Darío Vive
-
-
-
-
Piratas go home (lucha contra el saqueo de los bienes naturales y la destrucción de los servicios públicos)
-
Que la tortilla se vuelva... (contra la precarización de la vida)
-
Ustedes son los terroristas (derechos humanos y lucha contra la impunidad)
-
Con mujeres tendrán que pelear (géneros)
--
Es-cultura popular
 
¿Usted de que se ríe? - Humor
-
Radio bemba (comunicación alternativa)
-
InsurgenTV
 
-
Libros en alpargatas
-
Notas por autor
-
Notas por país
 

Enlaces

Prensa De Frente

Blog

Iconoclasistas

nodo 50

ir a la acción de arte en red exigiendo justicia para Dario Santillan y Maxi Kosteky

aporrea

Indymedia

anred

rebelion.org

la haine

América  Latina, perspectivas liberadoras.


Este portal sale sin autorización del Rey Juan Carlos I, el Papa Benedicto XVI y el Presidente de los Estados Unidos

 
 
 
 
Convocatoria mundial contra el paramilitarismo y la parapolítica de Uribe
 
Contacto: aquí
 
Libros para bajar
 
Bajar acá
 
bajar acá
 

 

 


 Juan Correa


La discusión sobre las perspectivas liberadoras en América Latina es apasionante, pero además nos pone en situación de discutir sobre lugares, circunstancias y acontecimientos  sin duda  de trascendencia mundial a principios del siglo XXI.
Y esto es así porque si son muchas las resistencias que se ejercen en el mundo para oponerse a los designios de poderes capitalistas que nos conducen a una catástrofe, solo en América Latina se vislumbra una alternativa civilizadora.
Y además, porque la dimensión de las luchas sociales y políticas en América Latina y todo lo que se está poniendo en juego y la experiencia acumulada en los últimos años determinan que en este lugar del continente se estén produciendo las elaboraciones teóricas mas avanzadas, las mejores síntesis política.  Y así como la Europa de fines del siglo XIX y principios del siglo XX., nos dieran una producción teórica, que aún hoy nos sirve de referencia; sin ninguna duda en estos tiempos, si queremos buscar nuevas hipótesis, teoría nueva, una relectura apropiada de los clásicos, creaciones heroicas como  decía  Mariategui, seguramente tenemos que fijar nuestra atención en todo lo que se está produciendo en América Latina.

Antecedentes
Un breve repaso a la experiencia pasada nos permite identificar tres puntos de inflexión. Los que se producen en 1973, 1989 y 1996
El año 1973 en que se conjuga la derrota de Estados Unidos en Vietnam y la puesta en marcha del primer experimento neoliberal protagonizado por la sangrienta dictadura de Pinochet, marca el punto mas alto de una etapa signada en América Latina por la revolución cubana y el ejemplo del Che y el comienzo de una etapa de reflujo, que va a condicionar a experiencias tardías como las de Nicaragua.
El 1989, marca el punto mas bajo de ese reflujo, coincidiendo con el colapso de la Unión Soviética que tiene su importancia en términos geopolíticos, pero también en términos ideológicos. Porque caído el muro, es inocultable que el saldo de décadas de de regímenes burocráticos que malversaron los sueños originales, son una masa trabajadora convertida en un gran rebaño, ávido de  consumo, deslumbrado por la economía de mercado, sin disposición a defender colectivamente derechos sociales básicos,  donde anidan valores conservadores y hay caldo de cultivo para liderazgos xenófobos.  
El año 1996  la irrupción del neozapatismo en Chiapas, pone en marcha un nuevo ciclo de ascenso de las luchas populares en América latina que se prolonga hasta nuestros días. En ese marco ubicamos el debate.

 

Aspectos dominantes que enlazan los distintos períodos históricos.

