Transmilenio, tiene un costo de 1.800 pesos, trabajando de lunes a viernes, durante un mes, un trabajador requiere como mínimo de 72.000 pesos, lo que es igual al 11,18% de su salario sólo para movilizarse a su sitio de trabajo.

Llenar el tanque de gasolina una sola vez cuesta 107.650 pesos, eso representa cerca del 17% de un salario mínimo.

Al promedio de consumo de Caracas (6 litros vehículo/día), un ciudadano con un automóvil en Bogotá requeriría, al mes, más de 380.000 pesos, (60% del salario mínimo) sólo para llenar el tanque de gasolina de su vehículo.

Al promedio de consumo del estado Táchira (21 litros vehículo/día), se requerirían mensualmente 1.356.000 pesos (211% del salario mínimo).

EN MATERIA SOCIAL

El 13% de la población menor a 5 años se encuentra en estado de desnutrición crónica [6].

El 33,2% de los niños menores a 5 años presentan anemia, producto de la mala alimentación [7].

14 de cada 100 niños, entre los 5 y los 17 años trabajan. En las zonas rurales esta cifra se eleva a casi 22 de cada 100 menores [8].

Según estimaciones, mas de 5,6 millones de colombianos han emigrado de su país por motivos económicos y políticos [9], sin embargo cifras manejadas por mas de cien asociaciones de colombianos en el mundo calculan en 8 millones los emigrados.

En los últimos 50 años, alrededor del 20% de la población colombiana (unas nueve millones de personas) han dejado el país, esto según estimaciones de la Cancillería de la República de Colombia.

Cerca de 6.044.200 colombianos se encuentran en situación de desplazados, siendo el segundo país, después de Siria con mayor número de desplazados en el mundo [10].

El 28% de la población rural, cerca de 3 millones de habitantes, no tiene acceso al agua potable. En Quibdó, una de las ciudades más pobres de Colombia, sólo el 33% de la población tiene acceso al agua tratada [11].

La salud, y la educación inicial, básica y diversificada se encuentran semiprivatizadas.

En Bogotá sólo existen 7 universidades públicas, contra 54 privadas. A nivel nacional el 80% de las universidades son privadas [12].

La tasa de indigencia abarca el 8,4%, es decir cerca de 4 millones de colombianos [13], al punto que se han formado ciudades dentro de las ciudades habitadas por personas en situación de calle y que se conocen como “Calles del cartucho” o “Calle del Bronx”.

El unico programa de becas dirigido, por la Presidencia de la República, a la población más desfavorecida es “Familias en Acción”, el cual beneficia a 2.580.000 familias, y les otorga mensualmente 140.000 pesos de subsidio [14]. (Un pírrico 22% del salario mínimo).

Servicios como el agua, la electricidad y el aseo pueden abarcar hasta el 50% de un salario mínimo [15]. Dependiendo del estrato en el que se viva.

Además de, como ya se dijo, ser el octavo país más desigual del mundo, ésta, junto a la pobreza se expanden de manera dramática en departamentos con población mayoritariamente afrodescendiente y originaria, estos son: Guajira con 59.7% de la población indígena (Wayuu-Kogi-Wiwa) y afrodescendiente [16]; Chocó con 94.8% de afrodescendientes e indígenas (Etnia Emberá contra quienes se ha aplicado infinidad de atrocidades y Wonuna) [17]; Cauca con 43,69% de indígenas y afrodescendientes [18]; Guainía con 65.87% de la población indígena y afrodescendiente [19]; además de ciudades como Tumaco con 92% de la población afrodescendiente [20] o Buenaventura (también llamada Malaventura, por la grave situación que allí se vive) con 90,4% de afrodescendientes e indígenas [21] o incluso Regiones interdepartamentales como el Urabá y el Magdalena Medio, que pertenecen en buena medida al Departamento de Antioquia, donde Gobernó el Sr. Álvaro Uribe Vélez y donde casualmente las masacres fueron continuas mientras él gobernó allí. Todas estas regiones, departamentos y ciudades aparecen pocas veces en los medios e integran una especie de ciudadanos de segunda clase, pues es muy general que no tengan ni siquiera derecho a la identidad.

