Primeros pasos de sistematización sobre prácticas educativas
con jóvenes de barrios populares de La Plata y Berisso enmarcadas
en un movimiento social.
Alainez Carlos, Fajardo María Florencia, Sacco María
Introducción:
Este trabajo pretende hacer una primera sistematización sobre
las experiencias de trabajos con jóvenes en los Movimientos de
Trabajadores desocupados (MTD) de Berisso y La Plata del Frente Popular
Darío Santillán (FPDS)[1] entre los años 2006 y
2008, a partir de los Proyectos adolescentes[2].
Intentaremos definir con qué jóvenes trabajamos, las
características sociales de los barrios donde viven, los principales
problemáticas por las cuales están atravesados, las consecuencias
de los modelos políticos-económicos que repercuten en
sus biografías.
Intentaremos hacer una reconstrucción del recorrido histórico
de cómo se fueron armando los distintos talleres, de cómo
la organización define comenzar a trabajar a con Proyectos adolescentes,
las temáticas de los talleres, cuales son sus principales objetivos,
como se organizan, con que metodología se trabaja, que desafíos
se fueron configurando, qué cosas se hicieron mal, cuáles
fueron los logros, qué sueños fueron surgiendo, qué
queda por hacer.
Por último, dar cuenta sobre cómo articulan los talleres
con otras actividades del FPDS y qué lugar tiene la juventud
en esta organización.
Antes de las reflexiones finales haremos una breve reflexión
y crítica sobre los proyectos adolescentes como política
social.
La construcción de la sistematización se vale de: entrevistas
a talleristas[3] de los proyectos, a jóvenes que participan en
los talleres, a militantes-referentes de los MTD; documentos internos
de la organización (memorias de reuniones, balances, memorias
de talleres de formación); fundamentaciones de los Proyectos
adolescentes presentados al ministerio.
Con la utilización de estas fuentes trataremos de poner en diálogos
las voces, las percepciones de los distintos actores que están
involucrados de diversas maneras con la experiencia que tratamos de
sistematizar.
De ninguna manera este trabajo pretende ser definitivo sobre los problemas
que han sido abordados. Sino más bien un aporte- herramienta
que a partir de una humilde sistematización de la experiencia,
que permita pensar, reflexionar, debatir, reformular el trabajo con
jóvenes desde la organización. Principalmente al interior
del movimiento (FPDS).
Decidimos presentarlo en el marco de una actividad académica
porque queremos que se conozcan las discusiones y prácticas que
se dan en un movimiento político social y popular desde sus propios
actores. Porque queremos una universidad que permita una ecología
de saberes[4]. Por otro lado, porque la exigencia de un plazo de presentación
nos ayudó a llevar acabo este trabajo que generalmente, por múltiples
urgencias, se relega. Más allá que la tarea de sistematización
se considere importante, valiosa.
Algunas consideraciones sobre la sistematización[5].
Concebimos la sistematización como algo mucho más complejo
que la sistematización de datos, de información que implica
ordenamiento y clasificación de datos e informaciones, estructurando
de manera precisa categorías, relaciones, posibilitando la constitución
de bases de datos organizados, etc. Se trata de ir más allá,
intentando mirar las experiencias como procesos históricos, procesos
complejos en los que intervienen diferentes actores, que se realizan
en un contexto económico-social determinado y en un momento institucional
del cual formamos parte.
Sistematizar experiencias significa entonces entender por qué
ese proceso se está desarrollando de esa manera, entender e interpretar
lo que está aconteciendo, a partir de un ordenamiento y reconstrucción
de lo que ha sucedido en dicho proceso. Por lo tanto, en la sistematización
de experiencias, partimos de hacer una reconstrucción de lo sucedido
y un ordenamiento de los distintos elementos objetivos y subjetivos
que han intervenido en el proceso, para comprenderlo, interpretarlo
y así aprender de nuestra propia práctica.
Supone tener en cuenta que la teoría y la práctica, lo
objetivo y lo subjetivo son polos contradictorios de la realidad. Supone
abordar la unidad entre el sujeto y el objeto de conocimiento, unidad
entre el saber y acción, realidad como una totalidad, realidad
como un proceso histórico, realidad en permanente movimiento;
porque somos parte de la realidad que queremos conocer; somos sujetos
que participamos en la construcción de la historia.
Entendemos que para hacer una buena sistematización demos tener
una delimitación clara del objeto a sistematizar, es decir, qué
experiencia, realizada en qué período y lugar. Además,
la precisión de algún o algunos ejes de sistematización,
es decir, qué aspectos principales de esa experiencia nos van
a interesar más (no se tiene que sistematizar toda la experiencia,
ni todos los aspectos). Esto nos permitirá el identificar prácticas
significativas y no sólo las llamadas “mejores” prácticas.
Sistematizar una experiencia “fracasada” también
podría darnos muchas lecciones.
Entendemos que sistematizar debe conducir realmente a una interpretación
crítica del proceso de la experiencia vivida y extraer aprendizajes,
quiere decir que genera un nuevo conocimiento. Ahora bien, aquí
el desafío es realmente “garantizar que se produzca un
nuevo conocimiento a partir de los conocimientos existentes. Implica
ser capaces de pasar de lo descriptivo y narrativo a lo interpretativo
crítico. Esto no es fácil, pues no tenemos la costumbre
de teorizar, no hemos desarrollado suficientemente nuestra capacidad
analítica y muchas veces nuestra formación nos ha empujado
a simplemente ser consumidores pasivos de los conocimientos que otras
personas nos querían transmitir” (Jara, O.: 2001, p.8).
El dilema está en no quedarnos sólo en la reconstrucción
de lo que sucede sino pasar a realizar una interpretación crítica.
En ese sentido, sistematizamos nuestras experiencias para aprender
críticamente de ellas y así poder: a) Mejorar nuestra
propia práctica b) Compartir nuestros aprendizajes con otras
experiencias similares c) Para contribuir al enriquecimiento de la teoría.
Si bien por los tiempos no lo logramos hacer en profundidad, en el
proceso de sistematización es clave garantizar que quienes vivieron
la experiencia tengan un rol importante en su sistematización
y no dejarla en manos de una persona “experta”, quién
sistematice en nombre de los demás.
La sistematización contempla la dimensión comunicativa
presente en todas las etapas de la sistematización de experiencias
y no reducida sólo a la producción de un documento o material
final.
Será importante encontrar las relaciones y las diferencias entre
sistematización, evaluación, investigación, monitoreo.
En muchos aspectos se mezclan, en otros se complementan y en otros se
distinguen. En cualquier caso, no es por la forma que se diferencia
la sistematización de otros ejercicios, sino por su sentido específico.
La sistematización de experiencias, de la manera que se haga,
“siempre tendrá que poner acento en la interpretación
crítica del proceso vivido. No se fijará tanto en los
resultados como la evaluación, ni pretenderá abordar cualquier
temática o problemática como la investigación.
Si bien ayudará a dar seguimiento a la experiencia, no es en
sí misma un mecanismo de monitoreo, sino un aporte crítico
al mismo.” (Jara, O.: 2001, p.15).
