Por Alcira Argumedo *
En su artículo “El voto de las almas bellas” (Página/12,
15-06-09), Mario Toer nos invita a reflexionar sobre las próximas
elecciones legislativas y se ocupa en especial del voto de las almas bellas,
de aquellos que “quieren lo mejor para sí y para sus semejantes,
pero padecen de una crónica aversión para repasar y comprender
la historia y les cuesta entender la dimensión de la política”.
Al igual que Carlos Heller (Página/12, 14-06-09) cuando dice “el
voto romántico es un voto perdido” es fácil percibir
que se convoca a votar con realismo político ante opciones supuestamente
claras: “O se es protagonista con las mayorías consolidando
el curso que se ha abierto o se persiste en los antiguos cenáculos
que rondan el 1 por ciento en algunos distritos o, a lo sumo, en la variante
nutrida de fantasías de celuloide que se conforma con contar con
alguna presencia tan sólo en la ciudad que siempre ha sido esquiva
a las mayorías con incesantes reclamos por todo lo que resta por
hacer”. Durante los últimos seis años, el celuloide
de Pino Solanas no registró fantasías sino realidades dramáticas,
con información que nunca nadie pudo desmentir. Fue precisamente
el contacto directo con esas realidades, con el potencial humano sufriente
de la Argentina profunda, lo que nos llevó a formar Proyecto Sur
y a la decisión de tener voz en el Parlamento. Porque no se trata
sólo de “todo lo que resta por hacer” sino además
de lo que hay que deshacer.
A modo de ejemplo, sin dejar de reconocer las cosas buenas que apoyamos
del actual gobierno, en el próximo celuloide –Tierra sublevada–
se aborda el tema de la minería a cielo abierto. Es conocido
el veto a la Ley de Protección de Glaciares por parte del matrimonio
Kirchner y el posterior aval a ese veto de un Parlamento sumiso, que
antes había votado la ley casi por unanimidad. Tal decisión
favorece sin duda a la empresa Barrick Gold y al gobernador kirchnerista
de San Juan, José Luis Gioja, junto a sus socios o amigos; pero
es preciso interrogarse si favorece a la inmensa mayoría de los
argentinos, a sus hijos y a sus nietos. La información periodística
señala que en el proyecto Pascua-Lama para la explotación
de oro y plata a cielo abierto, la empresa utiliza 370 litros de agua
por segundo: sacando cuentas, esto significa que en doce meses gasta
el agua potable que una población de 40 millones de personas
bebería en 24 años; y el agua que esa cantidad de población
podría beber durante un siglo, la liquida en cuatro años.
A ello se suman 17 camiones con cianuro por mes, que son volcados en
tierras y aguas, además de 200 camiones de explosivos mensuales,
destinados a la destrucción de montañas y glaciares: es
el Potosí o La Forestal de nuestros días. Las almas bellas
saben que el agua potable es un recurso indispensable para la vida y
tiende a escasear en un futuro no muy lejano; la resistencia popular
crece a pesar de las intimidaciones, pero los realistas políticos
prefieren mantener la boca cerrada. Este es uno de los problemas que
vamos a intentar deshacer desde el Parlamento.
A fines de 2006, el presidente Kirchner promovió la modificación
de la Ley de Hidrocarburos mediante la llamada Ley Corta, por la cual
los yacimientos de petróleo pasan a las provincias y se prorrogan
las concesiones: esa decisión significó entregar a las
corporaciones petroleras reservas por un monto aproximado de 600.000
millones de dólares, equivalentes al doble del PBI actual del
país. Apoyada por el presidente, la ley posibilitó la
entrega de Cerro Dragón a la Panamerican Energy hasta su extinción
total en el 2047. Sobre esta base se prorrogaron o se entregaron nuevas
concesiones en el resto de las provincias petroleras: el por entonces
amigo gobernador Julio Cobos otorgó la mitad de los yacimientos
mendocinos al grupo Vilas-Manzano (el mismo que robaba para la corona).
