Aprendimos la Violencia contra la Mujeres textualmente
Marisol en su proceso terapeutico descubrió que “vivir
violencia es vivir enjaulada”. Antes lo dijo Lagarde, antropóloga:
“las mujeres estamos cautivas…”. Marisol, pobladora,
nunca leyó a Lagarde, pero lo comprendió porque es su
vivencia…
Este es un escrito recopilado gracias a mujeres consultantes en dos
instancias de primera acogida a mujeres. Se inició en 2004…
El alfabeto de Ben Sirah, libro judío anterior al Talmud (año
1100 al 600 antes de Cristo) relata que la primera mujer de Adán
no fue Eva sino Lilita o Lilth: "Dios creó a Lilita, la
primera mujer, como había creado a Adán". Estaba
hecha a imagen y semejanza de Elohim (palabra que procede de Eloha que
significa diosa). Lilith o Lilita fue hecha con arcilla igual que Adán
y no de una de sus costillas. Era hermosa y libre por lo que no quería
yacer con Adán estando debajo: "¡Fuimos creados iguales
y debemos hacerlo en posiciones iguales¡ ", le reclamó.
Adán no aceptó y ella lo abandonó retirándose
a una cueva del Mar Rojo. Adán entonces la acusó a Elohim,
quien envió a tres ángeles (Senos, Sansenoy y Semangolef)
para traérsela de vuelta a Adán. Estos ángeles
la encontraron y la amenazaron con que si no regresaba a Adán,
morirían cien de sus niñas demoníacas cada día,
pero ella prefirió ese castigo a vivir con Adán y dijo
que su venganza sería matar a los hijos de Adán.
En una versión del Toráh (texto ebreo sagrado) Lilith
no parece ser humana, sino una bestia del Edén, la más
parecida a Adán, que logra apabullarlo y demostrarle que ella
es inteligente y poderosa, lo que Adán no puede soportar. En
el libro Yalqut Reubeni (Libro antiguo babilónico) dice que “Adán
y Lilith nunca encontraron la paz juntos, pues cuando él quería
acostarse con ella, Lilith se negaba, considerando que la postura recostada
que él exigía era ofensiva para ella. ¿Por qué
he de recostarme debajo de ti? - preguntaba - Yo también fui
hecha de polvo y, por consiguiente, soy tu igual". Adán
permanece intransigente, entonces Lilith “invoca el nombre mágico
de Dios, quien le da alas y ella se aleja, volando, del lado de Adán”.
En la Biblia, el Génesis I y II, que son historias
separadas de la Creación, muestran incoherencias en el relato
sobre Adán y Eva. El Génesis I (creado por la escuela
Deuterónómica), dice: "Dios creó, pues, al
hombre, a su imagen, conforme a la imagen de Dios lo creó, y
los creó macho y hembra" (27-28), de lo que se deduce que
los creó iguales, puesto que Dios no es considerado ni masculino
ni femenino sino ambos a la vez (padre y madre). No tiene justificación
entonces que el Génesis II vuelva al hombre que antes ya se había
nombrado – Adán- y diga: "Y dijo el Señor Dios:
'No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle una
ayuda semejante a él'" ( 2,18). ¿Qué pasó
entonces con la mujer creada igual a Dios del Génesis I? ¿Es
Lilith, la primera, que lo abandonó por machista?
Én la Biblia prácticamente no se hace
mención a Lilith, excepto en Isaías 34,14 donde dice:
"Los chacales se encontrarán con las hienas y el macho cabrío
llamará a su compañero. Lilith morará allí
tranquila y encontrará su lugar de reposo". Quizá
la versión más famosa de esta Lilith cristiana es la de
las pinturas de la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel. En éstas,
la supuesta Lilith es mostrada como mitad-mujer mitad-serpiente entregándole
la manzana a Eva... O sea, la rebelde proponiéndole el conocimiento
a la sometida.
En la mitología universal a Lilith se la asimila a diferentes
divinidades y monstruos femeninos, a las lamias, similares a sirenas,
que por lo demás viven en el mar (como Lilith en el Mar Rojo),
atraen a los viajeros y los matan, también a las xanas, bellas
mujeres que viven en los ríos, son bondadosas con aquellos que
las ayudan, pero muy vengativas con los que invaden sus dominios. Otras
asociaciones con Lilith, son la diablesa babilonia Lilu, la Diosa Madre
celta y Hécate, la diosa de la brujería adorada por hechiceras
sumerias que eran partidarias de colocarse encima en el acto sexual
como se les ve en representaciones sumerias.
El cine serie B y los grandes éxitos de taquilla de terror se
han dedicado a colocar a Lilith como la imagen de la mujer aparentemente
bella, pero que se transforma en un peligroso monstruo que mata niños,
que odia a las embarazadas e intenta convencer a los santos hombres
de pecar. Desde allí se justifica en nuestras consciencias de
Evas y Adanes, todo trato cruel contra ella, ya que generalmente en
esas historias, se la vence persiguiéndola, quemándola,
golpeándola y reduciéndola a polvo… Si bien es cierto
ella vuelve a aparecer indomable desde hace 25 siglos.
Pareciera que la Violencia contra la Mujer no es otra cosa que una expresión
de terror del Patriarcado hacia la Mujer, su cuerpo y los poderes que
de ese cuerpo femenino se desprende, por ejemplo su capacidad de embarazarse,
parir y criar, que no es más ni menos, que la capacidad de crear
y procrear, de continuar o no con la humanidad. (De hecho varios autores
que hablan sobre la Violencia que ellos llaman Intrafamiliar, señalan
que el golpeador, por así llamarle puede “estar más
proclive” a violentar a su pareja cuando ella está embarazada).
La obsesión de Lilith, al parecer fue la dignidad, por ella perdió
pan y pedazo y quedó aislada y descalificada en el imaginario
patriarcal. Así le respondió el Cristianismo a ella y
en ella, a todas las mujeres, dedicándose a enseñar en
sus libros y sus hechos la Violencia Contra las Mujeres. La Iglesia
Católica cometió en la Edad Media el mayor Holocausto
contra las mujeres: torturó hasta la muerte y quemó en
la Hoguera entre 40 mil y 70 mil mujeres sólo en Europa, acusándolas
de brujas.
Dichos y hechos que siembran odio y violencia
"Durante la infancia una hembra debe ser sometida a su padre, en
la juventud a su marido y cuando su señor ha muerto a los hijos,
una mujer no debe ser jamás independiente" (Leyes del Manú).
“Cuando la mujer conciba y dé a luz un
varón, será inmunda siete días… Y si diere
a luz hija, será inmunda dos semanas.
Y cuando la mujer tuviere flujo de sangre, siete días estará
apartada y cualquiera que la tocare será inmundo…”
(Levítico)
“…y si hubiere sido infiel a su marido,
las aguas que obran maldición entrarán en ella para amargar,
su vientre se hinchará y caerá su muslo; y la mujer será
maldición en medio de su pueblo” (El Libro Cuarto de Moisés)
“…si resultare ser verdad que no se halló
virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la
casa de su padre, y la apedrearán los hombres de su ciudad, y
morirá” (Deuteronomio).
“Jóvenes y viejos de Sodoma, toda la población
hasta el último, gritaban a Lot: -¿Dónde están
los hombres [= ángeles] que han entrado en tu casa esta noche?
Sácalos para que nos acostemos con ellos. Lot se asomó
a la entrada, cerrando la puerta al salir, y les dijo: -Hermanos míos,
no seáis malvados. Mirad, tengo dos hijas que no han tenido que
ver con hombres; os las sacaré para que las tratéis como
queráis, pero no hagáis nada a estos hombres que se han
cobijado bajo mi techo” (Génesis 19, 4-8).
”Cuando pernoctaban en Loma un levita y su concubina,
se acercaron unos pervertidos pretendiendo acostarse con él.
El dueño de la casa donde se hospedaban salió y les rogó
de este modo: “-Mirad, tengo una hija soltera: os la voy a sacar,
y abusáis de ella y hacéis con ella lo que queráis,
pero a este hombre no se os ocurra hacerle tal infamia. Como no querían
hacerle caso, el levita tomó a su mujer y se la sacó afuera.
Ellos se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche hasta la
madrugada...” (Jue 19, 24-29).
¿Si esto no enseña el odio y el desprecio
por las mujeres, qué enseña entonces?
Pareciera que la Violencia contra la Mujer, está
fundada en la conciencia colectiva de 25 siglos. La misoginia (odio
y deprecio por las mujeres), el machismo (conductas que todas/os conocemos),
los prejuicios contra la sexualidad, la homofobia (culpabilización
a los hombres por lo que la sociedad lee como “afeminarse”
del ser masculino), la lesbofobia (culpabilización a las mujeres
“por no ser femeninas”), la violencia moral contra las viejas,
el sexismo (discriminación entre niños y niñas),
la culpabilización a las embarazadas adolescentes, la obligación
de la virginidad, el castigo y la persecución a las mujeres que
abortan, son sólo algunas de sus formas. Actualmente por ejemplo,
también está la agresión que las transnacionales
están ejerciendo contra las mujeres en particular por medio de
la pobreza selectiva: las mujeres constituyen el 70 por ciento de los
1.300 millones de pobres absolutos en el mundo como los llama la misma
OIT, Organización Mundial del Trabajo
EL PANORAMA MUNDIAL
La Violencia contra la mujer y la niña en situaciones de guerra,
conflicto y desplazamiento, de parte de todos los bandos es generalizada.