Nuestra propuesta de sistematización de experiencias tiene un
sentido de carácter transformador. Sistematizar para mejorar,
enriquecer, transformar nuestras prácticas. Sistematización
como un "proceso permanente y acumulativo de producción
de conocimientos a partir de las experiencias de intervención
en una realidad social” (Barnechea, González y Morgan 1998).
En otras palabras queremos construir conocimiento desde la práctica;
queremos hacer investigación participativa, es decir, para y
desde los movimientos sociales. Queremos aportar a la construcción
de movimientos sociales. Queremos que los procesos de producción
de conocimiento confluyan con los mecanismos de acción política.
Marco teórico:
La juventud aparece como una fase etaria particular cuando la sociedad
le consagra un tiempo prolongado de moratoria. Esto significa que el
tránsito de la infancia a la madurez implica un período
en que se disocia la madurez biológica de la moral o la social:
“se inicia con la capacidad del individuo para reproducir a la
especie humana y termina cuando adquiere la capacidad para reproducir
a la sociedad” (Brito: 1997, p.29). Aparece el sujeto “joven”
que no se es ni niño ni adulto, para quien el presente es preparación
para construir un hogar propio e insertarse en mercados de trabajo que
exigen cada vez mayor adquisición previa de conocimientos y destrezas.
Según Bourdieu la juventud “no sería más
que una palabra”: creación social para definir un período
etario que debiera cumplir, en nuestra época, con ciertas expectativas,
pero que no siempre ha sido tratado como un actor social en sí
mismo (Bourdieu, 1990). Lo cierto es que la juventud aparece como un
concepto poco claro en la medida que engloba bajo un mismo rótulo
un conjunto social muy heterogéneo. Muy distinta es la situación
de jóvenes urbanos vs. rurales, de jóvenes de grupos socioeconómicos
carenciados respecto de otros que viven en hogares de mayores ingresos,
de jóvenes de 15 a 19 años en contraste con otros de 20
a 24 o de 25 a 29, de jóvenes con poca o con mucha educación
formal, de jóvenes mujeres en relación a jóvenes
hombres.
La vida moderna capitalista coloca a los y las jóvenes en el
proceso de preparación para entrar en el sistema productivo y
autonomizarse respecto de sus familias de origen. La juventud pasa a
ser objeto de discusión y análisis cuando “los mecanismos
de tránsito etario no coinciden con los de integración
social, vale decir, cuando aparecen comportamientos definidos como disruptivos
en los jóvenes, porque los canales de tránsito de la educación
al empleo, o de la dependencia a la autonomía, o de la transmisión
a la introyección de valores, se vuelven problemáticos”
(CEPAL: 2004, p.5). El tránsito de la dependencia a la autonomía
material se hace difuso, tanto por la mayor dificultad en obtener ingresos
para los jóvenes (por la restricción de entrada al empleo),
como por la necesidad de permanecer más tiempo en la etapa formativa
(y en el hogar paterno y/o materno) para optar por mejores ocupaciones.
Conflictividad o apatía política, deserción escolar,
postergación de la procreación, desempleo masivo, crisis
normativa o conductas de riesgo pasan a ser parte del lenguaje que la
sociedad usa para referirse a la juventud.
La dificultad de construir una mayor inclusión social apoyada
en la ampliación de la estructura de oportunidades, se sustenta
en el deterioro e inadecuación de los sistemas políticos,
jurídicos e institucionales que organizan los procesos y estructuras
de contención, asistencia y formación educativa de los
sujetos sociales. “Del mismo modo, el distanciamiento entre las
ofertas políticas y las demandas sociales reales, constituye
uno de los dilemas más sobresalientes que esbozan el escenario
histórico en donde prima ‘el abandono juvenil’ y
las múltiples combinatorias de la ‘vulnerabilidad social’
que atraviesa la identidad, expectativas y proyecciones sociales de
los grupos más jóvenes de la comunidad.” (CEPAL:
2004a, p.18).
La repercusión de las transformaciones estructurales viabilizadas
a través de los procesos de privatización, desregulación
y descentralización –esencialmente evidencian resultados
altamente regresivos en especial referidos al ámbito de las políticas
públicas y el campo económico y social, entre los que
pueden mencionarse: el incremento de la desocupación juvenil,
la agudización de la pobreza, la expansión del riesgo
social, la desigualdad de oportunidades, concentración de los
ingresos, etc. Como ya se expuso, con la pérdida de eficiencia
de los espacios institucionales públicos y los sistemáticos
desdibujamientos de las responsabilidades políticas que el estado
históricamente había contraído, “se propició
una suerte de ‘libre albedrío de sectores y actores sociales’
en lo concerniente a la definición de estrategias de adaptación
y reacomodamientos frente a la nuevas características y exigencias
de la sociedad neoliberal; así como a la elaboración de
garantías básicas para la integración y la participación
social de los bienes y servicios que determinan la inclusión
plena y autónoma de los ciudadanos.” (CEPAL: 2004a, p.20).
A continuación trataremos de profundizar un poco más
en los procesos que convirtieron a los jóvenes de los sectores
populares de nuestro país como los máximos “perdedores”
del modelo neoliberal.
En el país la deserción escolar de jóvenes de
entre 15 y 19 años ha aumentando en un 25 %, siendo mayor en
las provincias del noroeste. Actualmente 6 de cada 10 jóvenes
son pobres. Esto significa 5.500.000 personas de entre 15 y 29 años[6].
Durante la década de los 90 se da una acelerada erosión
de los tradicionales lazos sociales y culturales que estructuraron al
mundo obrero industrial, marcado por la experiencia de la integración
política, económica (acceso al consumo) y social (derechos
sociales, protección social, estabilidad laboral) que devino
inevitable. “Pero este carácter inevitable no sería
lo crucial de la experiencia sino la distancia – personal y a
la vez colectiva- que se establece entre aquel modelo de estructuración
“originaria” y la vivencia de los actores.” (Svampa
y Pereyra: 2003, p.158).
La historia familiar de muchos jóvenes esta marcada por la inestabilidad
y la desprotección laboral. En estos, los recuerdos de una supuesta
“edad de oro” en la cual se ligaban participación
política, bienestar económico y trabajo industrial son
casi inexistentes. Se trata de una larga experiencia de desarraigo respecto
a estos parámetros. Así se puede dimensionar hasta donde
están desdibujados o ausentes los ejes tradicionales de la cultura
del trabajo, si tenemos en cuenta que los jóvenes son la franja
más afectada por la desocupación y la marginalidad. Deja
de visualizarse el trabajo como motor de progreso y de “orgullo
trabajador”. “Gran parte de ellos llegan a la mayoría
de edad sin la posibilidad de acceder a un empleo y, por ende, sin recursos
ni estímulos para encarar una formación determinada, apenas
si guardan algún contacto con el mundo de las instituciones políticas
y educativas, al tiempo que se hallan cada vez menos incluidos en términos
de consumo.” (Svampa y Pereyra: 2003, p.159).
“Los jóvenes tienden a naturalizar la situación
de inestabilidad, sin avizorar en su futuro otra cosa que la precariedad
duradera.” (Kessler: 2004, p.33). El proceso de subjetivación
se realiza en un escenario atravesado por la incertidumbre en ciudades
donde se multiplican las fronteras sociales, en la cual el individuo
tiene que procurarse recursos para vivir sin posibilidad alguna de planificación
en la vida.
