Frei Betto
19-06-2009
-------------------------------------------------------------
Ecología viene del griego "oikos", casa, y "logos",
conocimiento. Por tanto, es la ciencia que estudia las condiciones de
la naturaleza y las relaciones entre todo lo que existe - pues todo lo
que existe coexiste, pre-existe y subsiste. La ecología trata,
pues, de las conexiones entre los organismos vivos, como las plantas y
los animales (incluyendo los hombres y las mujeres), y su medio ambiente.
Quizás fuera más correcto, aunque no tan apropiado, hablar
de ecobionomía. Biología es la ciencia del conocimiento
de la vida. Ecología es más que el conocimiento de la casa
en que vivimos, el planeta. Así como economía significa
administración de la casa’, ecobionomía quiere decir
administración de la vida en la casa’. Y es posible llamar
al medio ambiente madre ambiente, pues él es nuestro suelo, nuestra
raíz, nuestro alimento. De é venimos y a él volveremos.
Esta visión de interdependencia entre todos los seres de la naturaleza
se perdió con la modernidad. A lo cual ayudó una interpretación
equivocada de la Biblia -la idea de que Dios lo creó todo y finalmente
lo entregó a los seres humanos para que "dominasen" la
Tierra. El dominio se convirtió en sinónimo de expoliación,
estupro, explotación. Se buscó la manera de arrancarle al
planeta el máximo de lucro. Los ríos fueron polucionados;
los mares, contaminados; el aire que respiramos, envenenado.
Pero no existe separación entre la naturaleza y los seres humanos.
Somos seres naturales, aunque humanos porque estamos dotados de conciencia
e inteligencia. Y espirituales, porque estamos abiertos a la comunión
de amor con el prójimo y con Dios.
El Universo tiene cerca de 14 mil millones de años. Y el ser humano
existe hace apenas 2 millones de años. Eso significa que somos
el resultado de la evolución del Universo que, como decía
Teilhard de Chardin, es movida por una "energía divina".
Antes del surgimiento del hombre y la mujer, o Universo era bello, pero
ciego. Un ciego no puede contemplar su propia belleza. Cuando surgimos,
el Universo ganó, en nosotros, mente y ojos para mirarse en el
espejo. Al mirarnos la naturaleza, es el Universo quien se mira a través
de nuestros ojos. Y ve que es bello. Por eso es llamado Cosmos. Palabra
griega que da también origen a la palabra cosmético -lo
que imprime belleza.
La Tierra, ahora, está polucionada. Y nosotros sufrimos los efectos
de su devastación, pues todo lo que hacemos se refleja en la Tierra,
y todo lo que sucede en la Tierra se refleja en nosotros. Como decía
Gandhi: "La Tierra satisface las necesidades de todos, menos la voracidad
de los consumistas". Son los países ricos del Norte del mundo
los que más contribuyen a la contaminación del planeta.
Son responsables del 80% de la contaminación, de los cuales los
EUA contribuyen con el 23% e insisten en no firmar el Protocolo de Kyoto.
"Cuando el último árbol sea talado -dice un indio de
los EUA-, el último río envenenado y el último pez
pescado, entonces vamos a darnos cuenta de que no podemos comer dinero".
El mayor problema ambiental, hoy, no es el aire polucionado o los mares
sucios. Es la amenaza de extinción de la especie humana, debido
a la pobreza y a la violencia. Salvar la Tierra es liberar a las personas
de todas las situaciones de injusticia y opresión.
La Amazonía brasileña es un ejemplo triste de agresión
a la madre ambiente. Al comienzo del siglo XX, muchas empresas se enriquecieron
con la explotación del caucho y dejaron en su lugar un rastro de
miseria. En los años 1970 el multimillonario norteamericano Daniel
Ludwing cercó uno de los mayores latifundios del mundo -2 millones
de hectáreas- para explotar celulosa y madera, dejándonos
como herencia tierra devastada y suelo agotado casi convertido en desierto.
Es lo que pretende repetir, ahora, el agronegocio interesado en talar
la selva para plantar soya y criar ganado.
La injusticia social produce desequilibrio ambiental y eso genera injusticia
social. Con razón alertaba Chico Mendes a la economía sustentable
(o sea capaz de no perjudicar a las futuras generaciones) y a la ecología
centrada en la vida digna de los pueblos de la selva.
La mística bíblica nos invita a contemplar toda la Creación
como obra divina. Jesús nos moviliza a la lucha en favor de la
vida -de los otros, de la naturaleza, del planeta y del Universo. Dicen
los Hechos de los Apóstoles: "Él no está lejos
de cada uno de nosotros. Pues en Él vivimos, nos movemos y existimos.
Somos de la raza del mismo Deus" (17, 28). Todo este mundo es morada
divina. Debemos tener una relación complementaria con la naturaleza
y con el prójimo, de los cuales dependemos para vivir y ser felices.
Eso se llama amor. (Traducción de J.L.Burguet)
- Frei Betto es escritor, autor de "El amor fecunda el Universo.
Ecología y espiritualidad", junto con Marcelo Barros.
|