Durante los conflictos armados el ataque a los derechos humanos de la
mujer, su asesinato, violación, esclavitud sexual y embarazo
forzado, se utiliza como arma de guerra. El 90 por ciento de las víctimas
civiles de guerra son mujeres y niños (ONU, 2000): En Bosnia
Herzegovina entre 20 mil y 50 mil mujeres fueron violadas en cinco meses
de conflicto por las fuerzas kozovas, y en algunos pueblos de Kosovo
entre el 30 y el 50 por ciento de todas las mujeres en edad reproductiva
fueron violadas por fuerzas serbias (Amnistía Iternacional 1999).
Según datos del Banco Mundial, al menos el 20
por ciento de las mujeres del mundo han sufrido malos tratos físicos
o agresiones sexuales. Cada dos horas una mujer es apuñalada,
apedreada, estrangulada o quemada viva. Y una de cada cinco mujeres,
a lo largo de su vida, será víctima de violación
o de intento de violación(AI). Cuando la mujer es inmigrante,
exiliada, está encarcelada o aislada, es también objeto
de agresiones violentas que apuntan específicamente a su condición
de mujer.
Existen culturas como la China donde –aunque ya no es política
de Estado- se hacen abortos selectivos si es que el feto es femenino,
también puede ser que los padres maten a la niña al nacer
por ser niña.
En el mundo, 135 millones de niñas y mujeres han sufrido mutilación
genital. La cifra se incrementa en dos millones cada año. En
todo el mundo, las niñas tienen mayor probabilidad que sus hermanos
varones de ser violadas o agredidas sexualmente por hombres de su familia
o conocidos que estén en posiciones de poder o confianza. En
muchos casos, la primera experiencia sexual de una niña será
forzada.
Hay culturas, en que cuando una adolescente o mujer es violada aún
puede ser obligada a contraer matrimonio con su agresor, o ser encarcelada
por haber cometido un acto "delictivo". Si queda embarazada
antes del matrimonio puede ser golpeada, condenada al ostracismo o asesinada
por sus familiares, incluso si el embarazo es producto de una violación.
Se estima que 5 mil niñas fueron asesinadas en 1999 en nombre
de la honra familiar (AI.). Casos así han sucedido incluso entre
inmigrantes en países europeos. En Suecia llegó a ser
una siniestra moda hace algunos años atrás, que familias
árabes enviaran a sus niñas “descarriadas”
–por tener novios o amigos suecos- al país de sus padres
diciéndoles que serían vacaciones. Sin embargo, allá
algún familiar masculino se hizo cargo de asesinarlas como castigo
a su comportamiento.
Se estima que en la India los asesinatos de mujeres por cuestiones de
dote se aproximan a los 15 mil anuales. La mayoría de ellos se
lleva a cabo provocando incendios en la cocina, para que parezcan accidentes
(Estudio AI: Injustice Studies, 2001).
En nuestra América Latina, una de cada cuatro mujeres es víctima
de agresiones físicas en el hogar y entre el 60 y el 85 por ciento
de mujeres, ha sido blanco alguna vez de violencia sicológica
(Banco BID, 1998).
Y no son sólo los países subdesarrollados, en Estados
Unidos cada 15 minutos una mujer recibe una paliza por parte de su cónyuge
o compañero. A pesar de todo, 79 países no disponen de
legislación contra la violencia doméstica, y la violación
conyugal está reconocida como delito específico en sólo
51 países del mundo (Unifem, 2003).
DICHOS DE MUJERES QUE HAN SUFRIDO VIOLENCIA
“Vivir violentada, es vivir con miedo”
“Miedo a que llegue, miedo a que se enoje, miedo a que no le guste
la comida, miedo a que esta noche me obligue a hacerlo…”
“El me decía que yo era la que lo provocaba, que yo me
la buscaba”
“Me negaron hasta el saludo por dejarlo”
“Vivir violentada, es vivir sintiéndose culpable de todo,
hasta de que me pegue”
“En ese tiempo muchas veces me pregunté ¿qué
hago aquí, cómo es que acepto esto cada día?…”
“Miedo a la soledad, miedo a no podérmela sola, miedo a
dejar a mis hijos sin padre, miedo a que nadie me ame nunca más”…
VIVIR EN LA VIOLENCIA ES VIVIR CON MIEDO A TODO.
VIVIR EN LA VIOLENCIA ES, PRACTICAMENTE, NO VIVIR…
Años 80:
A Beatriz de 28 años, del Sur, su marido la conoció por
unos familiares en la misma casa de sus padres y pidió su mano.
El venía de Santiago y tenía una buena profesión.
Los padres de ella estaban felices. Ella vivió durante 2 años
en Santiago, sin conocer los Hospitales, ni el centro, ni siquiera el
supermercado más cercano. Su marido la mantenía constantemente
encerrada con llave. Mucha gente lo consideraba muy buen marido porque
él mismo hacía las compras diarias. Ella planeó
durante un año su fuga hasta que se arrancó. El nunca
enfrentó una demanda por rapto que ella le hizo, siempre se escondía
o lo negaban2.
Mariana de 33 años, asesora de hogar, vivía
en Lo Hermida y tenía 5 hijos. Su conviviente, chofer de micro,
regularmente la maltrataba, pero no lo hacía solo, sino con su
grupo de amigos. La golpeaban con pies y puños, la insultaban
y la obligaban a servirlos2.
En el sector de Estación Central vivía Margarita de 35
años, dueña de casa y madre de tres hijos. Fue violada
por su esposo, camionero y por los amigos de él en numerosas
ocasiones.
Años 90
Ella tenía 15 y él 18. Cuando quedó embarazada,
su padre no le habló nunca más. Al nacer la guagua ella
se fue a vivir con su pololo y la madre de él. Sufrió
golpes desde el primer día de convivencia. Primero cachetadas,
luego combos y pateaduras en el suelo. La suegra intervenía para
defenderla y también recibía golpes: “El arrastraba
a su mamá hasta la otra pieza y yo oía cómo ella
se quejaba, al otro día le veía los moretones. Me arranqué
6 veces en 6 años, 5 veces volví. Siempre me iba a buscar
y lloraba. La última vez me amarró a la cama, me violó,
me pegó y me quebró una costilla”.
Año 2004
A Maritza de 45 años, con hijos ya adultos y fuera de la casa,
su marido, dueño de una carnicería, hasta hace poco la
obligaba a servir a sus amigos. Generalmente llegaba con ellos a altas
horas de la noche, y con algunas mujeres con las que tenían sexo
grupal delante de Maritza. Cuando ella se negaba a aceptar la situación,
el marido la violaba delante del grupo.
Francisca, de 19 años, tiene una hija de 2 años,
convive con su pareja, un obrero de 22. Cuando pelean él la insulta
y le tira unas pastillas a la cara diciéndole que se mate, haciéndole
alusión a una vez que ella se quiso suicidar. Cuando ella intenta
dejarlo, él se coloca en el marco de la puerta amenazándola
con pegarle.
Mercedes, tiene 30 años es diseñadora,
pero no ejerce su profesión. Tiene 2 hijos de un matrimonio anterior
y una guagua del actual marido, profesor de una Universidad privada.
Desde que nació la guagua, él la acusa de estar gorda
y fea, la insulta, la empuja y también grita a los dos hijos
que no son de él. El último tiempo ha hecho complicidad
con el ex marido de Mercedes, un abogado. Cuando éste va a la
casa, ambos hombres le hacen a ella burlas sobre su cuerpo y su carácter.
Marisol, una mujer que se presenta como dueña
de casa, descubrió en su proceso terapéutico que “Vivir
violencia es vivir como un pájaro: comer, dormir y sufrir enjaulada”.
Lo que dice Marisol, antes lo había dicho la
antropóloga mexicana Marcela Lagarde. Ella plantea que “Las
mujeres están cautivas porque han sido privadas de autonomía
vital, de su independencia para vivir, del gobierno sobre sí
mismas, de la posibilidad de escoger y de la capacidad de decidir sobre
los hechos fundamentales de sus vidas y del mundo” .
No es difícil para las mujeres hacer “antropología”
a partir de la violencia que sufren. Sin ser antropóloga, Marisol
agrega: “Un día me di cuenta por qué la gente habla
mal de la mujer que ‘se libera’, porque la tienen presa
y quieren que siga así”.
Y es que para reflexionar sobre el fenómeno
de la Violencia contra la Mujer -que no es un tema, si no un problema-
basta con ser mujer y tomar conciencia de que se vive violencia. En
cualquier época, diversas mujeres se han dado cuenta de lo mismo
de diversas maneras. Así, las costureras feministas, anarquistas
y marxistas, del Periódico “La Palanca” dijeron a
principios de siglo: "Vosotros hombres de fe: ¿Qué
habéis hecho si no persuadir a la mujer de lo irremediable de
su servidumbre, hacerla adorar sus cadenas, nutrir sus almas con creencias
destinadas a eternizar su cautiverio?... Y vosotros revolucionarios,
ocupados en hacer y deshacer constituciones, ¿Cómo no
habéis pensado en que toda libertad será un fantasma mientras
viva en esclavitud la mitad del género humano?". Y hasta
Violeta Parra cantó en sus décimas: “Anoto en mi
triste diario/ Restaurán El Tordo Azul / allí conocí
un gandul / de profesión ferroviario/ me jura por el rosario/
casorio y amor eterno / me lleva muy dulce y tierno/ at'á con
una libreta/ y condenó a la Violeta/ por diez años de
infierno...”.
LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER ES UNA MANERA DE NEUTRALIZAR
A LA MITAD DE LA HUMANIDAD PARA OBLIGARLA A SERVIR Y A OBEDECER A LA
OTRA MITAD. ESPECIALMENTE AL MODELO MÁXIMO DE LA OTRA MITAD:
EL VARÓN BLANCO Y CON PODER
Anualmente las mujeres perdemos 9 millones de años
de vida saludable por concepto de violaciones y violencia doméstica.
La Violencia contra la Mujer es Tortura física y psicológica
por lo tanto, un crimen contra la Humanidad.
La Violencia de pareja es la principal causa de las lesiones que sufren
en el mundo las mujeres de todas las edades. De todas las mujeres que
mueren por homicidio, más de la mitad son cometidos por hombres
que han sido o son sus parejas íntimas.
Por Investigaciones de diversos organismos, se sabe que en Chile más
de la mitad de las mujeres declaran que se dan cuenta que han vivido
alguna vez violencia en su relación de pareja. Cerca de un 43
por ciento de las chilenas de clase alta y sectores profesionales o
medios acepta haber vivido situaciones de violencia en pareja, casi
el 60 por ciento de las pobladoras, también lo reconoce.
Queda, por descubrir la cifra oculta, la que se mantiene invisible porque
las mujeres no la denuncian por vergüenza o miedo, o bien porque
no se han dado cuenta que sufren violencia ya que aprendieron a verla
como algo normal en las relaciones hombre-mujer.
LA FORMA MÁS COMÚN DE VIOLENCIA CONTRA
LA MUJER, FUE Y ES LA VIOLENCIA ENTRE LAS CUATRO PAREDES DEL HOGAR
En su familia, su matrimonio y su hogar, la mujer está el mayor
riesgo de violencia. Ahí su esposo o su familia política
pueden agredirla, violarla o matarla. En el embarazo, la vejez o cuando
es discapacitada mental y/o física es más vulnerada que
nunca.
Una mujer tiene mayor probabilidad de ser lastimada, violada o asesinada
por su actual o ex pareja, que por un extraño. Ellos las torturan
psicológica, física y sexualmente:
• las patean
• las muerden
• las abofetean
• las amarran o esposan
• les dan de puñetazos
• intentan estrangularlas
• las queman con fuego o ácidos
• las violan con objetos o sin ellos
• las violan delante de sus hijos(as)
• las encierran
• les gritan
• les dicen groserías
• las califican de flojas, mantenidas, maracas, sucias, feas,
etc.
• las dejan en vergüenza delante de otros
• se burlan de sus ideas, maneras y aspecto exterior
• las desautorizan ante sus hijos(as) y los demás
• les hacen “la ley del hielo”
• les prohíben el maquillaje, la minifalda o cualquier
detalle estético
• les prohíben trabajar fuera de la casa
• les prohíben las visitas y salidas con sus familiares
y amigas
• les niegan el dinero o se los racionan de tal
manera que no alcance para el día, la semana o el mes a que está
destinado
• les desconocen la propiedad sobre su casa y
las cosas que están dentro de ella
• les rompen, les queman, les quitan, les tiran a la basura sus
objetos y ropas personales
• manipulan a los hijos con ideas contra ellas
• se llevan a los(as) hijos(as) sin previo aviso, no los entregan,
los(as) violan, los(as) golpean, los(as) manipulan y hasta los(as) asesinan
como un acto indirecto de violencia hacia ellas
• les matan, les quitan o les hacen desaparecer a sus mascotas
como un acto indirecto de violencia hacia ellas.
Y, finalmente, las asesinan.
Las agresiones están destinadas a lesionar la salud psicológica
de la mujer al igual que su cuerpo y suelen ir acompañadas de
humillación y violencia física. Se trata de aniquilarlas
de igual manera que hacen las dictaduras y sus aparatos paramilitares
con presos y presas políticas. La tortura a la mujer en su hogar,
puede sucederse una semana tras otra, durante muchos años.
EL AGRESOR PRINCIPAL, ES HOMBRE
Profesional u obrero, rico o pobre, mapuche, mestizo o extranjero. ¿Cuáles
son sus características?...
• Es celoso, se imagina que ella le es infiel.
• Ya en el cortejo o pololeo la controla, la vigila, la presiona
o directamente le obliga a usar la ropa que él considera “decente”.
• Trata de mantenerla aislada de su familia, amigos y demás
personas.
• Habla mal de las demás mujeres, sobre todo de las amigas
o mujeres familiares de de ella.
• Cuando mira la televisión habla groseramente de las mujeres
que ve.
• Cuando va por la calle acosa a otras mujeres aunque vaya con
su pareja.
• No quiere que su pareja trabaje aunque necesiten más
dinero y ella quiera trabajar.
• Si ella trabaja le controla las horas de llegada y cualquier
salida extra, generalmente le hace escenas de celos por sus compañeros
de trabajo.
• Cuando él está cesante y ella con trabajo, él
no hace el trabajo doméstico y usa el dinero que ella gana.
• Mientras es agresivo en casa, se muestra como “buena persona”
en la comunidad, a veces hace alarde de sus “buenas obras”.
• Le hecha la culpa de su violencia a la mujer.
• Tiene tendencia a negar el abuso, lo minimiza y a veces ni se
acuerda.
• No toma responsabilidad de sus acciones.
• Generalmente alega que tuvo una mala niñez.
• Puede haber crecido en una familia donde vio abuso.
• Dice que sufre por problemas económicos, sea cesante,
empleado o patrón.
• Cuando ella se va, no la deja sacar sus cosas.
• Cuando ella lo deja, la busca y hasta le llora para que vuelva
con él.
• Promete que va a cambiar.
• Puede tener o haber tenido problemas con la
ley.
• Tiene un temperamento explosivo, se enfurece fácilmente.
• Vive amenazando.
• Puede ser adicto al alcohol o las drogas.
• Puede ser agresivo con sus hijos(as) o por el contrario extremadamente
“bueno” con ellos.
• Puede tener cambios bruscos de humor.
• Abusa verbalmente (insulta, grita, dice garabatos )
• Puede ser mas violento cuando su compañera está
embarazada o ha dado a luz
El, generalmente, cree que los hombres por su naturaleza
deben tener privilegios, proyecta sus propios errores en los demás,
especialmente en su pareja, no se identifica con el sufrimiento de ella,
a menudo ignora los sentimientos de los demás… Pero, en
realidad, puede mostrar muchos otros tipos de comportamientos, menos
obvios porque lo único obvio es que el agresor es un hombre,
a menudo, la pareja o ex pareja de ella (lo que no descarta que el agresor
sea un cafiche, un prostituyente, un familiar cualquiera, el padre,
el padrastro, un vecino, un amigo).
¿FACTORES QUE “DESATAN” EL MOMENTO
VIOLENTO?
A partir de una observación fenomenológica,
bastantes situaciones de violencia contra la mujer en pareja, registran
que los agresores están bajo el efecto del alcohol, pero hay
mujeres que plantean que prefieren que tome porque es violento cuando
está sobrio y en cambio cuando está borracho se queda
dormido o “se porta mejor”. También hay agresores
adictos que con síndrome de privación golpean a sus parejas
para sacar especies o dinero de la vivienda y comprar la droga de la
que son dependientes. Muchos agresores son violentos en estados de estrés
laboral, lo que no quiere decir que sea eso lo que produce su elección
conciente o no de agredir.
En situaciones de infidelidad conyugal en las que la esposa encara al
marido por su engaño, éste la golpea. En situaciones de
infidelidad conyugal en que el hombre descubre o cree descubrir que
su esposa o pareja tiene un amante, éste la golpea y llega a
matarla. También hay casos en los que en un encuentro casual
con una ex pareja, el hombre que va con su nueva pareja, golpea a la
primera para “mostrarle” su amor a su nueva novia. Hay situaciones
en que la mujer reprende o maltrata físicamente a los niños
o niñas a su cargo y el hombre golpea a la mujer “para
mostrarle” que no tiene derecho o no debe maltratar a los(as)
menores. En situaciones en que la mujer critica su comportamiento, el
hombre la golpea y en muchos casos cuando la mujer está embarazada
el marido comienza a mostrarle “rabia” y maltratarla.
Son variadas las situaciones, muchas mujeres sufren
violencia, sin explicársela y muchas otras no quieren recordar
los primeros comportamientos violentos de su pareja que en gran porcentaje
de los casos se inició en el pololeo, el primer día de
casados o justo después de su primer parto.
Las razones que ellos aducen, son “razones” sólo
en el imaginario de estos hombres y no justifican sus conductas violentas.
Parece unirlos a todos la creencia de que la mujer debe portarse de
una manera determinada por ser mujer o no debe portarse de otra manera
determinada justamente por serlo. Por ejemplo expresan que una mujer
debería hacer las tareas domésticas de los demás
miembros de la familia por ser mujer o debería estar dispuesta
a tener sexo cada vez que el marido lo desea; también que una
mujer no debería salir de noche y volver tarde a casa por ser
mujer o que no debería responder a los golpes y las agresiones
de un hombre por ser mujer. Cuando ella no comparte esa opinión
y este estilo de vida ellos optan por obligarlas a cumplir sus mandatos
de feminidad con violencia de todos los tipos.
Generalmente, en conversaciones con una terapeuta de
su esposa dicen:
• Ella no entiende…
• Es sucia y desordenada
• No cuida a sus hijos como debe
• No me hace caso…
• Yo le doy permiso, pero…
• No quiero pegarle, pero me lleva la contra, me agota la paciencia…
• Busca que le pegue
• Una mujer no debería…
• Se supone que una mujer debe…
TAMBIÉN EN EL MUNDO PÚBLICO:
En la calle, en el trabajo, en la escuela, el colegio,
el liceo, el instituto o la universidad, los transeúntes, los
jefes, los compañeros de trabajo, los profesores, los compañeros
de estudios:
• se burlan de ellas
• las hacen callar
• menosprecian sus opiniones
• las insultan
• las humillan
• les dicen insolencias
• las acosan sexualmente
• les dan agarrones
• las violan
• llegan, en casos, a lesionarlas y matarlas.