En general podemos decir que los ricos en Colombia, viven con los lujos, privilegios y nivel de vida de la más opulenta elite europea, mientras las mayorías, es decir, los pobres sobreviven en la más absoluta miseria y desgracia del África Subsahariano.

EN MATERIA POLITICA

El Estado colombiano se encuentra y se ha encontrado históricamente en el más absoluto abandono, a la fecha ni siquiera se sabe a ciencia cierta cuantos municipios posee.

A pesar de ser una población mayoritariamente de color oscuro, mestiza e indígena 63% [22], Colombia sólo ha tenido un presidente negro [23].

La guerra civil que desde hace mas de 50 años sufre Colombia, ha generado las condiciones para que las clases oligárquicas representadas en los dos partidos tradicionales, Liberales y Conservadores, dominen en lo absoluto el panorama político.

Si bien en los últimos años el bipartidismo se ha venido acabando, los emergentes partidos que rigen la política colombiana: Cambio Radial, Partido de la U y Centro Democrático, son hijos del liberalismo y el conservadurismo. No ha cambiado nada, sólo los nombres.

La única vez que ese bipartidismo se vio amenazado, fue a mediados de la década de los 80, con el surgimiento de la Unión Patriótica. La solución aplicada por las elites fue arrasar con este partido, Según un informe de la Fundación Manuel Cepeda Vargas, tomando datos del periodista, politólogo y militante de izquierda Carlos Lozano Guillen, “El saldo de los actos atroces perpetrados en su contra hasta hoy se aproxima a las 5.000 personas asesinadas, `desaparecidas´ y torturadas, entre quienes se cuentan dos candidatos a la presidencia, ocho congresistas, cientos de alcaldes y concejales, y miles de activistas locales. De ese mismo cuadro hacen parte detenciones masivas y arbitrarias contra los miembros sobrevivientes del movimiento, poblaciones desplazadas de sus zonas de influencia, decenas de atentados dinamiteros contra sus oficinas y familias enteras exiliadas” [24]. No en vano Guillermo Enrique Torres (Julián Conrado, cantante y militante revolucionario), dice que “En Colombia es más fácil organizar un grupo armado que una junta de acción comunal” [25].

Instituciones como las Fuerzas Armadas colombianas son exclusivamente comandadas por individuos provenientes de las clases altas. Los pobres, únicos que deben cumplir con el servicio militar obligatorio son quienes envían a la guerra [26] [27].

EN MATERIA DE SEGURIDAD

En Chocó, Antioquia (donde gobernaba Uribe), Guajira y Magdalena (Departamentos con mayoría de la población afrodescendiente e indígena), se han perpetrado las más atroces masacres con la participación expedita del Ejercito colombiano (sí, esos mismos que en las propagandas se autocalifican de héroes).

Desde 1980 hasta 2012, se realizaron casi 2 mil masacres con más de 11.751 víctimas. En 170 de estas masacres, la Fuerza Pública colombiana tuvo directa participación y en otro buen porcentaje facilitaron logística, información y hasta aviones para movilizar a los grupos paramilitares [28].

¿El objetivo de estas masacres? Despojar a los pobres (Indígenas y afrodescendientes) de sus tierras, para entregárselas a poderosas Transnacionales de la Minería y de la siembra de palma africana y banano, principalmente. El “progreso” del que habla Juan Manuel Santos, y el libre comercio que tanto pregona Colombia, ha estado tal como lo plantea de manera magistral el Profesor Renán Vega unido a la motosierra, “herramienta” con la cual los paramilitares “Proceden a desmembrar vivas a las personas, se les pica y luego se les bota como animales a un caño, a una ciénaga, al mar o se les entierra en fosas comunes”. (Ver: La Motosierra y el Libre Comercio, disponible en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183611)

El Gobierno reconoce la cifra de 19 mil personas desaparecidas desde 1980 hasta la actualidad, por la acción conjunta del Estado con los grupos paramilitares (generalmente campesinos y sindicalistas de izquierda), de ellos sólo han sido identificados los restos de 4.809 personas en 3.929 fosas comunes [29].

