Venezuela

Venezuela, como un pulso que golpea las tinieblas

Jorge Montero
06.Feb.19 :: Venezuela

Urge a la Casa Blanca que su ofensiva contra la Revolución Bolivariana tenga éxito. Washington necesita,
acosado por su propia crisis, esgrimir la supuesta inviabilidad de cualquier gobierno que se aparte de su
tutela. Va en ello el curso estratégico de la región por todo un período.


Venezuela, como un pulso que golpea las tinieblas

Jorge Montero

“Es la hora de los hornos y no se puede ver más que la luz”

José Martí

Mientras Mauricio Macri descansaba en el complejo presidencial de Chapadmalal, su enviado Fulvio
Pompeo -secretario de Asuntos Estratégicos-, se embarcó en un frenético raid por Washington, para
conocer de primera mano los planes con que Donald Trump profundizará la acometida contra Venezuela,
ahora en búsqueda de una guerra fratricida.
Golpeando puertas de los despachos de funcionarios de segundo orden del Departamento de Estado y
entrevistándose con burócratas de la Organización de Estados Americanos (OEA), el hombre de la
Jefatura de Gabinete, recibió nuevas instrucciones, tras sendos reveses de la Casa Blanca en la arena
internacional. Por un lado, la reunión extraordinaria convocada de urgencia por la OEA, el “ministerio de
colonias” como la definiera hace más de cinco décadas el canciller cubano Raúl Roa; por otro el plenario
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de donde salieron poco menos que escaldados Marco
Rubio, Mike Pompeo, John Bolton y Elliot Abrams, los jinetes del apocalipsis del conservadurismo
estadounidense, que encabeza el tándem Donald Trump-Mike Pence.

Sin pérdida de tiempo la Casa Blanca anunció ya los nuevos pasos en la estrategia golpista.
Profundización de la guerra económica con el congelamiento de activos y fondos de Pdvsa, por siete mil
millones de dólares y otros once mil millones que se generarán a partir de estos nuevos ataques -según el
consejero de seguridad John Bolton-. A lo que hay que adicionar 1.2 mil millones de oro venezolano
retenidos por Gran Bretaña, y otros golpes a la economía venezolana que suman más de 23 mil millones
de dólares, según denunció ante las Naciones Unidas el canciller bolivariano Jorge Arreaza.
Un recrudecimiento de las acciones violentas combinadas con movilizaciones para la semana en curso, y
que culminarán con una marcha el próximo sábado. Guarimbas que ya comenzaron a cobrar víctimas, no
bien se autoproclamara en una plaza “presidente encargado” Juan Guaidó Márquez, cayera como rayo el
reconocimiento de la administración Trump y la previsible seguidilla de los sátrapas alineados tras Estados
Unidos: Mauricio Macri, Iván Duque, Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Lenín Moreno…y otros fascistas
declarados o liberales sin principios, los “perritos simpáticos que están durmiendo en la alfombrita”. Varios
focos de violencia en barriadas populares de Caracas, en Barinas, Táchira, Portuguesa, han dejado
muertos, pobres en su gran mayoría, chavistas, no han tenido espacio en la prensa internacional. El golpe
de Estado en marcha ya deja su estela de violencia.
Simultáneamente llegará el reconocimiento formal de Juan Guaidó por parte de la Unión Europea.
Ofensiva cuyos mascarones son Emmanuel Macrón, el presidente francés jaqueado por las movilizaciones
populares; y el socialdemócrata jefe de gobierno español Pedro Sánchez, en un remedo de los pasos
ejecutados por su alter ego José María Aznar, quien se apresuró a reconocer al golpista Pedro Carmona
Estanga en abril de 2002 en su intentona de derrocar a Hugo Chávez que sobrevivió 47 horas. Finalmente,
el 4 de febrero se reunirán los perros de paja del Grupo de Lima (o “Cartel de Lima”, como lo identifican los
venezolanos), con la pretensión de aumentar la coerción hemisférica sobre la Revolución Bolivariana.
Siempre a mano de la escuálida representación política de la burguesía venezolana, queda el accionar de
los paramilitares entrenados en Colombia para ingresar a territorio venezolano, actuar como fuerza de
choque en operaciones sangrientas y disfrazar, como ya lo han hecho durante las guarimbas de 2013,
2014 y 2017, bajo la máscara de una insurrección popular contra Maduro, la invasión a Venezuela.

