Venezuela

Sesenta y dos años de Chavez

Norberto Bacher
30.Jul.16 :: Venezuela

Si el Chávez coherente entre su decir y su hacer, el Chávez rebelde frente al poder de las clases explotadoras del pueblo, el Chávez de visión política humanista que supo plasmarla en un programa de transición al socialismo, el Chávez Comandante en la gran batalla de ideas de nuestro tiempo nos orienta en medio de las oscuras amenazas de este tiempo para la Revolución, hay otro Chávez que emerge desde la historia con más fuerza hoy que antes, el estratega, forjador de la unidad del pueblo y de las fuerzas revolucionarias.


SESENTA Y DOS AÑOS DE CHÁVEZ

Compatriotas, camaradas:

A 62 años de su nacimiento el Comandante nos vuelve a convocar en un espacio público, como lo hizo tantas veces durante su vida. No venimos a cumplir con la formalidad institucional del recordatorio, por cierto harto merecido. Tampoco venimos a petrificarlo en el bronce o el mármol repitiendo un relato prolijo de su fecunda lucha política, como hizo la oligarquía con Bolívar por casi 200 años.

Preocupados en estas horas difíciles para la Revolución, quienes pretendemos sostener sus banderas para avanzar hacia el Socialismo, más bien venimos a buscar grandes líneas directrices ahondando en su pensamiento estratégico, para que nos sigan orientando en las luchas que ahora nos toca librar sin su presencia luminosa. Como en otros momentos complejos e inciertos del proceso bolivariano venimos a realizar un acto colectivo de reflexión, para que nuestras acciones como pueblo y como clase trabajadora sirvan para reafirmar el rumbo histórico de nuestra sociedad rescatado por Chávez y proyectarlo, a través de esa visión, para las próximas generaciones.

Limitado – por obvias razones de tiempo – a referirme sólo a algunos trazos gruesos de ese legado que nos deja el Comandante comenzaría por resaltar que como en todo verdadero revolucionario también en Chávez pensamiento y acción, acción y pensamiento se funden en una pieza única, inseparables. Sin el uno es imposible entender el otro. No hubo duplicidad entre su decir y su hacer o doble mensaje, como se acostumbra a decir ahora. El pueblo, que valora este tipo de conducta, la retribuyó con el fervor de su participación política y su movilización, lo cual permitió en distintas circunstancias críticas derrotar a la contrarrevolución.

Pero ese fervor popular no se alimentó sólo de esa coherencia entre el decir y el hacer de Chávez. Esa práctica política no se puede separar del contenido de la misma, es decir de su pensamiento-acción, de su praxis. Chávez se refirió muchas veces a la misma como una política humanista, una política cuyo centro debe estar puesto en el ser humano. Esta visión humanista de la política es otro aspecto necesario de la herencia que Chávez nos deja, pero que amerita algunas reflexiones para evitar confusiones.
Algunos quieren reducir este humanismo levantado por Chávez a una suerte de puesta al día de la antigua caridad religiosa pero asumida a gran escala desde el Estado, lo cual en definitiva se limitaría a generar políticas contingentes para ayudar a los más necesitados, a los sectores más excluidos o marginales de la sociedad, sin afectar – por supuesto – la causa generadora de esa marginalidad y pobreza, que no es otra que la estructura capitalista de producción que aún domina ampliamente en el país, agravada por su carácter dependiente de la renta petrolera, lo cual la hace doblemente parasitaria, poco productiva.
Otros quieren ver en esa proclama del humanismo de Chávez una suerte de tercera opción entre el rentismo petrolero capitalista que nos agobia y un socialismo que hoy aparece más lejano y desdibujado frente a la feroz arremetida del imperialismo y la derecha nativa contra el gobierno del Presidente Maduro y los logros revolucionarios de la última década.
En todo caso se debe dejar en claro que el carácter humanista de las políticas de la Revolución que exigía Chávez chocan frontalmente contra cualquier criterio de aceptación de alguna forma de explotación del trabajo humano, postura que está en la base del pensamiento y la acción de las distintas corrientes socialistas desde el siglo XIX hasta hoy; choca frontalmente contra cualquier criterio de aceptación de la barbarie militar imperialista, cuyo recorrido puede seguirse desde el genocidio atómico de Hiroshima hasta el actual despliegue bélico por distintas geografías del planeta para sojuzgar países y pueblos, como se vio en años recientes en Siria, Libia, Irak o Afganistán; choca frontalmente contra el uso irracional e ilimitado de los recursos naturales que el capitalismo ha impuesto en su búsqueda constante de mayor tasa de ganancia; choca frontalmente contra la cultura impuesta desde los centros mundiales del capitalismo de supeditar la satisfacción de las necesidades humanas más elementales – alimento, salud, vivienda – a los intereses que se esconden detrás de la supuestas e inviolables leyes del mercado, conocidas como de la oferta y la demanda.
Aquel humanismo nacido en la época del Renacimiento, cuando la burguesía comercial emergía como una nueva clase social y comenzaba a hablar de los “derechos del hombre”, se ha trastocado hoy, de mano de las modernas burguesías, en especial la que controla los mercados financieros mundiales, en la mayor generadora de pobreza y desocupación, negadora precisamente de esos derechos humanos, es decir ha devenido un anti-humanismo.
Por el contrario, el humanismo de Chávez lo vincula directamente con aquel Carlos Marx que decía “nada de lo humano me es ajeno” o con aquel Che Guevara que en la Asamblea de las Naciones Unidas hacía una memorable denuncia del imperialismo en nombre de la “humanidad ultrajada”. Por eso Chávez fue capaz de asumir ese humanismo primero y esencial de su pensamiento con su propuesta programática de avanzar en la transición al socialismo.
La raíz de la visión humanista de Chávez bien podría encontrarse en su conexión ideológica y espiritual con el maestro Simón Rodríguez, uno de los humanistas mayores de la época fundacional de las Repúblicas americanas. Pero si algo destaca en el humanismo de Chávez es su insistencia en crear conciencia social acerca de la situación de la mujer, la mitad de la población más explotada y violentada.

