Venezuela

Reconversión monetaria: preguntas con y sin respuestas

Luis Salas
06.Abr.18 :: Venezuela

Tenemos un bloqueo que cada día se recrudece (del cual no escapa El Petro) y un aparato “productivo” privado que no se “estimula” con nada ni está en buena medida ni siquiera dispuesto a hacerlo pese a todo los estímulos que le da el gobierno, y de hecho, tal vez no lo hace gracias a los mismos, ya que se ha convertido en una vía de subsidiar su inoperatividad. ¿Se seguirá insistiendo por esa vía o debería el gobierno aprovechar la reconversión monetaria para hacer una reconversión económica y cambiar definitivamente las reglas del juego perverso en el que estamos inmersos?


Reconversión monetaria: preguntas con y sin respuestas

Luis Salas

Por: Luis Salas Rodríguez

Alguien dijo alguna vez que la mayoría de los problemas económicos son equivalentes a los mecánicos. Por caso: cuando se daña un radiador. Si se detiene el carro a tiempo y repara, la cosa no pasa a mayores. Pero si lo seguimos rodando entonces se agrava. Y lo que es peor: lo que se arreglaba de manera más o menos simple, comienza a merecer reparaciones mayores.

Para seguir con nuestro ejemplo, si como consecuencia de la no reparación oportuna se funde el motor, cambiar o reparar el radiador ya no será suficiente. Seguirá siendo necesario si queremos todavía poner a andar el carro. Pero para esto habrá que hacer lo mismo con todo aquello que se haya dañado en el ínterin, incluyendo cambiar el motor. Es el costo asociado al no haber hecho lo que había que hacer cuando tocaba hacerlo, por mejores razones que lo justifiquen.

Esto es exactamente lo que pasa en un contexto como el que estamos viviendo con una medida como la reconversión monetaria. Ya se dijo en la editorial de 15 y Último: dadas varias razones es necesaria, pero dadas varias otras es insuficiente, e incluso, puede llegar a ser rápidamente inútil. Por lo demás, si a la par suyo no se hacen otras cosas, puede agravar varios problemas de los que ya tenemos y crear otros que todavía no.

Ventajas de la reconversión monetaria

Como también se dijo en aquella editorial, la reconversión oficializa la que por la vía del hecho los venezolanos y venezolanas ya habíamos efectuado en la práctica, bajo el ánimo de simplificar las operaciones comerciales de todos los días. Por otro lado, es una apuesta de confianza hacia el signo monetario y una medida de protección a nuestra moneda, vapuleada entre los ataques especulativos y la displicencia oficial. Y por esa vía, un acto de reafirmación de soberanía monetaria.

De tal suerte, es más que una operación cosmética, tal y como vienen afirmando sectores opositores (principales responsables de la campaña contra el bolívar, así salgan luego a lamentarse por él, repitiendo el esquema hipócrita de denunciar el salario como inflacionario para luego quejarse que no alcanza para nada). Es una medida de política monetaria con justo valor, que en cuanto tal, todos y todas deberíamos apoyar y apostar por su buen término.

Riesgos de la reconversión monetaria

Pero la reconversión también implica riesgos. El más importante: que se vea arrastrada por esa especie de ilusión monetaria que se ha apoderado tanto de sectores del chavismo como del oposicionismo, para quienes cambiar la moneda por el dólar, el petro o ahora por el Bolívar Soberano, actuaría como una suerte de fórmula mágica que acabará con todos nuestros problemas.

Vale recordar que muchísimos de dichos problemas no son solo y ni siquiera mayoritariamente monetarios, por más que evidentemente todo este viacrucis haya comenzado por ataques especulativos contra la moneda y el sistema de precios.

Así las cosas, suponiendo todo salga bien con la reconversión, tendremos problemas complejos todavía por resolver, como un bloqueo comercial y financiero, un espiral creciente de precios, déficit energético, fuga de capitales, mercancías y fuerza de trabajo, desinversión crónica en sectores claves de la economía, situación igual de crónica en servicios públicos, salarios miserables, anuencia de los sectores privados a la inversión productiva e incapacidad de las instancias responsables para hacerlos cumplir con su responsabilidad y un largo etcétera, ninguno de los cuales son en sí mismos monetarios ni se arreglan con políticas monetarias exclusivamente.