EN DISTINTAS ETAPAS DE LA VIDA, DISTINTOS TIPOS DE
VIOLENCIA
Violencia física, verbal, sicológica,
sexual, económica, basadas, exclusivamente, en que ella es mujer.
Es decir, en el hecho de que ella no actúa -o actúa- como
el agresor considera que una mujer- niña, joven, adulta o vieja-
debe actuar. A menudo, las agresiones psicológicas y verbales
las ejercen también otras mujeres, mientras que la violencia
física, sexual y económica son ejercidas casi exclusivamente
por hombres.
Violencia económica
El trabajo doméstico no remunerada de la mujer representa un
tercio de la producción económica mundial (O.N.U.) y subvenciona
entre el 25 y al 40 por ciento del Producto Nacional Bruto de los países
desarrollados, en un país como Chile no hay índice de
ello (PNUD). Igulamente sabemos que las mujeres realizan más
de la mitad del total del tiempo de trabajo en el mundo, que su aporte
en muchas ocasiones no es sólo a su esposo e hijos, sino que
también ella aporta en calidad de familiar no remunerada, es
decir: cuida nietos, sobrinos, enfermos, ancianos, hermanos, vecinos,
etcétera.
A pesar de ello, es común que las mujeres que
se hacen cargo, exclusivamente del trabajo doméstico se presenten
como mujeres que no trabajan, sin aclarar que no trabajan fuera de la
casa, por lo tanto, ni ellas ni el resto de la sociedad siente ni reconoce
que trabajar en casa en un trabajo gratuito -a veces solidario-, desvalorizado,
aislado, y que se deshace al punto se hace. Simone de Beauvoir lo explica
muy bien: “Las mujeres no deberíamos ser las únicas
encargadas del trabajo doméstico, sino que todos deberían
serlo... Ningún trabajo es degradante, todos los trabajos tienen
el mismo valor. Lo degradante son las condiciones de trabajo. La soledad,
la improductividad, el aburrimiento, la imposibilidad de integrarse
a lo colectivo“.
Toda esta realidad construida desde la base misma del sistema de géneros
y de la división sexual del trabajo, es ya en sí misma,
el primer maltrato que cada mujer que nace en la cultura patriarcal,
está destinada a vivir como parte de la normalidad.
Así, la mujer está deslegitimada casi
totalmente, en un sistema capitalista y basado en los productos mercantiles,
habiendo sido desposeída desde su nacimiento. Por lo mismo ella
se reconoce sin recursos cuando no trabaja remuneradamente y considera
sin decirlo que el hombre es quien la mantiene, quien le da, el que
trabaja. La mujer también comienza a jugar ese juego, probablemente
porque es lo que aprende y/o porque cree que las cartas ya están
tiradas, entonces considera, muchas veces, que el hombre es quien debe
mantenerla, quien debe pagar, quien debe proveer… aceptando por
otra parte el cobro de esa relación que asume: escaso poder,
violencia, dependencia.
La mujer que vive situaciones de Violencia contra la
Mujer, generalmente no sabe cuánto gana su marido, porque no
le pregunta o porque él no se lo dice aunque ella pregunte. En
poblaciones de escasos recursos acepta recibir una cuota diaria que
es escasa. Considera que está bien que él se deje plata
para sus gastos y a ella le dé para los gastos de la casa y los
niños. Es decir el dinero se reparte entre él, los niños
y la casa, no hay gastos de ella. Por lo mismo, ella dice que recorta
de la plata de la casa para sus toallas higiénicas, cosméticos
y otros gastos personales, sonriendo incómoda cuando lo reconoce.
Se siente robándole al marido –incluso a sus hijos-.
En situaciones de conflictos sostenidos, muchas veces
reconoce que directamente le ha robado a su marido el dinero de la billetera.
Lo cree firmemente con toda la culpa que eso le significa, hasta que
no reflexiona sobre su trabajo doméstico y su trabajo de crianza.
Cuando su marido o pareja está cesante, es ella la que sale a
conseguirse o a generar ingresos. El está deprimido. Ella suele
decir que no puede ni debe deprimirse porque entonces nada funcionaría
en el hogar. Cuando trabaja remuneradamente fuera del hogar, al volver,
ordena y cocina hasta tarde para el día siguiente. Eso, aunque
su marido estuviera todo el día en casa.
El trabajo doméstico implica, entre otras cosas
específicas de cada estilo y hogar, al menos:
• hacer camas
• cambiar sábanas y ropas de cama
• sacudir y barrer
• encerar, hacer brillar
• reunir la ropa sucia para echarla a la lavadora
• lavarla a mano si no hay lavadora
• planchar
• coser y surcir
• ordenar la ropa limpia, distribuyéndola en sus lugares
• comprar y cargar bolsas y carros
• cocinar (cortar, cocer, esperar, pelar, aliñar, revolver,
servir)
• lavar loza, secarla y guardarla
• llevar niños(as) al colegio e ir a buscarlos
• escuchar a los hijos, preguntarles por su día
• ayudarles en las tareas
• alimentar las mascotas y limpiar cuando ensucian.
Son varias horas por día.
Por hacer parte de este trabajo, una mujer que se dedique
al servicio doméstico cobrará un porcentaje determinado
del sueldo de un trabajador remunerado, una suma pequeña o mediana,
según sea el caso de la situación de clase de la casa
donde sirve. Una mujer profesional o trabajadora calificada que puede
pagar servicio doméstico igualmente hará parte de este
trabajo los fines de semana y en las noches al llegar del trabajo. La
esposa o conviviente -que no trabaja remuneradamente- de un hombre que
gana un sueldo bajo o medio, hace todo esto, hace más o algo
menos porque lo comparte con sus hijas. Y ni ella ni las niñas
cobran nada. No sólo eso, en situaciones de violencia, el agresor
suele decirle a ella que es una mantenida, que todo lo hace mal, que
no hace nada todo el día, que lo que hay en la casa es de él,
que ella no tiene nada porque no gana nada.
El suele echarla de la casa basado en que ella no trabaja, y sus hijos
e hijas que han aprendido lo mismo cuando hablan se refieren a las cosas
de mi padre.
Uno de los maltratos económicos más comunes
es cuando el hombre le da a la mujer, menos de lo que él sabe
que le hace falta para el día (o derechamente no le da un peso)
como una manera de controlar sus movimientos, salidas y entradas y también
por simple abuso.
Es común que sea ella la que deba dejar el hogar propio cuando
no soporta más la violencia, y debe hacerlo con lo puesto, pues
él no la deja sacar nada. Cuando ella vuelve en compañía
de Carabineros, sino hay una orden del juez, él puede negarse
a dejarla que saque incluso sus cosas personales, cuando hay una orden
del juez es muy difícil probar que las cosas son de ella, pues
generalmente están a nombre de él.
Ya separadas muchas mujeres de escasos recursos prefieren
no hacer demanda por pensión alimenticia porque piensan que no
recibirán nada o muy poco. Muchos hombres suelen urdir engaños
legales para no entregar lo que debieran -y pueden- a su ex esposa o
conviviente. Las empresas en las que trabajan se hacen cómplices
de estos engaños mintiendo en las liquidaciones de sueldo. Si
ellos trabajan por cuenta propia no declaran todo o declaran lo mínimo
para vengarse de su ex pareja y en realidad estafan a sus propios hijos
e hijas. No se hacen responsables y le dejan nuevamente el mayor peso
a ella. En muchos casos, adoptan la política de dar dinero a
sus hijos e hijas cuando los ven como una manera de manipular la relación
y poner a los hijos e hijas de su lado.
Todo esto es violencia económica en la pareja
y en la familia: la negación de recursos económicos y
asimismo la invisibilización del aporte personal de ella, no
sólo a su hogar sino a la sociedad en su conjunto, ya que el
trabajo doméstico y de crianza que necesita toda la humanidad,
lo hacemos sólo la mitad de ella.
Violencia Psicológica
En realidad toda violencia es psicológica – ya sea, económica
o física-, sin embargo, hacemos la división para mostrar
distintos aspectos de ella. Lo que muchas mujeres definen como violencia
psicológica, incluye maltrato verbal, presiones, reclusión
y privación de los recursos físicos y personales. Muchas
mujeres suelen decir que los insultos y la tiranía que constituyen
el maltrato emocional, son más dolorosos que los ataques físicos,
porque socavan eficazmente la seguridad y la confianza en sí
mismas. Un solo episodio de violencia física puede intensificar
enormemente el significado y el impacto del maltrato emocional.
Pareciera también que muchas mujeres hacen hincapié en
la violencia psicológica para aminorar el impacto de su vergüenza
por ser “maltratadas”. La palabra “maltratada”,
generalmente habla de golpes físicos y es una definición
que a menudo suena despreciativa. A menudo, hombres temerosos de ser
catalogados de maltratadores, explican que ellos “no maltratan”
a “su” mujer. Otros sintiéndose en la mira social
a raíz de toda la publicidad mediática en contra de la
violencia llamada “intrafamiliar” por el paradigma patriarcal,
desafían a feministas o a terapeutas que trabajamos con mujeres
diciendo de una manera burlona: “¡Ah, tú tratas a
mujeres maltratadas!”. Las mujeres por su parte, muchas veces,
perciben, que sería “menos patético”, ser
maltratadas verbalmente, que verse con moretones, golpes, heridas…
Así, ellas, a menudo aclaran: a mí no me pegan, yo no
me dejaría, no aguantaría. En su imaginario parece constituir
una tortura más, el saberse mujer maltratada, una burla social.
