Venezuela

Entre mercados “intervenidos” y el furor de las cocadas “chic”

Jessica Dos Santos Jardim
10.Jun.19 :: Venezuela

A la par, tanto en el Mercado de Coche, como en algunos puestos de bachaqueo (por ejemplo: Avenida Fuerzas Armadas-La Panteón), la nueva moda es intercambiar los productos del CLAP.


Entre mercados “intervenidos” y el furor de las cocadas “chic”

Por: Jessica Dos Santos Jardim

Desde que yo tengo uso de razón, mi madre ha sido la mujer de las soluciones. Por eso, en mi casa de la infancia, era ella quien resolvía todo: el tanque de la poceta que se rompió, la filtración, el bombillo quemado.

De esta forma, mi vieja, sin saber ni querer, crió a una mujer lo suficientemente independiente para no elegir a un hombre “para que le resuelva la vida”. Pero, además, me fijo una suerte de obsesión: a mí me gusta la gente que no se detiene en “peros”, la que resuelve sea como sea (desde lo honesto, claro está).

Por eso, cuando todo este descalabro económico comenzó, yo tenía cierta habilidad para nadar o al menos sostenerme a flote en medio de la marejada.

Entre una cosa y otra, recuerdo que fui de las pocas (creo que pocas) personas negadas a realizar grandes colas para adquirir productos.

Entonces: yo nunca madrugué para apostarme a las afueras del Farmatodo ubicado a pasos de mi casa, tampoco me escapé de la oficina para hacer cola en el Gama Express según mi último número de cedula, ni me maté en ningún Locatel.

¿Las razones? Primero, hacerlo era arriesgarme a morir de una arrechera. Segundo, en mi universo personal, aquellos productos podían ser suplantados por otros (si no había harina de maíz yo sencillamente sancochaba plátanos, hacia tortilla, comía frutas, recurría a la avena). Y finalmente, para mí el tiempo siempre ha sido un bien demasiado valioso, y casi nunca estoy dispuesta a dejármelo robar (aunque últimamente lo he tenido que vender al más bajo costo).

Sin embargo, hoy el escenario, al menos en Caracas, ha sufrido grandes modificaciones. Primero, ya no hay colas, los precios son tan elevados (incluyendo el de la mentada harina) que los anaqueles se mantienen llenos y sin mayor demanda. Segundo, todo aquello que podía resultar “alternativo” ha dejado de serlo.

Hoy todo se escapa del presupuesto: desde el medio cartón de huevos hasta la bolsa de plátanos del camión de la esquina. Algunas semanas ni las frutas de temporada, ni la popular yuca, o la generosa auyama, se encuentran accesibles.

En estos días, mientras todos debatían la necesidad de un boicot contra los altos precios de la Harina PAN, que son los mismos de la Harina Doña Goya (empresa que recibió US$5 millones de financiamiento por parte del Estado y cuyo dueño ha sido entrevistado una y otra vez en VTV), yo intenté comprar maíz pilao: 8.500 el kilo. Vaya, no había casi diferencia (desde el punto de vista económico).

En medio de este panorama, tuve que ampliar mi capacidad “resolutiva”. Por eso, empecé a idear nuevas fórmulas que me permitieran subsistir. En el transitar, un par de cosas capturaron, irremediablemente, mi atención:

En el Mercado de Coche, como en todos lados, los precios son altísimos, pero los sábados a mediodía se rematan las cosas. Y, claro, puedes conseguir algunas más “baratas” pero… ¡en efectivo! Aunque allí, como en el resto del país, ya no aceptan los billetes de 2, 5, ni 10 Bolívares, es decir, la utilidad de la reconversión monetaria no duro ni un año.

Pero, además, Coche forma parte de los 8 mercados municipales y mayoristas intervenidos por el Gobierno en junio del 2018.

“Con esta medida tomaremos los correctivos necesarios ante el remarcaje de precios, acaparamiento y bachaqueo. Esto forma parte de la primera etapa de la Operación de Abordaje a Mercados que contempla revisar un total de 97 mercados a nivel nacional”, dijo El Aissami en aquella oportunidad.

¿Cuáles correctivos? Un año después, existen los mismos males aunados a las mafias tanto de efectivo como de puntos de venta alquilados, pero ahora bajo la mirada y hasta colaboración de algunos efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana.

A la par, tanto en el Mercado de Coche, como en algunos puestos de bachaqueo (por ejemplo: Avenida Fuerzas Armadas-La Panteón), la nueva moda es intercambiar los productos del CLAP.

Sin embargo, el trueque no suele ser muy equitativo que se diga: uno entrega dos productos y ellos te dan uno. En algunos casos, hay que dar tres para, por ejemplo, obtener medio cartón de huevos. La transacción, de ñapa, a veces se realiza en una suerte de “malandreo” bastante odioso.

Yo, en otras condiciones, no me animaría a un intercambio así. Pero, últimamente, mi caja trae seis kilos de granos o arroz, y un montón de productos ausentes (no se parece mucho a la que mostró el presidente Nicolás Maduro el pasado 28 de mayo. Por cierto, no deberían prometer café, si el 2 de diciembre del año 2016 dijeron que a partir de enero del 2017, las cajas traerían productos de higiene…. Y aquí estamos).

Asimismo, hay algunos personajes que rondan las calles caraqueñas con una “melodía” que ya se ha hecho icónica: “se cambia azúcaaaar”. La azúcar parece de paquete. No obstante, cuando la miras bien, son empaques reciclados pegados con tirro o silicón en la parte de atrás. Uno puede suponer que es azúcar de saco… qué tanto… pero ¿y si no es así?

Entre una cosa y otra, nuestros patrones de revisión, salubridad, etc, se han perdido y la economía anda allí: yéndose pal carajo, bailando entre el bachaqueo, los trueques desiguales, el auge de un sinfín de tiendas de productos importados, y un furor de locales de venta de cocada “chic”, que al ser tantos hasta suenan a lavado de dinero.

Cosas siguen pasando.