El pensamiento neoliberal, fuertemente enquistado en toda la producción intelectual pretende disociar y fragmentar las experiencias desde lo histórico y lo local. Un pensamiento transformador debe apuntar a buscar los enlaces, los hilos de continuidad, las vinculaciones mas profundas. Sin dejar de advertir que vivimos en un mundo nuevo cuyos rasgos mas salientes son el encarecimiento de consumos básicos como alimentos y combustibles, modificaciones en el mundo del trabajo que conviertan al empleo formal en un privilegio, y la inseguridad global en términos ecológicos.
Pensando en los enlaces es indudable que en el período histórico que alcanza su punto mas alto en 1973 fueron dominante experiencias insurreccionales que recuperan las enseñanzas de la revolución cubana, esquivando las alianzas y las metodologías que proponían los frentes democráticos alentados desde la Unión Soviética e impulsada por la mayoría del partidos comunistas del continente. Hay una ruptura con  la idea de revolución por etapas, una voluntad de poder muy fuerte y una decisión de ponerle el cuerpo a las ideas, que ejerce su acción subversiva en el conjunto de la sociedad. Incluso en el seno de una izquierda mas propensa a la docencia, a los rituales y a una espera justificada por el determinismo histórico.  
La influencia de la revolución cubana, como bien lo advierte el Che  a los revolucionarios de América Latina, impacta sobre lo que existe como resistencia en cada país, sobre lo construido. Y en cada país lo acumulado y construido previamente es significante en la posibilidad de  metabolizar el mensaje de los nuevos tiempos.
Es indudable también que pueden identificarse también rasgos dominantes en las experiencias en los períodos de reflujo que abarca mas de una década. Allí son dominantes las disputas en el terreno político electoral, desde estructuras políticas reconvertidas para disputar esas batallas, a imagen y semejanza de los partidos liberales, sin mas garantías estratégicas que la trayectoria de sus dirigentes, la adhesión a concepciones ideológicas  con antecedentes revolucionarios y a programas avanzados. Esas experiencias permitieron avanzar durante ese período a la izquierda en el plano institucional en un camino donde las trayectorias personales se deshilachan, las adhesiones ideológicas se relativizan y los programas se vacían de contenido.
Finalmente la irrupción del neozapatismo que alumbra  experiencias previas como la del MST de Brasil, inicia un período donde el desarrollo de los movimientos populares van incidir muy fuerte en las formas de concebir la resistencia popular y las perspectivas liberadoras. Los movimientos populares aportan la valoración de sujetos plurales  y de los espacios territoriales; suman a la concepción marxista nuevos aportes que revalorizan el pensamiento de los pueblos originarios, las ideas libertarias y de la teología de la liberación; facilitan un empalme histórica con las luchas del pasado, reivindicando 500 años de resistencia indígena y figuras patrióticas como Martí, Bolívar y Artigas

Movimientos populares y gobiernos progresistas

Si comparamos la estructura y la historia previa  de los partidos que conforman las alianzas en los gobiernos progresistas, podemos encontrar  continuidades con las expresiones de la izquierda reconvertida que pretendía llegar al gobierno imitando a los partidos liberales y que fue dominante en el período de reflujo. Los  casos emblemáticos son el PT de Brasil, el Frente Amplio de Uruguay y el Sandinismo de Ortega, que sobreviven a los dos períodos. En el Kirchnerismo vamos a encontrar una gran camada de funcionarios que ya habían demostrado sus limitaciones en la experiencia del  Frente Grande. Seguramente en Venezuela encontraremos a funcionarios que transitaron la experiencia de Causa R, y en Bolivia la experiencia Bolivia Libre. Podría decirse entonces que esta nueva etapa de los  gobiernos latinoamericanos que suelen caracterizarse como progresistas, expresan un reciclamiento del período anterior, con la intervención de los movimientos populares. He utilizado el término de movimientos populares y no movimientos sociales, porque creo que la idea de movimientos sociales se corresponde con categorías elaboradas en Europa, que enconsertan su actividad en el de grupos forjadores de conciencia o de grupos de presión, muchas veces solo corporativa. Es indudable que si queremos aplicar esas categorías al neozapatismo, al MST de Brasil, al Frente Ezequiel Zamora o a grupos locales como el FPDS, esa caracterización es muy limitada. Estos movimientos son indudablemente  políticos y, sin dejar de ser autónomos, pretenden incidir en políticas de Estado. La incidencia de estos movimientos,  ayuda a caracterizar  a caracterizar a los gobiernos de América Latina a las que suele agrupar dentro la expresión genérica del progresismo. La  progresividad de estos gobiernos es directamente proporcional al desarrollo de los movimientos sociales autónomos y a su incidencia en las decisiones políticas oficiales.. Así los movimientos populares autónomos son las mejores garantías para que procesos de avance como los que se registran en Venezuela y Bolivia, continúen su camino. En un sentido inverso las políticas de cooptación ejercidas por los gobiernos de Kirchner y Cristina Fernández; las políticas de ninguneo ejercidas por Tabaré y Lula, y las políticas de enfrentamiento ejercidas por la Bachelet, certifican que ninguno de estos gobiernos son populares, ni progresistas

El desafío de los movimientos populares: entre la autonomía y el poder político.

