El Salvador

El Salvador: Funes y el Mozote

Dagoberto Gutiérrez
25.Ene.12 :: El Salvador

La ausencia de verdad imposibilita la justicia, cierra el camino al perdón, y finalmente impide la reconciliación de la sociedad. Así, el fin de la guerra popular de 20 años no aseguró a la sociedad salvadoreña la paz, de la que tanto se ha hablado en estos días. Es más, toda la vida social contiene la tensión y la confrontación de una situación de guerra.


El Salvador: Funes y el Mozote

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La Fuerza Armada no se ha movido ni un milímetro de las posiciones ideológicas, políticas, culturales y oligárquicas que la han caracterizado desde siempre

La ausencia de verdad imposibilita la justicia, cierra el camino al perdón, y finalmente impide la reconciliación de la sociedad. Así, el fin de la guerra popular de 20 años no aseguró a la sociedad salvadoreña la paz, de la que tanto se ha hablado en estos días. Es más, toda la vida social contiene la tensión y la confrontación de una situación de guerra.

El Presidente Funes escogió El Mozote como escenario principal de las actividades principales y pronunció en el lugar el más valiente e importante discurso político de su gestión. Independientemente de la base de esta decisión y de los propósitos buscados, resulta que tal discurso tocó aspectos centrales y determinantes del proceso político del país. Veámoslo ordenadamente:

Al escoger El Mozote se designa un lugar mártir, en donde se cometió el mayor asesinato en masa de la guerra. Con ningún valor militar, se aplicó sin embargo la política de quitarle el agua al pez, matando a los habitantes. Como ocurre con la historia, el asesinato es sepultado y desconocido por la población, y el Presidente Funes saca a luz los acontecimientos, y se publica la lista completa de los masacrados –casi mil personas-. Se anuncia una política de reparación a las víctimas y un listado de medidas. En el discurso, se aborda el aspecto central en lo que tiene que ver con la Fuerza Armada, y este es el tema de los héroes de la institución.

Este es un punto determinante para cada persona, porque los héroes resultan ser nombres que concentran los valores, la filosofía, la visión del mundo, que cada persona tiene. Y por eso resulta que los héroes de una persona determinan quien es esa persona y cuál es su naturaleza. Cada persona puede tener los héroes que libremente escoja, pero tratándose de un país y de un Estado, la situación es diferente, porque en el caso de El Salvador estamos ante un país sin nación y consiguientemente sin nacionalismo. Esto quiere decir que somos una sociedad sin proyecto histórico y político en el que se concentren las aspiraciones de sus habitantes. Siendo esto lo que caracteriza a una nación, carecemos como país de héroes que se expresen y se identifiquen. Para el caso, los 3 salvadoreños universales: Monseñor Romero, Farabundo Martí y Roque Dalton, solamente lo son para una parte de la población, en tanto que para el resto resultan ser enemigos mortales.

En lo referente a la Fuerza Armada, el punto se torna más interesante porque hasta ahora esta institución ha sido presentada como una nueva Fuerza Armada, como un ente renovado y plenamente identificada con los acuerdos de paz, pero las cosas no resultan ser tan diáfanas, porque en su discurso, el Presidente Funes señala al Coronel Monterrosa, apoyándose en el informe de la Comisión de la Verdad, como uno de los autores de la matanza de El Mozote, y a continuación ordena a la Fuerza Armada revisar la historia militar y los planes de estudio de la institución militar, estableciendo que no pueden exaltarse figuras comprometidas en hechos criminales.

En este punto, el Presidente aborda el tema de los héroes, y aun cuando elogia el papel del ejército, en realidad pone en tela de juicio la naturaleza de la actual Fuerza Armada. El asunto resulta ser suficientemente claro porque si tus héroes dicen quien sos vos, los héroes de un ejército también denuncian que clase de ejército es. Y si el Coronel Monterrosa es héroe de la Fuerza Armada, ésta no podría ser la institución renovada y transformada, como se conoce hasta ahora. Esta coyuntura resulta ser el mayor desafío para la institución porque acaso la Fuerza Armada, siendo institución estatal, puede darse héroes señalados en hechos como los de El Mozote? Independientemente de lo que la sociedad piense?

Este es el punto político clave de la coyuntura porque figuras como Manuel José Arce, Francisco Morazán, Gerardo Barrios o el Capitán Reinaldo Cortez, que son héroes de la institución, pueden ser y son figuras descollantes de la sociedad y hasta con dimensiones de héroes, pero la lista ahí termina, y de nuevo estamos con el consabido problema de la Fuerza Armada como un poder dentro de otro poder, o de un Estado dentro de otro Estado, pues esta sería la situación si los héroes de una parte del aparato del Estado se establecen a contrapelo de la opinión social, y si esto es así, entonces es inevitable concluir que la Fuerza Armada no se ha movido ni un milímetro de las posiciones ideológicas, políticas, culturales y oligárquicas que la han caracterizado desde siempre.

El discurso del Presidente mostró la credibilidad altamente erosionada del mandatario porque pese a la importancia de los temas abordados se le restó seriedad, se ridiculizó, y se acudió hasta al humor de toda la derecha del país, lo cual sería hasta natural, pero también estalló la incredulidad de otros segmentos de la población. Este es un dato político que pone de relieve que para el Presidente y su gobierno, lo fundamental resulta ser el fiel y riguroso cumplimiento de todos los aspectos y componentes de su discurso, porque la justicia histórica presentada y anunciada exige ese rigor. De no ser así, el acto de El Mozote será como una hoja envejecida, movida y enterrada por el viento, por los soles del verano y las lluvias del invierno. De todas maneras, la justicia vendrá, pero conviene que sea más temprano y no más tarde.

La Haine