Argentina

Jorge Beinstein y la teoría marxista de la crisis

Néstor Kohan
13.Ene.19 :: Argentina

Todos sus libros, invariablemente, se caracterizan por reunir textos
pensados como hipótesis de trabajo para interpelar a los movimientos
rebeldes y las insurgencias.


Jorge Beinstein
y la teoría marxista de la crisis
Néstor Kohan
El último adiós inconcluso
Sorpresivo y triste. Recibo la lamentable noticia de un amigo que me
pregunta por la noche: “¿Cómo está Jorge Beinstein?” Le respondo:
“No lo sé. ¿Por qué? ¿Está enfermo?”. Y a continuación me entero que
falleció. Así, de repente. Un golpe en la mandíbula.
Fuerte sabor amargo en la boca. Siento la invasión de una imparable
incomodidad. A lo triste de su fallecimiento, se me suma que no nos
despedimos ni hablamos ni nada. Un vacío filoso. Resulta que
estábamos distanciados por una discusión política. Por eso el sabor
amargo lo vivo doblemente.
Como durante años nos comunicamos (sea personalmente, sea por
escrito) con chistes e ironías de por medio, nuestro último diálogodiscusión terminó con una oración en serio y la otra en broma. Con
toda seriedad y no poca tristeza le escribí: “Lamento que seas tan loco,
porque yo siempre he aprendido de vos cada vez que nos encontramos
y sería una lástima no seguir haciéndolo”. Como Jorge seguía enojado,
a pesar de esa formulación, cambiando a continuación el tono,
culminé diciéndole en broma: “Bueno rabino, haré un día de ayuno y
reflexionaré en silencio a ver si logro el perdón”. Esa última ironía
hacía referencia a que ambos compartíamos, además del humor, el
mismo origen judío, en los dos casos ateos y marxistas, solidarios
ambos con la causa de la liberación palestina y críticos del sionismo.
Por eso jugábamos siempre con el tema
A partir de allí nos juntamos con Jorge Beinstein periódicamente
durante casi dos décadas. Compartimos espacios políticos, dimos
conferencias juntos y fuimos, también juntos, a varios países. Creo
que el primero fue Venezuela, invitados por Hugo Chávez. Al poco
tiempo, los dos fuimos invitados por el Frente Patriótico Manuel
Rodríguez (FPMR) y nos tocó compartir una conferencia en un cine del
centro de Santiago de Chile, donde se lanzó el Encuentro Cono Sur.
También estuvimos juntos en el velatorio de Enrique Gorriarán Merlo.
Más tarde y durante años, a Jorge lo invitamos una cantidad
incontable de veces a dar clases en la Cátedra Che Guevara, en la
Universidad de los Trabajadores que funcionaba en la fábrica
recuperada, metalúrgica, IMPA.
El vínculo continuó igual durante un tiempo largo, al calor de las
luchas de clases en nuestro país y en el continente. En un momento
le escribí diciéndole: “Jorge, se van a comunicar con vos unos amigos
ecologistas. En este caso no me discutas. ¡Vos haceme caso! No hagas
preguntas. Aceptá la invitación. Si hace falta yo te acompaño y viajo
con vos”. Así fue. Una de las pocas veces que no discutió. Desde ese
momento Jorge Beinstein se incorporó de lleno y con absoluto
entusiasmo al Movimiento Continental Bolivariano (MCB), espacio de
coordinación revolucionaria internacional al que le aportó sus análisis
y diagnósticos prospectivos sobre la crisis mundial, la geopolítica
regional y diversos escenarios posibles. En las últimas conversaciones
que mantuvimos le propuse a Jorge que le ofreciéramos juntos a
Vicente Zito Lema la presidencia de la sección argentina del MCB.
Jorge estuvo completamente de acuerdo. Luego, para nuestra
desgracia y nuestra tristeza, la historia de la lucha de clases
latinoamericana tomó otros carriles y otros rumbos no previstos, así
que aquella decisión de ambos se postergó al infinito.
