Juan Correa
Octubre de 2008
Los peronistas
Fuera de sí, la diputada Marina Cassese disparó desde
el micrófono: 'a los peronistas no nos echaron los militares,
menos nos van a echar ustedes'.
Era comprensible el enojo de la legisladora. Su referente, el ex –presidente
Eduardo Duhalde se preparaba para hacer un regreso triunfal a la arena
político a la capital del distrito electoral más importante
del país, y ese hecho era empañado por el escrache de
más de un centenar de manifestantes, que le pedían cuentas
por el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki,
el 26 de junio de 2002 en Avellaneda.
Quien volvía, presentándose en el Jockey Club como el
estadista capaz de articular la oposición por derecha de los
grupos económicos politicamente desplazados del gobierno, terminaba
calificado con el peor insulto que puede recibir un político:
asesino.
No le decían ladrón, mentiroso, estafador. Le decían
asesino. Y allí estaba la cara de sus víctimas que lo
miraban, lo señalaban, desde las banderas.
'Volveré y seré millones', pronosticó Evita. Y
cada político retirado guarda esa frase en un cajoncito de su
inconciente. Duhalde volvió y fue 'asesino'. Es comprensible
el enojo de la legisladora. Quizás por eso la confusión
en la frase: 'A los peronistas no nos echaron los militares'.
Cuesta hablar de 'los peronistas', y más precisamente del 'peronismo'.
Ese movimiento político, que signó la historia política
del siglo XX en Argentina, lleva como sello de origen un gran malentendido,
o peor, una parición mal contada. Un relato tan trucho como el
acta de nacimiento de Juancito Sosa, hijo natural de una tehuelche,
nacido en un rancho de Roque Pérez; que después conocimos
como Juan Domingo Perón, hijo matrimonial y blanco puro, nacido
en Lobos. Desde aquel mítico 17 de octubre, que Perón
y Evita no organizaron, resulta difícil hablar del peronismo
o de los peronistas.
Siempre hubo peronistas que defendieron las conquistas obreras y la
soberanía nacional y peronistas patronales aliados a los poderes
imperiales. Peronistas que resistieron los golpes militares y peronistas
que fueron cómplices y delatores al servicio de los militares.
Es indudable que buena parte de nuestros 30.000 desaparecidos eran peronistas;
también eran peronistas los que formaron partes de las bandas
asesinas de las 3 A, o los burócratas sindicales que hicieron
las listas de activistas obreras para que fueran detenidos o asesinados
por los militares. El primer delatado fue Felipe Vallese, asesinado
por encargo de Vandor, dirigente de la UOM. Algunos de esos delatores
hoy apoyan al gobierno de Kirchner, otros acompañan a Duhalde.
Por eso cuando la legisladora habla de que 'a los peronistas no nos
corrieron los militares', debe precisar de qué peronistas estamos
hablando. Seguramente se está haciendo cargo de una historia
que no le pertenece
Los antropólogos
Pero aquel día de octubre hubo otros sorprendidos en el Jockey
Club. Quienes entraron a empujones, trompadas y algún vidrio
roto, buscando a Duhalde, se toparon con mesas servidas de un distinguido
lunch. Culminaba un congreso de Antropología Biológica.
La antropología biológica, esa curiosidad académica
que puede encontrarse en la Universidad Nacional de La Plata y que nos
ha legado sabios como Cesare Lombrosso, está unida al peronismo
por algo más que una coincidencia casual en el Jockey Club.
La idea de que la antropología es una rama de la biología
y no de las ciencias sociales es una idea de cuño positivista,
que siempre entusiasmó a los fascistas. Es un disparate afirmar
que el peronismo fue un movimiento fascista, pero imposible desconocer
que siempre hubo algún fascista anidando en el peronismo. La
antropología biológica también aportó al
antiperonismo.
La revista ASI , publicada en los días posteriores al golpe de
1955, informa sobre los resultados de un estudio realizado al cráneo
de Perón. Según este estudio científico, todas
las características morfológicas del cráneo de
Perón coincidían con las que el sabio Lombrosso atribuía
a los criminales natos. La antropología biológica pisa
fuerte en la UNLP, pero también ha impuesto sus saberes en la
Policía Bonaerense. Gracias a los discípulos de Lombrosso,
nuestra policía advierte que cualquier persona que reúna
la característica de ser joven, de tez morena, frente estrecha
y pelo largo es un potencial delincuente.
El choque entre el aluvión de escrachadores ingresados al Jockey
Club y la celebración de nuestros antropólogos biológicos
no generó enfrentamientos físicos, ni polémicas
académicas. Pero si tuvo consecuencias psíquicas y gastronómicas.