Y ellas mismas manejan un juicio cruel contra las demás, que
a veces verbalizan diciendo: “¡qué tonta! ¡se
deja!”.
En esta lógica, mujeres dañamos a mujeres y a sí
mismas, contribuyendo aún más a la violencia de toda una
cultura contra nosotras.
Hacia niñas y jóvenes
La Violencia Psicológica son humillaciones, prohibiciones, burlas,
crueldades que se le hacen a la niña, y que jamás, o rara
vez, se le harían a un niño: “Siéntate con
las piernas juntas” es uno de los más conocidos.
Son malos tratos que aluden a comportamientos sexuales. A veces se culpa
a las niñas de seducciones que ella ni siquiera ha adivinado
y que la hacen culpable desde pequeña del deseo y el placer.
También se le responsabilizará por no seducir, ser “amachada”,
“marimacho”, por ejemplo.
A una niña, se le ordenará en muchos casos, que haga las
tareas domésticas de sus hermanos varones, incluso si son mayores
que ella. También se le pedirá que haga el trabajo doméstico
que su padre deja de hacer si su madre trabaja fuera, colocando así
sobre la menor una responsabilidad que en primer lugar debiera resolver
el adulto, ya que es él quien debe cuidar de la niña,
y no la niña la que deba cuidar de él. Ello, por una cuestión
de protección de adultos a infantes y por la responsabilidad
ética que nos toca con aquellos y aquellas que hemos decidido,
explícitamente o no, que nazcan y se desarrollen.
A menudo, la pobreza de las mujeres/madres, la cesantía coludida
con irresponsabilidad doméstica de los hombres/padres, lleva
a que la niña desde pequeña deba trabajar en los quehaceres
del hogar desde los más livianos hasta los más pesados
y peligrosos. La parte doméstica del trabajo que el hombre deja
de hacer en su hogar recaerá en la mayoría de los hogares
pobres donde la madre trabaja fuera, en la niña.
No es raro que en esta realidad, la adolescente se embarace pronto.
Emocionalmente sola, sin verdadera protección –consciente
o inconscientemente- buscará afecto en una pareja y llenar su
vida con un embarazo y la maternidad, único modelo de afectividad
que conoce. Así, si desde pequeña se le han cargado las
tareas domésticas y de crianza, ahora simplemente ampliará
ese rol hacia su propio hijo y pareja (si es que su pareja se queda
con ella).
Luego del parto, y si es soltera y abandonada por el
que ha engendrado su guagua, a nadie se la vapuleará tanto como
a ella. Eso, luego de haberle enseñado a jugar con muñecas,
de haberle ordenado criar hermanos y de haberle repetido en todos los
tonos y desde todos los frentes –familiares y mediáticos-
que la maternidad es “un regalo de Dios”. También
en condiciones que está prohibido abortar y que un aborto ilegal
a una niña pobre, puede significarle la muerte.
A un joven cuya novia es madre adolescente, puede criticársele,
pero a ella, en nuestro tipo de cultura familiar -que la pretende virginal-,
se le recordará, agresivamente, cada vez que quiera salir a una
fiesta que ahora que es madre “¡si te gustó acostarte
debe gustarte cuidar a la guagua en vez de salir por ahí!”.
Nuevamente, a menudo mujeres dañamos a mujeres en estos dichos:
madres, abuelas, tías a hijas.
Son agresiones y juicios basados en ideas que se tienen
sólo de las mujeres y que no se aplican a los hombres: A una
hija- no a un hijo- se le recomendará llegar virgen al matrimonio.
A una joven se le advertirá “hacerse respetar por los chicos”
aludiendo a que sus deseos sexuales pueden hacerla perder el respeto
de los hombres, haciéndola sentir además que el sexo y
el placer pueden ensuciarla y rebajarla. También dejándole
en claro que es ella la responsable de “inspirar” respeto
y que si un joven no la respeta será “culpa de ella”
(por lo tanto el joven varón tiene escasa responsabilidad o ninguna
en el asunto del respeto sexual).
Mujer culpabilizada
A una mujer y sólo a una mujer se le califica de provocativa
en el plano sexual, negando el hecho de que los individuos somos responsables
de nuestras propias opciones y que en nuestra conciencia tanto primaria
como de orden superior, la correlación de eventos no tiene una
relación causal con el “mundo externo” sino que toma
forma dependiendo de la actividad de la memoria conceptual y de valor.
Es decir, el individuo construye una escena donde los eventos que son
significativos para él y sólo para él en el aprendizaje
pasado, pueden ser relacionados con nuevos eventos y desde ahí
llevará a cabo sus acciones, cuales sean: violar, descalificar
o calificar de puta a una mujer. Dicho de otra forma, no poseemos un
sistema nervioso central que como un computador pueda ser manipulado
desde fuera, colocándole un programa que provoque cosas en él.
La provocación en realidad sólo está en los ojos,
o más bien en el sentir, del provocado. En principio, el que
percibe algo como provocación es quien se siente provocado. Y
no es que ella, en ocasiones, no manipule conductas propias para gustarle
a él con lo que ella aprendió que gustaba a los hombres.
Muy a menudo ella quiere ser admirada y amada, mientras él está
sintiendo contradicciones que no sabe verbalizar, deseo y miedo a la
vez, de que ella haga eso “con todos”, excitación
junto a la imagen virginal que le enseñaron como deseable en
una mujer. Sea como se sea, es él quien tomará la decisión
de responder con violencia en vez de con afecto o erotismo compartido
y no ella quien está manipulando desde fuera el Sistema Nervioso
Central de él –por ser específica- para que él
reaccione con impulsos violentos o abusadores.
Queremos decir, que la provocación es de quien
la siente; la rabia es de quien la siente y no es que la otra lo haya
hecho enojar. La pena es de quien la sufre y no es que otra persona
le haya causado pena. Lo que no quiere decir que no hay razones concretas
para apenarse o enojarse. Lo que a mí me da susto, a otro puede
no causarle el mismo sentimiento. Mi tipo de miedo es mío, responde
a mi historia vital y a mis formas de leer la realidad, que son mías,
particularmente mías, y a la vez construidas por la cultura social
en la que estoy inmersa.
Cada una de estas situaciones funcionan así en los y las humanas,
guardando un solo reparo, que sean actos y situaciones en los que no
hay trasgresión de la integridad física o psicológica
de otra persona, ya que si la hay estamos hablando de maltrato y no
de solo percepciones, emociones e historias vitales.
Los actos -no violentos-, son actos que pueden hacer
sentir a otro de una manera particular que le es propia. Los actos violentos
son actos que agreden a otro y son responsabilidad de quien los actúa.
Así, si por el lado de una mujer que está
parada en la esquina de una calle, pasarán personas que la calificarán
de provocativa porque esas personas aprendieron que esa imagen es provocación;
pasarán hombres que sólo la mirarán –algunos
no la verán-, otros la acosarán y, tal vez, haya el que
decida abusarla, violarla. Quien opta por violarla es quien toma la
decisión de hacerlo y no es ella la que lo instó a hacerlo.
Cada uno y cada una toma las decisiones de actuar frente a una determinada
emoción propia. Y en cada emoción, los humanos, gozamos
de un proceso que lleva en sí una dimensión fisiológica,
una dimensión psicológica y una cognitiva. Si no fuera
así todos los hombres serían violadores y golpeadores,
y eso no es así, aunque, en la práctica, todas las mujeres
vivamos violencia en todas sus diversas formas.
Es decir, las violencias contra las mujeres son un
fenómeno estructural social, cultural y económico, en
definitiva un fenómeno político, lo que no quiere decir
que la Violencia contra las Mujeres sean actos que dividan a la humanidad
en TODOS-HOMBRES AGRESORES Y TODAS-MUJERES VÍCTIMAS. La sociedad
patriarcal, con su lógica de control y dominio sobre los cuerpos,
sobre las elecciones y deseos sexuales, sobre la fuerza de trabajo y
sobre la libertad de las personas, empezando por esa esclavización
a las mujeres, es la violenta. Así, cada integrante de esta sociedad
– y porque no somos un simple producto patriarcal, sino individuos
complejos y potencialmente éticos-, podemos elegir violar o no,
golpear o no, humillar o no, enjuiciar o no, torturar o no…
Las mujeres no somos culpables de la violencia. Las responsabilidades
específicas de agresores son concretas, y la responsabilidad
social es clara y se manifiesta en la aceptación, la negación,
la normalización de esa violencia.
Violencia moral y física contra la Anciana
A la mujer vieja, se le ha dado la denominación de adulta mayor
evitando el adjetivo y reforzando así la idea de que la vejez
es una etapa indigna, indeseable, que no debe ser ni siquiera nombrada,
especialmente para la mujer. Esto, justo en una época del mundo
en que las mujeres vivimos más que los hombres.
A la anciana se la hace blanco de las, tal vez, mayores
manifestaciones de violencia moral. Se la burla y considera tonta o
ridícula incluso antes de oírla, sólo al ver que
es vieja. Cualquier reclamo que ella haga, será atribuido a su
falta de modernidad, también se la tratará con exagerado
paternalismo (otra forma de discriminación) infantilizándola
y tratándola de abuelita, en el mejor de los casos.