La doble biografía de un pensador militante
Jorge tenía una doble biografía, un “curriculum vitae” duplicado,
como todo militante revolucionario. Para comer y sostenerse, para
reproducir su vida, daba clases, proporcionaba diagnósticos de
prospectiva económica a ciertas empresas, dictaba cursos y
conferencias. Era su perfil “alimenticio” (término que alguna vez leí a
propósito de una biografía sobre Raymundo Gleyzer y que me parece
muy atinado en su descripción). Con esas actividades reproducía su
vida y la de su familia, integrada por su compañera, quien es también
una destacada académica (con quien compartió el trabajo cuando
Jorge ocupó el decanato de la Facultad de Humanidades de la
Universidad Maimónides) y su hija, joven estudiante por quien Jorge
mantenía, además de un gran afecto paternal, profunda admiración
intelectual. Así me lo transmitió muchas veces hasta que alguna vez
la conocí personalmente, precisamente en la fábrica IMPA, en una
actividad de la Cátedra Che Guevara.
Para ese perfil “alimenticio” hacía jugar su título de “Doctor de Estado
en Ciencias Económicas de la Universidad de Franche Comté -
Besançon, Francia”. También su rol de docente e investigador de
varias instituciones francesas como la Maison des Sciences de
l’Homme (contratado por la DGRST- Délégation Générale à la
Recherche Scientique et Technique), el Institut National Agronomique
de Paris-Grignon, la Universidad de Franche Comté-Besançon,
Conservatoire National des Arts et Métiers.
Pero lo más interesante es, como suele suceder, su “curriculum
oculto”. Jorge había sido militante del Ejército Revolucionario del
Pueblo – 22 de agosto (ERP-22), fracción disidente del Partido
Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo
(PRT-ERP) que adopta su nombre en homenaje a los héroes de Trelew
(militantes de diversas organizaciones revolucionarias argentinas
asesinados el 22 de agosto de 1972).
Beinstein siempre recordaba el papel principal de Jorge Raul Bellomo,
como principal organizador del ERP-22, aunque en la historia fueron
mucho más conocidos otros dos compañeros: el “gallego” Fernández
Palmeiro y Daniel Hopen. En aquella época participó de la revista del
ERP-22 Liberación, sin firmar las notas, ya que la única personalidad
que firmaba con nombre real y apellido era el abogado Gustavo Roca,
el hijo mayor de Deodoro Roca y amigo personal del Che Guevara, así
como de Mario Roberto Santucho.
Cuando escribí un libro rescatando la memoria de Daniel Hopen como
sociólogo marxista desaparecido y militante guevarista, le hice
muchas preguntas a Jorge. Comenzó, para no abandonar su ironía,
diciéndome: “¡Era un hijo de puta!”. Yo me quedé helado. Continuó
Jorge: “Sí, era un hijo de puta, se levantaba todas las minas” [en argot
porteño de Buenos Aires significa: seducía a todas las muchachas]. Y
de allí en más, me proporcionó con lujo de detalles anécdotas e
informaciones desconocidas sobre las denuncias que Daniel Hopen
había realizado contra el Proyecto de investigación sociológica
“Marginalidad”, del que formaron parte José Nun, Ernesto Laclau,
entre otros intelectuales de renombre. Daniel Hopen los acusó de
recibir dinero, a través de la Fundación Ford, de la CIA. Jorge me
proporcionó datos precisos de las fuentes en las que se había basado
Hopen. En el libro Ciencias sociales y marxismo latinoamericano
[2014, Buenos Aires, Editorial Amauta Insurgente] utilicé toda esa
información pero a diferencia de otros entrevistados, en su caso puse
tan sólo las siglas “J.B.” [Jorge Beinstein].
¿Por qué Jorge se negaba a aparecer con nombre y apellido en las
entrevistas de aquel libro? Su respuesta lo explica todo. Solía repetir:
“Sucede que yo sigo operativo, Néstor. No me jubilé” [referencia a no
jubilarse de la revolución]. Esto significaba que aunque estuviera
viejo, no veía casi nada (lo podía saludar desde dos metros sin que
lograra identificarme) y además tenía problemas físicos; no obstante,
él consideraba que podía integrar cualquier organización clandestina
y/o insurgente.
Su antigua militancia en el ERP-22 de los años ’70 permite
comprender su amplitud de miras del tiempo en que yo lo conocí.
Marxista erudito, comunista internacionalista, nunca fue gorila [léase:
anti-peronista] ni despreció la discusión sobre el problema nacional.
