Venezuela

Iturriza: “Solo un pueblo muy culto puede hacer lo que hizo en abril de 2002”

Roberto Malaver
06.Abr.18 :: Venezuela

La política genuinamente chavista: la del político que escucha, que hace política con sus iguales, que aprende con sus iguales, que acompaña a sus iguales. La del político que está siempre en el territorio, pateando calle, desinteresadamente, sin cálculos egoístas, poniendo siempre por delante el beneficio del colectivo. La única política que vale la pena hacer.


Iturriza: “Solo un pueblo muy culto puede hacer lo que hizo en abril de 2002”

Roberto Malaver

Sociólogo. Escritor. Dos veces ministro. Primero de las Comunas, y después de la Cultura. Asume el análisis con vehemencia. Argumenta. Sabe colocar su palabra en el punto justo y allí la deja bien defendida. Toma el compromiso político con valentía. En su reciente libro, Chavismo Salvaje, enfrenta al chavista oficialista, al burócrata, con el chavista caribe, salvaje, que va a la calle. Es Reinaldo Iturriza.

¿Está extraviado el chavismo?
El chavismo es el pueblo venezolano encontrando su lugar en el mundo. Luego, ha debido enfrentarse a varias encrucijadas. Siempre corremos el riesgo de perdernos. Es inevitable. Pero confío en que sabremos elegir el camino correcto.

¿Pasamos del buen salvaje al buen chavista?
El oficialismo, es decir, el chavismo burocratizado, clientelar, asistencialista, discursero, adicto a la propaganda y al pote de humo, emplea todos los recursos a su alcance intentando suscitar un chavismo a su medida: cliente, objeto de asistencia, masa de maniobra, relleno, actor de reparto. Pero siempre en vano. La naturaleza del chavismo es ser salvaje, de la misma manera que eran salvajes los caribes, de quienes decía Colón que eran caníbales, a diferencia de los pacíficos taínos. Se entiende: los caribes les plantaron cara a los conquistadores desde el inicio. El chavismo hereda esa rebeldía caribe. No es bueno ni malo, ni civilizado ni bárbaro. Es chavista.

Después de pasar como Ministro por las Comunas, ¿es verdad eso de Comuna o nada?
Es una verdad que alumbra como la luna llena. Ese dilema político existencial que plantea Chávez el 20 de octubre de 2012 es de inspiración bolivariana y nietzscheana. Chávez está haciendo paráfrasis de cierto discurso en que Bolívar empleó la consigna: “Independencia o nada”. Pero además está haciendo una referencia implícita al nihilismo de Nietzsche. Sin Comuna no es posible nuestra independencia. Sin Comunas somos la nada política. Yo estoy convencido de que las Comunas son la principal contribución de Chávez y el chavismo a la larga tradición de luchas de la humanidad por su emancipación. Las Comunas son escuelas de gobierno, espacios de reunión de los comunes para la resolución de sus problemas concretos. Pero además, en esos espacios, tal y como fueron concebidos por Chávez, está la clave para combatir y eventualmente derrotar a los poderes fácticos, que son tales en tanto que tienen control efectivo, material, del territorio y sus recursos. Las Comunas son el lugar de asiento de la democracia participativa y protagónica. Y no habrá revolución en lo productivo sin el protagonismo de las Comunas, del pueblo organizado en el territorio. Chávez empleó esa frase una sola vez en su vida. Y lo hizo en aquel discurso que hoy tenemos casi como su testamento político. Es evidente que algo nos quería decir. Está en nosotros no dejar de escucharle.

Igual, después de conocer el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, ¿la revolución es cultural o no es?
La revolución bolivariana hubiera sido inconcebible sin una profunda transformación en el campo cultural, que inicia a mediados de los 90, la década virtuosa de la política venezolana, la que ve nacer al chavismo. Éste es un momento de nuestra historia poco estudiado por nosotros. ¿Qué ocurrió durante aquellos años? ¿Qué resultó de la intensa relación de interlocución entre Chávez y el pueblo venezolano, sobre todo entre 1994, una vez que sale de la cárcel, y 1997, cuando el movimiento bolivariano se decide por la vía electoral? Ocurre de todo, cuando daba la impresión de que no estaba pasando nada. Luego, es cierto que estos cambios culturales no ocurren de una vez y para siempre. El grado creciente de politización del pueblo venezolano entre 1998 y 2002 es un ejemplo de ello. Solo un pueblo muy culto políticamente puede ser capaz de hacer lo que hizo el pueblo venezolano en abril de 2002 y luego resistir como lo hizo en diciembre del mismo año y enero de 2003. Digo más: pocos pueblos en el mundo han sido capaces de resistir ataques sistemáticos como los que ha sufrido el pueblo venezolano el último lustro. El empeño puesto en destruir la sociabilidad construida por el chavismo todos estos años, en desmoralizarnos, en atacar nuestro gentilicio, en crear las condiciones para que, como decía Hobbes, nos comportemos como si el hombre fuera el lobo del hombre, es un muy singular reconocimiento de que, cuando nos hicimos chavistas, comenzamos a andar un camino distinto, que ponía radicalmente en entredicho el sentido común neoliberal, de la competencia desalmada, el individualismo, el sálvese quien pueda. Hoy, ciertamente, tenemos que volver sobre nuestros pasos, pero eso solo será posible si no olvidamos la epopeya popular que hemos protagonizado. Que nadie nos quite lo bailado.

Ante las próximas elecciones del 20 de mayo, ¿seguimos comportándonos como en las elecciones de la IV república o es verdad que participamos y somos protagonistas?
Participamos y somos protagonistas como nunca antes. Por eso es tan difícil comprender al ejército de politiqueros que visten siempre igual y apelan siempre al mismo discurso que no dice nada, pletórico de referencias al legado, etc., como si aquí no hubiera ocurrido una revolución, como si pudiéramos darnos el lujo de ver cómo se disputan cargos, favores y privilegios; como si no existieran graves problemas sociales, como si la revolución no estuviera pasando por un mal momento, como si no estuviéramos amenazados por el imperio más peligroso de la historia de la humanidad. Cuesta entender esa manera de hacer política tan de la partidocracia, tan pavosa. Yo voy a votar el 20 de mayo por Nicolás Maduro, pero también por Chávez. Siempre por Chávez. Por ese Chávez con quien aprendimos otra forma de hacer política. La política genuinamente chavista: la del político que escucha, que hace política con sus iguales, que aprende con sus iguales, que acompaña a sus iguales. La del político que está siempre en el territorio, pateando calle, desinteresadamente, sin cálculos egoístas, poniendo siempre por delante el beneficio del colectivo. La única política que vale la pena hacer.