El histórico dominio de los EE.UU en el territorio colombiano, ha hecho que este país pierda su soberanía, a la fecha tiene un número indeterminado de soldados, que hacen presencia activa en su territorio, y que gozan de total inmunidad, sumado a otro número indeterminado de contratistas y mercenarios de la guerra [30].

Esta inmunidad ha generado que más de 54 niñas y jóvenes hayan sido violadas, sin que la justicia colombiana pueda actuar [31].

En los últimos años y a raíz de la pobreza y exclusión, en ciudades como Cali, Medellín, Barranquilla y Cartagena, se han comenzado a generar problemas de carácter social muy complejos como el enfrentamiento entre habitantes de los barrios en especie de pandillas, donde participan no sólo jóvenes, sino adultos, ancianos, amas de casa y niños [32].

Fenómenos como el narcotráfico, el paramilitarismo, la guerrilla, el contrabando y el sicariato, son el resultado de décadas de desidia, abandono, injusticia, pobreza, desatención y explotación de las clases elitescas, dominantes de la política de Estado, sobre los pobres.

Según el más reciente estudio de la Oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito (ONUDC) de julio de 2015, el cultivo de coca pasó de 89.215 hectáreas sembradas de coca en 2013, a 109.788 hectáreas para 2014, con un incremento del 23% [33]. Esto se debe a varios factores, principalmente, como ya se dijo, la desatención del Estado en el campo, y al Tratado de Libre Comercio que ha terminado de arruinar a los campesinos, pero también a la intervención y “auxilio” de las fuerzas de seguridad de los Estados Unidos, quienes al igual que en Pakistán y Afganistán, lejos de combatir, promovieron la producción de drogas para saciar su mercado y obtener jugosas ganancias.

Con estos datos que acabo de desarrollar, no pretendo hacer una comparación nacionalista y hasta despectiva (Ejm: nosotros somos lo mejor, ustedes son lo peor; Aquí si vivimos bien; Ustedes se están muriendo de hambre, entre otros argumentos muchas veces soberbios) como erradamente se intenta hacer ver, tanto del lado colombiano como del lado venezolano, con especial énfasis en los medios de comunicación de Colombia.

Pienso que alegrarse porque en Venezuela estemos presentando fuertes problemas de hiperinflación, escases y acaparamiento o porque en Colombia las mayorías desposeídas no tengan derecho a la salud, a la vivienda o a la educación, es alegrarse porque el capitalismo nos explote, en definitiva somos un sólo y único pueblo, que de diversas formas y métodos lucha y ha luchado por derrotar al capital. A ambos lados de la frontera, tanto en Colombia, como en Venezuela los pueblos sobreviven, pues en ambos el capitalismo se ha apoderado de los medios de producción y ha amasado sus fortunas a costa del trabajo de los pobres, pero del lado venezolano esa tendencia ha venido reduciéndose debido a la llegada al poder de la Revolución Bolivariana, la cual si bien no ha roto con las cadenas del capitalismo, si ha garantizado niveles de inclusión que dudo que alguien de manera racional y objetiva pueda negar.

Lo que pretendo demostrar es que con las condiciones de explotación que posee el capitalismo en Colombia, sobrevivir se hace mucho más difícil que en Venezuela, y que ésta situación ha llevado a que cerca de 10 millones de personas consuman productos traídos vía contrabando desde Venezuela.