Será precisamente un humanista lejano en el tiempo el que nos ayudará a hablar sobre el tercer aspecto del pensamiento-acción de Chávez que quiero destacar en esta síntesis. Allá por 1500, cuando América todavía no existía como tal a los ojos de los europeos, cuando no era más que una remota y recién encontrada “Indias occidentales”, había en la ciudad de Rótterdam (en la actual Holanda) un hombre sabio que provenía del clero, conocido como Erasmo. Este Erasmo de Rótterdam, no encontró mejor forma para denunciar a los corruptos poderes feudales de aquella época de crisis, entre ellos el de la propia Iglesia, que recurrir a una vieja forma literaria usada por los antiguos, la sátira, la burla. Así nació un texto que trascendió su tiempo e incluso la intención original de su autor. Se conoce como “Elogio de la locura”. Las anti-virtudes que corroían aquellas clases dominantes de la nobleza, en un régimen de servidumbre que asfixiaba a la nueva sociedad mercantil que estaba naciendo, son presentadas en ese texto positivamente, como distintas formas de la locura que aquejaba a la sociedad de entonces. En verdad no era más que una denuncia despiadada y caricaturesca del corazón del poder. Quizás, conjeturo, haya comenzado en aquel momento una larga historia, en la ficción y en la realidad política: la de asociar con la locura a quienes denuncian los poderes de su época.
Esto nos conduce directamente “al loco Chávez”, que tanta ira sigue despertando, aún después de su desaparición física, en el “establishment” venezolano, entre sus burguesías, en las corporaciones universitarias y círculos académicos, en los seudo-intelectuales, bienpensantes y lenguaraces de todo tipo y estilo. Este “loco” es el Chávez irreverente frente a las lacras del poder cuarto-republicano, que con su acción y su voz expresó a un pueblo que aún no tenía expresión política. Pero a diferencia de la parábola satírica imaginada por aquel humanista, “la locura” directa y contundente de Chávez fue fundacional de una nueva época para el país. Esta intransigente rebeldía frente al poder opresivo de las clases dominantes de Chávez, esta “locura”, en su sentido más esencial no se diferencia de la que un siglo antes animó a Ezequiel Zamora con su “horror a la oligarquía”, cuyo impronta está, como todos sabemos, en una de las raíces del árbol ideológico bolivariano.

