Abriéndonos la cabeza

Un horizonte sin dueños, la lucha por la superación

Franco Rossi

En Argentina la realidad nos estalla en los párpados. Uno de cada tres habitantes es pobre. Según estudios de UNICEF, el 47,7% de los chicos/as menores de 17 años viven en la pobreza. Los derechos sociales son reducidos, se acrecienta la transferencia de recursos públicos al sector privado.


UN HORIZONTE SIN DUEÑOS, LA LUCHA POR LA SUPERACIÓN
Franco Rossi Junio 12, 2017

Estamos viviendo un desorden global. La mercancía gobierna, todo se compra, todo se vende, los grupos económicos concentrados operan a escala mundial explotando a los habitantes de los cinco continentes. Para sostener el nivel de ganancias, incrementan el saqueo de recursos naturales, la sobre explotación de fuerza de trabajo y promueven modos de sentir y pensar que dividen a los pueblos. Hay múltiples opresiones y América Latina no es excepción. Creo que estaremos de acuerdo al decir que la cosa no se soluciona dando vuelta el colchón.

Por eso en los siguientes párrafos intentaremos contribuir al intercambio en torno a la construcción de una sociedad sin explotación situándonos en la actualidad. Para ello consideramos necesario dar cuenta de la trama que se teje entre el escenario global y la realidad socio económica de nuestro país, a la par que analizamos el lugar de las fuerzas políticas de oposición.

Es la tormenta la que lleva al puerto

América del Sur tiene un rol asignado en la división internacional del trabajo, debemos brindar recursos naturales y mano de obra barata al mercado. En la etapa actual del ciclo económico la disputa se recrudece, se propaga el uso de la violencia política y militar a las naciones que no se subordinan a las demandas imperiales. Los gobiernos regionales que no garantizan el saqueo de los bienes comunes, el abaratamiento de la fuerza de trabajo, el endeudamiento y la privatización de los ámbitos públicos, son atacados hasta su destitución.

Podemos notar cómo la crisis del 2008 no está cerrada, las tasas de crecimiento potencial de las principales economías capitalistas han caído, difícilmente Estado Unidos logre el 4% que se había propuesto para este año. En este contexto, EEUU no parece estar dispuesta a abandonar la lucha por el dominio mundial. Y en eso, América Latina y el Caribe son la fuente de reservas que necesita para su supremacía. Con dicho fin Washington desarrolla múltiples mecanismos, mantiene un vínculo fraterno con las oligarquías nacionales, con sus ejércitos, ejerce el dominio mediático y tiene un despliegue militar de al menos ochenta bases territoriales articuladas al Comando Sur.

La operación destituyente al gobierno de Dilma en Brasil, los constantes ataques a Bolivia, la guerra política económica llevada a cabo por el imperialismo en Venezuela, como así la configuración de nuevos candidatos de derecha dejan claro que la lucha por la soberanía política y económica de nuestros pueblos demanda una estrategia popular compleja, que deber ser articulada a nivel regional.

En Argentina la realidad nos estalla en los párpados. Uno de cada tres habitantes es pobre. Según estudios de UNICEF, el 47,7% de los chicos/as menores de 17 años viven en la pobreza. Los derechos sociales son reducidos, se acrecienta la transferencia de recursos públicos al sector privado. Crece el narcotráfico y en efecto se erosionan los vínculos comunitarios en los barrios. A través de diversos mecanismos (mediáticos, institucionales) la oligarquía disputa/ construye los sentidos de la población. Promueve el odio a los inmigrantes, refuerza el patriarcado y no da respuestas ante el aumento de femicidios. Niega que la dictadura haya sido Terrorismo de Estado, intenta construir un relato en detrimento de la lucha histórica por los derechos humanos. A la par se desarrolla un sistema punitivista cada vez más perjudicial para los desposeídos.

La alianza entre el poder económico, el poder judicial y el poder mediático, permite promover desde el Estado los intereses foráneos. El endeudamiento (97 mil millones de dólares) triplica al tomado en la última dictadura cívico militar. El techo a las paritarias, los salarios de miseria van acompañados de represión a los trabajadores y persecución a las organizaciones sociales y gremiales. El recorte en las jubilaciones. La baja de retenciones para la exportación de bienes primarios y el fomento del extractivismo refuerzan el sometimiento. Gracias a ello miles de personas sufrimos las inundaciones y la contaminación. A la par se profundiza la privatización de servicios públicos, cada vez es mayor el avance del mercado en áreas de salud, educación y servicios sociales. Mientras las pocas inversiones que llegan amplifican el atraso y el sometimiento.

