Argentina

Consecuencias

Julia Strada
10.May.19 :: Argentina

En el último año se perdieron 252 mil puestos de trabajo registrados, también con el dato de febrero 2019 comparado con febrero 2018, siendo 159 mil asalariados del sector privado, principal explicación de la caída.


CONSECUENCIAS
Se cumple un año de crisis cambiaria, intermitente pero sostenida
POR JULIA STRADA
El Cohete a la luna

“En particular, aplaudí el énfasis puesto por el
equipo económico del presidente Macri
en apoyar a los más vulnerables de la sociedad”
Christine Lagarde, 12 junio 2018

Se cumple un año de crisis cambiaria, intermitente pero sostenida, donde la suba del dólar ha sido y es foco de atracción de los análisis macro y financieros, en el marco del constante empeoramiento del frente externo, o usando el tecnicismo: crisis de balanza de pagos. Esta situación fue postergada a partir del acuerdo con el FMI y ahora parece haber vuelto para quedarse. Las consecuencias sociales y laborales son su contracara: si miramos la película desde la etapa abierta luego de la salida del régimen de Convertibilidad a inicios de 2002, la clase trabajadora argentina está experimentando en este 2019 uno de sus peores momentos de retroceso de la historia reciente. Para arrancar, les presento una enumeración de los últimos datos disponibles:

Febrero de 2019 fue el décimo mes consecutivo de caída de la actividad económica, del 4,8%. La fuente es el Estimador Mensual de la Actividad Económica, EMAE, del INDEC.
En el último año se perdieron 252 mil puestos de trabajo registrados, también con el dato de febrero 2019 comparado con febrero 2018, siendo 159 mil asalariados del sector privado, principal explicación de la caída. Sólo en febrero de este año se perdieron 32 mil empleos registrados. Cuando se observa la evolución desde noviembre 2015 hasta febrero 2019, la suma general da un aumento del empleo registrado de 50 mil trabajadores/as, explicada por el crecimiento de la cantidad de monotributistas en 117 mil, lo que compensó la caída en otros rubros (en efecto, se perdieron 118 mil empleos del sector privado). La fuente es el SIPA – AFIP, que utiliza las propias declaraciones de empleadores sobre la cantidad de trabajadores que mantienen en actividad y por los cuales deben hacer aportes correspondientes (y a ello se agregan las bases de AFIP sobre monotributistas activos).
Con un dato más reciente, que incluye todo el primer trimestre 2019, desde el CEPA contabilizamos los despidos y suspensiones (dato bruto), que arrojan un promedio de 6.627 casos por mes, cuando en 2018 el promedio mensual fue de 5.800 casos. En total, en el primer trimestre de este año hubo despidos y suspensiones –denunciados por los trabajadores, y sus comisiones internas- que ascendieron a 19.882 casos, siendo solo 15.236 de la industria, con gran protagonismo de las suspensiones en el sector automotor.
Los salarios promedio, cuyo último dato disponible también es a febrero 2019, aumentaron 35,4% según el índice de Salarios del INDEC, y la inflación para el mismo periodo se ubicó en el 51,4% interanual. Por ende, la caída es de 11% interanual, dato que tal vez se amplía si el Índice de Salarios de marzo no logra ganarle a la inflación interanual del mismo mes (que ya la conocemos: 54,7%). No deja de ser chocante constatar que el salario de un/a trabajador/a registrado/a se ubica en 24 mil pesos (neto), siendo que en la actualidad esa situación es casi de privilegio -con convenio, con paritaria, con aportes, con obra social-.
El empleo no registrado sigue en alza, con un promedio nacional de 34,2% al tercer trimestre 2018, y golpea más a las mujeres, alcanzando el 37%, y a las pibas y pibes menores de 24 años, con un nivel de informalidad del 60%, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC.
Los núcleos duros de informalidad siguen siendo las ramas económicas donde no casualmente la cúpula de la dirigencia sindical mira para un costado: construcción 66,8%, comercio 38,7% y hotelería y restaurantes 48,2%. Pero además, no podemos dejar de observar que el servicio doméstico sigue en un escandaloso 75,9% de no registro, tratándose de una rama económica en la que, prácticamente en su totalidad, trabajan mujeres. Esto no es menor, porque incide en los ingresos. De hecho, si la brecha salarial entre varones y mujeres se ubica en un promedio de 25%, cuando regula el mercado sin convenio colectivo de trabajo, aumenta al 35%.
Como tendencia sostenida desde el inicio de la gestión económica de Cambiemos, la industria es el sector más afectado y por ende los puestos industriales son los de mayor caída. La industria está operando al 58,5% de su capacidad (INDEC, febrero 19), 8,5% fue la caída de la actividad industrial también en febrero (IPI-INDEC) y en el último año se perdieron 69.500 puestos de trabajo en este sector (SIPA-AFIP).
Por último, la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT, basada en datos de AFIP) informa que entre enero 18 y enero 19 desaparecieron 15.762 unidades productivas de hasta 500 empleados, dato complementario con el aumento de los concursos y quiebras que CEPA midió para CABA y Provincia de Buenos Aires (distritos que concentran el 55% de las empresas del país), que se acumularon a razón de 1.000 por año en 2016, 2017 y 2018. Los concursos y quiebras son el reflejo de una desaparición traumática (judicializada) de las empresas, que lejos están de realizar la natural “reconversión” hacia otras actividades como se propone desde el gobierno.
El economista Adolfo Canitrot al analizar la política económica de la dictadura decía algo que hasta hoy parece mantener validez: para combatir la organización de base de la clase trabajadora, había que hacer una operación radical. Cambiar la matriz productiva, eliminando a la industria manufacturera como motor de la economía. La primarización económica fue una característica también del menemismo, y ahora del macrismo. En esta etapa, si hay algo que se mantuvo invariable en los últimos años fue el retroceso de la industria, y asociado a ello, del empleo industrial. En efecto, y con algunas intermitencias según la estacionalidad, se observan aumentos para las actividades asociadas a los servicios, el agro y el empleo estatal, pero nunca para la industria. Este análisis de trazo grueso a veces tiene dificultades para encontrar su correlato con dirigencias como la Antonio Caló en la UOM, principal gremio industrial del país que renegó de la adhesión al último paro general, pero sin dudas encuentra en las seccionales metalúrgicas y siderúrgicas, y en sus comisiones internas, un hervidero de delegados que no dudan en tildar a Macri como un enemigo de clase. Lo que nunca cambió como hipótesis de trabajo del neoliberalismo es que atacar al empleo industrial constituye un factor disciplinador hacia el resto y es la estrategia básica para bajar los salarios promedio –en dólares- del conjunto de la economía. Todo ello, combinado con inocultables estrategias de condicionamiento judicial hacia las cúpulas sindicales.