Otro loco genial podría también guiarnos para poner de relieve una cuarta faceta del Comandante, que debe asumirse como parte de su legado. Sólo que éste no fue real sino literario, el Quijote. Derrotado en múltiples batallas imaginarias marcó para siempre con su palabra, triunfando, las ideas y el alma de su época y más allá.
Como aquel andante caballero que imaginó Cervantes, el derrotado teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías devino en Comandante de una Revolución que no terminaba de nacer con la palabra, con el inolvidable “por ahora”. De allí en más será la palabra chavista, su palabra, el arma más beligerante y contundente que habrán de enfrentar el imperialismo y la burguesía nativa. Pero no la palabra que trampea, que encubre, que mistifica la realidad, sino la otra, la que descubre, la que desnuda las telarañas ideológicas que siembran en el pueblo las clases dominantes. La que alumbra y con su claridad también deslumbra. Pero atrás de la palabra está la idea. Este teniente coronel derrotado se transformó así en el triunfante “Gran Mariscal de la Batalla de ideas” de nuestro tiempo. Hacia allí supo conducirnos, orientar a su pueblo. Ese escenario sigue siendo el epicentro de la disputa por el poder. La actual “guerra económica” a la que estamos sometidos la ganaremos o no disputando la hegemonía por la conciencia del pueblo en el terreno de las ideas, con la palabra. Como hizo Chávez tantas veces. Como aquella noche terrible del 11 de abril, que desarmado y en solitario fue a interpelar a los generales golpistas alzados. En verdad, con sus ideas y su conducta estaba interpelando al pueblo civil y militar. Con la palabra marcó en el foro internacional de las naciones Unidas la impostura del “diablo” imperialista, con olor a azufre. La misma palabra revolucionaria que irritó al decadente descendiente de los viejos Borbones españoles o la que sirvió para aconsejarle al más vital representante del mayor imperio de la historia que aprenda sobre las tropelías y las desgracias que los gobiernos yanquis que lo antecedieron sembraron sobre los pueblos de nuestro continente.

Si el Chávez coherente entre su decir y su hacer, el Chávez rebelde frente al poder de las clases explotadoras del pueblo, el Chávez de visión política humanista que supo plasmarla en un programa de transición al socialismo, el Chávez Comandante en la gran batalla de ideas de nuestro tiempo nos orienta en medio de las oscuras amenazas de este tiempo para la Revolución, hay otro Chávez que emerge desde la historia con más fuerza hoy que antes, el estratega, forjador de la unidad del pueblo y de las fuerzas revolucionarias.

En este punto el pensamiento y la acción del Comandante se conecta directamente con el pensamiento y la acción de Bolívar, como infinidad de veces él mismo nos lo recordó: ¡¡ Unidad !!. ¡¡ Unidad !!.
El Chávez constructor de la unidad interna de las fuerzas sociales y políticas revolucionarias fue lo que permitió avanzar desde aquella República burguesa, modelada por la oligarquía durante siglo y medio y empujada por la conducción adeco-copeyana a su quiebre final hasta esta conflictiva República Bolivariana en construcción, que está buscando su consolidación definitiva en la consolidación de las Comunas, en la participación directa y permanente de los y las trabajadores y trabajadoras en la gestión de las empresas nacionalizadas y de propiedad social, en el desarrollo del sector campesino dedicado a la producción y no a la especulación de la tierra, en síntesis en consolidar el Poder Popular.
El Chávez constructor de una nueva visión del papel de las Fuerzas Armadas Nacional Bolivarianas (FANB) y de la unidad cívico-militar, que arrancó de manos de las clases dominantes el instrumento que estas clases históricamente utilizaron para aplastar los intentos de que el Poder pase efectivamente, concretamente a manos del pueblo.
El Chávez constructor de la unidad latinoamericana, mediante Petrocaribe primero, el ALBA inmediatamente, la UNASUR después y su último esfuerzo por dejar sembrada la CELAC, que fue lo que impidió hasta ahora que el imperialismo yanqui aplastará con su bota militar al proceso bolivariano, como ocurrió en el siglo XX con los intentos de los pueblos de transformación social en Guatemala, República Dominicana, Grenada, Haití e indirectamente en el Chile de Salvador Allende.
Chávez transformó en acción política la arenga poética de Alí: sin unidad en el combate no habrá victoria popular !!!
Ahora, en lo inmediato, unidad de lo diverso para resistir en esta hora de ofensiva imperialista contrarrevolucionaria en Nuestraamérica y en Venezuela, y para avanzar después en la dirección marcada por el Plan de la Patria, el último legado del Comandante.

Desde allí nos convoca el Comandante con su verba, con sus ideas deslumbrantes. Aún resuenan en nuestros oídos de simples militantes de la Revolución su primera línea de acción que también fue su último gran mandato. Sepamos escucharlo, seamos capaces de superar todos los escollos que se interponen para darle concreción. Ahora más que aquel angustiante 8 de diciembre de 2012 debe retumbar como un solo grito, una sola voz chavista, bolivariana y socialista

UNIDAD, LUCHA, BATALLA Y VICTORIA !!!!
Norberto Bacher
San Tomé – 28 junio 2016