La desaparición de marcos normativos ha contribuido a crear
una frontera difusa entre la legalidad y la ilegalidad, en una realidad
híbrida donde se yuxtaponen la experiencia de la desorganización
social y las estrategias de sobrevivencia (Kessler: 2004a).
Actualmente, los jóvenes de todas las clases sociales tienden
a organizar su subjetividad en función de ejes distintos a los
característicos de otras épocas, que le procuran mayor
sensación de realización personal: por ejemplo, la identificación
con algún tipo de vestimenta o un ritmo musical otorgan la ocasión
para definir positivamente nuevas filiaciones y pertenencias.
En aquellos jóvenes cuya situación es de mayor vulnerabilidad,
las demandas de consumo son las mismas que las de los jóvenes
que provienen de otros sectores sociales, con mayores oportunidades
de vida. Situación vinculada a las nuevas “industrias de
la subjetividad”. Sin embargo pese a esta tendencia homogeneizadora
los modos de apropiación son divergentes, pues dependen del grupo
social de pertenencia y de la capacidad de consumo. En otras palabras,
las condiciones de exclusión social que afectan a los jóvenes
pobres van acompañadas de un nivel inédito de exposición
a propuestas masivas de consumo, que confieren una centralidad igualmente
inédita a la cultura juvenil en la sociedad. Todo ello está
definiendo una situación donde los jóvenes tienen una
relativamente alta participación simbólica en la sociedad
—que modela sus aspiraciones— y una participación
material que impide la satisfacción de esas aspiraciones por
‘cauces legítimos’” (CEPAL: 2004, p.14).
Además, los jóvenes de barrios pobres, más que
cualquier otro grupo social han sido y siguen siendo las víctimas
privilegiadas de las políticas de abusos represivos encarnadas
en la policía, que a lo largo de las últimas décadas
ha venido perfeccionando con ellos –y sobre sus cuerpos- una metodología
de guerra sucia.” (Svampa y Pereyra: 2003, p.159). La oposición
a la policía constituye uno de los elementos centrales en la
construcción identitaria de muchos/as de estos jóvenes.
Jóvenes que han ido cristalizando en una suerte de ethos anti
represivo, cuyos paradigmas es el rock barrial o chabón de los
90, y más cercanamente, la cumbia villera. Retórica ambigua
y contestataria y bastante despolitizada donde se unen el rechazo a
los políticos y una actitud anti-sistema.
Para concluir podemos decir que los jóvenes de los sectores
populares viven un doble proceso de criminalización: de la pobreza
y de la juventud y aparecen como “la ilustración más
acabada de un conjunto de procesos. Por una parte, devienen los destinatarios
privilegiados del nuevo modelo de relaciones laborales (más flexible
con pocos vestigios de un pasado de integración social y laboral)
aun existiendo un gran desfasaje entre pocos puestos de trabajo y gran
demanda; por otra parte aparecen como la expresión de la “población
sobrante” (la clase peligrosa). Entre esos dos polos que definen
tanto el limite de la inserción como el horizonte de la exclusión,
se van configurando los nuevos marcos de referencia de las conductas
juveniles, donde conviven desorganizadamente y a veces en tensión,
diferentes principios y valores: la naturalización de la situación
alterna con el talante antirepresivo; el rechazo a los políticos
con una actitud antisistema pocas veces politizado; la conciencia del
horizonte de precariedad duradera, con una necesidad de descontrol de
las emociones y las sensaciones.” (Svampa: 2006, p.182).
Los y las jóvenes con quienes trabajamos son parte de estos
procesos. En los talleres aparecen aristas de algunas de estas problemáticas
que con paciencia se tratan de abordar, reflexionar y superar desde
la acción colectiva.
Los jóvenes con los cuales trabajamos habitan en las zonas periféricas
de la Plata y Berisso las que vienen siendo junto al resto de conurbano
bonaerense, desde hace varios años, el lugar para el asentamiento
de poblaciones enteras del interior de nuestro país (por ejemplo
descendientes de Tobas de Chaco, Formosa, Corrientes) y de países
vecinos (peruanos, bolivianos, paraguayos) que escapan del hambre, la
desocupación y la miseria, en busca de una esperanza. Esta inmensa
masa de gente plasma un crisol étnico y cultural, lleno de una
simbología y mística que modifica la realidad de los barrios.
En estos, generalmente, se producen choques de culturas y hábitos
distintos, produciendo violencia, xenofobia y desigualdades entre pobres
que además se encuentran excluidos del sistema productivo, económico,
social y sufren la violencia institucional.
Esta situación forma individualidades profundas, desarticula
los mecanismos solidarios, profundizando la dependencia y el clientelismo
político.
Pertenecen a familias de sectores populares con Necesidades Básicas
Insatisfechas. La gran mayoría son desocupados o subocupados
y aproximadamente la tercera parte es beneficiaria de los Planes Sociales
de Empleo cuyos montos oscilan los $150 por mes.
“Nuestra población se caracteriza por un alto índice
de pobreza, deserción escolar y falta de trabajo. Nuestros núcleos
familiares están constituidos por 6 ó 7 miembros viviendo
en condiciones de hacinamiento y sufriendo la deficiencia de los servicios
educativos, la salud, la alimentación, los derechos sociales.
La población infantil y juvenil, ve así disminuidas sus
posibilidades de estudio y desarrollo. Las alternativas que se presentan
a esta realidad son escasas y el desenvolvimiento cultural queda por
demás relegado.”(fundamentación de proyecto adolescente
Martillando esperanzas, cosiendo sueños”, MTD Berisso).
En este contexto la educación pública se ve desbordada
y no puede interpelar estas diferencias, expulsando en vez de contener,
reproduciendo la problemática barrial y haciendo visibles las
diferencias.
Desde nuestra participación en un movimiento político-social
creemos que esta compleja trama de relaciones sociales, políticas,
culturales y económicas debe ser reconstruida y reinterpretada
desde la propia comunidad, entender las diferencias, asentar los acuerdos,
recomponer el tejido social, promover el reingreso a la educación
formal[7] es una tarea de todos y todas que necesariamente debe realizarse
desde la gente, pensando en una concepción de educación
que atienda a la complejidad de la realidad humana, y a los hombres
y mujeres como seres activos que reconstruyan permanentemente esa realidad;
“la educación sigue siendo un desafío para quienes
intentan encontrar un camino que contribuya con la liberación
del hombre y que sus alcances sean para el bien común a partir
de una propuesta de transformación.”(Fundamentación
de proyecto adolescente Formación de oficios MTD La Plata. FPDS).
Historia de un comienzo:
"Antigua es la lucha, joven es la fuerza"
En el 2006 el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Berisso consiguió
el subsidio de dos proyectos adolescentes[8]. Los mismos eran uno de
fotografía y otro de murga.
Era la primera experiencia que tenía el Frente Popular Darío
Santillán con estos proyectos ya que fue el primer MTD al cual
le salían. La experiencia era entonces totalmente desconocida.