Salario mínimo en dólares, 2001-2019

Respecto del empleo público, no deja de ser paradójico que desde noviembre de 2015 haya crecido en 27 mil la cantidad de trabajadores estatales, cuando la principal crítica dirigida hacia el gobierno anterior de parte de quienes son hoy oficialismo ha sido la escasa creación de empleo privado (en los repetidos “últimos 5 años que iban de 2011 a 2015 inclusive) y el aumento desmedido del aparato del estado. Y ya que nos metemos en este debate, van los números para hacer ayuda memoria: entre noviembre 2010 y el mismo mes de 2015 se crearon, según SIPA AFIP, 441.240 empleos registrados por parte del sector privado.

A pesar de este panorama que da cuenta de una emergencia laboral, vuelven a escucharse voces que corren por derecha al gobierno, hablando de la necesidad de votar la reforma laboral y una nueva reforma previsional. Melconian esta semana señaló que el tipo de cambio no terminaba de resolver el problema del costo laboral. Esto es más que contrastante con los datos comparativos al año 2001, ejercicio que ya no es una exageración. Tanto en materia de poder adquisitivo de una canasta de alimentos, como en dólares, las jubilaciones y el salario mínimo de referencia están a un nivel comparable al de 18 años atrás.

En el primer caso, armando una canasta compuesta por leche, frutas, verduras, harina, huevos, pollo, carne de vaca, arroz, fideos y aceite[1], una jubilación mínima en 2001 de 150 pesos/dólares podía comprar 5,6 canastas, en 2015 cubría 12 canastas y en abril 2019 6,9 canastas. En el caso del salario mínimo, de referencia, en 2001 con 200 pesos/dólares se podían adquirir 7,5 canastas, en 2015 con 5.588 pesos de SMVM se compraban 15,6 canastas y en abril 2019 con 12.500 pesos, 8,3 canastas. La curva es notable. Incluso cabe agregar el dato de los ingresos de las “ayudas sociales” (Plan Trabajar en 2001, Argentina Trabaja y Ellas Hacen en 2015 y Haciendo Futuro en 2018 y 2019): en 2001 compraban 5,2 canastas, en 2015 llegaban a 7,2 y en abril 2019 alcanzaban a solo 3,9 canastas. Los planes sociales compran menos comida que en el 2001. Las jubilaciones y el salario mínimo pegan en el palo.