Al conversar y rememorar sus épocas juveniles, recordaba sus
intercambios con “el colorado” Jorge Abelardo Ramos o Rodolfo
Puiggrós. Y hasta el final de su vida siguió viendo y conversando tanto
con “el pelado” Enrique Haroldo Gorriarán Merlo (combatiente del
PRT-ERP, luego dirigente del Movimiento Todos por la Patria-MTP) o
Roberto Perdía y Mario Eduardo “el Pepe” Firmenich (ambos dirigentes
de Montoneros). A éste último lo visitaba cada vez que iba al estado
español, si no recuerdo mal, lo veía en Barcelona.
De joven Jorge había estado preso por un período corto. Como
enseñanza me transmitió un consejo de los presos: “Negativa, pibe,
negativa” (lo cual significa que jamás hay que aceptar firmar alguna
declaración auto-incriminadora en algún delito aún bajo apremios o
tortura policial).
Durante la dictadura militar del general Videla (1976-1983) Jorge
estuvo en Francia, donde hizo un doctorado y pudo leer y estudiar,
entre otros, a Maximilian Rubel. También estuvo varios meses en
Yugoslavia, de donde adoptó su admiración por el modelo de la
“autogestión” sobre el cual discutimos tantas veces, cuando yo le
recordaba las críticas del Che Guevara a dicho modelo yugoslavo y la
propuesta alternativa del “Sistema Presupuestario de FinanciamientoSPF”, ambos en disputa para el período de transición al socialismo.
Al regresar del exilio a la Argentina, tuvo dificultades y fuertes trabas
para ingresar al sistema público de investigación científica. Lo
rechazaron no por razones académicas sino por puro macartismo y
anticomunismo, lo cual le dejó como secuela fuertes heridas
personales, enojos nunca apagados ni disimulados y dificultades para
su reproducción económica cotidiana.
Aunque se definiera como un comunista libertario, políticamente
Jorge fue ecuménico. Como certeramente señala en una nota sobre su
fallecimiento redactada por el compañero José Schulman, Jorge
integró el Partido Comunista Argentina-PCA, junto a Patricio
Echegaray, quien le financió durante algunos años la revista
Enfoques alternativos. Pero Jorge mantenía diálogos con diversos
grupos políticos y personalidades, desde la agrupación Quebracho
hasta el trotskismo morenista (corriente muy criticada, al menos en el
plano privado, por Jorge, ya que siempre ironizaba sobre ellos, así
como también lo hacía sobre la corriente trotskista liderada por
Altamira). Además de esas organizaciones, Beinstein mantenía
diálogos, por ejemplo, con economistas del equipo de Axel Kiciloff.
Cuando le pregunté si consideraba que Kiciloff tenía nivel teórico me
consideró afirmativamente: “Sí, están muy bien formados”, fue su
respuesta.
Con nuestro Colectivo Amauta se portó muy bien, vino muchas veces
a dar clases y conferencias a la Universidad de los Trabajadores de la
fábrica recuperada IMPA y a la Cátedra Che Guevara. En una de esas
clases en el IMPA, Jorge se retiró antes. Como la fábrica era oscura y
tenía muchos desniveles por los distintos tipos de máquinas
empleadas y Jorge realmente era muy pero muy corto de vista, se
tropezó y cayó en medio de la grasa del suelo. Allí quedó tendido, boca
abajo, sin que los demás compañeros nos diéramos cuenta. Una
muchacha se acercó a los 15 minutos de su partida y me dijo al oído
muy suavemente “Néstor, el profesor Beinstein está tendido en el
piso”. Salimos corriendo a socorrerlo. Se había lastimado fuertemente
la cara y estaba medio desmayado. Lo llevamos a un hospital y junto
con toda la audiencia de la Cátedra Che Guevara, lo acompañamos y
lo esperamos durante mucho tiempo hasta altas horas de la noche
hasta que finalmente salió de la guardia hospitalaria, ya recuperado.
Lo primero que hizo, fiel a su estilo, fue una sonrisa de burla y ensayó
algo parecido a dos pasos de baile, tratando de demostrar que ya se
había recompuesto, aunque tenía el rostro lastimado y con sangre.