Los proyectos se comenzaron a llevar a cabo en el Club Honor y Patria
de Berisso, donde existía un trabajo previo de la Murga Silbando
Bajito que hacía tiempo desarrollaba sus ensayos y talleres allí.
Por lo tanto algunos de los chicos/as con los que se inicia el trabajo
eran de la murga y muchos/as, hijos/as, parientes o vecinos/as de compañeros
y compañeras del movimiento. Quienes coordinaban eran también
miembros de la murga.
El proyecto de fotografía se comenzó a desarrollar en
Villa Progreso, uno de los barrios organizados del MTD. Quienes coordinaban
los talleres eran militantes de la organización Territorial Juanito
Laguna [9].
En 9 meses, que es la extensión de los proyectos, se formaron
alrededor de 40 chicos y chicas adolescentes entre 14 y 21 años.
A principios de 2007 estos proyectos se renuevan y se amplían
a otros rubros: el de murga se amplía a murga y actividades musicales
(comenzó un taller de guitarra) y el de fotografía incluyó
cine y trabajo audiovisual.
Luego de un período de inactividad, donde los proyectos habían
finalizado y con ellos también el trabajo barrial con jóvenes,
comienzan en octubre de este año tres talleres de formación
en oficio: construcción-herrería, carpintería y
costura. Actualmente se están formando 35 adolescentes. Los talleres
están siendo coordinados por miembros de cooperativas y emprendimientos
productivos del MTD. Este paso fue muy interesante para el MTD, ya que
implicó un desafío muy grande para varios/as compañeros/as
y para la organización también.
En el caso del MTD La Plata el primer proyecto adolescente lo obtuvo
a principio del 2007 luego de 3 años de haberlo presentado en
el Ministerio de Desarrollo Humano de la Provincia de Buenos Aires.
En el 2004 se lo había presentado para realizar un taller de
títeres y fotografía pero cambió hacia la realización
de un taller de oficio en electricidad y herrería que comienza
a funcionar en marzo de 2007. Se constituye en la primera experiencia
de enseñanza de oficio de la Regional la Plata-Berisso del FPDS.
La decisión inicial de presentar un proyecto sobre títeres
y fotografías tenía la intención de fortalecer
y dar continuidad al trabajo que venían realizando TyM[10] y
Galpón Sur[11] en ese momento con niños y adolescentes
de los distintos barrios que integran el MTD La Plata. El giro hacia
capacitaciones en oficio surge partir de: “todo un proceso que
se va dando en la organización con los trabajos productivos.
Si bien nuestro eje de lucha siempre fue el trabajo empezamos a motorizar
proyectos autogestionados, sin patrón. Empezamos a armar huertas,
panaderías, criaderos de pollos. Entonces pensamos que los proyectos
adolescentes podían servir para capacitar a los jóvenes
que se estaban sumando, a los hijos de los compañeros para que
tengan un oficio, para tener una salida laboral, para trabajar dentro
del movimiento o fuera. Empezar de chiquititos a adoptar la cultura
del laburo que hoy no existe.” (M , referente del MTD La Plata).
Con el surgimiento de los proyectos productivos los compañeros
y compañeras del MTD van viendo la necesidad de aprender oficios.
Si bien el tipo de oficio que se comenzó a dar tuvo que ver
con saberes con los que contaban los/as talleristas dispuestos a dar
estos talleres[12], los mismos se fueron articulando con intereses y
necesidades surgidas de los emprendimientos productivos.
Hacia finales del 2007 se consiguieron dos proyectos más. Uno
de oficio, en este caso, construcción y otro para la realización
de un taller de murga.
Actualmente el taller de oficio en construcción y herrería
funcionan juntos. “…El proyecto de herrería tuvo
muy buena recepción. Era increíble que veinte pibes vengan
a todos los sábados a las nuevas de la mañana. Los padres
tampoco lo podían creer....Los proyectos de oficio tuvieron más
aceptación que los culturales, creo, porque se veía la
posibilidad de una salida laboral, por tener un conocimiento concreto.
Pero también porque en los barrios es menos importante que para
la clase media, las actividades culturales, hay otra urgencia…”
(E, referente del MTD La Plata).
Estas citas nos hacen pensar a qué se debe esto. Es importante
remarcar que muchos de los padres de los chicos y chicas trabajan como
obreros de la construcción y aprender el oficio implicaría
poder contribuir en el seno del trabajo familiar. Además en muchos
casos los pibes viven en casas de familias muy numerosas. Empezar a
trabajar significa tener su propia plata, no pedirles a los padres.
Muchos pibes/as ya son padres, madres: “entre la beca del proyecto
adolescente y el plan no le tengo que pedir plata a mi papá”
(C, adolescente del Proyecto adolescente de Construcción y herrería).
“…pensé en trabajar, trabajé en una verdulería,
dejé porque vino otro pariente. Quería tener mi propio
plata y no pedirle a mi mama”(J, adolescente del taller de herrería
y construcción).
Significa también comenzar a ser consumidores: “plata
para ropa, películas, dvs” (J/adolescente del taller de
herrería y construcción).
Veamos entonces cuáles son los objetivos que guían estos
proyectos adolescentes para la organización:
· Que aprendan el oficio para poder proyectar la salida laboral
“propone e implica la superación de la propia realidad,
individual y colectiva a partir de transformarla en espacios de trabajo,
aprendizaje de un oficio y participación en la dinámica
laboral, facilitando la inserción de jóvenes que habitualmente
se ven excluidos en perspectivas de participación en el sistema
productivo formal (generación de alternativas genuinas de producción)”
(fundamentación proyecto de electricidad, año 2007).
· Que se capaciten y formen en fotografía y murga.
· Promover la participación comunitaria de los jóvenes
a partir de un proceso educativo no formal de inclusión social
y cultural.
· Trabajar problemáticas sociales que se desprenden de
los talleres como: la represión policial, salud sexual y reproductiva,
discriminación.
· Vincular el taller con los barrios.
· Fortalecer las organizaciones comunitarias de los barrios
a partir de un proceso socio-educativo participativo promovido por los
jóvenes.
· Que los y las adolescentes cobren una beca.
· Que aprendan la lógica del trabajo cooperativo.
· Recomponer los lazos solidarios desde la promoción
de nuestra cultura e identidad latinoamericana.
· Promover y acompañar la reinserción de niños/as
y jóvenes a la educación formal.
· Conformar espacios de reflexión, formación.
“La enseñanza del oficio la enmarcamos dentro de los objetivos
generales de promover una problematización crítica de
lo que significa ser adolescentes-jóvenes a partir desde donde
venimos, desde nuestras vivencias y prácticas de la vida cotidiana
e invitar a tomar parte activa en la construcción colectiva para
el cambio social.” (Documento del taller de herrería “Qué
hago, por qué, para qué, con quiénes”, octubre
2008).
Nadie sabe todo y no hay nadie que no sepa nada:
Para llevar a cabo estos objetivos se parte de concebir el aprendizaje
como un proceso que parte de los saberes de quienes participan , y que
en un ida y vuelta entre práctica y teoría construye conocimiento
colectivo. Usamos herramientas de la educación popular para formarnos.
