Argentina

La continuidad del ajuste y la presencia espectral del Fondo

Mariano Feliz
11.May.18 :: Argentina

El gobierno asume lo que denominan gradualismo pues no puede imponer el ajuste a sangre y fuego, aunque cada tanto las fuerzas de seguridad (del capital) reprimen y asesinan, y el poder judicial (idem) restringe nuestras libertades civiles y políticas. El fantasma del 2001 sigue presente presionando la memoria de las fracciones dominantes.


La continuidad del ajuste y la presencia espectral del Fondo

Las últimas semanas comenzaron a marcar un punto de inflexión en la estrategia de política económica del gobierno de Cambiemos. La resistencia popular puso coto a los intentos de una fuerza política envalentonada luego de las elecciones de medio término. La incapacidad de reiniciar el proceso de acumulación de capital y reducir la inflación, acentúa los desequilibrios macroeconómicos y la paciencia del gran capital transnacionalizado se agota. El capitalismo dependiente en Argentina vuelve a enfrentarse con su propia sombra. Recurrir al fondo monetario es, en este contexto, un manotazo de ahogado. El gobierno quema las naves, sabiendo que avanza en el ajuste molecular (a cuenta gotas, paso a paso, “gradualista”) pero lo acelera, o este será el principio del fin de su administración. La estrategia de shock es política y socialmente inviable.

I

La corrida contra la moneda nacional tiene muchas causas inmediatas (ver más). Primero, la suba en la tasa de interés por parte de la Reserva Federal (suerte de Banco Central) de los EE.UU., es la señal que tienen los capitales más especulativos para iniciar la vuelta a la seguridad (fly to quality). Esto aplica a todos los territorios nacionales dependientes, que sufrieron presiones sobre sus monedas. Sin embargo, en Argentina la presión fue mayor. ¿Por qué?

Desde hace unos meses se ha hecho evidente que el gobierno no puede continuar con su política de financiamiento internacional de los crecientes desequilibrios fiscales y externos de la economía (ver más, ver más). El crecimiento acelerado de la deuda pública externa en los dos primeros años, comienza a chocar con el límite que impone el déficit de cuenta corriente del balance de pagos (BP): el estancamiento de las exportaciones, la crisis coyuntural causada por la sequía (pérdida de casi la mitad de la producción de soja) y el crecimiento exponencial de importaciones, el aumento sostenido de la remisión de utilidades y dividendos al exterior por parte de las corporaciones transnacionales que operan en el país, la aceleración de la fuga de capitales, y mayores pagos de intereses por la misma deuda acumulada comienzan a preocupar hasta a los más optimistas. Datos del INDEC indican que en los últimos dos años (2016-2017), los precios internacionales de las materias primas de exportación se han mantenido sostenidamente por debajo (-17,5%) del promedio vigente en el lustro anterior (2011-2015); las exportaciones totales están un 3,7% por debajo, cayendo en todos los rubros: -9% las exportaciones primarias (promedio 2011-2015 versus promedio (2016-2017), -13% las manufacturas de origen agropecuario (MOA), -28% las de origen industrial (MOI) y -58% las exportaciones de combustibles y energía. El neoextractivismo en nuestro capitalismo dependiente vernáculo enfrenta sus límites. Las necesidades de financiamiento internacional (la contracara del creciente déficit del BP) pasaron de 9.122 millones de dólares en 2014 a más de 30.600 millones de U$S en 2017; en el último trimestre de 2017 esas necesidades se duplicaron en comparación con el año anterior. Sin crecimiento económico sostenido a la vista, la tendencia de la deuda es explosiva.

En paralelo, la estrategia del Banco Central ha sido privilegiar el uso de sus instrumentos de deuda en pesos (o déficit cuasi-fiscal, esencialmente, por emisión de LEBAC, Letras del Banco Central) para simultáneamente atraer capital especulativo e intentar reducir la inflación. La estrategia fracasa porque la inflación no tiene causas monetarias (ver más).

Sin embargo, la política monetaria permite absorber enormes masas de capital financiero ocioso con un creciente costo fiscal. El volumen de LEBAC ya supera los 1.200 millones de pesos (equivalente a todas las reservas internacionales del Banco Central, al tipo de cambio de hoy). Frente a la mencionada coyuntura, una porción de estos fondos salieron aceleradamente del país, disparando el tipo de cambio y forzando la pérdida de reservas internacional cercana a los 10 mil millones de dólares. El impacto inflacionario será importante e inmediato; la ‘meta’ de 15% de inflación anual (ver más) se esfuma como humo, y lo mismo sucede con los acuerdos paritarios ya firmados o en proceso de negociación.