Pero por otra parte, la medida de reconversión implica riesgos que le son propios. El mayor de ellos son los tiempos estrechos –por así decirlo- que se impuso el gobierno para acometerla. Entendemos, volviendo a nuestro ejemplo del radiador, que los tiempos apremian y es una medida que debió haberse tomado antes (eso fue lo que tuvo que hacerse en diciembre de 2016 en vez de la inútil, aparatosa y costosa ampliación del cono monetario). Y es entendible también que se toma en medio de la actual coyuntura electoral dadas las amenazas de la dolarización. Sin embargo, ninguna de estas buenas razones anula que aplicar una reconversión monetaria implica una logística y unas capacidades institucionales, así como de un clima socio político, ninguno de los cuales es óptimo.

A este respecto, tenemos entendido que la entrada en vigencia de la reconversión es el 4 de junio, siendo que para esa fecha perderá vigencia el actual cono. Eso implica una readaptación de los sistemas de cobro y contabilidades que no hay que subestimar. Pero aún más, supone un trabajo pedagógico hacia los consumidores y de fiscalización sobre los comerciantes, entre otras cosas para evitar estafas y robos que agraven el ya deplorable poder adquisitivo de los primeros.

El agudo problema del déficit de billetes

Por otro lado, tenemos el asunto del efectivo circulante. Ya José Gregorio Piña en este mismo espacio planteó el problema. Se anunció una nueva familia de billetes, pues bien: “la única posibilidad de que Venezuela pueda realizar plenamente la anunciada redenominación en el escaso lapso restante hasta el próximo 4 de junio de 2018, fecha oficial establecida, es que la totalidad de los nuevos billetes y las nuevas monedas estén ya elaboradas y en vías de entrega a Venezuela; y aun así, nos parece muy corto el tiempo para los aspectos operativos” (subrayado del autor).

Adicionalmente, debe considerarse que estamos en medio de un déficit crónico de billetes y monedas (estás últimas de por si ya no circulan) y de comercio ilegal y contrabando de los pocos existentes. En tal virtud, según Piña, se requieren al inicio no menos de 1.200 millones de piezas de nuevos billetes, toda vez que no sólo se debe sustituir todos los billetes actuales en circulación contable, sino cubrir el déficit existente. Otros analistas estiman cifras aún mayores. Como quiera, lo cierto es que esto implica un esfuerzo mayúsculo, lo que supone que ya estén elaborados los billetes y monedas y solo reste distribuirlos en la banca y de allí salgan al público a medida que se desmonetizan y cambian los otros. Si tomamos como referencia la experiencia reciente pasada del nuevo cono, es evidente que mucho hay que mejorar.

Y el de su contrabando…

El otro detalle a tomar en cuenta es el del contrabando y comercio ilegal de los billetes. Suficientemente se advirtió cuando el aumento del cono a finales de 2016, que subir de denominación los billetes solo podía acelerar su extracción, por lo que hacía falta tomar medidas complementarias a nivel fronterizo para evitarlo. Ya son amplia y mundialmente conocidas las historias al respecto, por lo que no vale la pena insistir en ellas. Pero lo que no pude dejar de decirse es que si el bolívar será ahora soberano pues se entendió que la moneda se trata de un asunto de soberanía, entonces hay que defenderlo en cuanto tal. Como se ha dicho hasta el hartazgo: si es verdad que estamos en guerra entonces tienen que actuarse en consecuencia.

Problemas generados por la reconversión

Pero además de los problemas asociados a la implementación de la reconversión que acabamos de nombrar, deben considerarse los problemas típicos que, en condiciones normales, tal proceso en sí mismo genera, y que en condiciones atípicas como las que vivimos se magnifican.

El primero y más obvio son las confusiones contable, pero eso se puede solventar con la debida pedagogía oficial, tal y como se hizo en la de 2007-2008 y evitando las idas y vueltas discursivas y de decisiones. Debe tenerse en cuenta que ya el oposicionismo interno y externo tiene montada su campaña desinformativa al respecto.