Lo más impactante en el plano de lo psíquico fue la manifestación
de una conmocionada congresista : -Yo estuve en los setenta. Si los
procesos químicos que abrieron las puertas de su memoria fueron
motivados por el impulso del miedo, el deseo frustrado, la sorpresa
o el hambre reprimida; será motivo de un próximo congreso
de psicología biológica. En el plano de lo gastronómico:
la brillante y onerosa presentación del gran chef del Jockey
Club no pudo ser valorada por la académica concurrencia, que
huyo en tropel ante la zoológica aparición de transpirados
piqueteros. Encima un negrito del MTD Berisso se comió un sándwich
de miga.
El Jockey
El Jockey Club de La Plata, creado a imagen y semejanza del Jockey Club
de la Capital, siempre tuvo que lidiar con la evidencia que las clases
acomodadas del país, los dueños de la plata, no vivían
en La Plata. Nunca pudo emular el olor a bosta, que distinguía
al patriciado porteño, y tuvo que conformarse con oler a formol
y a tribunales. Su arrogancia no le alcanzó para dejar de ser
una casta de burócratas y profesionales exitosos, con apellidos
de blasón local, genealogía de tenderos y vocación
por la careteada. Esa modestia no le impidió ser blanco de la
furia de los manifestantes, el 17 de octubre de 1945. Lo castigaron
por lo que aparentaba.
El viejo Jockey Club de La Plata, no pudo escapar a la decadencia. Hoy
ha reducido sus propiedades inmobiliarias y su edificio esta concesionado
por un usurero: el dueño de la financiera Credil. Que dineros
mal habidos se desplieguen en las mesas del Jockey Club no es ninguna
novedad. Pero en los buenos tiempos, los delitos, que constituyeron
la acumulación primitiva de las fortunas familiares, eran historias
viejas cometidas por antepasados para que sus descendientes pudieran
ser honorables.
La presencia en el Jockey Club platense de un peronista poco fashion
como Eduardo Duhalde para lanzar su Movimiento Productivo Argentino
se explica por esta decadencia. La lógica del usurero se impone
a las viejas tradiciones elitistas y antiperonistas.
Duhalde, a quien siempre le fue esquiva la clase media, elige el Jockey
Club, porque conoce mecanismos de marketing. Si se aspira a masificar
un producto en la clase media se promociona que se consume en los circuitos
selectos, entre los más pudientes y bellos.
La reacción del concesionario del Jockey Club frente a los fervorosos
escrachadores de Eduardo Duhalde no pasará a la historia como
un hecho de la épica, ni como una filípica digna de la
aristocrática oratoria, ni siquiera como una tragedia asumida
con entereza y glamour. '- Para loco, no me rompas esa banqueta, que
vale un montón de guita' y otras apreciaciones en el mismo tono
por parte del usurero-concesionario, demuestran que en la sociedad platense
ya nada es lo que fue, ni siquiera el Jockey Club.
Los santillanes
El miércoles 22 de octubre, en pleno centro de la Plata, calle
7 entre 48 y 49, sucedió algo inesperado. Desde la nada, surgió
una columna de hombres y mujeres con pancartas que decían 'Duhalde
asesino'. Enfilaron hacia la entrada principal del edificio del Jockey
llevándose puestos a tres custodios que sólo pudieron
tirar un par de manotazos.
La actividad del ex-presidente debió ser suspendida. Y se limitó
a dar una conferencia de prensa, donde no hizo referencia a los hechos.
Porque ¿cómo explicar lo inexplicable? ¿Cómo
explicar que quien viene a denunciar que el gobierno ha perdido sus
lazos con la sociedad y presentarse como opción sensata y confiable,
debe responder a la acusación de ser un asesino? ¿Cómo
explicar que esa columna de jóvenes iracundos ponía un
límite a la barbarie que permite que los políticos asesinos
se reciclen como políticos estadistas?
¿De donde salieron? ¿Como hicieron para estar en el lugar
y el momento político exacto, para arruinarle su retorno a la
política?
De los santillanes no se sabe demasiado. Apenas que han invertido la
lógica de la política: son más de lo que aparentan.
Sorprenden, equivocándose muy poco en coyunturas políticas
difíciles. Ya esto les bastaría para tener una referencia,
pero el asunto no parece interesarles demasiado. Están más
preocupados por construir sus moradas para albergar nuevos valores y
relaciones y desplegar la alegre convivencia de la ética y la
política. Nuevos hormigueros donde se entrecruzan vivencias culturales,
reivindicaciones sectoriales, caminos generacionales y orígenes
políticos. Con un bajo perfil donde cuesta deslindar las fronteras
entre la humildad y el conservadurismo, Zapatistas sin Marcos, construyendo
desde el barro desmienten el pesimismo sobre la condición humana.
Lo único que puede asegurarse es que están vivos, en una
ebullición tapada y silenciosa. Y que seguirán dando sorpresas.