En un marco regulatorio hiper-liberalizado, el principal instrumento disponible para abortar el proceso fue la suba brutal en la tasa de interés; la posibilidad de intervenir directamente en el mercado cambiario (comprando y vendiendo moneda extranjera) y en el mercado de futuros, fue usada poco y mal. Las elevadas tasas de interés aumentan el costo fiscal de la política monetaria y pone el freno de mano a la incipiente recuperación o rebote de la economía (ver más). Aún así, habrá que ver si alcanza para detener la presión sobre el dólar.

El rey está desnudo.

II

En la estrategia gubernamental esta política es transicional (ver más). Operaría como puente de plata mientras avanza trabajosamente en el ajuste macroeconómico y estructural. En el último plano ha avanzado un poco, con la primera ronda de reforma previsional y tributaria (ver más). Los costos políticos han sido inconmensurables. Sin embargo, no ha podido encaminar la política macroeconómica: el déficit fiscal no se reduce, la inflación se mantiene alta y la economía prácticamente no crece.

Esto no es paradójico. El gobierno asume lo que denominan gradualismo pues no puede imponer el ajuste a sangre y fuego, aunque cada tanto las fuerzas de seguridad (del capital) reprimen y asesinan, y el poder judicial (idem) restringe nuestras libertades civiles y políticas. El fantasma del 2001 sigue presente presionando la memoria de las fracciones dominantes.

El gran capital no ha logrado avanzar sostenidamente sobre las condiciones políticas para recuperar su rentabilidad de manera estable. La tasa de ganancia de las grandes empresas se mantiene estancada desde hace 5 años: sí, desde el segundo mandato de Cristina Fernández, la tasa de ganancia del conjunto del gran capital no logra repuntar. No lo consiguió el ajuste heterodoxo con ‘sintonía fina’ de aquel gobierno, ni tampoco el ajuste ‘gradual’ durante este gobierno. Este último es una radicalización del anterior, una avanzada en el camino por superar -por la vía del ‘ajuste recargado’- la crisis transicional del capitalismo dependiente argentino.

Los sectores dominantes no han logrado desarticular el poder obrero y popular en los procesos de producción directa de valor. No han podido reducir sistemáticamente el valor de la fuerza de trabajo (y los salarios), y tampoco desarmar las formas de resistencia en los lugares de trabajo (comisiones internas, etc.). En el mismo Estado, el ajuste progresivo desarticula espacios de trabajo y políticas (ej., CONICET, INTI, INTA), pero no han podido reducir el empleo público ni avanzar sustantivamente en su ‘modernización’. En la reproducción social, la resistencia de los movimientos territoriales -liderados mayormente por las mujeres- han enfrentado con relativo éxito el ajuste en el gasto público social. A pesar de la reestructuración de los programas y los cambios en los mecanismos de actualización, las prestaciones a la Seguridad Social aumentaron entre 2015 y 2017 en relación al gasto total, y el consumo público aumentó en términos reales entre el último gobierno de Cristina Fernández y los primeros dos años de Cambiemos.

III

Volver al FMI (a sus créditos y condicionalidades) supone para el gobierno asumir su incapacidad de representar materialmente los intereses más generales de los sectores dominantes. Mientras las fracciones más financierizadas se impacientan, el gobierno espera que el blindaje del Fondo opere como escudo para deflactar esas presiones por un tiempo. La moneda de cambio será que Cambiemos intentará avanzar con el ajuste fiscal y las reformas estructurales que se encuentran en la agenda de la OMC (cuyo reunión anual rechazamos el año pasado en Buenos Aires) y el G20, y son parte de las negociaciones del Acuerdo de Asociación (Tratado de Libre Comercio, TLC) entre el Mercosur y la Unión Europea (ver más).

Entre el discurso del “nunca nos fuimos del Fondo” del Jefe de Gabinete Marcos Peña o el ministro de Finanzas Luis ‘Toto’ Caputo y “el FMI no es el mismo de hace 20 años” del Ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, las voces oficialistas se han alzado para desdramatizar el pedido de auxilio. La memoria histórica de nuestro pueblo es resiliente: sabemos del fracaso de sus ‘recetas’, iguales para todos los países y todas las geografías; en el año 2000 Eduardo Galeano nos prevenía al respecto (ver más). La llegada de los créditos stand-by del FMI (Fondo Monetario Internacional) siempre han traído hambre y exclusión en escala ampliada, como sabemos de nuestra propia experiencia (recordemos el blindaje del año 2001 y su consecuencia). ¿Qué otros países tienen créditos stand-by en estos momentos?: Irak, Jamaica y Kenia. Huelgan las palabras.

