Venezuela

Adios Polar

Reinaldo Iturriza López
09.Jun.16 :: Venezuela

lo que no se puede hacer: permitir que venga cualquier empresario a abusar de su posición de dominio en el mercado y chantajear a toda una sociedad, nada más que porque quiere derrocar a un gobierno democrático, legítimo y constitucional.


ADIÓS, POLAR

.Reinaldo Iturriza López

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Comenzando febrero decidimos en casa hacer todo lo posible por no comprar productos elaborados por Empresas Polar.

Lo primero que hicimos fue una investigación sencilla sobre la cartera de productos del oligopolio. Luego nos reunimos en familia y evaluamos la situación. Establecimos prioridades y excepciones. Acordamos dejar cierto margen al pragmatismo: si se nos presentaba alguna situación-límite, si no había otra alternativa, si se trataba de un trueque, etc., pues cederíamos.

Tomamos la decisión sin mucho aspaviento. Nada de falsos heroísmos. Además, nos preguntamos, ¿qué diferencia puede hacer una sola familia? La verdad es que prácticamente nos vimos forzados a actuar, dada la estrategia de Empresas Polar de dificultar la adquisición de sus productos a través de los canales regulares de distribución, público y privado.

Hacía poco más de un año, en enero de 2015, Empresas Polar había retrasado de manera deliberada la reposición de inventarios, lo que por supuesto produjo escasez, mientras militantes de Voluntad Popular intentaban producir desórdenes en las colas. Como familia, más bien reaccionamos demasiado tarde.

Durante estos cuatro primeros meses nuestra capacidad de compra disminuyó significativamente. Los precios no dejaron de aumentar. Casi todo el poco dinero que teníamos ahorrado lo gastamos en alimentarnos, salvo un par de zapatos para Sandra Mikele que nos costaron 18 mil bolívares, un morral para Ainhoa Michel, aceite para el carro y dos o tres medicamentos que compramos.

Y sin embargo, contra todo pronóstico, el balance que hacemos es positivo: hemos podido salir adelante, recurriendo a la inventiva, modificando poco a poco nuestros hábitos de alimentación, haciendo compras colectivas, estrechando lazos de solidaridad con familiares y amigos. Y todo, sustituyendo progresivamente los productos de Empresas Polar.

Durante estos cuatro meses tomé cerveza unas dos o tres veces. Me gusta la cerveza. Pero no me hace falta. ¿Qué hacer con la Cervecería Polar en caso de cierre o abandono por parte de sus dueños?

En primer lugar, lo que no se puede hacer: permitir que venga cualquier empresario a abusar de su posición de dominio en el mercado y chantajear a toda una sociedad, nada más que porque quiere derrocar a un gobierno democrático, legítimo y constitucional. En segundo lugar, poner toda esa capacidad instalada al servicio de la producción de cerveza de calidad, es decir, dejar de producir ese líquido insípido que ahora nos venden y que, en ausencia de otras alternativas, ha hecho un daño casi irreparable a nuestro paladar. En tercer lugar, multiplicar los sabores y presentaciones, precisamente. Por allí andan unos cuantos maestros cerveceros esperando su turno.

El mismo razonamiento aplica para todos y cada uno de los productos que conforman la cartera de Empresas Polar, salvo algunos que son indiscutiblemente prescindibles, como los refrescos, subrayando el principio innegociable y que constituye nuestro punto de partida: no tenemos por qué aceptar el chantaje de ningún oligopolio, de ningún poderoso, de nadie que quiera sustituir por la fuerza nuestro imperfecto experimento democrático por una vulgar plutocracia.

Mientras tanto, nosotros seguiremos en nuestro empeño de apartar de nuestras vidas, y para siempre, todo lo que tenga que ver con Empresas Polar. No vaya a ser cosa que Lorenzo Mendoza deje de conspirar y, exactamente como hizo después del paro-sabotaje de 2002-2003, pretenda hacer como si no ha pasado nada.