Los que creíamos haber visto todo en materia de intervención imperialista en nuestro hemisferio; los que
vimos el golpe de estado contra Salvador Allende organizado y financiado por Nixon y Kissinger; los que
planificaron y ejecutaron el Plan Cóndor asesinando miles de luchadores políticos y sociales

latinoamericanos; los que sostuvieron las dictaduras de la ‘seguridad nacional’ en las décadas del 70 y 80
del siglo pasado; los que financiaron la contra nicaragüense con dineros del narcotráfico; los que
invadieron Granada y asaltaron Panamá; los que destituyeron y secuestraron impunemente a los
presidentes Aristide en Haití y Zelaya en Honduras; los que propiciaron la destitución de Dilma Rousseff y
la prisión de Lula da Silva para permitir que un fascista llegara al gobierno de Brasil, los que apoyan
incondicionalmente el genocidio en Colombia, los que protegen a la caterva de corruptos mandatarios que
gobiernan en la mayor parte de los países del Grupo de Lima; ahora intentan una nueva modalidad:
sustituyendo el derecho por la fuerza, nombran el presidente desde Washington y utilización de la
embajada de Estados Unidos como “palacio de gobierno” de los usurpadores del poder.
Ahora la Casa Blanca les dice a los pueblos latinoamericanos: ustedes voten a quien quieran, que
después vengo yo y si no me gusta, designo un presidente títere, y si se resisten los invado. Ha esto ha
quedado reducida la putrefacta “democracia burguesa”.
No habrá tregua: la crisis capitalista sólo puede agravarse y lo mismo vale para la degradación de las
formas republicanas de gobierno. El único recurso del gran capital es la violencia a gran escala y ésta es
inseparable de la transformación de los actuales regímenes democrático-burgueses en formas
neofascistas para mantener el control social. Lo cual confirma otra afirmación de antigua data: así como el
socialismo es imposible sin democracia, el capitalismo inexorablemente tiende a aniquilar los derechos
democráticos y las garantías individuales de la población.

La ignominiosa intervención del presidente Mauricio Macri, no tiene paralelo en la historia argentina. Deja
con el aura de “patriótico” hasta al régimen oligárquico encabezado por Julio A. Roca, que el 29 de
diciembre de 1902, ejerciendo su segunda presidencia y con Luis María Drago como ministro de
Relaciones Exteriores, notificó al gobierno estadounidense de Theodore Roosevelt, su rechazo a la
invasión conjunta de Venezuela por parte del Reino Unido, Alemania e Italia para cobrar militarmente las
deudas que mantenía con ellos el país suramericano, en lo que se conoció como la “Doctrina Drago”.
¿No es el momento de actuar de manera aleccionadora frente a los jóvenes, los trabajadores, los pobres,
con el objetivo de desenmascarar la hipocresía del capital, el engaño permanente de los políticos
burgueses y las cúpulas sindicales, la manipulación electoralista de los partidos del sistema? ¿Hay otro
camino que no sea el de la educación, concientización y organización de las mayorías a través de la
acción?

Ante la escalada del gobierno de Macri contra la Revolución Bolivariana, la sociedad argentina está
desmovilizada como nunca antes, confundida, desorganizada. Todos los partidos del capital -incluso las
facciones peronistas que se proclaman nacionalistas y progresistas-, el conjunto de las cúpulas sindicales,
las iglesias -con Bergoglio a la cabeza- y demás instituciones, apoyan abiertamente o callan con cinismo
frente a la agresión que es objeto Venezuela, su pueblo y su gobierno. Dejando expuesta la inexorable
decadencia del sistema político argentino.
Algo análogo ocurre con las corrientes que se declaran revolucionarias, dominadas también por el
electoralismo y la búsqueda excluyente de bancas legislativas, sacan declaraciones de lenguaje encendido
que rápidamente se sofocan refrendando las peores argumentaciones del imperialismo al margen de la
lucha diaria del pueblo bolivariano. No sólo representa una defección política, que afirma su giro hacia una
reedición histórica del reformismo que a comienzos del siglo XX devoró a los partidos Socialista y
Comunista; sino que están procediendo a un suicidio ético, contribuyendo objetivamente al más dramático
aislamiento de la Revolución Bolivariana.

Urge a la Casa Blanca que su ofensiva contra la Revolución Bolivariana tenga éxito. Washington necesita,
acosado por su propia crisis, esgrimir la supuesta inviabilidad de cualquier gobierno que se aparte de su
tutela. Va en ello el curso estratégico de la región por todo un período.

Hoy Venezuela nos interpela. Es inseparable su destino de la suerte de las masas del hemisferio, su
resistencia y la perspectiva socialista para América Latina. Evadir el tema no puede seguir siendo una
opción. Aún somos capaces de explicar la intención imperialista, denunciar el papel del gobierno de Macri
y sostener que su política exterior es la misma que aplica fronteras adentro. Tratar de impedir que
Argentina quede a remolque de la maquinaria guerrerista de Estados Unidos… en el convencimiento que
defender a Venezuela es defendernos a nosotros mismos.

Como acaba de declarar el poeta chileno Raúl Zurita: “Volver a la verdad de las viejas rotundas palabras y
gritemos por Venezuela y por todos los trabajadores y trabajadoras de la tierra, que somos anti-
imperialistas, que creemos en la democracia con apellidos, aquella democracia que se construye a partir
de la voz de las mujeres, de las pobladoras, de todos los pobres y marginados, de los desposeídos, de los
trabajadores y de las trabajadoras, de los cesantes, de los jubilados con sus pensiones míseras, de los
enfermos, para arrasar con las lacras de la explotación, y levantar como lo vio el joven Rimbaud, la voz
infinita y libre de la humanidad entera, esa humanidad se juega hoy, y se juega en todos los rincones de la
tierra. Venezuela es hoy en nombre de todos los rincones de la tierra.”