En todo estás vos

En esta reconstrucción neo liberal hay múltiples contradicciones latentes. La concentración de la riqueza en un polo de la sociedad y la pauperización de la gran mayoría del pueblo empieza a sobrepasar las habilidades del gobierno. Crece el PBI a la par que la pobreza. La balanza de pagos presenta límites claros, la capacidad para importar se deteriora y la producción nacional está moribunda. Lo hemos visto, la estabilidad del gobierno está resbalosa. Hay fisuras entre las facciones de la burguesía. Por su parte, las burocracias sindicales, eficaces moderadoras de los procesos de lucha, perdieron libertad de juego. Mientras las elecciones legislativas agitan los gallineros.

Las tensiones relativas van brotando. Ninguna de las políticas de gobierno se da de forma lineal, ni tampoco hay uniformidad en los movimientos de resistencia. Nadie está quieto. El macrismo no se termina de asentar, tropieza con dificultades históricas. En tanto, las diversas fuerzas políticas lo enfrentan de un modo u otro según la alternativa que pretenden construir. En la composición de las medidas defensivas, en sus engranajes sectoriales, en su política de alianzas, se puede vislumbrar qué proyecto de país pretende cada cual.

De este modo, el presente nocivo despierta la preocupación de una gran porción de la sociedad. Las mayorías ven cómo la oligarquía avanza sobre derechos que costaron décadas conseguir. El rechazo se convierte en movimiento y el movimiento en fuerza. Vemos así como en los últimos meses la gente se ha volcado a la calle, manteniendo vivo el sentido de disputa. La memoria está viva. Una gran porción de la sociedad al sentirse amenazada, defiende lo que puede y va ideando preferencias, formando expectativas respecto a qué salida política elegir.

En este proceso, Cristina es vista por vastos sectores como una figura protectora, que puede recomponer la destrucción económica y social llevada a cabo por Cambiemos. Para dichos sectores su imagen condensa la idea de un país más justo. En tanto, las demás corrientes del peronismo (con anclaje PJ) se esfuerzan por ocupar un lugar en el tablero entre el Pro y la ex presidenta. En este contexto, notamos que las preferencias del pueblo para derrotar al Pro se orientan a variantes del espectro peronista, desde la centro derecha a la centro izquierda. Por eficacia del espacio político y/o falta de alternativas, una amplia porción de la sociedad tiende a optar por lo tangible, por aquello que le brindó un nivel de vida mejor y propuso un discurso basado en sentidos democráticos e inclusivos. Lo cual da cuenta de una conciencia valiosa.

Ahora bien, no todo escape es una salida. Aquellas propuestas alternativas al Pro plantean cierta regulación del mercado, la aplicación de políticas desarrollistas, el impulso de un mercado interno estrechamente vinculado a la industria de bienes de consumo básicos y la recomposición de ciertos derechos sociales. Dicho proyecto subraya la construcción de soberanía ante la amenaza neo liberal, prometiendo una formación social que seguirá afirmándose en relaciones de explotación, recreando el ciclo que reproduce en escala ampliada la dependencia que existe frente al mercado internacional. Quizás reduciría la marginación, posiblemente concentraría esfuerzos en políticas de inclusión pero la división internacional del trabajo seguirá ejerciendo su voluntad, la subordinación continuará. No todo lo roto se puede remendar. Por más que disguste, el capitalismo inclusivo es un pliegue más de un gran problema. Lo cual no quiere decir que son lo mismo.

Caminar sin tener precio ni dueño tiene su costo

El nuevo gobierno neo liberal plantea desafíos al campo popular. La unidad para pelear contra el macrismo es uno de ellos. Las fuerzas enfrentadas al gobierno acuerdan en que hay que torcer el destino neo colonial que intenta imponer el imperialismo en la región. De eso no hay duda. Ahora bien, dicho compromiso de unidad en algunos sectores acarrea un vuelco de intereses. La coexistencia de proyectos significó para varios grupos, y para una parte del pueblo, la anulación del debate por la superación. El “todos contra Macri” ha dejado fuera de agenda qué horizonte es necesario para superar la explotación, cómo suprimimos las múltiples opresiones que vivimos a diario. Lo cual es comprensible pero no saludable. Acaso ¿Se puede planificar desde allí la felicidad de las mayorías?