¡Todo un personaje! Difícil de llevar en la cotidianeidad por sus
reiterados enojos iracundos (que lo hicieron enemistarse con muchos
compañeros marxistas dedicados a la economía política en distintos
países), pero al mismo tiempo irónico, muy querible y entrañable.
La teoría marxista de la crisis
En el plano teórico Beinstein tenía una lectura muy refinada de Marx,
El Capital y el sistema capitalista contemporáneo que no siempre se
reflejó en forma completa en sus libros, aunque sí en sus
diagnósticos, conferencias, intervenciones orales y, por supuesto,
infinidad de diálogos políticos.
Jorge Beinstein entendía que Marx no era un “economista de
izquierda” ni un teórico de los equilibrios y armonías del mercado
capitalista sino un crítico de la economía política y fundamentalmente
un pensador de la crisis, las rupturas y las revoluciones. El Capital
(en sus múltiples tomos y volúmenes, desde aquellos en los cuales
Marx hace referencia teórica explícita a la crisis: el tomo cuarto
conocido como Historia crítica de la plusvalía, hasta el tomo
primero, en el cual se presupone desde el primer renglón del primer
capítulo la posibilidad de la crisis, aun cuando no sea referida en la
letra allí escrita) no servía tanto para entender —como afirman tantos
marxólogos— “cómo funciona el modo de producción capitalista” sino
para interrogarse porqué el capitalismo experimenta una crisis tras
otra. Sucesión de crisis cada vez más agudas, llegando en el siglo XXI
a un tipo de crisis muy distinta a las anteriores, que va mucho más
allá de la burbuja inmobiliaria desatada a partir de 2007-2008 (lo que
se puede observar en la superficie). La crisis actual, sostenía Jorge
Beinstein, constituye una crisis sistémica civilizatoria, en su conjunto,
esto es, la conjunción y superposición de múltiples crisis, desiguales
pero coexistentes y combinadas a escala mundial.
No resulta casual que el pensador comunista egipcio Samir Amin,
partidario de la hipótesis del “capitalismo senil”, haya citado en uno
de sus numerosos libros a Jorge Beinstein como fuente. (Como el
mismo Beinstein aclara, la noción de “capitalismo senil” fue
originariamente elaborada en 1978 por Roger Dangeville en su trabajo
de recopilación sobre la crisis en Marx y Engels: “Marx-Engels. La
crisis” [Jorge Beinstein (2001): Capitalismo senil. Río de Janeiro,
Ediciones Record].
A la hora de entender a Marx, el autor predilecto de Beinstein era
Maximilian Rubel, quien enfatiza una mirada no estatista del
socialismo (por eso a Jorge lo seducía tanto el modelo
“autogestionario” yugoslavo, acorde a esa lectura sobre Marx).
En sus libros, como por ejemplo Crónicas de la decadencia.
Capitalismo global 1999-2009 [2009, Buenos Aires, Editorial
Cartago] o El largo crepúsculo del capitalismo [2009, Buenos
Aires-Montevideo-Asunción, Editorial Cartago], encontramos una serie
de invariantes y categorías que se reiteran en distintas modulaciones.
En primer lugar, frente a las descripciones que enfatizan el equilibrio
inestable de la globalización capitalista, Beinstein enfatizaba las
rupturas, los quiebres, las fisuras insalvables del capitalismo como
época histórica. Dentro de esos quiebres y fisuras, de alcance
“civilizatorio”, ponía énfasis en la crisis financiera (por eso algunos
economistas marxistas lo criticaron por desplazar el eje de la crisis de
sobreproducción de capitales hacia la noción de crisis financiera
producto de una estanflación [combinación de estancamiento e
inflación] y una burbuja de derivados financieros cuya suma a escala
planetaria era veinte veces superior al producto bruto global).
En segundo lugar, aparecen reiteradamente mencionados, como
punto de partida de sus explicaciones, los conceptos de “capitalismo
parasitario”, así como las categorías de “decadencia global”,
“descomposición”, “hipertrofia” y “lumpenburguesía”, entre otras.