Jubilación mínima en dólares, 2001-2019

En el segundo caso, midiendo los ingresos por jubilación y salario mínimo en dólares del año 2019[2] obtenemos que hoy la jubilación alcanza 231 dólares y en 2001 era de 230 dólares y, por otro lado, hoy el salario mínimo alcanza los 277 dólares y en 2001 era de 307 dólares.

Si miramos la serie completa de los ingresos en dólares, vemos que el pico de la jubilación mínima medida en dólares se ubicó en el año 2015, ascendiendo a 441,4 dólares, la caída de 2016 la llevó a 357 dólares, y luego de una recuperación en 2017 (399, 4 dólares) cayó fuertemente en 2018 a 302 dólares. El promedio que arroja el primer cuatrimestre 2019 alcanza los 243 dólares. Resultado similar obtenemos con el Salario Mínimo en dólares: el pico tiene lugar en 2013, con un valor de 592 dólares Y a mayo 2019 el valor cayó a 277,8 dólares.

El panorama socio-laboral sólo confirma el retroceso que se experimenta desde 2016 y que se agudizó de manera vertiginosa en 2018 y los primeros meses de 2019. Este retroceso fue y es sin ninguna duda el objetivo buscado por una alianza de fracciones de clase (sector financiero, energético, agro) que, accediendo democráticamente al poder político en 2015 y con un fuerte lazo de unidad caracterizado por una ofensiva hacia los trabajadores, buscó dar vuelta la taba en materia de distribución del ingreso. Pero la forma –o la metodología- como terminaron concretando la destrucción del poder adquisitivo de los trabajadores/as no fue buscada ni planificada, al punto tal que se está llevando puesta su propia legitimidad y competitividad de validación electoral. Si bien el programa financiero de 2018 necesitaba un tipo de cambio en $37 para cerrar, no estaba en los planes una corrida hacia los $40. Tampoco los movimientos de febrero, marzo y abril de 2019 con el tipo de cambio a llegando $46 son parte de un plan. La insustentabilidad del modelo de dependencia financiera delegó en “los mercados” la fijación del valor de la moneda, con evidente pérdida de autoridad en la política económica y en la figura presidencial, y estas turbulencias cambiarias aceleraron los impactos negativos hacia los trabajadores, al mismo tiempo que paralizaron las fuerzas productivas en una brutal recesión, poniendo en riesgo las chances de continuidad de la actual coalición de gobierno. De hecho, antes de las primarias, en agosto 2019, saldrá el dato de inflación que se corresponderá con el acumulado interanual a julio. Si seguimos las proyecciones del BCRA a partir del Relevamiento de Expectativas de Mercado, ese guarismo acumulará el 55,7% interanual al 15 de agosto. No sólo para los trabajadores la inflación no cede, sino que para la mirada de “los mercados” es claro que un gobierno que quiere reelegirse seguramente muestre como último dato, antes de ir a las PASO, una inflación que está más cerca del 60% que del digito anunciado.

Los/as trabajadores/es están así no sólo por el modelo económico que los planteaba como perdedores en su versión original, sino además por el desmanejo de las variables en una versión desvirtuada y mal administrada de la vuelta al mundo de la dependencia financiera.

[1] Los productos medidos son: leche fresca entera sachet, zanahoria, lechuga, papa, naranja, manzana deliciosa, banana, pan francés tipo flauta, harina, harina de maíz (paquete 450 g), huevos (docena), pollo, carne picada, nalga, asado, fideos guisero (paquete 450 gr), azúcar, arroz blanco, aceite mezcla (1,5l). Los precios se tomaron en base a relevamientos de CEPA desde 2015 hasta la actualidad. La información de la canasta en 2001 corresponde a datos oficiales de la Provincia de Santa Fe según relevamiento: https://es.scribd.com/document/55429411/Evolucion-Precios-Mayooristas-y-Minoristas-2001-2010. Para el cálculo del poder adquisitivo de las canastas de tomó la relación entre ingresos corrientes y precios en pesos corrientes en cada momento de análisis.
[2] El dólar utilizado es al valor de 04/04/2019 del Banco Nación, $44. La medición en dólares contempla la inflación de Estados Unidos durante el periodo, que se ubica en torno al 50% acumulado.