Entendemos que la “unidad de acción” de las diversas fuerzas y sectores resulta una instancia fundamental para pelear contra el neo liberalismo. Lo sucedido en la movilizaciones del 7 de Marzo (marcha CGT-CTAs-Movimientos sociales), en el Paro Internacional de Mujeres el 8, en la Marcha Federal Educativa del 22, como así el 10 de Mayo contra el 2×1 a genocidas, lo dejan en claro. El proceso de lucha demuestra que el pueblo ha acumulado más que consignas y para dar la batalla demanda escenarios de amplitud y unidad. Realidad que es fundamental tener cuenta si se quiere elaborar una estrategia de lucha que combine la unidad contra las medidas regresivas, a la par que se construye un proyecto superador.

En este camino es importante considerar en qué lugar estamos las organizaciones populares y qué nos falta recorrer para lograr las transformaciones necesarias.

¿Qué herramientas organizativas hemos construido? ¿Qué mecanismos comunicacionales? ¿Cómo transgredimos el encorsetamiento de los órganos burocráticos para dinamizar sectores sin aislarnos? ¿Qué estrategia de poder nos damos para destruir lo dominante y construir nuevas relaciones sociales asumiendo la lucha por el Estado?

Esta ironía con qué se cura

Ante el avance regional de las derechas, la lucha contra el imperialismo se vuelve urgente. Se están dando múltiples crisis en simultáneo y la expansión del capital está llegando a topes que ponen a prueba la conservación de la relación social capitalista. El desajuste es planetario. Para los países pobres significa el uso intensivo y extensivo de su fuerza de trabajo, la expropiación de los bienes comunes y con ello las catástrofes ambientales. No hay poesía. La supervivencia del capitalismo va en contra de la supervivencia humana y los grupos de poder lo saben, por eso desarrollan sus propias representaciones “alternativas” a nivel mundial.

En América Latina el imperialismo yanqui viene haciendo bien la tarea. Frenaron los procesos populares y barrieron del mapa a sus líderes, atendiendo con especial atención a Hugo Chavez, quien supo actualizar la necesidad de superar el Capitalismo y construir el Socialismo. A eso debe sumarse la muerte de Fidel Castro y el arrinconamiento a Evo. De este modo, dejaron al continente sin líderes-horizontes. A cambio, refuerzan la subjetividad individualizante del mercado.

Sin embargo, el imperialismo no triunfó. Hoy hallamos procesos de resistencia al neo liberalismo en varios países como Argentina, Brasil y Mexico donde la derecha no pudo consolidar su hegemonía; procesos disruptivos con los intereses imperiales en países como Ecuador y Nicaragua; procesos que buscan construir sociedades pos capitalistas como Bolivia y Venezuela, y en otro plano de la historia hallamos a Cuba.

Es en este nuevo ciclo de luchas que los movimientos populares redefinen sus proyectos. En esta encrucijada, aparece la idea de que hay que luchar por un “capitalismo menos malo”, por un “capitalismo humanizado”. Es en este pasaje que el proyecto societal del vaticano, por ejemplo, es asumido como propio por diversas fuerzas políticas. De modo tal que el horizonte propuesto por el Papa Francisco ha llegado a organizar filas de la militancia popular.

Lo que no se termina de entender es si dicho viraje fue desarrollado tras un análisis de debilidad o bien de posibilismo. Comprender la disputa global dentro del capitalismo y por ende considerar que la encíclica social de Francisco es tácticamente conveniente ante el avance fascista, puede tener lugar en una estrategia socialista. Ahora bien, reemplazar el horizonte de liberación por el “capitalismo humanizado” es ningunear la historia de los pueblos. Similar a reconocer al proyecto de Putin como propio porque su confrontación con EEUU nos conviene geo políticamente. Una cosa es aprovechar los paraguas políticos, tener sentido de momento histórico y otra cuestión es fagocitarse en dichos trazados políticos.

Los nudos de la historia cuando no se resuelven reaparecen. Y aquí la intención no es juzgar voluntades, salvar banderas, cuestionar si tal es honesto o misericordioso, sino que buscamos debatir qué proyecto hace falta para acabar con la degradación humana, y desde allí pensar el marco de posibilidades. No es una cuestión de ver quien tiene más esquina. Lo que nos preocupa es cómo logramos el Buen Vivir, cómo construimos una sociedad sin explotados ni explotadores, la convivencia del ser humano con la naturaleza, cómo logramos la democracia política y económica. Es desde allí que nos preguntamos si la reforma del capitalismo como punto de llegada resuelve lo dado.

