Venezuela

La metamorfosis en la metamorfosis

Marco Teruggi
18.May.18 :: Venezuela

Pocas sociedades aguantarían lo que trajo esta guerra. En eso está la profundidad del chavismo como identidad


La metamorfosis en la metamorfosis

Marco Teruggi

Pocas sociedades aguantarían lo que trajo esta guerra. En eso está la profundidad del chavismo como identidad

¿Quiénes hacen una revolución? ¿Qué hombres, mujeres, edifican el orden que les debe permitir ser más libres? Los mismos que años atrás, meses atrás, soñaban muchas veces con ir a los EEUU, acomodarse en un cargo del Estado para conseguir seguridad y algo más -no me dé, póngame donde hay, ilustra el dicho- que sabían de política como algo vertical, prometedor y siempre alejado de sus promesas, junto con actos solidarios y colectivos, sujetos a su tiempo históricos. Nadie cae del cielo, y parece más difícil deshacerse de siglas de partidos, número de República, que transformar determinadas prácticas culturales. Por eso, entre otras cosas, cada revolución se parece tanto a las complejidades del pueblo que le da forma. Por eso el chavismo, sus bases, dirigentes, generales, lógicas, tienen rasgos profundamente venezolanos.

El chavismo logró cambios en las profundidades de la cultura venezolana. Existió una metamorfosis de una parte de la sociedad que reordenó la historia, las escalas de valores, prioridades, formas de relacionarse sin devorarse, construyó una narrativa para explicar de dónde se venía, se estaba y hacia donde se iba, con ordenamiento de lo justo e injusto, explicación de enemigos y definición de campo propio. Es una de las principales reservas del chavismo, de su capacidad de resistencia ante este escenario.

Sobre eso vino a golpear la estrategia del desgaste prolongado económico. Estamos frente a consecuencias de una sociedad expuesta durante varios años al desabastecimiento de productos de primera necesidad, de aumentos a precios hiperinflacionarios. No cualquier sociedad sino esta, que reacciona según sus características políticas/culturales fundadas en el chavismo y traídas desde antes. La metamorfosis chavista no eliminó las tendencias que se propuso combatir: el sálvese quien pueda, la corrupción, la especulación del uno sobre el otro, por ejemplo. Las acorraló, no desaparecen. La lucha entre la luz y las tinieblas es eterna, explicó el poeta Ezra Pound.

La guerra fue pensada para que lo acorralado resurgiera con furia. Para lograr una nueva metamorfosis, construida de manera lenta, permanente, agudizada a medida que el retroceso material se acentúa. Desandar lo construido en prácticas organizativas, valores, imaginarios, y señalar como paria a los culpables: el socialismo, Chávez, Maduro. La contrarrevolución, su plan, el capitalismo en su actual desarrollo, necesitan una sociedad antropofágica, donde el humilde devore al humilde, el vecino pobre le revenda leche o arroz a su propio vecino igual de pobre. El chavismo es una potencia anticapitalista, entre otras cosas, por la voluntad de subversión cultural, porque el otro no es una competencia sino un igual para un bien común.

Esa batalla es profunda, subterránea, se libra en cada aumento de guerra del dólar, en cada producto escondido, destrucción del poder adquisitivo, reventa de billetes, en la imposibilidad de mantener una familia con sueldos mínimos y apoyos del gobierno como bonos y Clap. La estrategia del ataque sobre Venezuela tiene varios objetivos en simultáneo: recuperar el poder político y en ese proceso reformatear la sociedad, erosionar al chavismo, reducirlo para luego, quieren, eliminarlo. Es permanente, prolongado, se adentra en las profundidades del tejido social.

Es un enfrentamiento entre dos modelos. El chavista está ante un proyecto de restauración que ya despliega tendencias de su país por venir, dispuesto a hambrear a millones de personas para lograr su objetivo, intenta desenlaces de manera periódica, como la violencia de abril/julio 2017. Se trata de un proyecto de clase que nunca comprendió al chavismo en sus múltiples dimensiones, y piensa, por ejemplo, que desabastecer se traducirá automáticamente en saqueos o votos, o que la muerte de Chávez significaba una derrota casi automática. Subestimaron al chavismo desde su aparición, lo redujeron a la dimensión de gobierno y despreciaron a Maduro. No pueden concebir que los pobres tengan razón política, miradas estratégicas, resistan a las dificultades materiales porque lo que está en juego es más que las dificultades actuales, es la posibilidad de país. El chavismo, los pobres, todo lo que sucede desde 1998 es para ellos una aberración histórica.