Venezuela

Mucho más que unas alcaldías

Reinaldo Iturriza
27.Nov.17 :: Venezuela

Lo que está en juego es mucho más que unas alcaldías. Algo más está pasando. Es el piso de la patria el que se está estremeciendo, lo que quiere decir que ella sigue viva, que no han logrado sepultarnos.


Mucho más que unas alcaldías
reinaldoiturriza

En ocasión de las elecciones municipales del 10 de diciembre, comuneros y militantes revolucionarios vinculados estrechamente con algunas de las más importantes iniciativas de organización comunal del país han sido postulados como candidatos a alcalde. Es el caso, entre otros, de Ángel Prado, de la Comuna El Maizal (Simón Planas, Lara); Augusto Espinoza, de la Comuna Cajigal (Cajigal, Sucre); Jesús Silva, de Alexis Vive e impulsor de los Panalitos por la Patria (Morán, Lara); y José María “Chema” Romero, de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, involucrado en la construcción de la Ciudad Comunal Simón Bolívar (Páez, Apure).

Aunque no puede hablarse de un fenómeno masivo, sin duda alguna es un hecho profundamente significativo, por varias razones.

Siempre existió una relación de tensión entre Comunas y alcaldías. Salvo excepciones, como la del municipio Torres en el estado Lara (primero con Julio Chávez y actualmente con Édgar Carrasco), quienes asumen funciones de gobierno a escala municipal tienden a ver con recelo los espacios donde tienen lugar iniciativas de autogobierno popular, incluso si se trata de un modesto consejo comunal. No es una tensión cualquiera: en ningún otro nivel se expresa de manera tan clara el choque entre las lógicas políticas representativa y participativa. Diríase que el estremecimiento político que es la revolución bolivariana tiene su epicentro allí: estas lógicas políticas hacen las veces de fallas tectónicas, en constante desplazamiento. El chavismo no es otra cosa sino el sujeto político que encarna el esfuerzo histórico que da origen a este estremecimiento. No obstante, en nombre de la necesaria estabilidad, la falla representativa ha venido acomodándose sobre la participativa, lo que irónicamente podría estar preparando el terreno para el derrumbe de todo lo que hemos construido.

Conozco muchos casos de alcaldes poniendo todo su empeño en frustrar estas experiencias comunales, atacando sus liderazgos, en quienes ven competidores más que compañeros de lucha, en ocasiones intentando cooptarlos, casi siempre negándoles cualquier apoyo, y me consta que al menos hasta hace muy poco la abrumadora mayoría de estos liderazgos nunca se tomó en serio la posibilidad de aspirar a candidatura alguna. Esto último porque la Comuna permitía aspirar a otra cosa: a sentar las bases de otra política, a construir una nueva institucionalidad, sobre cimientos radicalmente democráticos, participativos, protagónicos. La Comuna permitía (y permite) aspirar colectivamente, y cualquier legítima aspiración personal se subordinaba al anhelo de los iguales, de los comunes, de quienes nos hacen ser lo que somos y sin los cuales no somos nadie.

Esto recién comenzó a cambiar, me parece, con la convocatoria que hizo el presidente Nicolás Maduro a elegir una Asamblea Nacional Constituyente, incluyendo constituyentes del “sector” consejos comunales y Comunas, circunstancia que “obligó” a nuestra clase política, demasiado proclive a la lógica representativa, a ceder espacio a un sujeto que, hay que insistir en este punto, suele ser visto como una amenaza, en lugar de como corresponde: como lo más avanzando del experimento político bolivariano. Y “obligó”, igualmente, a una parte del liderazgo comunero a dar un paso al frente, no solo para destrancar el juego político, sino para ir creando las condiciones que nos deben permitir la urgente renovación de la clase política chavista, como lo llegó a plantear entre líneas, en varias ocasiones, el mismo Presidente.

De los cuatro compañeros que mencioné arriba, solo uno de ellos cuenta con el respaldo “oficial” del Partido Socialista Unido de Venezuela. Pero detrás de los otros tres no está un puñado de partidos intentando pescar en río revuelto, y si así fuera, sé que los compañeros sabrían mantenerlos a raya; detrás de ellos están miles y miles de personas que siguen apostándole a la revolución bolivariana en tanto que posibilidad de practicar otra forma de hacer política, esa que aprendimos con Chávez.

Es normal que liderazgos de esas características sean tan rechazados por quienes han convertido al Partido Socialista Unido de Venezuela en sinónimo de sectarismo y burocratismo, imponiendo “liderazgos” severamente cuestionados por el pueblo. Esto no debe amilanarnos: no tenemos otra alternativa que seguir luchando para poner las cosas en su sitio.

En el caso específico del constituyente Ángel Prado, de la Comuna El Maizal, son muchos los obstáculos que debió sortear para lograr ser inscrito como candidato a alcalde de Simón Planas, en Lara, a pesar de contar con el respaldo mayoritario del pueblo. Ahora, el Consejo Nacional Electoral regional le ha comunicado que hasta tanto no tenga el permiso de la directiva de la Asamblea Nacional Constituyente, no podrá hacerse efectiva su candidatura. Estoy seguro de que esto nada tiene que ver con el hecho de que Ángel Prado no sea el candidato “oficial” del chavismo. Nadie sería tan torpe como para desconocer de tal manera la voluntad de las mayorías, y de paso poner en cuestión algo que tanto nos ha costado: la credibilidad en el árbitro electoral.

Lo que está en juego es mucho más que unas alcaldías. Algo más está pasando. Es el piso de la patria el que se está estremeciendo, lo que quiere decir que ella sigue viva, que no han logrado sepultarnos.