Generalmente, se la insulta o se la trata con indiferencia,
lejanía o como si no entendiera nada por el solo hecho de tener
la edad que tiene. Cuando su pareja la maltrata, se lo atribuye a un
acto de violencia cruzada entre viejos malhumorados. En muchos casos,
sus hijas e hijos vuelcan en ella toda la rabia acumulada de etapas
anteriores de la vida familiar. En muchos otros casos, sus hijos varones
–o mujeres- las asesinan o las dejan morir por abandono. Las ancianas
son también abusadas sexualmente por un tipo de violador, generalmente
adicto y delincuente. Los yernos de las mujeres mayores las burlan,
siembran odio contra ellas llegando a asesinarlas por el sólo
hecho de ser la madre de su pareja a la que maltratan o cuando estas
suegras defienden a sus hijas de la violencia.
Ser vieja, en una sociedad encandilada con los implantes,
el rejuvenecimiento, la fuerza, los músculos, la lozanía,
los gimnasios, las cremas, pastillas y operaciones para evitar arrugas,
parece ser en sí misma una humillación. Ello junto al
hecho de que el viejo y la vieja para el capital no son ya productivos
y por lo tanto un problema, un conflicto, un gasto indeseable.
Violencia sexual
Los ataques físicos de la pareja íntima pueden incluir
violación y violencia sexual. Las encuestas de varios países
indican que 10 a 15 por ciento de las mujeres informan que sus parejas
las obligan a tener relaciones sexuales (AI). Entre las mujeres que
son agredidas físicamente en su relación, las cifras son
aún más altas. Pero en muchas sociedades ni siquiera se
informa ya que la mujer no define el coito forzado como violación
si está casada o vive con el agresor, y además hay Estados
que siguen declarando que el esposo tiene el derecho legal de acceso
sexual ilimitado a su esposa.
En Chile y otros países latinoamericanos, el espacio de la violación
en el matrimonio es ambiguo, ya que ellas hablan de la relación
sexual forzada nombrándola como el momento en que su marido “las
usa” o “las toma”, lenguaje que deja invisibilizada
para ellas y los demás, el abuso sexual de que son objeto.
Detrás de la puerta de la habitación conyugal tienen lugar
variados abusos sexuales, desde acosos, amenazas y presiones para consentir
relaciones sin deseos, hasta violaciones y torturas sexuales. Otras
veces, ellos esperan hasta que ellas duerman para arremeter. Si no lo
consiguen, al otro día habrá desquites: no hay dinero,
retos a los niños, ley del hielo y otros malos tratos.
Fuera del ámbito de la pareja, los estudios a gran escala sobre
la violación y la agresión sexual son escasos. Sin embargo,
los existentes informan sistemáticamente de tasas de prevalencia
elevadas. Las investigaciones realizadas en los países industrializados
han indicado que la probabilidad de que una mujer sea violada o deba
defenderse en un intento de violación es alta. En los países
en desarrollo, las investigaciones indican que la violación es
una amenaza constante y una realidad para millones de mujeres. Aunque
la violación y la agresión sexual pueden ser perpetradas
por personas desconocidas, las pruebas de muchas fuentes indican que
un porcentaje alto de violadores son conocidos. Otro resultado uniforme
es el alto porcentaje de víctimas jóvenes, a menudo muy
jóvenes, de violaciones.
Muchos asaltos sexuales son perpetrados por más de un agresor.
Las "violaciones multitudinarias", donde dos o más
hombres sojuzgan y penetran a la víctima, no son infrecuentes.
Las mujeres también son objeto de lo que se ha denominado como
maltrato sexual "sin contacto" en el cual, por ejemplo, los
hombres ponen su pene al descubierto o hacen llamadas telefónicas
obscenas.
En los casos en los cuales se ha estudiado el maltrato
sin contacto, se ha descubierto que un elevado porcentaje de mujeres
han experimentado este tipo de maltrato; en algunos casos hasta el 50
por ciento de todas las mujeres interrogadas.
Es una realidad aplastante y pocas veces subrayada, que el género
masculino es el que abusa sexualmente del femenino y escasamente sucede
al revés. Es esta, claro, un reflexión –más
que afirmación- que arriesga sobre todo la descalificación
junto a la calificación de ser un juicio de valor discriminador
de toda la otra mitad de la humanidad: los hombres. Sin embargo, nos
arriesgamos a decirlo, haciendo la salvedad, nuevamente, de que si bien
la aplastante mayoría de los abusadores sexuales resultan ser
hombres –no mujeres-, no es que todos los hombres resulten ser
abusadores sexuales. Pero por otro lado, es impresionante y generalizada
la cantidad mujeres que han sufrido abusos sexuales diversos. Claramente,
parece ser un dato de toda historia vital femenina, en cualquier época
y lugar del mundo, y a cualquier edad de la mujer.
Abuso sexual Infantil
En Chile una de cada cuatro mujeres ha sido violada en la infancia.
En el caso de los hombres sólo la mitad -uno de cada ocho-. Como
en el caso de los hombres adultos violados (que en las guerras o las
dictaduras son los vencidos, y en las cárceles, los percibidos
como femeninos por homosexuales o ser muy jóvenes), los niños
son leídos como mujeres desde la mirada patriarcal. Esto es,
feminizados ya que su poder es menor o inexistente por No ser un varón
acabado aún. El abuso sexual entonces es contra el ser femenino
y contra el ser feminizado y/o leído, percibido como femenino.
Los estudios han revelado que entre el 36 y 62 por
ciento de todas las víctimas de agresión sexual tienen
15 años de edad o menos. El abuso sexual infantil abarca muchas
formas de actividad sexual a las que una persona mayor, en la inmensa
mayoría de los casos un hombre sin distorsiones mentales –en
escasos sucesos, mujeres esquizofrénicas, y otras veces, hombres
con enfermedades mentales- somete a la niña o el niño.
Los abusadores son padres, padrastros, abuelos, tíos,
hermanos mayores, primos, vecinos, amigos de la familia. El abusador
puede forzar a la víctima físicamente o bien manipularla(o)
con ofertas de dinero, amenazas o incluso mediante manejos emocionales
y afectivos. En muchas ocasiones, el padre incestuoso puede hacerle
creer a la niña que es la manera cariñosa de relacionarse
entre padre e hija. Puede que la víctima incluso, a partir de
su responsividad sexual natural, sienta placer durante los acercamientos
sexuales y que eso la haga sentirse involucrada, cómplice o culpable,
sentimiento que la obligará a callar en la infancia, y que en
la adultez le podría impedir denunciar y por ende comenzar a
reparar el daño.
El incesto lleva una dimensión psicológica de traición
de parte de la persona que la niña(o) ama y de quien depende.
Asimismo, en muchas ocasiones conlleva para la víctima también
la sensación de traición de parte de la propia madre,
ya que ésta lo ha permitido directa o indirectemente, no lo ha
visto o no lo ha querido ver; cuando se ha enterado no lo ha denunciado
para no desarmar la familia, ha enviado a la niña lejos del agresor
–en vez de alejar al agresor- ha acusado a la niña de mentirosa,
etcétera.
Es decir, ambas personas que debían cuidar a la niña o
al niño, la han abandonado en lo psicológico afectivo
y también en lo físico sexual.
Muchas otras veces, el violador, abusa de la confianza que le tienen
las y los adultos responsables unido a su poder social y/o económico,
como en el caso de un cura u otro tipo de líder religioso, un
profesor, un médico o el patrón de una trabajadora, el
dueña de la casa de una arrendadora o subarrendadora, etcétera.
Las víctimas (mujeres, niñas y niños) que han sufrido
ataques sexuales, describen los siguientes sentimientos partir de haber
sido abusadas(os):
• Temor
• Culpa
• Desvalorización
• Odio
• Vergüenza
• Depresión
• Asco
• Desconfianza
• Aislamiento
• Marginalidad
• Ansiedad
• Ser diferente (se sienten diferentes a las demás personas).
Es así que un acto violento les deja una herida profunda en su
dignidad personal, base de la integridad de cualquier ser humano. Por
otra parte, demasiadas veces, en vez de sentir que es el agresor quien
debe tener vergüenza, la tienen las víctimas.
La imagen, la enseñanza, la ideologización que se ha hecho
con nosotras y nosotros, haciéndonos creer en la culpa (desde
la religión) y el instinto (desde la psicología tradicional)
han puesto las bases del fenómeno de la Violencia contra las
Mujeres por ser mujeres. Fenómeno del que se desprende no sólo
la Violencia Psicológica sino, la Sexual, la Física no
sexual, la Verbal, El Acoso Sexual y el Femicidio.
IMPACTO SOCIAL DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
La pérdida de vida saludable para las mujeres es altísima,
generalmente se cree que la Violencia impacta sólo en el momento
en que sucede o en el periodo en que sucede, sin embargo las secuelas
que deja en la fisiología de la mujer son muchas. Esto sin tocar
el impacto sociopsicológico que en general está teniendo
en nuestras vidas, vivamos o no violencia de pareja.
Para el Estado los costos agregados de atención de salud para
tratar las lesiones físicas graves y en atención psicológica
conlleva una carga de Salud sólo comparable a la de enfermedades
como el VIH/SIDA y el cáncer.