En nuestros diálogos e intercambios, alguna vez le dije, en medio de
nuestras bromas habituales: “¡Te descubrí Jorge! Vos enfatizás
siempre la noción de «capitalismo parasitario y rentístico» porque en
tu crítica de la economía neoclásica bebiste en las fuentes
de….Nicolas Bujarin!”. Me refería a la obra del pensador bolchevique,
que había estudiado con el economista austríaco Eugene BöhmBawerk: La economía política del rentista (Crítica de la economía
marginalista) [1914] (1974, Buenos Aires, Cuadernos de Pasado y
Presente Nº57]. Jorge se sonrió como respuesta y a continuación
recordó, con una especie de nostalgia, la forma irónica en que Bujarin
se burló de Stalin y del fiscal Andréy Vyshinsky en los juicios de
Moscú, a partir de los cuales fue ejecutado en 1938.
Pero Jorge no sólo bebió de Bujarin. La noción de “lumpenburguesía”
que reaparece en gran parte de sus trabajos llegando hasta su último
libro Macri: Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa
[2017, Caracas, editorial Trinchera], muy probablemente la adoptó de
André Gunder Frank, a quien admiraba, por ejemplo, cuando Frank
polemizó con el sociólogo mexicano Pablo González Casanova.
Recuerdo que cuando le di para leer un librito mío titulado Los
verdugos latinoamericanos. Las Fuerzas Armadas, de la
contrainsurgencia a la globalización [2007, Buenos Aires,
Editorial Populibros], en el cual hacía mía la hipótesis de Silvio
Frondizi sobre la “seudoindustrialización” argentina, Jorge me
preguntó: “¿Por qué «seudoindustrialización»?”. Hizo un silencio y
continuó: “En Argentina se produjo la única industrialización posible
dentro de la división imperialista internacional del trabajo”. Beinstein
tenía razón. Cuando repensé más tarde la noción de Silvio Frondizi de
“seudoindustrialización”, presente en su libro en dos tomos La
realidad argentina (luego adoptada por Milcíades Peña en su revista
Fichas) a la luz de la teoría marxista de Ruy Mauro Marini y su
Dialéctica de la dependencia [1972, Santiago de Chile, Centro de
Estudios Socioeconómicos-CESO], la caracterización “seudo” como si
fuera una “falsa” industrialización —presuponiendo que pudiera
haber una “verdadera” industrialización diferente— perdía peso frente
a la real industrialización dependiente en los marcos del sistema
capitalista mundial. Pero Jorge no se apoyaba tanto en Ruy Mauro
Marini sino más bien en André Gunder Frank.
Una estrategia insurgente para enfrentar al imperialismo
Por otra parte, cuando Beinstein proponía una insurgencia
descentralizada también tomaba inspiración —sin decirlo ni citarlo—
de las lecturas spinozianas de Toni Negri, pero las combinaba con otra
fuente inesperada y académicamente menos reconocible: los
estrategas actuales del Pentágono (a quienes seguía y leía
regularmente).
Actualizado en temas de estrategia, Jorge Beinstein estaba informado
que el imperialismo contemporáneo ya no se basaba únicamente en
las antiguas doctrinas político-militares de Karl von Clausewitz: De la
guerra [1832] (1975, La Habana, Editorial Ciencias Sociales) y Basil
Henry Liddell Hart: Estrategia. La aproximación indirecta [1941]
(1984, Buenos Aires, Biblioteca del Círculo Militar).
En las últimas décadas, autores de menor fama y celebridad que los
dos anteriores, pero de no menor efectividad, habían ido
paulatinamente modificando la estrategia imperialista desarrollándola
a partir de la doctrina de “Guerra de Cuarta Generación” de forma
descentralizada, empleando fuerzas clandestinas, “no estatales”,
mercenarias y paramilitares, buscando no sólo invadir y conquistar
territorio sino también y principalmente desintegrar al “enemigo”, es
decir, balcanizar y desmembrar las sociedades periféricas y
dependientes atacadas. Uno de los principales objetivos para
conquistar y saquear recursos naturales ajenos consiste en generar
“caos periférico” y “estados-naciones fantasmas”.