“La idea es construir el taller con ellos, que se sientan parte,
que tengan voz, que sientan que valen. Tomamos mates, hacemos una asamblea
y les decimos la propuesta para ver qué les parece.” (J,
tallerista del taller de oficios de herrería).
Se parte de considerar que quienes participan en los talleres tienen
saberes previos y que hay que intentar rescatarlos y valorizarlos. Esto
no significa no cuestionar esos saberes, ni negar que hay conocimientos
que deben ser enseñados. (como se hace una mezcla, un tablero
de electricidad, un revelado de fotos). La cuestión es el cómo,
el para qué y por qué se enseñan.
Para planificar los talleres hay una reunión previa semanal,
donde se establece qué es lo que se va a hacer en la próxima
y se trata de evaluar como fue el último taller.
“Durante el taller hay una asamblea, se dividen en grupos con
actividades (no siempre se pueden hacer), se ve sobre la marcha. Se
hace una asamblea al final para ver como salió.” (N, tallerista
de herrería).
“Me gustó como trabajaban toda la gente, como explicaban
los profes, no se enojan, explican bien y te esperan que hagas tranquilo.”
(E, joven del taller de oficio de herrería).
El camino recorrido evidenció que la formación que debe
tener el/la tallerista no consiste solamente en los conocimientos del
oficio o lo referido a los pasos de murga, toques, buenas tomas de fotografía.
Sino que hay saberes que complementan los del oficio o taller cultural
que enseñe. En ese sentido surgió la necesidad de comenzar
un proceso de formación para los y las coordinadores de talleres[13].
Este consistió en cuatro talleres de formación que se
hicieron en el primer cuatrimestre de este año. Las temáticas
que se abordaron fueron: 1. Educación popular: nociones básicas
y herramientas para el/la educador popular, 2. Juventud, 3. Rol del/la
coordinador/a, 4.Rol político del coordinador/a.
Esta experiencia reunió a coordinadores/as de talleres que trabajan
con jóvenes de los dos MTDs. El saldo mostró logros y
dificultades en ese recorrido. La participación fue disminuyendo
a lo largo de los dos meses, y se perdieron los objetivos básicos
sobre por qué se había iniciado ese proceso. Se concluyó
que las planificaciones junto a sus objetivos, plan y métodos
deben estar elaboradas de antemano. Esto no quita que fue muy importante
haber comenzado pues permitió conocernos entre los diferentes
talleres, compartir las problemáticas que se presentan en el
trabajo, así como las formas de abordarlas y de entender algunas
situaciones que se presentan en el trabajo. El desafío mayor
que salió de este espacio fue comenzar a discutir que como organización
es necesario empezar a pensar más seriamente la política
hacia la juventud.
Sobre la Relación e identificación con el FPDS :
En términos generales, al comenzar los talleres los chicos y
chicas no tiene una identificación con el FPDS, en muchos caso
no saben lo qué es. La identificación es más fuerte
con las actividades territoriales de los MTD, con los comedores, talleres
recreativos, culturales, proyectos productivos, etc.
Generalmente los y las jóvenes no participan de las instancias
de organización política como las mesas barriales y asambleas,
salvo casos particulares: “…mucho no, en realidad no. No
me motiva y no le doy bola. No escucho cuando me explican, me embolo”…
“no sé quien fue Darío Santillán”.
(E, joven del taller de oficio de herrería).
Desde los talleres se les pide a los chicos que participen de las asambleas
de sus barrios para que ellos digan qué es lo que pasa en estos
talleres, para tener la conexión del día al día
y resolver cuestiones operativas.
Una de las actividades que contribuyeron mucho a sentir esa referencia
con lo territorial, fueron las prácticas que el taller de herrería
hizo durante el 2007 en algunos barrios del MTD La Plata. Estas consistían
en llevar las herramientas a los barrios, hacer una convocatoria previa
(de la cual se encargaban los/as jóvenes), y reparar artefactos,
rejas, carros de los/as vecinos/as. Estas aparecen de forma nostalgiosa
en algunos/as relatos de los jóvenes, pues este año estas
experiencias no se repitieron.
Una instancia importante donde se genera identificación con
el FPDS y con Darío Santillán son los Campamentos latinoamericanos
de jóvenes. Estos campamentos se realizan una vez por año,
y es un lugar de encuentro entre jóvenes del campo y la ciudad
de distintos países de América Latina. Creemos que la
identificación ocurre por oposición a otros grupos, por
la necesidad de definirse frente a los/as otros/as campesinos de Misiones,
Brasil, por ver que chicos/as similares a ellos/as preguntan quién
fue Darío Santillán, y qué hacen los jóvenes
en las ciudades.
Sobre la relación de los talleristas con la organización,
remarcan que tener una organización grande que responda, facilita
las cosas, por ejemplo en el tema de presentación de proyectos
o rendiciones y la contención política.
Logros y dificultades que fueron surgiendo en los talleres.
Dificultades:
· Discontinuidad del grupo, es decir, mucho recambio de jóvenes.
· Como uno de los criterios para cobrar la beca es la participación,
aquellos/as jóvenes que no le interesaba demasiado la propuesta
o temática participaban a desgano.
· La falta de experiencia de quienes coordinaban los talleres.
· Desgastes de los talleristas y de los chicos por las implicancias
de sostener talleres durante períodos largos.
· Gran confusión en el manejo de los recursos económicos
de los Proyectos Adolescentes. No quedaba claro como y de dónde
se habían conseguido esos subsidios y cómo se manejaban
luego. Las rendiciones un gran problema.
· Desde los MTD’s se visualizaba como importante el trabajo
con jóvenes, pero no se podía o quería tomar. Se
delegaba a los/as talleristas que podían ser de otra organización.
A veces se sentía una falta de preocupación por el resto
del movimiento sobre qué pasaba en esos talleres (“que
se encarguen los talleristas”). Esto suma la incapacidad para
visualizar las dificultades que se tenía en el trabajo con los
y las jóvenes.
Logros :
“Los sábados a la mañana vienen amanecidos y todo,
llueva o truene o haga un frío del ort... llegamos y están
paraditos en la puerta esperando ¡Es increíble!”
(talleristas de herrería y construcción).
Creemos que hay cierta apropiación del espacio de los talleres
por parte de los/as jóvenes, pues continuamente aportan nuevas
ideas y ponen en juego sus intereses a la hora de definir qué
seguir haciendo en estos encuentros. “La apropiación se
manifestó con fuerza durante los 4 meses en que no se cobró
beca del taller de herrería por demoras en la renovación
del proyecto por parte de la oficina de Proyectos adolescentes del Ministerio
de Desarrollo Humano.” (H, tallerista de construcción).
Antes de los Proyectos Adolescentes dentro de los MTD´s, el trabajo
con jóvenes era principalmente a partir de talleres específicos
pero no se identificaba a éstos como con un sector o un espacio.
No tenían voz en la asamblea. “Le aportó al movimiento
[haciendo referencia al MTD] nuevas voces, nuevos intereses. Entonces
hizo que empiecen a cambiar algunas lógicas, no sin tensiones.