Los efectos sobre la productividad y el empleo son mayores, pérdida
del potencial de la mujer de percibir remuneración, ya que debido
a su experiencia de no tener control de su propio cuerpo ella siente
que el mundo es un lugar amenazante donde debe evitar los retos para
no terminar nuevamente violentada. Cuando trabaja en forma remunerada
fuera del hogar, el ausentismo y la larga deserción laboral es
común ante la violencia, lo que significa efectos negativos sobre
la productividad del país y el Producto Nacional Bruto. En Santiago
de Chile, las mujeres que viven violencia severa en su pareja ganan
en promedio, US$ 150, cerca de 83 mil pesos, lo que significa que ganan
unos 130 mil pesos menos que las mujeres que no viven violencia severa
en pareja, quienes reciben un promedio de US$ 385 al mes -cerca de 212
mil pesos- (Banco BID, Washington). El costo de la Violencia Doméstica
para la economía de Chile reduce los ingresos de las mujeres
trabajadoras en 1.5 billones de dólares, lo que corresponde a
más del 2 por ciento del Producto Intreno Bruto del país
(Banco BID, Washington).
En la Educación, el ausentismo escolar, bajo
rendimiento y deserción de niños y niñas a partir
de la violencia que sufren sus madres puede ser pan de cada día,
aunque no es algo que se mida ya que generalmente las(os) profesoras(es)
y los mismos padres y madres de la o el escolar contribuirán
a justificar sus problemas con otras razones (flojera, falta de incentivo,
déficit atencional, falta de recursos, etc.), esto, generalmente,
porque no desean traslucir conflictos familiares que los hacen sentir
avergonzados/as. Por otro lado, una niña que queda embarazada
en muchos países del mundo o será expulsada o no podrá
seguir estudiando ya que aunque no la expulsen las condiciones de la
enseñanza no asume este tipo de escolares. Las zonas en que el
maltrato sexual de las estudiantes de parte de los profesores es prevalente
(como en Africa –AI.) las niñas pueden no asistir a la
escuela para escapar de la atención no deseada y los padres que
temen que sus hijas sean agredidas sexualmente pueden mantenerlas en
la casa hasta que se "casen y estén en un marco de seguridad".
La consecuencia, en cada caso, es una educación disminuida, una
menor oportunidad de conseguir un empleo lucrativo y un aporte reducido
a la calidad de vida para ella y su comunidad.
¿POR QUÉ LA MUJERES NO DENUNCIAN?
En todo el mundo estudios a gran escala muestran que
entre 16 y 52 por ciento de las mujeres han sido agredidas por un compañero
íntimo. Es probable que estos estudios, tanto de países
industrializados como en desarrollo, subestimen el problema por muchas
razones:
• Algunas mujeres pueden creer que merecen las golpizas por alguna
acción equivocada de su parte.
• Otras mujeres se abstienen de hablar sobre el maltrato porque
temen que su compañero las lastime aun más en represalia
por revelar "secretos familiares".
• Muchas mujeres de abstienen de contar lo que sufren ya que aprendieron
a sentir vergüenza de vivir violencia conyugal, en vez de sentir
rabia contra el perpetrador, como una manera de “proteger”
su necesidad de ser querida y contenida por una familia propia.
• En muchos países no existen sanciones legales o sociales
en las situaciones de violencia perpetrada por un compañero íntimo.
Considerando estos factores, las estimaciones de la
prevalencia del maltrato físico por parte de un compañero
son moderadas. Conocido es el mito (todo mito está basado en
algo real) sobre aquella mujer a quien el que cuenta la historia ha
intentado ayudar a salir de la violencia o ha defendido mientras es
golpeada, y ella en vez de agradecer ha quedado indiferente o ha rechazado
al salvador o salvadora. No siempre sucede así probablemente,
sin embargo, esta historia busca acallar a quien habla abiertamente
de la Violencia contra la Mujer en un grupo.
Por otra parte, es fácil entender con una simple reflexión
que es lo que lleva a la mujer violentada a esa actitud: El salvador
lo será por un rato, luego se irá y ella quedará
teniendo que compartir la vida con el agresor a menos que decida irse
de su lado, y esto último lo hará no gracias a que es
salvada por un tercero sino porque ella misma encuentre los medios materiales
y afectivos para salvarse a sí misma.
La Violencia Contra la Mujer es un fenómeno
que puede desgraciadamente definirnos funcionalmente a las mujeres en
una sociedad patriarcal. También desgraciadamente a menudo nos
hacemos parte (y/o cómplice) de aquella. Podemos analizar y encontrar
millones de razones para ello, tantos millones de razones como mujeres
hay. No olvidemos, la búsqueda de afecto masculino y el desconocimiento
de otra forma de vivir como, tal vez, ejes de esas millones de razones.
Sin embargo, una puede elegir el foco de sus reflexiones, en este escrito
yo coincido con la escritora Marta Cecilia Velez Saldarraga, quien en
"El amor o el camino a la enajenación" interroga: ¿Por
qué razón, me lo preguntado muchas veces, los varones
han podido cuestionarse la estructura social, plantear la liberación
de los oprimidos, hablar incluso de igualdad de clases, más nunca
mirar sus vidas privadas y el ejercicio de poder sobre las mujeres?...”.
Entonces decimos acá, ¿Cómo es
que Estados, presidentes, defensores de los derechos humanos, políticos,
luchadores sociales, pueden obviar una realidad tan inmensa como un
iceberg? ¿Cómo es que no se les hace obvio con tanto doctorado,
postgrado, diplomado e “instrumentos técnicos” para
medirlo todo, que en la construcción misma de la sexualidad –feminidad/masculinidad-
radica el origen de la Violencia contra la Mujer?
Sin embargo una dice y se desdice, tal vez sean preguntas
inútiles éstas y lo que verdaderamente requerimos descubrir
es lo que la misma Marta Velez Saldarraga quiere descubrir: Cómo
construir desde nosotras “una cultura donde ni el Amor ni la sexualidad
serán un asco", y agregamos: o signifiquen la muerte y el
martirio. Mientras, tal vez, damos palos de ciegas: diversas mujeres,
colectivos feministas, redes contra la violencia, ONGs de mujeres, trabajadoras
de Casa de Acogida, trabajadoras de proyectos de primera acogida y oficinas
de la mujer, porfían para enfrentar la violencia y asumir a las
mujeres sobrevivientes de violencia que acuden por apoyo con el financiamiento
que No Hay, los refugios que no existen, reglas institucionales ilógicas
y generalizantes, Leyes VIF fracasadas en la práctica, talleres
hechos a pulso, acciones callejeras, funas –en Chile- o Scra-che
(en Argentina), y otras iniciativas.
La verdad, es que sólo nos tenemos a nosotras
mismas, nos moviliza la rabia hacia la injusticia, nos hace reflexionar
la pena de perdernos en la maraña de la violencia, nos inspira
la empatía por otras y otros, y la memoria corporal y colectiva
de la obsesión que Lilith nos dejó: aquella de no rendirse
ni someterse a vivir como esclava y con miedo.
Sólo tenemos, entonces, la obsesión digna de defender
la propia libertad y de seguro, podemos seguir construyendo –y
mucho más fuerte y organizadamente- maneras comunitarias y populares
de autoconciencia y autodefensa como un poder alternativo al poder patriarcal.
Un poder que revolucione la chata y precaria realidad de dos géneros
heterosexuales, uno sometido, otros sometedor, y transforme a la humanidad
en individuos integrantes de comunidades que se den sus propias reglas
para el amor y sexo, partiendo de sus verdaderos deseos, necesidades
y solidaridades.
ANEXO: ALGUNOS DOCUMENTOS MUNDIALES CONTRA LA VIOLENCIA
HACIA LA MUJER
- La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) ha sentado
las bases para la creación de convenciones internacionales de
derechos humanos. El artículo 3 declara que todas las personas
tienen derecho a la vida, la libertad y la seguridad personal. Según
el artículo 5, nadie será objeto de tortura, trato o pena
crueles, inhumanos o degradantes. Por consiguiente, cualquier forma
de violencia contra la mujer que represente una amenaza para su vida,
libertad o seguridad personal o que pueda interpretarse como tortura
o trato crueles, inhumanos o degradantes infringe los principios de
esta Declaración.
- El Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, (1966) junto con el Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos, prohíbe la discriminación
por razón de género. La violencia afecta perjudicialmente
la salud de la mujer, por consiguiente, infringe el derecho de disfrutar
el máximo nivel posible de salud física y mental (artículo
12). Además, el artículo 7 estipula el derecho de disfrutar
condiciones de trabajo justas y favorables que garanticen condiciones
de trabajo inocuas y sanas. Esta disposición abarca la prohibición
de la violencia y el acoso de las mujeres en su lugar de trabajo.
- El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos
(1966) prohíbe la violencia en todas sus formas. El artículo
6.1 protege el derecho a la vida. El artículo 7 prohíbe
la tortura y el trato o pena inhumanos o degradantes. El artículo
9 garantiza el derecho a la libertad y la seguridad de la persona.
- La Convención contra la Tortura y otros Tratos
o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (1984) brinda protección
para todas las personas, independientemente de su sexo, de una manera
más detallada que el Pacto Internacional sobre los Derechos Civiles
y Políticos. Los estados deben tomar medidas eficaces para impedir
los actos de tortura (artículo 2).
- La Convención sobre la eliminación
de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979)
es el instrumento internacional más extenso que trata los derechos
de la mujer. Aunque la violencia contra la mujer no se aborda específicamente
en la Convención, salvo en relación al tráfico
de mujeres y la prostitución (artículo 6), muchas de las
cláusulas de anti-discriminación protegen a las mujeres
de la violencia. Los estados signatarios han aceptado una política
de eliminar la discriminación de la mujer y adoptar medidas legislativas
y de otra índole que prohíban la discriminación
contra la mujer (artículo 2). En 1992, el Comité para
la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW)
que vigila la ejecución de esta Convención, incluyó
la violencia por razón de género formalmente en la discriminación
por razón de género. La recomendación general No.