Ahora, sin embargo, en este contexto que atravesamos, los problemas más importantes que generará en sí misma la actual reconversión son dos: por un lado, la dualidad monetaria planteada con El Petro, dualidad que se multiplica con la oficialización del uso de otras criptomonedas. Y en segundo lugar, el de la distribución del ingreso, y más específicamente, el de una mayor pérdida del poder adquisitivo del salario de los trabajadores y trabajadoras, tanto por el alza esperable de precios que se producirá antes de su entrada en vigencia, como por el ajuste que todo pareciera implicar sufrirán los servicios públicos, principalmente los combustibles y el metro.

En efecto, si bien celebramos la reconversión por las razones ya mencionadas, no por eso hay que dejar de decir que, de muchas maneras, esta medida entra en conflicto de convivencia con la entrada en vigencia de El Petro como moneda de circulación nacional. De hecho, toda la primera parte de la alocución y los anuncios del presidente el pasado 22 de marzo, parecía indicar la oficialización del petro como moneda de curso legal en sustitución del bolívar. Sin embargo, ahora resulta que circularan los dos. Allende los problemas legales y constitucionales que esto supone (sabido es que, según la CRBV, la única moneda de curso legal en el país es el bolívar, dado lo cual para validar otra habría que reformar la constitución), implica también una dualidad monetaria que suele ser difícil de gestionar y crea más problemas de lo que resuelve, si es que resuelve alguno. Es un tema éste no obstante largo de abordar acá y que ya una vez planteamos tomando como referencia el caso de Zimbabue. De hecho, lo dejaremos para la tercera entrega de nuestra serie ¿Como Ecuador Alemania, Cuba, Ecuador o Zimbabue?, para pasar al mucho más concreto asunto del ajuste de tarifas de servicios y distribución regresiva del ingreso que puede causar la reconversión.

¿Los salarios: mejores o peores tras la reconversión?

En términos nominales, y en condiciones normales, como los precios al igual que los salarios se les restarán también los tres ceros, no deberían sufrir los trabajadores pérdida alguna de su poder adquisitivo. Sin embargo, como no estamos en condiciones normales, en términos reales seguramente si se verán afectados, es decir, si sufrirá nuestro poder adquisitivo, si el caso es que no se toma ninguna medida para contrarrestar dicha pérdida.

La principal causa de esta pérdida será la velocidad de ajuste de los precios, que se mueven a voluntad de los comerciantes, en contra de la lentitud de ajuste de los salarios, que deben esperar decretos presidenciales, firma de convenciones o largas negociaciones con los patrones. O dicho en cristiano: dada la inminencia de la reconversión monetaria, los comerciantes y productores buscarán ganar terreno en materia de precios (llevarlos lo más alto posible) antes de restarle ceros, un poco como sucedió previo a la entrada en vigencia del Plan Precios Acordados, cuestión que se advirtió con suficiente antelación pero igual pasó.

Los casos de los precios de la gasolina y del metro

A eso hay que sumarle lo que puede ocurrir con las tarifas de varios servicios. Particularmente preocupan los casos de la gasolina y el metro.

En la actualidad, como es de dominio público, un litro de gasolina de 95 octanos cuesta Bs. 6 mientras que la de 91 octanos Bs. 1. El ticket de metro, por su parte, tiene un precio de Bs. 4. En el caso de éste último, ya sabemos que en la práctica tal precio es simbólico, pues ante la imposibilidad fáctica de que alguien cargue 4 bolívares para pagar, la entrada es gratis por la vía de hecho. Ahora, tras la reconversión monetaria, dichos precios quedarían en Bs. 0, 006; 0,001 y 0,004, respectivamente, lo que es mucho menos que la moneda de más baja denominación anunciada.

Pero más allá de este problema “técnico”, el caso es que de no darse el aumento de ambos servicios, el rezago en sus precios con respecto a los del resto de la economía seguiría siendo abismal, pero de hecho se acrecentaría. En tal virtud, luce tentadora la ocasión propicia para ajustarlos. Sin embargo, pasan acá al menos tres cosas.

