Honduras

Recordando a Berta Caceres

Joel Suarez
05.Mar.16 :: Honduras

Ella fue inmensa en su compromiso, inmensa en su humildad y sencillez,
tremenda en su solidaridad, no siempre los revolucionarios alcanzan esa
estatura. Parece que le es más dado a las revolucionarias.


Recordando a Berta Caceres

Me levantó con sobresalto una llamada a las cuatro de la madrugada.
Desde Nicaragua un amigo español-nica-salvadoreño, internacionalista de
vieja data, amigo de todos y todas, en gritos de rabia y llanto, me
atravesaba con la terrible noticia. Ella fue de nuestra familia,
encontró en nosotros un hogar y solidaridad, no sólo en el Centro. Las
redes que animanos, la de educadores y educadoras populares y la
ecuménica Fe por Cuba, desde muy temprano en la mañana comenzaron, en
sus correos y llamadas, a desatar los hilos de afectos y del testimonio
de sus encuentros con el COPINH, con ella y sus hijos.

Marilyn desde El Salvador patea de rabia. Pareciera que ahoritica mismo,
Ricardo, el santiaguero y Cadir, el camagüeyano, nos remitieran desde
Honduras las fotos de su encuentro con COPINH y Berta allá en tierra
hondureña. Y también acostumbrados a ver el mundo desde la pacificación
de la existencia que han signficado todos estos años aquí en la isla,
junto a la épica del encuentro, nos alcanzaron su preocupación por ella,
por ellos, por sus vidas. Apenas fue en noviembre.

No recuerdo ya dónde la vi por primera vez, creo que fue en los intentos
de reconstruir la solidaridad Norte-Sur, con la gente de EPICA y el
parto luego de la Convergencia de los Pueblos de las Américas (COMPA);
luego vinieron los días de la Campaña contra el ALCA, y desde ella y la
energía y movilización que desató, la campaña contra la militarización
de las Américas, el evento allá en la Utopía de lodo y tortillas con
frijoles, en La Esperanza, Intibucá, la movilización frente a la base
gringa en Palmerola; las movidas a los foros sociales, los Talleres
Internacionales de Paradigmas Emancipatorios, y otros empeños solidarios
y de resistencia. Alba Movimientos, la articulación, contó con su
aliento. Vocera del grupo de trabajo sobre militarización, presentó
nuestras conclusiones al Papa Francisco en el Encuentro Mundial de
Movimientos Populares en el Vaticano. Procurándole resguardo y bendición
de primera mano ya la habíamos encomendado para el grupo de bienvenida.
De nada le valió. La prensa oligárquica de su país, a tono con su
familia transnacionalizada, ignoró la foto. Chocaba con amenazas y
planes contra ella. Ni siquiera ante la santidad de una hija de Dios,
que tenía como encomienda del sumo pastor rezar por él y cuidar la casa
común, se detienen los sicarios al servicio de proyectos del capital
transnacional.

Fue amazando, con su cultura de pueblo lenca y las exigencias
ancestrales de defensa de la soberanía del territorio y el cuidado de la
Madre Tierra, para sumar a sus resistencias y la de su gente, la lucha
contra el patriarcado y la opresión de las mujeres. Tuvo costos que
enfrentó con dignidad. Fue una convicta y confesa creyente en la
solidaridad de los pueblos, por abajo y a la izquierda, de gestos y
actuaciones bien lo saben los cubanos, colombianos y de antaño, los
salvadoreños. Puso en alto la voz de la resistencia en el púlpito de
nuestra Iglesia Bautista Ebenezer, aquí en Marianao, en La Habana. La
recuerdo hormiguita durante las jornadas de movilización contra el golpe
en Honduras, tuvo todo nuestro apoyo en todos los órdenes. Y la única
medida de seguridad que tomó, bajó tanta amenaza, fue que sus hijos
Salvador, Laura, Camilo y Bertica, de a poco, viajaran al exterior a
estudiar. Claudia Korol y Buenos Aires recibieron a Laura y Salvador.
Sancti Spíritus acogió a Bertica. Ella los alimentó cuanto pudo con
ternura de madre y de compañera de retoños crecidos, les estimulo
permanentemente al compromiso militante con la justicia y con su pueblo
lenca. Doña Berta, su mamá, con quien hablé hace un rato, curada de
tanto dolor desde los duros años ochenta en su Honduras y Centroamérica,
terminó de crecer a Berta en el cuidado solidario de refugiadas
salvadoreñas. Inquebrantable mujer de fe y catocilismo popular, en sus
días de hospitales y cuidados en La Habana, encontró aquí, desde una
humilde ecumenía que se robustece aún con golpes, años y achaques, las
bendiciones de un pastor bautista y de un sacerdote argentino,
sobreviviente de secuestros y dictaduras.

La última vez que nos juntamos a comer en nuestro hogar, su sonrisa era
cómplice del retozo de Luna y los primeros pasos de Alba. Sobre la mesa,
la alegría revoloteba dispuntándole a “los potros de bárbaros Atilas; o
(a) los heraldos negros que nos manda la Muerte”.

La última vez que nos encontramos en La Habana, amigos y amigas hablamos
con ella de esa posilidad, la alegría resentía por los golpes de
bárbaros Atilas a su gente y a sus ríos, pero nos dijo “esta duro
compita, puchica madre, toca enfrentar esos malditos”.

Ella fue inmensa en su compromiso, inmensa en su humildad y sencillez,
tremenda en su solidaridad, no siempre los revolucionarios alcanzan esa
estatura. Parece que le es más dado a las revolucionarias. Por eso hoy
ha sido unánime el sobrecogimiento, la rabia e indignación, los
trabajadores y trabajadoras de la cocina de nuestro Centro sintieron que
faltaba una comensal en la mesa, todos sabían a quién habían asesinado,
bastó una simple mención y entre nosotros, nosotras cruzaba una mirada
húmeda, una palmada en el hombro. Allí se iniciaba el camino de la
resurección.

Joel Suárez Rodés

Coordinador General del Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr.