Políticas de niñez y adolescencia. Esquizofrenia del Estado y administración de la muerte.

Damian Lambusta

Muchas veces quienes trabajamos con niños, niñas y adolescentes hemos encontrado en esta revista un espacio para contar desde nuestros lugares de trabajo que es lo que está pasando en la Provincia o la Ciudad de Buenos Aires con respecto a la implementació n de las nuevas leyes de Promoción y Protección de los derechos del Niño que dieron por finalizada, por lo menos desde lo formal, la etapa del Patronato. Esta vez nos atraviesa de lleno un debate a nivel nacional que tiene que ver con la media sanción, en la total clandestinidad y por unanimidad del Senado de la Nación, de una nueva ley penal juvenil, que reemplazaría al Decreto Ley 22.278, sancionado durante la dictadura militar en el año 1980 y que estableció el Régimen Penal de Minoridad aún vigente.


Si el pegamento no le pudre los pulmones,

si escapa de los matones,

si sobrevive al látigo, quizás, llegue hasta viejo

entre cárceles y fierros…”

Niño Silvestre - J.M. Serrat

Muchas veces quienes trabajamos con niños, niñas y adolescentes hemos encontrado en esta revista un espacio para contar desde nuestros lugares de trabajo que es lo que está pasando en la Provincia o la Ciudad de Buenos Aires con respecto a la implementació n de las nuevas leyes de Promoción y Protección de los derechos del Niño que dieron por finalizada, por lo menos desde lo formal, la etapa del Patronato. Esta vez nos atraviesa de lleno un debate a nivel nacional que tiene que ver con la media sanción, en la total clandestinidad y por unanimidad del Senado de la Nación, de una nueva ley penal juvenil, que reemplazaría al Decreto Ley 22.278, sancionado durante la dictadura militar en el año 1980 y que estableció el Régimen Penal de Minoridad aún vigente.

Hasta aquí podríamos estar de acuerdo en tener que discutir, así como se discute en todo el país el proyecto de ley de medios audiovisuales, una nueva ley penal juvenil a nivel Federal porque en el caso de algunas provincias, entre ellas Buenos Aires, ya contamos con un Sistema de Responsabilidad Penal Juvenil con mayores garantías para nuestros pibes. Pero no tan de acuerdo cuando el proyecto de ley incluye la famosa y aclamada “baja en la edad de imputabilidad” que pasaría de los 16 a los 14 años de edad. Sin entrar demasiado en detalles, sobre este debate se está escribiendo mucho por estos días, cabría preguntarse ¿porque se plantea la modificación del Régimen Penal de Minoridad vigente, si éste debería ser inconstitucional a partir de la incorporación en nuestra Constitución de la Convención Internacional de los Derechos del Niño y la sanción de la Ley Nacional de Promoción y Protección de los derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (Ley 26.061)? Es decir, ¿para que más leyes si bastaría cumplir con las que ya tenemos? La respuesta es, la sanción de una medida que atendería al reclamo de los sectores mas reaccionarios que se aglutinan detrás del “entran por una puerta y salen por la otra”. Este debate se retoma a partir del asesinato del Ingeniero a manos de un “menor”, incluido el espectáculo propio de los medios (miedos) de comunicación. Lo que quizás no saben estos sectores es que ese pibe hoy está preso junto con muchos otros pibes mas y que no necesitan una ley cuando en los hechos ya los están encerrando. Tampoco saben que la cantidad de adolescentes de 14 a 15 años que cometen delitos graves es ínfima y entonces el debate planteado es falso si suponemos que con estas leyes se está “combatiendo la inseguridad”, más aún si agregamos que el debate es sobre una ley para delitos federales cuando la mayoría de los delitos de éstos jóvenes se canalizan por los sistemas de responsabilidad penal juvenil provinciales.

La generación que nació en los ´90. Un Estado que reconocía sus derechos pero se desentendía de sus vidas.

El verdadero debate debe darse en torno a la cuestión sobre la plena implementació n de las leyes de Promoción y Protección de los derechos del niño. Es decir, destinar verdaderamente los recursos necesarios para garantizarle a nuestros pibes el pleno ejercicio de sus derechos: a la vivienda, a la salud, a la educación, la alimentación, la identidad, la recreación y todos aquellos que cualquier niño o niña necesitan para crecer y desarrollarse. Entonces, cómo es posible que sigamos discutiendo la posibilidad de fortalecer el carácter Penal del Estado cuando aún no hemos podido establecer un piso mínimo de derechos que permitan mejorar las condiciones de nuestros pibes y sus familias. El acento debería estar puesto en destinar esos recursos a la etapa previa, a la etapa en la que el niño aún no cometió el delito, y no para llegar después que lo cometió, para castigarlo más de lo que lo ha sido castigado mientras se le negó el acceso a una mejor calidad de vida.

Pero obvio que esto no es azaroso, no debemos olvidar que asistimos a un cambio en el carácter del Estado que hace posible este tipo de esquizofrenia, que hace posible que se adhiera por un lado a la Convención Internacional por los Derechos del Niño y por otro se apliquen castigos cada vez más duros (y no me refiero sólo a la baja en la edad de imputabilidad) . Es decir, asistimos a lo que algunos autores llaman el paso del Estado de Bienestar, encargado de incluir, reclutar y gestionar vida, al Estado de Malestar encargado de excluir y administrar la muerte. La recomposición del Estado social en Estado penal[1].

Paradójicamente en nuestro país la Convención se incorpora en los años ´90 con la reforma constitucional del Menemismo, a la par que el mismo implementaba su nefasto recetario de políticas neoliberales. Algunos sostenían que dicha incorporación fue un guiño del ex-presidente Menem a los organismos de Derechos Humanos Internacionales después de que su imagen se viera deteriorara ante éstos con los indultos a los militares.

Por último, debemos entender que el debate sobre el qué hacer con los chicos y chicas de 14 y 15 años de edad, es el debate sobre qué hacer con esa generación que nació y creció en pleno desarrollo del Neoliberalismo, que creció con un Estado que por un lado les decía que garantizaría sus derechos cuando por otro implementaba políticas que se encargaban de liberar al capital de la vida o por lo menos de la vida en masa.

¡Ningún pibe nace chorro!, ¡La Plaza es de los pibes!

Una iniciativa multisectorial y un día del niño diferente.

Hace un tiempo desde el Frente Popular Darío Santillán venimos caminando en la consolidación de un espacio de Niñez y Adolescencia en la regional La Plata- Berisso- Ensenada, el espacio cuenta con la participación de docentes, trabajadores. as de niñez y los talleres infantiles de los diferentes barrios. Desde allí salió la propuesta de trabajar un material con ejes en común y así poder abordar el tratamiento de los derechos del niño en cada uno de nuestros espacios. La propuesta se hizo extensiva a otros docentes y equipos de la rama de Psicología, al Movimiento de estudiantes secundarios (MES) como así también a la Asamblea por los derechos de los niños, niñas y adolescentes de la cual empezamos a participar junto con otras organizaciones de la ciudad.

Es así como se propuso, como forma de un festejo distinto del día del niño y como recuperación del espacio público, una jornada cultural para el día viernes 28 de Agosto en la Plaza San Martín frente a la casa de gobierno y la legislatura bonaerense. La idea es realizar talleres de expresión desde dónde poder interpelar al desentendido gobierno municipal, provincial y al resto de la sociedad y así como recuperar el espacio que ocupaban allí nuestros “pibes de la calle” antes de que fueran violentamente reprimidos por una patota para-policial el 25 de Julio del año pasado. Es decir, recuperar el derecho a ejercer sus derechos como niños y niñas, para que el resto de la sociedad vuelva a verlos no como eso que los medios construyen sino como eso que son… niños, niñas y adolescentes.

[1] Para seguir profundizando sobre éste y otros temas relacionados, se recomienda la lectura del libro “Vida Lumpen. Bestiario de la multitud” de Esteban Rodríguez. Editorial de la Universidad de La Plata.