Darío Vive
-
-
-
-
Piratas go home (lucha contra el saqueo de los bienes naturales y la destrucción de los servicios públicos)
-
Que la tortilla se vuelva... (contra la precarización de la vida)
-
Ustedes son los terroristas (derechos humanos y lucha contra la impunidad)
-
Con mujeres tendrán que pelear (géneros)
--
Es-cultura popular
 
¿Usted de que se ríe? - Humor
-
Radio bemba (comunicación alternativa)
-
InsurgenTV
 
-
Libros en alpargatas
-
Notas por autor
-
Notas por país
 

Enlaces

Prensa De Frente

Blog

Iconoclasistas

nodo 50

ir a la acción de arte en red exigiendo justicia para Dario Santillan y Maxi Kosteky

aporrea

Indymedia

anred

rebelion.org

la haine

¿Qué hay para festejar en este primero de mayo?


Este portal sale sin autorización del Rey Juan Carlos I, el Papa Benedicto XVI y el Presidente de los Estados Unidos

 
 
 
 
Convocatoria mundial contra el paramilitarismo y la parapolítica de Uribe
 
Contacto: aquí
 
Libros para bajar
 
Bajar acá
 
bajar acá
 

 

 

(Versión para imprimir acá bajar)

Ricardo Antunes

Vivimos una explosión de denuncias sobre la precarización del trabajo. Cada día se ven más ejemplo del trabajo esclavo en el campo, en las esquinas del latifundio. En el agro negocio del azúcar, cortar más de 10 toneladas de caña por día en la media por lo bajo, "low profile".

A fines del año pasado, los diarios describieron la degradación del trabajo inmigrante, especialmente boliviano, en las empresas de confección de San Pablo: Jornadas de hasta 17 horas diarias, a cambio de casa y comida. Trabajo inmigrante lindante con la degradación.

Pero el espectáculo es multifacético y se desparrama por todas partes: "chicanos" en los Estados Unidos, “decasséguis” en Japón, "gastarbeirters" en Alemania, "lavoro nero" en Italia, "brasiguayos" en Paraguay - la lista es inacabable.

Para no hablar de los desempleados del Este europeo que invaden el "pequeño rincón del mundo" occidental en busca de restos de trabajo.

Si en los inicios del siglo XX los pueblos del norte emigraron masivamente hacia el sur, siendo acogidos, ahora presenciamos exactamente la inversa, pues el flujo migratorio cambió de dirección. Los desheredados del Sur intentan quebrar los bloqueos del Norte, cuyo ejemplo más abjecto es el muro de la vergüenza que separa los Estados Unidos de México.

O, más sutil, pero también cruel, la barrera de las policías aduaneras en los aeropuertos del llamado "mundo civilizado", impidiendo la entrada de los "bárbaros” del fin del mundo. El ejemplo de España contra los brasileños es la más reciente expresión fenoménica del problema y habla por sí misma.

Pero hay una auténtica conquista de la llamada globalización: mientras los capitales migran con mas velocidad que la de los cohetes, el trabajo debe moverse a paso de tortuga.

Capitales transnacionales libres y trabajadores nacionales cautivos. En un mundo cada vez más maquinal, informatizado y digital, presenciamos también la explosión del "cybertariado" (Úrsula Huws), el trabajador calificado de la era cibernética que experimenta condiciones de vida del viejo proletariado. La informalización, producida por la pérdida de lazos contractuales de trabajo, viene aumentando a escala global, en un contexto de ampliación de todas las formas de tercerización, generando las más diversas modalidades de trabajo precario, que se desenvuelven con la llamada polivalencia de la era flexible. En Japón, los jóvenes obreros migran en busca de trabajo a las ciudades y duermen en cápsulas de vidrio, del tamaño de un cajón. Son los obreros encapsulados del otro lado del mundo. Es nuestra América Latina, encontramos trabajadoras domésticas (mujeres y niñas) que alcanzan una jornada semanal de 90 horas de trabajo, con un día de descanso al mes (Mike Davis), en una era en la que podríamos trabajar 10 veces menos, si la lógica predominante no fuese tan destructiva para la humanidad que depende de su trabajo para sobrevivir.

Estas son algunas de las imágenes del trabajo hoy. Y nadie podrá buscar un empleo, actualmente, si no demuestra que realiza "trabajo voluntario". Es curioso: para conseguir empleo, son "obligado" a realizar trabajos "voluntarios".

Y esto sin hablar del explosión de los pasantes, candidatos fresquito para conseguir trabajo efectivo con remuneración de esclavo. O en las tantas manifestaciones de desigualdad de género, en que las mujeres trabajan más, con menos derechos y reducida remuneración. Ni que hablar de las diferenciaciones étnicas y raciales.

Quiero terminar señalando sólo un ejemplo más de trabajo degradado: la creciente inclusión de niños en el mercado de trabajo global, en los países latinoamericanos, asiáticos, africanos, así como en los países centrales, como Estados Unidos, Inglaterra e Italia, Japón, sin hablar de la China, India, etc.

No importa que el trabajo adulto se torne superfluo y que muchos millones de hombres y mujeres en edad de trabajar experimenten el desempleo estructural. Los niños y niñas deben, desde muy temprano, ser parte del ciclo productivo: su cuerpo que quiere jugar se transfigura muy precozmente en cuerpo productivo para el capital (Mauricio Da Silva).

En la producción de sisal, en la industria del calzado y la confección, en el cultivo de algodón y caña, en las canteras, en el trabajo doméstico, son innumerables los espacios en los que el trabajo infantil valoriza el capital.

En la industria de los tapizados de la India, recuerda Mike Davis, los chicos trabajan arrodillados en jornadas que llegan a 20 horas por día. Y en la industria del vidrio, trabajan al lado de tanque con temperaturas cercana a los 1800 grados centígrados (“The State of The World’s Children” - 1997, UNICEF). ¿Pueden acaso ser, todos estos ejemplos, simples “verrugas” en un orden societal que preserva el trabajo?