Si bien Colombia posee un aparato económico más industrializado que el nuestro y una burguesía menos parasitaria que la nuestra, y que presenta importantes desarrollos (desde el punto de vista de la producción capitalista) en áreas como la alimentación, la manufactura, la industria textil y la química, esto de nada ha servido ni servirá para que los pobres puedan acceder a productos que hoy día están consumiendo de manera regular (traídos de Venezuela) y que anteriormente sólo veían en campañas televisivas o en vitrinas de centros comerciales. ¿De qué vale tener en el mercado 50, 100 o 200 marcas diferentes de azúcar, leche en todas las presentaciones posibles y papel toilette con infinidad de texturas, olores y colores, si sus propios conciudadanos no pueden disfrutar de ello?, ¿Es esa una democracia? ¿Es ese un país de progreso?.

Sobrevivir en la actual Venezuela no es nada fácil, resulta sumamente complejo soportar la pérdida progresiva y continuada de nuestro poder adquisitivo, soportar enormes y eternas colas, padecer la asfixia constante que el capitalismo realiza sobre las clases más desfavorecidas, en su empeño por “torcerle el brazo”, en palabras del infame Obama, a la República Bolivariana de Venezuela, pero esto, con todo y lo complejo del problema no es tan difícil como sobrevivir en Colombia, lo saben muy bien, mucho mejor que yo, los millones que a diario deben subsistir precariamente ante un país y una sociedad que actúa de manera individualista e indiferente, que asume la guerra y todas sus masacres como algo “normal”, que ve en el narcotráfico, en el sicariato y ahora en el contrabando formas de resistir ante la vorágine que el capitalismo ha venido incesantemente aplicando contra el pueblo colombiano.

Que la guerra más larga de Latinoamérica genere día a día nuevas e inocentes víctimas, que mas de 6 millones se encuentren desplazados dentro de su propio territorio, que más de 9 millones hayan emigrado hacia el exterior y que cerca de 10 millones de personas se alimenten con productos de otro país por la vía del contrabando, preocuparía a cualquier gobierno, menos al insolente gobierno de la República de Colombia. Históricamente su política hacia los pobres ha sido la misma: el abandono y el darwinismo social o “supervivencia del más apto”, junto, claro está, a la más brutal represión cuando las masas intentan reclamar lo que por ley y derecho les corresponde.

Los productos venezolanos llegan a alejadas ciudades como Barranquilla (873 km de Cúcuta) y Buenaventura, (996 km de Cúcuta), al otro lado del país, con la clara complacencia y participación de las autoridades colombianas, dígase Policía Nacional, Ejercito y la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN), toda una estructura de mafias, vinculadas con el paramilitarismo (y el Estado) movilizan, distribuyen y comercializan las miles de toneladas que a diario cruzan la frontera. Tomando como base las 442 mil toneladas que actualmente distribuye el Gobierno venezolano y el 30 a 40% de esta mercancía que se desvía hacia Colombia, según lo ha manifestado el propio Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello Rondón, podríamos inferir que, tan sólo de productos de Mercal-Pdval-Bicentenario, cerca de 176.800 toneladas de alimentos cruzan mensualmente la frontera colombo-venezolana, esto representa cerca de 5.900 toneladas diarias o lo que es igual a 200 gandolas cargadas.

Al igual que en el lado venezolano, vale la pregunta: ¿Las autoridades colombianas no se dan cuenta de ello?, pero debo añadirle otra que por la particularidad de la economía neogranadina, que posee una política fiscal bastante férrea, causa curiosidad ¿Cómo la DIAN que es una institución tan eficiente para cobrar impuestos, permite que a diario pase de manera ilegal y sin pagar un peso tal cantidad de alimentos de contrabando?. Es innegable que del lado colombiano, existen mafias dedicadas a tal propósito, que al igual que del lado venezolano, se encuentran incluso favorecidas por funcionarios sobornados en niveles bajos, medios y altos de poder. Sin embargo pocas veces se habla de la corrupción que existe después que los productos cruzan la frontera, obviándose nada más y nada menos que la otra mitad de la estructura, la que se encarga de colocar en el mercado los alimentos.

