Uruguay

El rojo de la sangre

Jorge Zabalza
09.Ago.15 :: Uruguay


Como siempre, el reparto de la torta presiona sobre el sistema y define la historia, se va al paro general porque al abajo no le alcanzan las migajas para vivir con un poco de dignidad.


URUGUAY. El rojo de la sangre
Por Jorge Zabalza/

- La señora Maria Julia Muñoz disparó contra el movimiento obrero: “Todos los paros desde el Ejecutivo los lamentamos. Son personas que quedan sin servicios y en el caso de la enseñanza, chicos que no pueden asistir y fundamentalmente padres que ven trastornada su actividad. Es un contratiempo para el país, no hay duda”. Son los mismos argumentos que popularizó José Mujica Cordano. Se ha vuelto costumbre de los gobernantes frenteamplistas. Impunemente, porque parten de la base que digan lo que digan, el voto estará seguro en las próximas elecciones. No les importa que los trabajadores se vean obligados a luchar, los jornales que pierden, las peripecias de sus familias, qué puede hacer el gobierno para evitar los conflictos, utilizan sus cinco minutos mediáticos para inducir la idea que los huelguistas son enemigos del resto de la sociedad!!.

Del millón seiscientos mil que constituyen la fuerza de trabajo, 640.000 cobran menos de 14.000 pesos y 400.000 trabajan en negro, sin seguridad social y laboral alguna. El cuento del aumento del salario real y de la disminución de la pobreza se lo pueden hacer a los europeos, pero las asalariadas y los asalariados uruguayos no se pueden tragar esa pastilla. Son pobres a la hora de parar la olla o de comprar championes a las hijas. Tienen un pesito más en el bolsillo, pero son rotundamente pobres. Aunque tengan moto y lavarropas, los asalariados van a la huelga forzados por las circunstancias… y por el gobierno, que crea situaciones de hecho que no dejan más alternativa que luchar.

La central sindical es sensible al enojo de sus afiliados con las condiciones de vida a que están sometidos. Cabe señalar que a la medida de lucha del PITCNT se suman FUCVAM, ONAJPU y la FEUU, la sensibilidad es de todo el pueblo trabajador. No habría paro si todos estuvieran contentos como el día que Tabaré ganó las elecciones.

Como siempre, el reparto de la torta presiona sobre el sistema y define la historia, se va al paro general porque al abajo no le alcanzan las migajas para vivir con un poco de dignidad.

Se hace un paro general porque los dueños del Uruguay se dejan llevar por el pánico que transmiten las turbulencias económicas que agitan el mundo. Les importa un pito las condiciones de vida del pueblo asalariado. Quieren salvar su tasa de ganancias. La famosa “responsabilidad social” desaparece apenas terminaron de comer el asado en el quincho del Tuerto Varela. El pueblo trabajador prefiere quedarse mirando la televisión mientras los delegados del sindicato fijan en los consejos un monto satisfactorio para el salario. Siempre es la clase dominante la que quiebra los “pactos sociales”, explícitos o implícitos, cuando dejan de servir a su interés. Y los gobiernos la acompañan.

Al otro día que la gente votó contra la derecha, Danilo Astori, primer ministro, arrancó con su sermón de “prudencia y cautela” en el gasto del Estado. La suspensión de la obra del ANTEL-ARENA expresaba un doble mensaje: advertía al pueblo trabajador que achicara sus pretensiones y confirmaba a los organismos internacionales que está a sus órdenes. Este episodio 2015 de la lucha de clases también demostrará, indirectamente, la fuerza del movimiento popular para despertar la sensibilidad de los que quieren firmar el TISA, nada mas ni nada menos que Tabaré, Astori y Mujica, todos con piel de rinoceronte. El gobierno es insensible a la presión del abajo que amaga con moverse.

Después de una larga prédica contra el “país de servicios” y a favor del “país productivo”… afirman que quieren hacer del Uruguay un “polo logístico”, el mismo perro con diferente collar. Totalmente colonizados por el neoliberalismo. Estos malabarismos ideológicos pasan desapercibidos para la ciudadanía y, por ahora, dan buenos resultados electorales pero, a la hora de pelear por lo suyo, aunque sea apenas una migaja más grande, la gente se da cuenta de las cosas y enarbola las rojas banderas de la sangre derramada. No la engañan ni los planes de infraestructura que sacó de la manga el mago que la gobierna.