El desafío de los movimientos populares latinoamericanos es seguir siendo ser un torrente político y social que obliga a un gobierno a ser progresista o cuestiona a un gobierno que no lo es, pero también aspirar a ser sujeto privilegiado de acción política, desde el propio gobierno. Ser control del poder político que se ejerce desde el Estado y aspirar a ser también el  poder político que se ejerce desde el Estado, advirtiendo que la construcción de poder popular desde las bases no es una tarea instrumental, sino permanente. Es decir que sobrevive a la circunstancia de ocupar poderes políticos institucionales. Las experiencias burocráticas edificadas en nombre del socialismo son la mejor argumentación para fundamentar que la tarea de construcción de poder popular, es permanente y estratégica. Y la ocupación de espacios institucionales, y del propio poder del Estado es táctica e instrumental.
Esta cuestión que resulta medianamente fácil enunciar en términos teóricos resulta mucho mas complicadas aterrizarlas en el terreno de la práctica. Los movimientos populares se construyeron desde la resistencia, desde los bordes del sistema político y desde conceptos de construcción política que reivindican símbolos y aspiraciones de nuestro pueblo, pero que van a contramano de su cultura política fuertemente signada por el caudillismo político.
Ese desgarramiento que viven sus militantes entre la demanda de su propio movimiento de respetar tiempos, construir desde territorios o sectores acotados y contemplar metodologías de elaboración de las decisiones y la demanda de masas desorganizadas que exigen respuestas urgentes, referentes fuertes y directivas de conducción  política, se tensionan en las crisis políticas. Esas tensiones a veces se resuelven creativamente y los movimientos populares se ponen a la cabeza del torrente popular, de la elevación de la discusión política de masas; y otras veces negativamente, resignándose a  la marginalidad política, refugiándose en seno de las seguridades que proporciona el conservadurismo político. Conservadurismo que se ejerce en nombre de las bases  pero que, en períodos de crisis política, las bases no reclaman. Mas allá de opciones circunstanciales que han permitido posicionar a movimientos populares o han puesto en duda su vocación política, creo que en los próximos años viviremos un período de definiciones políticas, y de alza de masas que van a forzar esas definiciones, donde acertar o equivocarse va a tener consecuencias duraderas.
Me parece que la opción de resignar la autonomía y refugiarse en el Estado, en la disputa desde la gestión,  es suicida en Chile, Argentina, Brasil y Uruguay, pero extremadamente riesgosa en países como Venezuela o Bolivia, donde  puede sobrevivir un gobierno con pretensiones socialistas, pero se puede volver a construir al Frankestein de las experiencias burocráticas del este.
Me parece que la opción de refugiarse en la autonomía abandonando la disputa de poder del Estado, que en Bolivia y Venezuela significa abandonar a su suerte experimentos progresistas y en el nuestro significa dar por perdida la herencia de diciembre del 2001, es una opción mas cómoda, pero también extremadamente riesgosa.
Porque después del progresismo o el pseudo progresismo, viene la derecha  que campea en Colombia y en Europa. La mención a Colombia es importante porque cuando se suman los esfuerzos del pueblo colombiano para ser parte de las perspectivas abiertas en América latina, existe la posibilidad, el  proyecto de reducir a América Latina a una gran Colombia atada por lazos imperiales.
Clausurada la esperanza de América latina, la contradicción se reduce a la lucha de la derecha occidental liderada por Estados Unidos contra la resistencia islámica o las potencias conservadoras emergentes como India y China.
Digámoslo crudamente, no tenemos mas alternativas que seguir construyendo poder popular y estar dispuestos a disputar el poder del Estado. Todas las posibilidades que generan los movimientos populares, los nuevos saberes sintetizados, la experiencia extraordinaria de las asambleas de base, las escuelas de  formación política, las experiencias autogestivas, que son el signo distintivo de este nuevo período; necesitan de la voluntad de poder de las generaciones del 60 y el 70. Volver al Che, no como repetición de un ritual, sino a un Che de este siglo, de este mundo, con toda la experiencia acumulada por los pueblos que luchan por  liberarse.