19, adoptada en el XI período de sesiones (junio de 1992), trata
en su totalidad de la violencia contra la mujer y las medidas tomadas
para eliminarla. En cuanto a los temas de salud, recomienda que los
Estados ofrezcan servicios de apoyo a todas las víctimas de la
violencia por razón de género, como refugios, trabajadores
de salud adiestrados especialmente y servicios de rehabilitación
y orientación.
- La Convención Internacional sobre la Eliminación
de todas las Formas de Discriminación Racial (1965) declara que
los estados signatarios se comprometen a prohibir y eliminar la discriminación
racial en todas sus formas y a garantizar la posibilidad de disfrutar
el derecho a la seguridad personal y la protección del Estado
contra la violencia o el daño corporal, ya sea infligido por
los funcionarios públicos o por cualquier grupo o institución
(artículo 5).
- Las cuatro Convenciones de Ginebra de 1949 y dos
Protocolos adicionales forman la piedra angular de la ley humanitaria
internacional. Las Convenciones de Ginebra requieren que todas las personas
que no toman parte activa en las hostilidades sean tratadas humanitariamente,
sin distinción adversa por cualquiera de los motivos usuales,
como puede ser el género (artículo 3). Ofrecen protección
a todos los civiles contra la violencia sexual, la prostitución
forzada, el maltrato sexual y la violación.
En lo referente al conflicto armado internacional, el Protocolo Adicional
I de las Convenciones de Ginebra de 1949 crea obligaciones para las
partes de un conflicto de tratar humanitariamente a las personas bajo
su control. Requiere que las mujeres estén protegidas contra
la violación, la prostitución forzada y la agresión
indecente. El Protocolo Adicional II, aplicable durante los conflictos
internos, también prohíbe la violación, la prostitución
forzada y la agresión indecente.
- La Convención sobre los Derechos del Niño
(1989) declara que las partes deben tomar medidas legislativas, administrativas,
sociales y educativas apropiadas para proteger al niño de la
violencia física o mental, el abuso, el maltrato o la explotación
(artículo 19). Los estados actuarán en consecuencia para
impedir la explotación de los niños en la prostitución
u otras prácticas sexuales ilegales, y la explotación
de los niños en actuaciones y materiales pornográficos
(artículo 34).
- La Convención internacional sobre la protección
de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares
(adoptada por la Asamblea General en 1990, aún no ha entrado
en vigencia) contiene el derecho de los trabajadores migratorios y los
miembros de su familia a la libertad y la seguridad de la persona tal
cual se ha proclamado en otros instrumentos internacionales. Tendrán
derecho a la protección eficaz del Estado contra la violencia,
la lesión física, las amenazas y la intimidación,
ya sea de parte de los funcionarios públicos o de los particulares,
grupos o instituciones (artículo 16).
A pesar de todos estos tratados, las mujeres seguimos
siendo violentadas estructuralmente, públicamente, personalmente
e íntimamente de manera generalizada. Y es que, pareciera ser
que el origen de la Violencia hacia las Mujeres, no se borra ni con
leyes, ni con tratados internacionales, ni con tecnocracia de género.
Tampoco con campañas publicitarias que muestren moretones y dolor
de mujeres, niños y niñas. Menos con la “moda de
género” de nombrar los femicidios en noticiarios y contarlos,
que lejos de sensibilizar contra la Violencia Machista, parecen habituar
a la espectadora y el espectador a la normalidad de estos hechos. Pareciera
que la única solución fuese una construcción distinta
de poder y comunidad, unidas a la autoconciencia y autodefensa de las
propias mujeres.
Victoria Aldunate Morales
Memoria Feminista, feministas auónomas
Fuentes primarias para este escrito:
• Relatos de mujeres atendidas en talleres y conversaciones terapéuticas
en Primera Acogida a Mujeres en la Oficina de la Mujer de Municipio
de El Bosque (2004-2005)
• Relatos de mujeres atendidas en talleres y conversaciones terapéuticas
en Primera Acogida a Mujeres Proyecto IELCH/PPM/ELCA (2005-2008).
Algunas fuentes secundarias consultadas:
• Informe “Oculto bajo la alfombra: Abusos contra trabajadoras
domésticas en todo el mundo”, 93 páginas. ONG, Human
Rights Watch transmitido por el Canal Solidario-OneWorld 2006. Ciudadanía
sexual.org
• LA VIOLENCIA DE LA GLOBALIZACION. Vandana Shiva. Directora de
la Fundación de Investigación por la Ciencia, la Tecnología
y la Ecología de Nueva Delhi – India.
• AMNISTÍA INTERNACIONAL Informe de Amnistía Internacional.
El estado de los derechos humanos en el mundo (2005).
• ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD, OMS, Informe Mundial
sobre Violencia de Género y Salud de las Mujeres (2002).
• SERNAM, Detección y análisis de la prevalencia
de la violencia intrafamiliar. Universidad de Chile. Centro de Análisis
de Políticas Públicas. Santiago (agosto 2001)
• SOLEDAD ROJAS, CAMILA MATURANA Y GLORIA MAIRA “Femicidio
en Chile”, publicado por las Naciones Unidas y realizado por investigadoras
del Área de Ciudadanía y Derechos Humanos de la Corporación
La Morada (2004)
• Cartilla UNICEF Responde al Maltrato Infantil en Chile (2005).
• SECRETARÍA GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS
AMERICANOS, OEA, Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar
y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, Convención de Belem
do Pará (1994). Registrada y publicada en la Secretaría
de las Naciones Unidas, ONU, de conformidad con el artículo 102
de la Carta de las Naciones Unidas.
• MARTA TORRES FALCÓN, “La Violencia en casa”
(Editorial Paidos, 2006). Programa Interdisciplinario de Estudios de
la Mujer de El Colegio de México
• ISIS INTERNACIONAL. Mujeres Hoy. Violencia Contra la Mujer (Santiago
2005).
• “NOMBRAR EL MUNDO EN FEMENINO / PENSAMIENTO DE LAS MUJERES
Y TEORÍA FEMINISTAS”. María Milagros Rivera Garretas.
Barcelona 1994. Icaria Editorial, S.A.
• MARCELA LAGARDE, "Los cautiverios de las mujeres: madresposas,
monjas, putas, presas y locas" (Universidad Nacional Autónoma
de México, México, 1990).
• GEORGES DUBY. "MUJERES DEL SIGLO XII".
Ed. Andrés Bello. Chile 1995
• MARGARET WADE LABARGE. “La Mujer en la Edad Media”.
1989, editorial Nerea.
• “Historia de las mujeres en Occidente”, bajo la
dirección de Georges Duby y Michelle Perrot. Editorial Taurus,
grupo Santillana 1992.
• Las Hogueras de la Inquisición Víctor Montoya,
Suecia, 2000.
• La Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento.
• TZVETAN TODOROV, “La conquista de América, el problema
del otro”. México, Siglo XXI editores (1989).
• MAIDA, MOLINA, BASUALTO Y OTRAS PROFESIONALES
PERTENECIENTES AL DEPARTAMENTO DE PEDIATRÍA ORIENTE DE LA FACULTAD
DE MEDICINA DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE, LA FUNDACIÓN DE PREVENCIÓN
DE VIOLENCIA INTRAFAMILIAR, EL HOSPITAL LUIS CALVO MACKENNA Y LA PONTIFICIA
UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE, “La experiencia de abuso
en las madres: ¿Es un predictor de abuso sexual de sus hijos?”
(2005).
• PÉREZ, J.A. UNIVERSIDAD DE VALENCIA, PÁEZ, D.,
UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO, NAVARRO-PERTUSA, E., UNIVERSIDAD
DE ALICANTE, Y ARIAS, A., UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A
DISTANCIA, MADRID, Paper “Conflicto de mentalidades: cultura del
honor frente a la liberación de la mujer” (Revista Española
“Motivación y Emoción” Nº 3, 143-158,
año 2002).
• SANTANA-TAVIRA, ROSALINDA, SANCHEZ-AHEDO, ROBERTO y HERRERA-BASTO,
EMILIO. El maltrato infantil: un problema mundial. (México 2006).
• BERTHA LUCÍA CASTAÑO-HENAO. GRUPO DE PSIQUIATRÍA
Y PSICOLOGÍA FORENSEINSTITUTO NACIONAL DE MEDICINA LEGAL Y CIENCIAS
FORENSESREGIONAL BOGOTÁ. Trastorno mental y filicidio. El filicidio
en Bogotá: 1998-2003. (Revista del Instituto Nacional de Medicina
Legal y Ciencias Forenses. En prensa 2005. Revista Colombiana de Psiquiatría,
Suplemento No. 1, Vol. XXXIV, 2005).
• NANCY CHODOROW. La Reproducción de la Maternidad. Prefacio
de la segunda edición. (Psicoanálisis, estudios Feministas
de Género. Psicomundo, la Red PSI en Internet 2006).
• Alonso-Fernández, F. "Raíces Psicológicas
de la Violencia". Fundación Santa Maria. Madrid. 1984.
• FUNDAMENTOS DE LA GESTALT, Joel Latner, Prólogo
de Francisco Huneeus. Editoria, Cuatro Vientos.
• PROCESO Y DIÁLOGO EN PSICOTERAPIA GESTÁLTICA
Gary M. Yontef. Prólogo de Rolando Pihan V. Editorial Cuatro
Vientos.
• LENGUAJE, ENFERMEDAD Y PENSAMIENTO. Francisco Huneeus. Editorial
Cuatro Vientos.