Venezuela

Yo también creo en ustedes

Jessica Dos Santos Jardim
08.Dic.18 :: Venezuela

Piensen en todas las veces que este año guapearon ante las dificultades (no importa si ganaron o perdieron), denle las gracias a aquellos que estuvieron a su lado (y también a los que partieron para verlo a usted mejor, de ser el caso), sonría al recordar todo lo que hicieron para ayudar a alguien más (y no paren de hacerlo), abrace y déjese abrazar en medio de esta suerte de balacera.


El Último round / Yo también creo en ustedes

Jessica Dos Santos

“…Sólo las ollas saben los hervores de su propio caldo…” L.E

Por: Jessica Dos Santos Jardim

El 2018 fue un año difícil. Al menos, para mí, lo fue.

Durante estos meses tuve que ver migrar a seres que se llevaron consigo un pedacito de mi vida, corrí con afectos de hospital en hospital, afronte la muerte de un familiar en medio de la escasez de medicamentos y la falta de atención, y justo hoy he llorado sin parar por el presupuesto en dólares que le entregaron a un hombre que merece y debe vivir pero es víctima del cáncer que cada día azota con más fuerza a un porcentaje de la población.

No obstante, lo que más me jode es la falta de protección, el sentirse absolutamente desamparado, y tener que aceptar que no existe instancia mayor que vele por ti, que eres tú (y un montón de personas como tú, pero aisladas, sumergidas en sus propios peos) contra todo eso y más. Aunado a las declaraciones desafortunadas de un sinfín de funcionarios.

“Y a veces uno siente una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parece estar afectado ningún órgano físico, pero que es casi asfixiante, insoportable. Ahí en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo”, decía Benedetti.

Pero, el gobierno realiza un congreso de salud donde ninguno de estos puntos se aborda; me habla de parto humanizado mientras una amiga y su hijo casi mueren en medio del ruleteo; la alcaldía me jura y perjura que en la “Caracas plana” ya no hay basura y a mí me toca entender que quizás yo vivo en la ciudad redonda; en febrero me prometieron agua 24/7 pero hasta hoy solo hay racionamiento; se fanfarroneo con la tasa de escolaridad pero mis aulas se quedaron vacías, igual que mi oficina en la administración pública.

Pues, hoy, en las instituciones del Estado solo queda gente trabajando en condiciones infrahumanas (sin transporte, sin aire acondicionado, sin equipos adecuados, etc.), por un salario que no le alcanza para cubrir ni el 10% de la cesta básica.

A la par, ni siquiera hemos podido desaparecer las perreras ni controlar el precio del pasaje, pero nos piden que compremos petros para viajar a Estambul.

Nos hablaron de yuanes, euros, oro, petros, pero no consiguieron que el Bolívar nos alcance. Nos dijeron, por decima quinta vez, que el paralelo desaparecería. Y hace días, tuvieron las bolas de pedirnos, otra vez, buscar la nueva lista de precios “para defenderlos”.

Entonces, los venezolanos que decidimos quedarnos a guerrear en suelo patrio no solo tenemos que asumir 2, 3 y hasta 4 trabajos sino que también debemos hacer el de las autoridades, porque para eso si existe el “poder popular” (del resto, ese término, al igual que las comunas, y otros más, ha ido desapareciendo lentamente del vocablo gubernamental).

De paso, hay compañeros (as) que se arrechan si una escribe estas cosas. Esas mismas personas son capaces de acusarnos de “rendición”, “traición”, y pare usted de contar. “Que bolas ¿acaso tú no sabes que hay un bloqueo? ¿Ignoras que estamos en una guerra?”. Vamos a responder públicamente: Si, lo sé, pero no creo que esa sea la única y exclusiva causa de todo lo que hoy vivimos. Si, lo sé, los muertos también han sido míos.

Y frente a cada señalamiento, yo me abrazare a lo mismo: al afecto que se fue del país, al familiar que murió en medio de la desidia, a la vecina que me toca la puerta porque no tiene comida en casa, y a mi capacidad de seguir aquí, pese al inmenso miedo que me genera el futuro.

Yo no creo que “estas navidades vayan a ser las más coloridas, bailadas y felices de los últimos 6 años”, como dijo el presidente. Pero si este diciembre, alguno de ustedes se siente derrotado: hagan lo mismo que yo.

Piensen en todas las veces que este año guapearon ante las dificultades (no importa si ganaron o perdieron), denle las gracias a aquellos que estuvieron a su lado (y también a los que partieron para verlo a usted mejor, de ser el caso), sonría al recordar todo lo que hicieron para ayudar a alguien más (y no paren de hacerlo), abrace y déjese abrazar en medio de esta suerte de balacera.

Yo por estos días he recordado mucho una entrevista donde Galeano decía:

“En el fondo, uno busca a Dios en los demás (…) Cuando te sentís ya cansado de todo, como descreído, es lindo saber que uno ha conocido gente que ayuda a creer en los demás, en la solidaridad, en las pasiones humanas (…) Además de la gente que se hace cercana leyendo las cosas que uno escribe. Yo se que las palabras se escapan de las páginas, y tienen dedos, y tocan al que lee. Te tocan, te acarician, te golpean a veces, te arañan (…) Escribo para llegar a otros que van a ser mis amigos, aunque no los conozca todavía”

Yo también creo en la gente, en los demás, en ustedes (lectores/lectoras).

Que mis palabras toquen y sus ojos abracen.

Feliz navidad.