Los principales teóricos consultados por Jorge Beinstein son William
S. Lind, C. Keith Nightengale, C.John F. Schmitt, C. Joseph W.
Sutton, y Gary I. Wilson [Jorge Beinstein (2013): “La ilusión del
metacontrol imperial del caos”. En https://beinstein.lahaine.org/lailusion-del-metacontrol-imperial-del-caos]. Dichos autores venían
elaborando esta nueva doctrina ya desde 1989, aplicada luego en
Afganistán, Libia, Siria con pretensiones de extenderla actualmente a
una posible invasión de Venezuela.
Intentando contrarrestar su crisis sistémica y la tendencia a su
declive histórico, el objetivo actual del imperialismo consiste en
generar artificialmente la decadencia de las sociedades y el caos
periférico. De allí que uno de sus últimos libros Jorge lo titulara
Comunismo del siglo XXI. Del declive de la sociedad burguesa
global a la irrupción del postcapitalismo revolucionario (2011,
Caracas, Editorial Trinchera, reeditado posteriormente con el título
Comunismo o nada).
Si el imperialismo va sucesivamente desintegrando Irak, Afganistán,
Libia, Túnez, Siria, la nueva meta es hacer lo mismo con Venezuela.
Para eso era necesario desarticular, sacar del medio, neutralizar y
finalmente disolver, desarmándola, la última barrera político-militar
que se interponía para una eventual invasión en operación de pinzas
colombiana-brasilera del territorio venezolano. Esto es: desarmar a las
FARC-EP. Con ese molesto obstáculo fuera de juego, se abrían nuevas
posibilidades para el narco-estado colombiano, sus decenas de miles
de paramilitares y para cualquiera de las múltiples variantes de
intervención imperialista en territorio bolivariano. Por eso Jorge se
opuso tanto al lamentable desarme de la insurgencia bolivariana ya
que, en lugar de traer “tranquilidad, paz, diálogo civilizado y una vida
serena”, lo que en realidad dicho movimiento de desarme
geoestratégico generaba era dejar las manos libres al paramilitarismo
colombiano, a la contrarrevolución interna venezolana y a la
implementación de una guerra de desgaste que generara “el caos
periférico”, según el término pergeñado por Beinstein.
La obra abierta de un marxista revolucionario
Los libros de Jorge no suelen ser tratados sistemáticos sino más bien
colecciones de ensayos unitarios. Por lo general, cuando reúne textos
de diferentes épocas, no lo hace cronológicamente. Como Marx, que
comienza El Capital no por los orígenes históricos (“La llamada
acumulación originaria”) sino por la forma última y más acabada del
mercado capitalista, Jorge ordenaba sus libros comenzando siempre
por el último artículo escrito para ir desde allí hacia atrás.
Todos sus libros, invariablemente, se caracterizan por reunir textos
pensados como hipótesis de trabajo para interpelar a los movimientos
rebeldes y las insurgencias.
Aunque eruditos, llenos de cuadros estadísticos y bibliografía de
primera línea en varios idiomas, ninguno es neutral ni está escrito en
la forma insulsa del paper académico. Son textos que respiran
angustia, enojo, odio visceral contra el imperialismo capitalista.
Buscan afanosamente, explorando intentos diversos, nunca
concluidos, una alternativa de resistencia global. O mejor dicho,
varias alternativas de resistencias globales.
Los libros y la obra de Jorge (como sus videos y artículos) dejan
traslucir fastidio y desprecio ante la decadencia civilizatoria de la
sociedad capitalista. Un malestar profundo ante la impunidad de la
cultura mercantil, mediocre, lumpen y mafiosa que se ha instalado
como “normal”.
Quizás ese enojo tan profundo ante la injusticia, ese fastidio no
disimulado y la herida abierta de ese malestar lo llevaron a la muerte,
más allá de los motivos médicos puntuales que desconocemos. No lo
sé. No lo pude conversar con él. Por eso siento este gusto tan amargo
y ácido en la boca.
A pesar de eso, me quedo, elijo quedarme, esta vez sin ironía, con el
recuerdo de un revolucionario experimentado, en un cuerpo viejo,
pero que poseía un espíritu joven y rebelde, siempre dispuesto, a
pesar de sus limitaciones físicas, a integrarse, hasta el final, a la
rebeldía organizada, apostando hasta el último aliento a la revolución
latinoamericana, brindando sus saberes e investigaciones a la
insurgencia revolucionaria, en su propio país y a escala internacional.
Buenos Aires, 11 de enero de 2019