Esperamos que los jóvenes se sigan sumando, empiecen a participar
más de las asambleas del barrio, sean el recambio de la organización
que hoy por hoy está compuestas mas que nada por compañeras
y compañera/os mas que nada grandes.” (A, referente del
MTD La Plata). Actualmente los jóvenes están participando
más de las asambleas barriales pero sigue siendo un espacio que
los atrae poco. Como mencionábamos más arriba, sí
están más motivados con participar de otras actividades
que se hacen en el territorio (proyectos productivos, talleres formativos
y culturales) y en resolución de problemas en forma comunitaria
en el barrio.
En el caso del MTD de Berisso se creó una comisión de
trabajo “proyecto adolescentes”, la cual se integró
por madres de los pibes, los talleristas, más militantes del
movimiento.
Haber formado y estar formando un promedio de 100 jóvenes en
la regional desde que comenzamos con la experiencia.
Promover la formación no solo de los jóvenes sino también
de los/as talleristas.
Desafíos, Sueños.
“Mi sueño es ver la juventud organizada. Verlos en las
calles todos juntos. Que el oficio que hoy están aprendiendo
les ayude para enfrentar la vida. Que valores como el compañerismo
y solidaridad se sigan imponiendo.” (J, tallerista de herrería).
“Que se organicen, que puedan identificar porque la sociedad
está así. Por qué los chicos tienen que cargar
un carro, por qué tienen portación de cara.” (M,
tallerista de construcción).
Entonces la apuesta es seguir formando jóvenes.
El sueño de muchos de quienes coordinan los talleres es que
los propios pibes/as se conviertan en futuros talleristas para así
multiplicar las experiencias. Ya hay casos puntuales en TyM con jóvenes
que eran del MTD La Plata y ahora coordinan.
Generar espacios en conjunto, entre los talleristas y los/as jóvenes,
para poder desarrollar otros intereses y habilidades que lo chicos y
las chicas tienen: “Soy bailarín de danzas bolivianas…
me gustaría armar un taller de danza… les enseñaría
a los chicos… creo que les gustaría. Pero se burlarían…”
(E, joven del barrio “pte. de fierro”).
Seguir trabajando para que se retome el espacio de jóvenes que
alguna vez existió en el FPDS donde poder discutir política
de y con los jóvenes y afianzar la coordinación con otros
talleres. Si bien actualmente a partir los talleres de formación
de talleristas se empieza a avizorar articulación entre todos
los talleres de los MTD´s, aun falta coordinación que permita
entre otras cosas seguir profundizando la experiencia de formación
política y no perder la energía que se genera en los campamentos
de jóvenes.
Empezar a articular los talleres con la creación de los bachilleratos
populares. Que los talleres puedan constituirse en un espacio de aprendizaje
de los bachilleratos. Que los chicos y chicas que actualmente participan
de los talleres y están en problemas o han abandonado la escuela
pública encuentren un lugar en los bachilleratos populares.
Otros sueños que salieron mientras fuimos realizando las entrevistas
fueron: ofrecer la capacitación en otros oficios; conseguir más
financiamiento; poder armar un equipo de trabajo para motorizar y apoyar
el ingreso de los pibes que estén interesados en estudiar en
la universidad: “Queremos que los pibes accedan a la universidad,
disputar el conocimiento. La universidad tiene que ser para los hijos
de los trabajadores” (E, referente del MTD La Plata).
Que los jóvenes se valgan por sí mismos, Que toda la
rebeldía que tienen la puedan canalizar hacia la construcción
de una sociedad mejor.
Que comiencen a autogestionarse colectivamente.
Algunas reflexiones críticas sobre el programa estatal Proyecto
Adolescente.
El programa Proyecto Adolescente nace en 2004 y como ya dijimos pertenece
al Ministerio de Desarrollo Humano de la Prov. de Bs. As. En su origen
encontramos que primero se aprobó el presupuesto que se le destinaría
y luego se convocaron a los profesionales para pensar como implementarlo.
Se trata de un programa que se desprende del programa Barrios bonaerenses
e intenta atender la población de entre 14 y 18 años que
se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Población
que luego del 2001 ascendió a 2 millones de pibes en la provincia
de Bs. As. y para la cual, hasta el momento, no existía ninguna
política de asistencia económica y formativa por fuera
del sistema escolar. Se intentó pensar el programa en relación
a las directrices que caracterizarían la nueva ley de niñez
y adolescencia (N° 13.298),. “Si la provincia se hubiera atenido
a la normativa de la antigua ley, tendría que haber llevado a
instituciones cerradas a 2 millones de pibes cuando en realidad contaba
con alrededor de 4000 a 5000 plazas... el patronato se cae por su propio
peso” (K, ex funcionario del Ministerio de Desarrollo Humano,
Prov. de Bs. As.).
Con la aprobación de la nueva ley de niñez y adolescencia,
los Proyectos Adolescentes no tendrían razón de ser, ya
que fue pensado y es ejecutado como un “enlatado”. Quiere
decir que es un programa que se elabora desde un lugar central y es
aplicado a las distintas realidades a partir de reglas básicas
comunes a las cuales las organizaciones sociales y municipios que los
vehiculizan se tienen que adaptar. “La nueva ley contempla otra
lógica de trabajo. Tendrían que ser los consejos de niñez
locales, el consejo de promoción y protección de derechos
de cada localidad, los que tendrían que generar los planes de
acción, por eso te digo, el proyecto adolescentes hoy, no tendría
mucho más sentido porque serian esos órganos territoriales
los que generen las políticas de niñez y adolescencia”.
(K, ex funcionario del Ministerio de Desarrollo Humano, Prov. de Bs.
As.).
Con respecto a los criterios de evaluación de los proyectos
por parte de la oficina a cargo de ellos, lo que prevalecen son los
criterios de compromiso políticos más que los aspectos
técnicos (propuesta y fundamentación del proyecto de trabajo,
organización en la que se enmarca, etc.). Es así que las
organizaciones afines o con vinculaciones con los políticos,
funcionarios y/o la facción del partido a cargo del gobierno
de la provincia pueden acceder a más cantidad de proyectos y
en menor tiempo que cualquier otra organización no alineada políticamente.
“Si bien hay algunos buenos trabajos [respecto a los proyectos
adolescentes], en la mayoría de los casos terminan siendo fuentes
de clientelismo. Pero bueno, la política pública en la
provincia de Bs. As. tiene diferentes dimensiones que vos las vas ponderando,
es el problema de la gestión, como vos las vas ponderando, sin
caer en un absoluto pragmatismo político y mantener ciertos acuerdos
técnicos.” (Ñ, Técnica-profesional del Ministerio
de Desarrollo Humano, Prov. de Bs. As.).
En el FPDS todos acuerdan en que se trata de una política “parche”
y asistencial más: “Es parte de las migajas que el estado
destina a los pobres sin más intención que calmar los
ánimos y desalentar a que la gente se revele” (G, referente
del MTD Berisso). El formato operativo del programa presenta muchas
limitaciones e inconvenientes con respecto a la lógica y valores
que guían la acción dentro del movimiento. Por ejemplo,
no contempla capacitaciones para realizar las rendiciones (que implican
sistematizar operaciones y documentos que den constancia de los gastos
efectuados mes a mes). Resulta difícil que un compañero
o compañera del barrio con poca escolarización asuma esta
tarea si no tiene un acompañamiento. “La obligación
de rendir gastos mensuales nos condicionaba los tiempos de trabajo.