Extrañamente, para los medios de comunicación en Colombia, la única corrompida es la Guardia Nacional Bolivariana y los funcionarios “chavistas” venezolanos, de puertas para adentro no se habla de corrupción, como si los alimentos una vez que cruzan la frontera adquirieran una especie de “poderes” para movilizarse de manera autónoma por todo el territorio colombiano. Caso muy semejante a lo que sucede con la droga, que mientras se encuentra en Latinoamérica es negociada por corrompidos carteles y mafiosos capos, pero una vez llega misteriosamente a los Estados Unidos, burlando los más sofisticados radares y hasta el escudo antimisiles que poseen, se distribuye “por si sola”, desapareciendo los corrompidos carteles y los mafiosos capos, en el mejor de los casos, en alguno que otro canal de televisión, colocan “si a caso”, a una persona evidentemente pobre y de color como única responsable del enorme mercado de distribución y consumo, que al igual que en Colombia, mueve y dinamiza la economía estadounidense.

Esta situación, impulsada por los altos niveles de desigualdad y pobreza que sufre el pueblo colombiano, está generando las condiciones para que el aparato económico-productivo se paralice. Sectores industriales ya han comenzado a sentir los efectos de un exceso de oferta alentado por el enorme ingreso de alimentos, medicinas, calzado y demás bienes por la vía del contrabando, para marzo del año 2014, se estimaba en 2 billones de pesos [34] las perdidas por evasión de impuestos que genera el contrabando que ingresa desde Venezuela, a esto se le debe sumar que las empresas están perdiendo de utilidad neta cerca de 500 mil millones de pesos [35] por la competencia desleal que se genera. Industrias que aportan importantes necesidades de mano de obra tales como manufacturas, aceros, licores, tabacos, textiles e industria alimenticia se están viendo sumamente afectados por este fenómeno.

Algunos estudios de la Cámara Venezolano Colombiana (CAVECOL), calculan entre otras cosas que: por la frontera con Venezuela ingresan 1.500 toneladas al mes de pollo y 800 mil huevos diarios, lo cual representa, según la Federación Nacional de Avicultura (FENAVI), una pérdida de 72.000 millones de pesos anuales; 50.000 toneladas de azúcar ingresan de forma ilegal al año, con un impacto para la industria de 16.000 millones de pesos; 30.000 barriles diarios de gasolina y ACPM (Gasoil) ilegales se venden en el país, perdiéndose más de 752.000 millones de pesos al año en tributos (Estas cifras son conservadoras, pues cálculos de PDVSA, sitúan en cerca de 100 mil barriles diarios la gasolina que se va de contrabando para Colombia); en cuanto a
Calzado el 24% del mercado es ilegal y Gremios como el de los aceites comestibles (ASOGRASAS) estiman en más del 30% del mercado nacional que se surte con productos del contrabando [36].

No sólo el sector industrial colombiano comienza a tener profundos problemas por la inundación de productos venezolanos, la cadena de la producción es bastante larga y poco a poco genera afectaciones en diversos sectores, uno de ellos es el campo laboral colombiano, pues según denunció el propio Presidente Juan Manuel Santos, el fenómeno del contrabando ya ha perjudicado a más de 200 mil puestos de trabajo, lo cual ha venido generando que la cifra de desempleo siga siendo la más alta de América Latina, profundizando los problemas ya mencionados de inequidad, pobreza, miseria, exclusión y desnutrición.