Si consideramos la situación nacional, específicamente el movimiento de diferentes tendencias peronistas, progresistas y de izquierda, nos encontramos en un laberinto espejo. Porque la grieta existe. “Macri Gato” y “hay que darle tiempo” plantean un juego donde no es difícil posicionarse: con el pueblo o con la oligarquía. Al ser parte del pueblo es inevitable oponerse a los intereses de los capitales transnacionales y luchar. Ahora bien ¿Alcanza con ello? ¿Alcanza con pelear contra el neo liberalismo dejando intacta la composición interna de explotación? Cuando el ciclo se recrudece ¿Puede sostenerse el “capitalismo humanizado”?

En este brete ciertas corrientes del activismo trazan una línea argumentativa para justificar un proyecto anti imperialista por el capitalismo nacional, donde se plantea que para ser parte y hacer pueblo hay que adaptarse y asumir que el mismo no está radicalizado. Lo cual lleva a adoptar un modo pragmático que induce al naufragio por las olas del sistema, a la vez que se refuerzan algunos sentidos progresistas. Anhelan construir una nueva formación discursiva a la par que erigen las herramientas de conciliación y contención sobre las que se apoyan sectores de la burguesía. De este modo anulan la posibilidad de construir desde los sectores populares una conciencia práctica que dispute la distribución total.

A la par de estos sucesos, notamos que el capitalismo tiene mecanismos inclusivos eficientes. En ese sentido, el sistema político argentino ha comprometido desde sus orígenes a las fuerzas que irrumpen, a aquellas que son críticas, que luchan contra lo instituido. Sin importar cuan rojo sea el color de sus banderas, a través de complejos ajustes y tensiones buscan incorporarlas y contenerlas, de modo tal que se vuelvan funcionales a los intereses de la clase dominante. Esto no niega que las fuerzas sean luchadoras, tengan cuadros teóricos, valentía o inserción en los sectores más humildes, de hecho la mayoría de las veces así ha sucedido. Por eso las amedrentan, rodean, invitan, parlamentarizan. De forma exógena y endógena dichas corrientes son normalizadas, incluidas, quedan subsumidas a un juego de acción-reacción.

Actualmente, podemos hallar en este enriedo a organizaciones políticas que se eternizan como oposición y/o que se subsumen a la social democracia, manteniendo hábitos de izquierda. Y nadie está a salvo. Porque si bien no es un proceso totalizante, notamos que el sistema social puede convivir con dicha válvula de escape sin modificar su rumbo. Lo cual nos lleva a preguntarnos cómo es posible lograr el Cambio Social combinando la voluntad consciente de las personas y las formas históricas específicas. ¿Cómo alcanzar la correlación de fuerzas necesaria para construir una nueva hegemonía?

Seguir sembrando aunque los pájaros se coman las semillas

Hoy que el capital avanzó aún más sobre nosotros y nosotras, no sería justo jugar de avestruz, poner la cabeza bajo tierra y esperar que pase la tempestad, o bien conformarse con un proyecto ajeno. Los ciclos de lucha son interminables, hay ascensos, mesetas, descensos, recuperaciones. El propio movimiento de contradicciones va desplegando posibilidades para delinear la estrategia que logre que las personas seamos protagonistas y no meros consumidores. Por lo pronto, quienes pretendemos un horizonte de emancipación tendremos que construir la fuerza para incidir sobre la totalidad del proceso material, histórico y social, mientras esquivamos las vías de alternancia y de perpetúa oposición.

Desde las entrañas mismas del sistema es necesario resurgir la confianza, demostrar que la vida digna es posible. Que no todo es genocidio, repitencia, manotazo y tropiezos. Hay que sacar claros del asunto. En esa perspectiva, aparece como un posible-necesario construir un proyecto de mayorías que cambie todo lo que deba ser cambiado, que logre derribar las bases de la composición nacional del capital y construya nuevas, desde nuevos sentidos. Para lo cual hace falta un sujeto colectivo que se apropie de lo expropiado, de los saberes, emociones y las riquezas, que de la batalla y tenga propuesta en los diferentes planos de sociabilidad, que suprima la relación social de mercancía y germine una nueva relación social general donde habite el bien común, afirmándose en los buenos modos existentes. Dicho tejido colectivo probablemente demande la unidad política de amplios sectores y corrientes que apuesten a un proyecto pos capitalista desde la vida cotidiana. Porque ciertamente, desmarcándose de la domesticación política se puede construir un proyecto de provenir, la autodeterminación nacional y popular, donde cada persona sea una verdad histórica y no un pac man de mercado. Nos lo enseñaron Fidel y Chávez, nuestros pueblos empoderados, esto no se acaba hasta que lo singular se afirme y lo plural sea poder soberano.

Franco Rossi

Delegado y Congresal UTE- CTERA

Militante CP Juana Azurduy