Sentíamos que el proyecto nos manejaba los tiempos” (L,
tallerista de fotografía).
Para cerrar este apartado retomamos un fragmento de la entrevista
a un tallerista que da cuenta con contundencia del no reconocimiento
de la labor de los talleristas en el programa: “Los tipos se lavan
las manos. Te dan plata y se lavan las manos. No hay plata para pagarle
a los talleristas. La beca es una miseria. Tenés que buscar el
capacitador. No tenés seguro por accidente para los pibes, tenés
que armar un taller con todo, con la poca plata que te dan y viene una
inspección… están re locos.” (J, talleristas
de herrería,).
Pero como hemos tratado de dar cuenta en el desarrollo de esta investigación,
las limitaciones mencionadas no significan que las organizaciones autónomas
puedan valerse de este recurso del estado para su crecimiento organizativo.
Reflexiones finales.
La conformación y desarrollo de los talleres se dio de forma
descoordinada y asistemática, a partir de urgencias, de las posibilidades
y disponibilidades del momento. Pero como ya dimos cuenta, desde hace
más de un año comenzamos un trabajo en conjunto para revertir
esta situación. Es así, que emprendimos entre los MTDs
y TyM un proceso de definición de objetivos y líneas de
trabajo comunes. De donde surge la creación del taller de formación
de formadores o talleristas, la necesidad de pensar-problematizar junto
con los y las jóvenes posibles formas de salida laboral colectiva
y sus implicancias; la necesidad de reflexionar sobre las políticas
sociales que el Estado ofrece para los/as jóvenes.
La experiencia de trabajo a partir de Proyectos Adolescentes ha generado
un aprendizaje en torno a como interactuar con las políticas
públicas, tanto para los talleristas como para los jóvenes
y para el resto de la organización. Sobre “como se manejan”
los funcionarios públicos, la importancia de organizarse para
luchar por los proyectos y reclamar por incumplimientos, y la resignificación
que se le puede dar a estos proyectos para el crecimiento organizativo
autónomo.
Creemos que la sistematización es importante porque proporciona
sugerencias, intuiciones, pistas, provocaciones, que puede incentivar
a la concreción de experiencias. Permite valorar y tomar dimensión
del trabajo que se lleva adelante. Sirve para renovar energías.
Aprender de los errores, redireccionar el curso del trayecto.
Un gran desafío que nos queda por delante es poner este trabajo
a dialogar con más compañeros/as, jóvenes, talleristas,
estudiantes, docentes, entre quienes más quieran y profundizar
este proceso de sistematización y reflexión que recién
comienza.
Para finalizar, pensamos que la ideología neoliberal propone
un reestablecimiento del orden que no significa organizar la sociedad
sino desorganizarla. Esta desorganización es nociva para la creación
efectiva de mayores grados de equidad, participación social y
promoción educativa pertinente y actualizada de las nuevas generaciones.
Procede a sucumbir el interés, la motivación y el cuadro
de necesidades reales de los actores juveniles. Pero quienes estamos
en contra del poder de los dominantes, creemos que este panorama nos
abre una puerta si sabemos aprovecharla. Aunque falte, lo estamos haciendo.
Desde el trabajo cotidiano, continuo y diario y junto múltiples
organizaciones nos estamos organizando para darnos nuestro propio orden.
Defendemos los valores de la vida democrática participativa y
enfrentamos los múltiples problemas de integración social,
educativa, económica, cultural, laboral e identitaria de y con
los jóvenes en pos de potenciar una paulatina transformación
y mejoramiento de las condiciones históricas y materiales de
vida. Buscamos la recolectivización de nuestras acciones y nuestros
deseos para el cambio social.
BIBLIOGRAFIA:
· Barnechea, González y Morgan (1998): La producción
de conocimientos en sistematización. Ponencia presentada al Seminario
Latinoamericano de Sistematización de Prácticas de Animación
Sociocultural y Participación Ciudadana en América Latina.
Medellín, Colombia, 11 al 14 de agosto de 1998.
· Bourdieu, Pierre (1990), “La ‘juventud’
no es más que una palabra”, Sociología y cultura,
México, D.F., Editorial Grijalbo.
· Brito, Roberto (1997): "Hacia una Sociología de
la Juventud", en Revista Jóvenes, Causa Joven, México
DF, Año 1, #1.
· CEPAL (Comisión Económica para América
Latina y el Caribe) (2004): La juventud en Iberoamérica. Tendencias
y urgencias, Santiago de Chile.
· CEPAL (Comisión Económica para América
Latina y el Caribe) (2004a): Situación social de la juventud:
Tensiones y paradojas Panorama social de América Latina, Santiago
de Chile.
· Kessler, G. (2004); Sociología del delito amateur.,
Editorial Paidós, Bs. As.
· Jara H. (2001): Dilemas y desafíos de la sistematización
de experiencias. Presentación realizada en el mes de abril 2001,
Cochabamba, Bolivia, en el Seminario ASOCAM: Agricultura Sostenible
Campesina de Montaña, organizado por Intercooperation.
· Sousa Santos, B.: La universidad del siglo XXI: para una reforma
democrática y emancipatoria, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias
en Ciencias Y Humanidades, UNAM, 2005.
· Svampa, M (2007): La sociedad excluyente. La Argentina bajo
el signo del neoliberalismo, Editorial Taurus, Bs. As.
· Svampa, M. y Pereyra, S. (2003): Entre la ruta y el barrio.
La experiencia de las organizaciones piqueteras, Editorial Biblos, Bs.
As.
· Verger i Planells (2002): Sistematización de experiencias
en América latina. Una propuesta para el análisis y la
recreación de la acción colectiva desde los movimientos
sociales. Proyecto Globalización y desigualdades en América
Latina: formación, contenidos e impactos de las políticas
educativas y de lucha contra la pobreza en Argentina, Brasil y Chile,
financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología y el FEDER
(proyectos I+D).
· Documentos del Ministerio de Desarrollo Humano (páginas
de Internet), entrevista
· Revista Cambio social. Revista del FPDS. Nº 2. Octubre
2008.
· Documento del taller de herrería “Qué
hago, por qué , para qué, con quiénes”, octubre
2008
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[1] El Frente Popular Darío Santillán es un movimiento
político social que agrupa a distintos tipos de organizaciones
sociales (de desocupados, estudiantiles, de trabajadores ocupados, de
campesinos, talleres educativos-culturales) de distintos lugares del
país. Nace en el año 2004.
