Peru

TPP: ¿caballazo o contrabando?

Herbert Mujica Rojas
09.Oct.15 :: LatinoAméricAhora - Perú

Una de las virtudes excelsas del acuerdo, convenio o tratado Transpacífico es su secretismo, muy pocos -los que mandan- saben in extenso de él y las gruesas capas ciudadanas que habitan en los países supuestamente favorecidos por tanta magnanimidad, saben poco o nada. ¿Desde cuándo tanto bienestar se guarda muy mucho en los arcanos de quienes cortan el jamón?


TPP: ¿caballazo o contrabando?

Por Herbert Mujica Rojas /Red Voltaire.
- El acuerdo, convenio, tratado o lo que fuese, llamado Transpacífico, nació con el alborozo de varios países, entre ellos el nuestro. Repetir las salmodias adulonas sobre sus bondades constituiría un ejercicio grosero de mal gusto e invadiríamos el campo que tiene para sí la prensa concentrada u oficialista.
Una de las virtudes excelsas del acuerdo, convenio o tratado Transpacífico es su secretismo, muy pocos -los que mandan- saben in extenso de él y las gruesas capas ciudadanas que habitan en los países supuestamente favorecidos por tanta magnanimidad, saben poco o nada. ¿Desde cuándo tanto bienestar se guarda muy mucho en los arcanos de quienes cortan el jamón?

¿Creerá el presidente Humala que sus alabanzas al acuerdo, convenio o tratado Transpacífico, eximen a dicho instrumento internacional de los procedimientos previstos en la Constitución cuando se trata de medidas que afectan, modifican o se refieren a tributos y al funcionamiento económico del país? Se equivoca si está persuadido de esta tremenda torpeza.

El acuerdo, convenio o tratado tiene que ser analizado, revisado prolijamente por el Congreso y ratificado o denegado y es hasta posible, por la magnitud del asunto, que se requiera de votación calificada en dos legislaturas seguidas. ¿No hay quien pueda orientar al jefe del Ejecutivo en esta materia?

Vivimos convictos que el presidente Humala sabe distinguir entre los tortuosos caminos que digitan las dictaduras para la “legalización” infame de sus tropelías y lo que acontece en democracias jóvenes y maltrechas como la nuestra, por tanto hay que preguntarse ¿no son capaces los asesores de enjuiciar con propiedad temas tan delicados como éste para evitar parecer menos burros de lo que son?

Cabe otra posibilidad, nada irreal y desdorosa para los inquilinos precarísimos de Plaza Bolívar: que hayan entregado autorización o licencia al Ejecutivo para que negocie al margen del Congreso el acuerdo, convenio o tratado de marras.

Acaso sea bueno recordar que el llamado Tratado de Libre Comercio con Chile, al que disfrazaron como acuerdo de complementación económica para escamoteárselo al Congreso, fue una de las claudicaciones más vergonzosas de que se tenga memoria. En Chile, primero Diputados y luego el Senado, expresaron su aquiescencia a ese TLC con Perú por la simple razón que les convenía. Aquí bastó que el Ejecutivo se hiciera dueño del asunto y colocara en el limbo a los legiferantes que normalmente viven en estado de idiotez perenne.

Es fundamental que, por su propia salud, las colectividades políticas evalúen muy mucho el intervenir en este debate trascendental, a menos que estén muy gustosos de abdicar hasta el último resquicio de dignidad y soberanía espiritual.

¿Es válida la disyuntiva que señala el título: caballazo o contrabando? Sospecho que estas dos virtudes las ostenta el acuerdo, convenio o tratado Transpacífico. Parece una imposición mediática o prueba de buena conducta ante los embajadores del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial que en número de 12 mil ciudadanos dejarán algo así como US$ 12 millones de dólares en compras en Lima, tal como ha dicho refocilándose en la dudosa hazaña, el ministro de Economía, Alonso Segura. Convicto y confeso el titular de ese portafolio no necesita hacer más esfuerzos para convencernos de su total y acérrima servidumbre para con los mandamases internacionales.

Difícil, en el tramo final de la administración Humala, que un caballazo con caracteres de contrabando más bien descarado, quede sin una amplia y exhaustiva discusión al detalle en el Congreso, en las calles, en el periodismo, urbi et orbi.

De caraduras está poblado el universo político nacional. Rateros, zafios, sinverguenzas y delincuentes exhiben sus patentes de corso para perpetuarse en la curul parlamentaria, en los puestos claves de la administración burocrática, ejes de cómo un país bananero con un gobierno vasallo de todos los imperios, hace méritos antes de irse.

Aunque se equivocó Dolores Ibarruri en la guerra civil española en 1936 cuando exclamó: ¡No pasarán!, aludiendo a las fuerzas franquistas, esta vez hay que reiterar que el caballazo o contrabando del Transpacífico no debe persistir con zonas oscuras o huérfano de meticuloso escrutinio que cautele la dignidad y soberanía de la Patria.

Debieran entenderlo los regalones de lo no es suyo y hacen lo mismo con todos los gobiernos.

Fuente: Red Voltaire