Abriendonos la cabeza

Pensamiento Crítico. El debate por las ciencias sociales a partir de y en el seno de la revolución cubana

Nestor Kohan

el neoliberalismo, los nuevos patrones de acumulación capitalista y la lógica cultural del capitalismo tardío no tienen una lógica autocentrada. No son completamente autónomos. No giran sobre sí mismos ni son autosuficientes. Se constituyen a partir de un antagonismo. Se alimentan de sus oponentes. Su “espontaneidad” es ficticia y aparente.


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El debate por las ciencias sociales a partir de y en el seno de la revolución cubana
Néstor Kohan
CIPEC

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Pensamiento Crítico , ciencias sociales y revolución cubana
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La ofensiva anticapitalista en los años ’60
¿El capital constituye un sujeto automático, una sustancia dotada de vida propia o,
por el contrario, no es más que una relación social histórica atravesada por los avatares de la
lucha de clases? Ya desde los tiempos de Karl Marx esa pregunta quitó el sueño a los
revolucionarios, cada vez que se propusieron estudiar la sociedad (para modificarla). La
respuesta, aunque parezca sencilla y quizás obvia, dista de serlo. Aparentemente, si nos
situamos en la perspectiva de la concepción materialista de la historia, la teoría crítica y la
filosofía de la praxis como es nuestro caso todo conduce a aceptar que el capital es una relación. Cualquier otro tipo de respuesta implicaría deslizarse en los brazos del fetichismo más grosero, opción de la que no siempre han logrado escapar algunas corrientes de moda
en el pensamiento social contemporáneo.
No obstante, a pesar de esta aparente sencillez del problema, todavía sobreviven
relatos que pretenden explicar la génesis, emergencia y hegemonía mundial del
neoliberalismo durante el último cuarto de siglo como si hubiese brotado por generación
espontánea a partir de los dictados mismos del capital. ¿El denominado “nuevo orden
mundial” que se instaló de manera prepotente en todo el planeta tiene acaso un
a lógica autocentrada? ¿El mercado y el capital giran espontáneamente sobre sí mismos? La mayor parte de los discursos legitimantes que hoy pretenden convencernos de su “ineluctabilidad”, de su “imparable” avance y su “incontenible” despliegue, así parecen
presuponerlo. Muchos de esos discursos pretendidamente “científicos” se olvidan del modo cómo las dictaduras de los generales Pinochet y Videla en América latina y los gobiernos autoritarios de Ronald Reagan y Margaret Thatcher en el capitalismo metropolitano, operaron con fórceps para que nacieran el neoliberalismo y sus mercados “espontáneos”.
Sin embargo, la perspectiva de los oprimidos que en forma creciente comienza a
cuestionar al neoliberalismo es bien distinta. Si observamos el mundo desde las clases subalternas, desde los millones de explotados y sojuzgadas, el ángulo cambia notablemente.
Desde este otro horizonte, el neoliberalismo, los nuevos patrones de acumulación capitalista
y la lógica cultural del capitalismo tardío no tienen una lógica autocentrada. No son completamente autónomos. No giran sobre sí mismos ni son autosuficientes. Se constituyen a partir de un antagonismo. Se alimentan de sus oponentes. Su “espontaneidad” es ficticia y aparente.
Los cambios económicos, sociales, políticos, ideológicos y culturales que cristalizaron a fines del siglo XX en la figura del “neoliberalismo” no se han generado de manera automática. Entre estas mutaciones no pueden soslayarse la nueva modalidad de
imperialismo y el nuevo patrón de acumulación capitalista tardío. Si el nuevo imperialismo disemina sus guerras de conquista por todo el orbe, repartiéndose el planeta, sus recursos naturales y la biodiversidad entre unas pocas firmas y empresas, el nuevo patrón de acumulación profundiza la subsunción real
del trabajo en el capital, intensifica la explotación de la fuerza de trabajo ocupada, genera millones de trabajadores desocupados, destruye sistemáticamente el medio ambiente, refuerza el patriarcalismo y otras formas “arcaicas”, ahora resignificadas y somete toda la sociedad a la mercantilización, al esfuerzo de cada uno
Los estudios y los esfuerzos laborales, junto con méritos políticos adquiridos en los hechos, han sido las vías principales de ascenso social en esta segunda etapa en que la movilidad social no era ya tan dinámica como en la primera. En todos esos aspectos, y en otros más, se expresa la continuidad de la revolución en esta segunda etapa comenzada en los ‘70. La discontinuidad se expresa también en numerosos aspectos, varios de ellos verdaderas detenciones y en algunos casos retrocesos del proceso socialista […]
Pienso que el proceso iniciado en 1986, llamado en Cuba de «rectificación de errores y
tendencias negativas» un poco impropiamente, para mi gusto; me parece más exacto
llamarle proceso de vuelta al proyecto original de la revolución socialista y
de profundización del socialismo cubano ha significado un golpe muy duro al dogmatismo”.
Entrevista a Fernando Martínez Heredia, La Habana, 19/I/1993 (Kohan, 2000).
(40) Hemos intentado rastrearlo, en el caso argentino, dentro de las tradiciones de la
izquierda peronista y nacional populista, del partido comunista y de diversas vertientes del
trotskismo (Kohan, 2000: Capítulo IV y V, pp.113 188 y capítulo VII, pp.219 290).
(41) (Guevara, A., 1998: pp.209 y 214).
(42) (Castro, 1987).
(43) Este paralelismo entre la revista cubana
Pensamiento Crítico y la revista argentina La Rosa Blindada no constituye una analogía forzada. No sólo ambas revistas de inspiración guevarista adoptaron a la revolución cubana y a Vietnam como paradigma sino que además promovieron el mismo tipo de lucha política en lo más álgido de los años ’60 en América latina. Además hubo cruces puntuales entre ellas. Así como Pensamiento Crítico adopta y reproduce de La Rosa Blindadael artículo de León Rozitchner “La izquierda sin sujeto”, La Rosa Blindada reproduce en su último número (el N°9) un reportaje y un cuento de Jesús Díaz (Kohan, 1999).