Venezuela

En las redes sociales el chavismo está contra las cuerdas

Fabio Zuluaga / Supuesto Negado
23.Nov.18 :: Venezuela

Se acerca el 10 enero, fecha del inicio del nuevo periodo de Nicolás Maduro. En medio de un momento difícil lleno de rumores, confusión y ruido los problemas del gobierno nacional para moverse en el terreno, ahora omnipresente, de las redes sociales se están haciendo más evidentes


En las redes sociales el chavismo está contra las cuerdas
22 noviembre, 201888

Se acerca el 10 enero, fecha del inicio del nuevo periodo de Nicolás Maduro. En medio de un momento difícil lleno de rumores, confusión y ruido los problemas del gobierno nacional para moverse en el terreno, ahora omnipresente, de las redes sociales se están haciendo más evidentes.

Es decir, además de la crisis hay un problema adicional en cómo maneja el Gobierno la comunicación social en un periodo en que “la comunicación es el alma” de la política.

10 de enero: expectativa vs realidad
Es un escenario conocido. Del lado de la oposición los meses o años de desmovilización y frustración empiezan a dar paso a una esperanza destemplada y exagerada.

Del lado del gobierno se hacen todos los esfuerzos para negar o hacer que no existe un problema evidente.

En este caso la cosa es muy sencilla: El 10 de enero termina el mandato que Maduro inició en 2013 e inicia el que ganó este abril.

Muchos gobiernos y organizaciones se niegan a reconocer este nuevo mandato alegando ventajismo electoral y elecciones poco competitivas coronadas por una abstención del 50%.

Para el chavismo no hay dudas respecto a la legitimidad del nuevo mandato de Maduro y no hay nada en la elección de abril pasado que la ponga en duda.

De estos hechos básicos se ha iniciado una “bola de nieve” con expectativas exageradas sobre la inminente caída del gobierno en un golpe-invasión-implosión-supernova que están reemplazando a meses de comentarios derrotistas y sombríos.

Pero también una absoluta negación al hecho cierto y objetivo de que una cantidad importante de gobiernos y organismos multilaterales puedan desconocer al gobierno venezolano sea que tengan razón al hacerlo o no. Y eso tiene consecuencias que no son buenas.

Gobierno en línea
La comunicación a distancia depende de interfaces. Por ejemplo, el periódico diario hecho de papel es la interface entre los lectores y el periódico como empresa o institución. Un programa de radio es una interface.

En esta época la tendencia es a la virtualización de los trámites e interfaces de todo tipo. El gobierno venezolano ha tratado de hacerlo pero sus plataformas suelen tener muchos problemas.

De hecho, algo tan básico como las líneas de contacto telefónico no son muy confiables.

En ese contexto la presencia del gobierno en redes sociales como Twitter se ha vuelto muy importante.

Aunque muchos gobiernos y organizaciones de izquierda desconfían de empresas como Twitter, de hecho es esta plataforma la que provee las interfaces para que el gobierno venezolano se comunique con los ciudadanos y los usuarios.

Además, es evidentemente, el mejor recurso para dar respuestas en tiempo real y, más allá de eso, de crear tendencias.

Pero en Venezuela Twitter es básicamente la única manera de informar sobre una falla eléctrica o de averiguar qué pasó con el agua o la pensión. Es decir, compensa fallas en los sistemas de comunicación públicos.

El gobierno venezolano depende de Twitter para muchos servicios y comunicaciones institucionales (quejas en bancos, información del IVSS, reclamos a Corpoelec denuncias a la policía) pero, usualmente, satura esas interfaces con propaganda política.

Si alguien busca información sobre un pago del seguro o de un apagón tiene que surfear encima de decenas de promociones, propaganda y en general, del tipo de material que antes se usaba para la agitación política como volantes y panfletos.

Si esto ocurre en los medios interactivos y participativos podemos imaginarnos como es en los más tradicionales como la televisión: además de las conocidas “versiones oficiales” sobre todo la saturación de propaganda es total.

Y eso tiene consecuencias porque en ninguna parte del mundo nadie cree en la propaganda oficial.

La historia oficial
¿Por qué es que en el Canal 8 no pueden aparecer Luis Salas, Víctor Álvarez y Asdrúbal Oliveros discutiendo el tema cambiario? La verdad es que no es un accidente: hay toda una concepción detrás de esto: 1. Establecer una línea oficial a la que hay que adaptarse y 2. Usar los medios públicos como vitrinas de los logros del Gobierno.

Es una concepción heredada del siglo XX, de la era predigital.

Actualmente le quita flexibilidad a los medios públicos que quedan en desventaja frente a los privados e independencia a los independientes que tienen que adaptarse a una versión oficial con la que pueden no estar de acuerdo.

Peor aún, el chavismo le apostó mucho a la televisión y la radio, medios tradicionales, mientras el internet y las redes sociales crecían en torno a un chavismo que no se ha sentido nunca muy cómodo con los nuevos medios de comunicación y las nuevas interfaces.

Seis años después de la muerte de Chávez los problemas solo se han agravado: chavezcandanga era prácticamente el único generador chavista de tendencias en el Twitter, medio en que el antichavismo ha encontrado su lugar natural, su refugio, podría decirse.

Pero el problema de fondo parece ser que durante mucho tiempo el Gobierno no ha conocido otra forma de comunicación que la propaganda ni el chavismo otro modo de comunicar que la defensa irrestricta del Gobierno.

Y eso crea un enorme desfase entre la experiencia cotidiana de la gente y las versiones oficiales o paraoficiales.

Ministerio del Poder Popular para el Twitter
Con medios como Twitter, Facebook live o Whassap cualquiera puede mostrar o transmitir lo que ve o piensa. Esto quiere decir que los rumores, bolas y tonterías se esparcen velozmente (como en los linchamientos causados por Whassap) pero también las experiencias y testimonios.