La primera es que en el contexto de aumento constante de precios que vivimos, tales posibles aumentos pueden quedar nuevamente rezagados en el corto plazo. Lo segundo, que el aumento de los combustibles es, literalmente, gasolina para la especulación, más aún si se “sincera” su precio, dado lo cual lo que no suele ser un costo de producción actualmente terminará convirtiéndose en uno, que se expandirá a lo largo de toda la economía. Y tercero, que agotaría aún más el ya agotado salario de los trabajadores, cuya realidad actual de muchos es que ya no les es rentable ir a trabajar, entre otras razones, porque los costos de movilización superan los ingresos mensuales, o en todo caso, representan una carga muy pesada.

Para que tengamos una idea más clara de lo que estamos hablando, en el caso concreto del pasaje del metro, suponiendo se deje en 4 bolívares, equivaldría a subirlo actualmente a 4 mil bolívares. Si calculamos dos viajes diarios por persona, solo tomando en cuenta la jornada laboral (es decir, que no se traslada para más nada), equivale a 160 mil bolívares actuales por mes, o lo que sería lo mismo, 160 bolívares soberanos, un 40% del salario mínimo vigente a la fecha de hoy. Y no estamos incluyendo en esta cuenta que la mayoría de los usuarios del metro usan al menos otros transporte más diario para movilizarse, cuyo costo actual está entre 2 mil y 3 mil bolívares en el caso urbano. Ni hablar de quienes viven en la periferia, por ejemplo Guarenas o La Guaira, y deben trasladarse diariamente a Caracas para trabajar y/o estudiar.

En el caso de la gasolina, suponiendo se conserven los precios actuales de 1 y 6 bolívares para las de 91 y 95 octanos, respectivamente, estaríamos hablando que un tanque de un carro promedio pasaría a costar entre 40 y 240 bolívares soberanos, lo que sería equivalentes a 40 mil y 240 mil bolívares actuales.

Como se ve, es una cuenta que se debe sacar muy bien y que no puede despacharse con la simpleza habitual de que “tenemos la gasolina más barata del mundo” o “el metro más barato del mundo”, pues si nos comparamos, a la par tenemos uno de los salarios más bajos del mundo.

¿Reconversión monetaria sin reconversión de la economía?

En un contexto en el cual el gobierno lo ha intentado todo o casi todo con relativo o ningún éxito, luce difícil visualizar alternativas de acción. Sin embargo, somos del criterio que buena parte de los no aciertos en materia económica se deben a la toma a destiempo de decisiones, muchas de ellas cuando el problema ha avanzado y complejizado tanto que las soluciones habituales no pueden ser ya suficientes, eso, claro, por no entrar a hablar de la toma de medidas francamente contradictorias unas con otras en la que se incurre.

En la medida en que la alternativa oposicionista lo único que garantiza es hacernos saltar como país de la sartén al fuego, y que en le medida en que más pase el tiempo los daños serán aún mayores, debería el actual gobierno asumir, que la principal tarea en este momento es estabilizar. Sin embargo, sobre todo considerando se está en un contexto donde no abundan los recursos, para ello es necesario el ejercicio de un principio de autoridad que no ha venido siendo el fuerte del gobierno, al menos no en materia económica. Ahora, como quiera que esto último es cierto, también lo es otra cosa: el gobierno no tiene otra alternativa que hacerlo. Tenemos un bloqueo que cada día se recrudece (del cual no escapa El Petro) y un aparato “productivo” privado que no se “estimula” con nada ni está en buena medida ni siquiera dispuesto a hacerlo pese a todo los estímulos que le da el gobierno, y de hecho, tal vez no lo hace gracias a los mismos, ya que se ha convertido en una vía de subsidiar su inoperatividad. ¿Se seguirá insistiendo por esa vía o debería el gobierno aprovechar la reconversión monetaria para hacer una reconversión económica y cambiar definitivamente las reglas del juego perverso en el que estamos inmersos? Como dicen por ahí: amanecerá y veremos