El informe correspondiente al año 2013, del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y publicado en enero de 2014, ya comienza a reflejar la caída en el empleo industrial, el incremento del contrabando como problema para los industriales y la disminución del aporte del sector en el PIB colombiano [37]. De igual forma, La propia y recién anunciada Ley Anti contrabando, la cual fue recientemente aprobada por el Congreso de Colombia, reconoce dentro de su justificación, que “El aparato industrial colombiano sufre una grave afectación al verse en la obligación de competir en condiciones inequitativas con importadores y comerciantes que evaden el pago de tributos, que funcionan con recursos fruto del crimen organizado y del lavado activos, y que simultáneamente blanquean esos capitales por medio de operaciones de comercio ilegal y contrabando. Esta situación conlleva a que en ocasiones, los productores colombianos sean poco atractivos para el consumidor final debido a la diferencia del precio final al que pueden ofrecer sus productos frente a estos importadores y comerciantes” [38].

No obstante, en la acción, esta Ley poco contribuirá a paliar el panorama, puesto que en palabras del propio Juan Manuel Santos, “El objetivo es perseguir a los grandes contrabandistas, desarticular las grandes redes del contrabando. Esta Ley que acaban de aprobar en el Congreso, para nada toca a los pequeños comerciantes que obran en la legalidad” [39]. Ofreciéndosele legalidad al sector final de la cadena de distribución del contrabando e incluso promoviendo la generación de “pequeños clanes” del contrabando que muy seguramente figuraran bajo la apariencia de “pequeños comerciantes”.

La promulgación de una ley tan ambigua, que castiga pero al mismo tiempo y de cierta forma “legaliza” el delito del contrabando, se debe a que el Presidente Juan Manuel Santos y buena parte del Congreso y Senado colombiano, provienen de la vieja oligarquía industrial, la cual colocó el dinero y la maquinaria mediática para desplazar al uribismo y retomar el poder, pero de igual forma reciben presiones económicas, políticas y corporativas de la neo oligarquía, es decir la burguesía narcotraficante y paramilitar, de breve ascendencia social, que gozó plenamente de las mieles del poder mientras Álvaro Uribe fue Presidente, pero que aún cuenta con un importante apoyo político dentro del poder Legislativo (Congreso y Senado), así como en varios Ministerios y en el alto Mando Militar, el cual “combate” el narcotráfico (es decir a Uribe y su entorno) junto a la infaltable DEA norteamericana.

No sabemos quién aguantará más, si la elite colombiana que juega junto a los Estados Unidos a desangrar a la República Bolivariana de Venezuela por la vía económico-financiera, con fuertes implicaciones políticas y hasta psicológicas, o el aguerrido pueblo venezolano, que lleva cerca de dos años soportando los embates de un muy poderoso sector internacional que ataca con especial énfasis nada más y nada menos que su estomago, pero que se resiste dignamente a dejarse “torcer el brazo”. La situación es a la larga sumamente perjudicial para los dos, cada día que pasa, el sector industrial colombiano ve como su producción se viene a pique por la inundación de productos baratos venezolanos, despidiendo más y más trabajadores, pero al mismo tiempo, cada día que pasa, el pueblo venezolano siente con mayor fuerza el perverso ataque que realizan en contra de éste y que nos lleva a pensar que las condiciones de vida de hace unos años eran parte de un sueño que terminó.

Como revolucionario no me cabe duda que el pueblo venezolano valientemente resistirá esta aguda embestida imperial, que cuenta con el agazapado apoyo de muchos farsantes a nivel interno de gobierno; bien nos alerto Chávez “No faltaran los que traten de aprovechar coyunturas difíciles para, bueno, mantener ese empeño de la restauración del capitalismo, del neoliberalismo, para acabar con la patria”, pero también casi que proféticamente lo predijo, “No, no podrán, ante esta circunstancia de nuevas dificultades, del tamaño que fueren, la respuesta de todos y todas, los patriotas, los revolucionarios, los que sentimos la patria hasta en las vísceras como diría Augusto Mijares, es Unidad Lucha, Batalla y VICTORIA”.

¡LA GUERRA ECONÓMICA SE COMBATE CON GUERRA A LA BURGUESÍA Y A LA QUINTA COLUMNA!

(*) Economista social e investigador.