Es decir, si un policía o un guardia nacional están traficando con gasolina o productos básicos la gente lo puede grabar y mostrar.

Si alguien come de la basura le pueden tomar una foto y compartirla. La comunicación, aunque no libre de ruido, distorsiones e intencionalidades es completamente horizontal.

En estas condiciones muchos chavistas, tanto en la dirigencia como en las bases, creen que se enfrentan a una comunicación vertical con “matrices” decididas desde arriba.

Es decir, el concepto mismo de “red” no está claro para mucha gente que se plantea un falso dilema: o la comunicación es horizontal y no hay relaciones de poder o si las hay y por tanto es vertical

Pero eso no es así: porque es horizontal, las redes son escenario de estrategias de poder muy complejas.

Cualquier matriz que puedan elaborar los grandes medios circula –y se alimenta– de las redes horizontalmente junto con denuncias, juicios y experiencias que la gente hace en medio de su vida cotidiana.

Y en Venezuela los medios más influyentes son los pequeños, emprendimientos de periodistas, que se alimentan de redes de corresponsales y del mismo público.

Hace tiempo que El Nacional, El Universal o Ultimas Noticias se han eclipsado ante Armando Info, El Pitazo o Contrapunto.

Y ante los millones que comparten por Whatsapp, Facebook y Twitter a cada segundo.

No puedes ocultar tiroteos, colas, apagones y desastres…

Desde el punto de vista del Gobierno la propaganda y las versiones oficiales en las redes sociales hacen daño porque, por un lado, generan ruido (quiero saber porque se está yendo la luz o cuando pagan la pensión, o que pasa con la plataforma del banco y tengo que lidiar con decenas de propagandas dirigidas a un público chavista) y por el otro terminan negando lo que todos saben que es real.

Y eso le quita credibilidad a lo que el Gobierno dice.

Y afecta al chavismo globalmente porque, al depender tanto de las versiones oficiales y de defender la imagen del Gobierno, se ven arrastrados por todas estas malas prácticas.

Esto ha causado que los influencers del chavismo sean o representantes del Gobierno que niegan o ignoran problemas evidentes o militantes que están atados a las versiones oficiales.

Pero no se puede influir en medios descentralizados e interactivos como Twitter con estrategias propias de los medios tradicionales del siglo XX.

No existe un ministerio para el Twitter o el Whatsapp.

“Chavismo no oficial”
Únase esto a una tendencia general de hablarle solo a los ya convencidos, hábitos y jergas, comunicación que solo se entiende si se tiene cultura política de izquierda y la tendencia a condenar a los demás llamándolos traidores, burgueses y apátridas y el desastre está asegurado.

Pero esto ha estado cambiando, durante años muchos chavistas han hablado de un chavismo popular o no oficial que es distinto del “oficialista”. En general esto no pasaba de ser un buen deseo porque, en la práctica, los chavistas defendían la línea oficial así no estuvieran de acuerdo con ella.

Pero 2018 ha traído una verdadera explosión de chavismos: “disidente”, “originario”, “bravío”, ya expresando diferencias que habían sido reprimidas en una obsesión por preservar la unidad.

Por ejemplo siempre ha habido y hay chavistas progres en favor del matrimonio gay y el aborto, así como también, chavistas conservadores que creen que los homosexuales son anormales y el aborto es un crimen.

Y ahora finalmente pueden decir que tienen esas diferencias y debatirlas.

En la era de las redes sociales no puede haber una verdad oficial sino líneas coordinadas entre diferentes grupos y operadores.

Por parte del Gobierno los canales y los operadores dedicados al proselitismo y la propaganda tienen que separarse de los de las instituciones, distinguiendo la administración y los servicios públicos de la vida interna del chavismo.

De parte de la base y los intelectuales e influencers chavistas tiene que haber la autonomía para poder reconocer problemas evidentes y discutirlos con la gente.

No puedes influenciar a la gente si vives en un mundo diferente al de ella.

La falta de interfaces con el descontento social ha tenido efectos devastadores para el chavismo.

Pero, finalmente, en la época de las redes no existe una línea oficial única sino líneas que varían (toda la gente de Trump no plantea las cosas tal como él lo hace, por ejemplo).

Tal vez el chavismo globalmente deba renunciar a la idea de tener una versión oficial de la verdad a la que todos están atados.

De hecho eso es lo que en la práctica ha pasado en este último año.

Reconocer los problemas, darles respuestas tempranas, e incluso ser los primeros en plantearlos, es mucho más útil y saludable que negarlos por meses para después admitirlos a regañadientes.

Por ejemplo: Las denuncias y campañas de colectivos chavistas en redes sociales del acoso sexual y el homicidio de estudiantes hechas en Uneartes se han demostrado mucho más eficientes que la actitud de años anteriores en que muchos chavistas ignoraron o justificaron el secuestro y tortura de Linda Loaiza porque lo consideraban un ataque a personas vinculadas al chavismo.

Solidaridad automática que no dejó más que desprestigio. ¿Hubiera sido preferible que los medios privados empezaran a hablar de Uneartes como un nido de depredadores sexuales y tuvieran como respaldar esa afirmación aunque fuera exagerada?

La denuncia previno que eso ocurriera.

La comunicación en redes sociales es un servicio que requiere trabajo continuo, flexibilidad y capacidad de responder y anticiparse.

Es relativamente fácil crear y conservar un nicho de gente convencida pero influir fuera de él y crear tendencias es mucho más complejo.

Y negar la realidad o atarse a una versión oficial sobre ella es la forma más segura de quedarse aislado. Eso vale para dentro y fuera de las redes sociales.

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Por Fabio Zuluaga / Supuesto Negado