[2] Se trata de un programa creado en el 2004 (y que aun sigue vigente)
por el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia de Bs. As., Subsecretaría
de Políticas Socioeconómicas. Tiene por Población
Beneficiaria a Adolescentes de 14 a 21 años de la Provincia de
Buenos Aires en situación de vulnerabilidad social, organizados
en proyectos constituidos en un número no mayor a 20. Objetivos
generales: propiciar el acceso en condiciones de igualdad de los adolescentes
a los bienes sociales y servicios de la comunidad; hacer partícipe
de las políticas sociales al adolescente, la familia y la comunidad,
procurando una participación activa, creativa, comprometida y
consciente de la sociedad y sus organizaciones; Prevenir y evitar la
judicialización y la consecuente institucionalización
de los niños, niñas y adolescentes. Bienes y/o servicios
que brinda: $76 por mes a cada adolescente para cubrir viáticos
y sus gastos mínimos. $74 por chico se entrega a la organización
responsable del proyecto destinada a cubrir los kits de materiales,
útiles y libros de textos, herramientas, instrumentos, etc. Las
entregas posteriores quedan sujetas al tipo de proyecto, rendición
y planificación del gasto. $160 por mes (en los casos de tener
20 jóvenes) se entregan a la organización para gastos
operativos.
[3] Los y las talleristas son quienes coordinan los talleres con jóvenes
o niños/as.
[4] “Implica una revolución epistemológica en el
seno de la universidad. Es por así decir, una forma de extensión
en sentido contrario, desde afuera de la universidad hacia adentro de
la universidad. Consiste en la promoción de diálogos entre
el saber científico y humanístico que la universidad produce
y los saberes legos, populares, tradicionales, urbanos, campesinos,
provincianos, de culturas no occidentales que circulan en la sociedad.”
(DeSousa Santos, B. 2005: p.68).
[5] La sistematización de experiencias es una metodología
de investigación participativa iniciada por colectivos comprometidos
con la educación popular en América Latina. Nace a principios
de la década de los 80 en un contexto de crisis socioeconómica
en la mayoría de países de la región y en el que
el paradigma de la educación para el desarrollo desde la perspectiva
de la teoría del capital humano estaba demostrando sus carencias.
En cambio, la propuesta de la educación popular se estaba difundiendo
con éxito en el territorio latinoamericano. En esos años,
era habitual que se asumiera esta propuesta pedagógica desde
diferentes movimientos populares. Entre otros casos, podríamos
destacar su centralidad en la recién triunfante Revolución
Sandinista, en las Comunidades de Población en Resistencia guatemaltecas,
o en el desarrollo de organizaciones populares de Brasil de la trascendencia
de la Central Unificada de Trabajadores (CUT) o del Movimiento de Trabajadores
Rurales sin Tierra (MST). La educación popular, articulada con
la teoría de la dependencia y la teología de la liberación,
conformaba un cuerpo teórico coherente y afirmativo, no solo
para agentes educativos, sino que en general para un amplio sector de
activistas políticos. Además de generar procesos pedagógicos
y de concienciación, los movimientos de educación popular
incidían en las políticas educativas de diferentes países,
se constituían en redes y organizaban diversos encuentros de
ámbito internacional. Finalmente, incluso en niveles institucionales,
se percibía la educación popular como una poderosa herramienta
para la democratización del sistema político, para la
defensa de los derechos humanos o para trabajar cuestiones de género
en diferentes países de la región. (Verger i Planells:
2002).
[6] De hecho, para Octubre de 2002, un 58,3% de los jóvenes
de entre 15 y 29 años del GBA trabajaban o buscaban un trabajo
(es decir, se encontraban activos). Del total de esos activos, un 25,3%
estaba desocupado, valor que ascendía a 37,6% si se analizaba
el grupo de jóvenes pobres (a diferencia del 18,8% de desocupados
que existe entre los jóvenes no pobres). Este valor se vuelve
más crítico si se considera que más de la mitad
(el 57,7%) de los jóvenes es pobre, condición que se acentúa
a medida que baja la edad sobre la que se hace la medición. Elaboración
propia, en base a datos obtenidos de la Encuesta Permanente de Hogares
(EPH) de Octubre 2002, INDEC - Ministerio de Economía (http://www.indec.mecon.gov.ar).
[7] Durante el 2008 el Frente Popular Darío Santillán
comenzó a trabajar con los Bachilleratos Populares, una experiencia
de educación para adultos, que se llevan a cabo en Lanús
y Capital Federal. Se planea para el 2009 abrir cuatro más en
La Plata, Lujan, Tucumán y Cipoletti. Esta experiencia no está
exenta de debates que versan sobre si los bachis atentan contra lo público
del sistema escolar, aportando mayor fragmentación y siendo más
funcional a las políticas educativas del sector dominante. “…articular
la diversidad de luchas y prácticas que nos atraviesan en este
proceso es un objetivo para definir en común nuestras políticas
educativas. Un debate que contempla tanto las políticas educativas
del Estado - Impuestas por los organismos internacionales de crédito-
las prácticas que resignifican la educación en los territorios
y formación de los futuros profesionales” Revista Cambio
social. Revista del FPDS. Nº 2. Octubre 2008.
[8] En el 2004 el Ministerio de Desarrollo Humano lanza la convocatoria
para los proyectos adolescentes. El FPDS decide incluir estos proyectos
entre sus pedidos a la gestión de provincia. Para conseguirlos
realiza varias gestiones y movilizaciones. “El taller de oficio
sale de una gestión en provincia que se luchó y se ganó.”
(E, referente del MTD La Plata, Barrio Malvinas)
[9] Juanito laguna era una organización territorial cuyas prácticas
estaban centradas fundamentalmente en actividades culturales y educativas
para niños/as y adolescentes. Esta organización decidió
comenzar a formar parte del MTD Berisso y sus integrantes aportan a
la construcción de poder popular desde la participación
en los barrios organizados en el MTD.
[10] Tiburones y Mojarritas. Es una organización territorial
que lleva 4 años trabajando con niños y adolescentes a
partir de talleres de educación popular y recreación en
distintos barrios. Realizan talleres infantiles, de cumbia, audiovisual
y uno de murga con niños y jóvenes. Pertenecen al FPDS.
“Entendemos nuestro trabajo como un ida y vuelta, donde en el
día a día vamos dando la pelea al capitalismo a nivel
ideológico, en el plano de los valores, recreando nuevas relaciones
sociales, con igualdad y dignidad.” (documento Trabajos en educación
Regional La Plata- Berisso- FPDS. Septiembre 2008)
[11] Galpón Sur es una organización político-cultural
que pertenece al FPDS que tiene más de 10 años de vida.
Realizan actividades para contribuir a la transformación de la
sociedad y la liberación de los pueblos. Ejes en los que trabajan:
espacios sociales y culturales (biblioteca, ferias, muestras, ciclos
de cine), educación popular (talleres infantiles, experiencia
de salud campesina en Santiago del estero, etc.), universidad (aporte
a seminarios, cátedras libres, etc.), comunicación popular
y derechos humanos. www.nodo50.org/galponsur.
[12] Los proyectos adolescentes no contempla la paga a talleristas.
[13] Esta formación tiene una historia más profunda que
se remonta al año 2006 por lo menos, en donde junto a coordinadores
de otras organizaciones (TYM, Galpón Sur, MTD Berisso, Organización
territorial Juanito Laguna, MTD La Plata) hicimos tres encuentros que
se llamaron “Encuentro de talleres infantiles por educación,
alegría, dignidad y cambio social”. En estos nos formamos
en temáticas similares: rol de talleristas, relación con
la organización, herramientas concretas para los talleres como
títeres de sombras, educación y poder popular, juventud,
infancia entre otras).
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