Argentina

Nuestros bolsillos vacíos, sus cofres llenos. Del ajuste con cepo a su continuación sin él.

Mariano Feliz
17.Dic.15 :: Argentina


Estamos en las vísperas de un cambio significativo en el régimen económico en Argentina, sin que esto signifique necesariamente un cambio en la naturaleza del proyecto de neodesarrollo, sino su radicalización.


Nuestros bolsillos vacíos, sus cofres llenos.
Del ajuste con cepo a su continuación sin él.

Por Mariano Féliz*

Estamos en las vísperas de un cambio significativo en el régimen económico en Argentina, sin que esto signifique necesariamente un cambio en la naturaleza del proyecto de neodesarrollo, sino su radicalización.
El equipo económico comenzó a desmontar el ‘cepo cambiario’ con la liberalización de la compra y venta de divisas, y una desvalorización del peso, en principio, de 9,70 a más de 14,00 pesos por dólar.
En un contexto internacional poco favorable, con reservas internacionales deterioradas, y con una economía que ha consolidado su dependencia estructural, este cambio requiere construir un colchón de dólares sobre la base de un mayor endeudamiento. El gobierno gestiona un paquete de deuda con bancos internacionales (entre 10 y 15 mil millones de dólares), la conversión de parte del crédito (swap de monedas) con China de Yuans a dólares, y el compromiso de los exportadores de granos de liquidar rápidamente divisas retenidas. Con ese financiamiento más el aumento de la tasa de interés, el Banco Central espera evitar que el dólar se dispare sin control. La mayor tasa creará motivos para ‘quedarse en pesos’ mientras más reservas podrán servir para direccionar el dólar.
La salida del régimen de control de cambios y la devaluación es parte de un programa que incluye la eliminación y reducción de las retenciones a las exportaciones y la liberalización de las importaciones. El objetivo es impulsar las exportaciones de commodities agropecuarias, mineras e hidrocarburíferas.
Las mayores ganancias de esas empresas serán producto de una doble transferencia. Por un lado, una transferencia de recursos del Estado a los exportadores que pagarán menos impuestos, y una futura reducción en parte del gasto público. Por otra parte, una transferencia de recursos desde el pueblo trabajador. La devaluación y la reducción de retenciones supondrá un incremento inmediato en el precio de los productos que constituyen la canasta básica alimentaria (harinas, aceites, carnes, verduras y frutas). Miles de millones de pesos están cambiando de manos en pocos días, desde millones de trabajadoras/es a un puñado de empresas; las empresas importadoras y las que fabrican o venden productos localmente también aumentarán sus precios.
Esto implicará una reducción en el poder de compra de salarios, jubilaciones y pensiones, asignaciones y transferencias sociales, y producirá la caída en el consumo, aumentando el hambre y la pobreza. La reducción en la demanda de productos de consumo masivo inducirá una menor actividad económica y menos empleo. Nuestro trabajo será peor pago y conseguir lo que necesitamos para sobrevivir (malvivir) exigirá trabajar más horas en peores condiciones, dejando de lado nuestro tiempo libre.
Si el ajuste es “exitoso” para los intereses de las grandes empresas, la reducción salarial contribuirá a recuperar el crecimiento a mediano plazo sobre la base de un mayor endeudamiento público y el empobrecimiento de la población trabajadora. El gobierno espera que las mayores ganancias impulsen a las empresas a producir más, creando un clima de crecimiento económico antes de las próximas elecciones de 2017.
Sin embargo, el ‘esfuerzo obligado’ del conjunto de las trabajadoras/es será en vano para superar o evitar las futuras crisis. El consumo excesivo de dólares de nuestra economía es la contracara de su dependencia y una de las fuentes de las crisis por venir. Los sectores dominantes seguirán gastando dólares en importaciones suntuarias y turismo internacional de lujo; las transnacionales continuarán remitiendo fuera del país la mayor parte de las ganancias que obtengan aquí; la deuda externa permanecerá como una sangría enorme de divisas.
En el futuro y sin cambios en el proyecto de desarrollo (capitalismo dependiente neodesarrollista extractivista), el gobierno de turno y sus aliados buscará hacer caer sus costos, nuevamente, sobre nuestros hombros. La única alternativa real es enfrentar este ajuste, en el camino de construir opciones populares para la superación radical de la dependencia y el desarrollo en su forma capitalista.

* Profesor UNLP. Investigador CONICET. Militante de la colectiva COMUNA (Colectiva en Movimiento por una Universidad Nuestramericana) en el Frente Popular Darío Santillán - Corriente Nacional.