Las almas bellas saben que esto es un latrocinio, pero los realistas
políticos cierran su boca porque de eso no se habla en la Casa
Rosada. Es otro de los problemas por los que vamos a luchar para deshacer
desde el Parlamento.
Entre lo mucho que queda por hacer, ante todo afirmamos que el hambre
es un crimen en tanto es evitable y estamos dispuestos a promover una
ley para garantizar el ingreso universal por hijo. Debe mencionarse
que quienes pagan impuestos a las ganancias o son tributarios de AFIP
ya lo reciben, porque lo descuentan de sus aportes; mientras a los trabajadores
en blanco se les suma al salario. El desafío es extenderlo a
los trabajadores precarios y en negro, a los desocupados, a las familias
en condiciones críticas. Se calcula que el otorgar 350 pesos
por hijo, permitiría –junto a otras medidas de mediano
plazo– eliminar la pobreza y la indigencia, disminuyendo sensiblemente
la mortalidad infantil. Por razones obvias, la suma se entregará
directamente a las familias, sin intermediarios. El monto calculado
para erradicar este flagelo gira en un 2 por ciento del PBI, unos 7000
millones de dólares: las cifras comparativas indican que esto
significa menos de la tercera o la cuarta parte de la renta energética
–unos 25.000 a 30.000 millones de dólares por año–
que queda en manos de las corporaciones y sus amigos; sin contar que
se han venido otorgando subsidios del orden de 10.000 millones de dólares
anuales a las grandes empresas locales o transnacionales.
Considerando que durante los últimos seis años la economía
argentina creció a las tasas más altas de su historia,
nos preguntamos por qué millones de compatriotas continúan
sufriendo en la miseria; por qué, junto a otros cambios, no se
ha impulsado la reforma de un perfil impositivo de alta regresividad,
no se tocó la ley financiera de Martínez de Hoz ni se
eliminó el IVA para los artículos de la canasta familiar.
Mencionemos también una revisión de la legitimidad de
la deuda: si la acción delictiva de los capitales financieros
especulativos llevó al derrumbe de Wall Street y de las economías
de la Unión Europea y Japón, imaginemos su accionar en
nuestros países. Las almas bellas se indignan, pero los realistas
políticos prefieren mantener sus bocas cerradas.
Estas son sólo algunas de las propuestas que Proyecto Sur llevará
al Congreso ante la magnitud de la crisis mundial, que marca un cambio
de época al conjugarse con los impactos de la Revolución
Científico-Técnica. Dado que se trata de una crisis de
sobreproducción por carencia de demanda, el único camino
para superarla es una redistribución en gran escala de la riqueza:
continuar con políticas que benefician a los poderosos a costa
del sufrimiento de los más, no solamente es injusto; significa
estar a contramano de la historia. En consecuencia, no es cierto que
debemos elegir entre la derecha y un oficialismo que representa al movimiento
popular. La verdadera opción es entre la continuidad de las políticas
que privilegian al bloque de poder dominante, conformado por las corporaciones
y los grandes grupos económico-financieros –con sus tensiones
y conflictos internos– o impulsar un giro en el rumbo de nuestro
país, con un proyecto en favor de las mayorías sociales
y de los intereses nacionales, dispuesto a frenar el despojo al que
nos ha venido sometiendo ese bloque de poder. Al margen de las retóricas
de oficialismos y oposiciones (González, Página/12, 16-06-09),
demasiadas veces hemos sido extorsionados por una espuria polarización,
donde las amenazas del mal mayor fueron frustrando la construcción
de una fuerza política, decidida a revertir décadas de
saqueo e impunidad y a promover un proyecto nacional y latinoamericano
capaz de dar respuestas frente a los desafíos de un nuevo tiempo
histórico. Por eso hoy se necesitan muchas almas bellas y no
tantas bocas cerradas.
* Segunda candidata a diputada por Proyecto Sur en Capital.
publicado en PAG 12
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