El principal reclamo del FMI ha sido -siempre- acelerar el ajuste fiscal, a mediano plazo recortar gasto social, salarios públicos y jubilaciones, y aumentar la edad de retiro; nada ha cambiado en tal sentido (ver más). En lo inmediato, el mayor ajuste fiscal tendrá un enorme costo para la estabilidad política del gobierno, pues se centrará en recortar 30 mil millones de pesos de obras públicas a lo ancho y largo del país, seguramente distanciando a aliados de rancho propio y ajeno. La presión para abrir nuevos campos de negocios al gran capital, por la vía de la Participación Público – Privada (PPP), será la contracara del mismo. Habrá que ver cuántos capitales estarán dispuestos a ‘apostar por Argentina’ en este clima político y social.

Insistimos. La alianza Cambiemos apuesta al cambio estructural regresivo pero asume la presencia de una resistencia popular con capacidad de desestabilización. En un clima internacional desfavorable (dijimos alguna vez, más parecido a 1999 que a 2002), estamos en un momento crítico para el experimento Cambiemos. De acá a la reunión del G20 en Noviembre de 2018, se juega la continuidad de la estrategia y de su gobierno. Los intereses genéricos del capital impregnan el gobierno, coinciden en el largo plazo. Sin embargo, el gran capital sólo tiene una mirada más corta: no le importa tanto quien gobierne, en tanto lo haga a favor de sus intereses de clase. El gobierno Cambiemos, por su parte, sabe que debe privilegiar las condiciones de gobernabilidad, para no convertirse en fusible de su propia estrategia de ajuste.

IV

El gobierno de Cambiemos nació débil, sin mayorías parlamentarias propias y con limitado poder institucional (ver más). Haciendo de la necesidad, virtud, ha construido una coalición de gobierno ampliada a fracciones del PJ y la CGT, que puede comenzar a crujir si la crisis actual se profundiza. Más o menos desarrollistas o neoliberales, las fuerzas políticas de los partidos del orden no tienen opciones reales que puedan superar los límites del capitalismo dependiente y sus consecuencias negativas en nuestras condiciones de vida como Pueblo.

Estamos en momentos de una pulseada. Los desequilibrios macroeconómicos son una espada sobre las cabezas de la política económica oficial. Sin confianza del capital internacional y en un mundo convulsionado, esa estrategia tendrá patas cortas. Si es exitosa en su propios términos, habremos sufrido una gran derrota política; el avance estructural del ajuste sobre nuestras condiciones de vida y trabajo será brutal. Si fracasan y estalla el tridente dólar-tasas-deuda, la crisis económica en ciernes se profundizará y los costos sociales también aumentarán, al menos a corto plazo.

Si somos capaces de articular las resistencias, la crisis será también política y se abrirá un nuevo panorama para el conjunto del Pueblo. Será tiempo de superar viejas taras y radicalizar las posiciones para ser realistas, pidiendo lo imposible. Debemos encontrar formas de superar las formas organizativas (burocracias varias) que limitan nuestra capacidad de luchar, de construir y demandar en el presente el mundo que soñamos.

No hay atajos. Sólo cabe luchar para poner fin al ajuste perpetuo y ampliar en lo inmediato la red de políticas de protección social. Sólo queda exigir el cese de las políticas de ataque a las condiciones de vida del conjunto del Pueblo. Somos fuertes en las calles, en las construcciones desde abajo, en nuestras luchas cotidianas contra el capitalismo patriarcal colonial. En ese camino, sólo tenemos una opción: construir poder popular, masificar la resistencia, articular una alternativa política, prefigurar el socialismo.

* Profesor UNLP. Investigador CONICET. Integrante del Grupo de Trabajo sobre Teoría Marxista de la Dependencia (GT-TMD) de la Sociedad de Economía Crítica (SEC) de Argentina y Uruguay. Integrante de la Colectiva Universitaria por una Universidad Nuestramericana (COMUNA) en el FPDS-CN. Este texto fue concluido el día viernes 11 de Mayo de 2018. Agradezco los comentarios de Melina Deledicque, Celina Rodriguez, Nora Tamagno, Agostina Constantino, Francisco Cantamutto y Octavio Kozameh, a versiones preliminares.