Por Orlando Cruz Capote*
En cada ocasión que en la actualidad se escribe y se escucha acerca
de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de sus falsas
y malintencionadas pretensiones hacia Cuba para que retorne al redil del
“Ministerio de Colonias Yanqui”, el cubano común patriota
y revolucionario, antiimperialista y latinoamericanista, reflexiona acerca
de cómo esta institución panamericanista -léase pro-imperialista
y pro-estadounidense- desde sus primeros pasos en el siglo decimonónico,
a las que tanto Simón Bolívar y José Martí
se opusieron, y de su (in)-evolución posterior en la pasada centuria,
(1) y surgida como tal en 1948, continua padeciendo de una malformación
mental congénita con respecto a Cuba socialista, el resto de los
pueblos del subcontinente y manifiesta constantemente una arrogancia y
prepotencia política exuberante, que la hace actuar de forma miope
al no querer darse por enterada de su desubicación en la época
y en el lugar en que se desenvuelve.
Anda como inmóvil e inerte, aunque con muy malos propósitos,
sin percatarse de las transformaciones que acaecen cada día en
el hemisferio, muy específicamente del Sur del Río Bravo
hasta la Patagonia. Y lo peor, no se respeta a si misma y mucho menos
a Cuba, así como a los demás pueblos latinoamericano-caribeños.
Sirva de ejemplo recordar que solo entre 1943 y 1964 se sucedieron en
el subcontinente alrededor de 71 golpes militares y cerca de 4 intervenciones
norteamericanas y extranjeras directas, y que entre 1947 y 1956, 18 de
los 20 países latinoamericanos sufrieron de golpes militares derechistas
y/o “reacomodos” burgueses favorables a Washington. Solo dos
gobiernos, los de México y Uruguay, lograron mantener su sistema
político burgués democrático y representativo sin
interferencias directas, aunque si encubiertas. Y nunca la OEA, desde
su nacimiento y desarrollo acusó y enjuició a los causantes
de tales desmanes y crímenes: los Estados Unidos de América.
Sin necesidad de ser un lector muy avezado en la problemática que
analizamos, que no es el caso de la gran mayoría del pueblo cubano,
podría pensarse que tratan de timarnos o de “tomarnos el
pelo”. Y si no fuera tan serio el problema que se traen entre manos
y lo que manipulan en sus mentes los promotores del embaucamiento, podríamos
dedicarle simplemente una sonada trompetilla, pintarles una cándida
y burlesca caricatura del “Bobito” de Abela (2) o dedicarle
una de las clásicas bromas y sátiras cubanas que tan magistralmente
narró en fechas tan tempranas ese excelente ensayista, el Dr. Jorge
Mañach -de quien podría apuntarse como el Comandante Ernesto
Che Guevara expresó acerca del gran intelectual argentino Jorge
Luis Borges, del buen escritor que significó para las letras y
la cultura cubana pero que al mismo tiempo era una lastima que fuera tan
conservador en la política y en lo social-, cuando escribió
en 1928 su libro “Indagación sobre el Choteo”. (3)
No pretendo explicar con lujo de detalles el accionar de la OEA contra
Cuba luego del triunfo del Primero de Enero de 1959. Esas actividades
anticubanas ya fueron publicadas por este autor en algunos blogs cubanos
-lapolillacubana.nireblog.com y
cubacoraje.blogspot.com, entre otros- en los años 2008 y principios
del 2009, y tuvieron una amplia repercusión en otros medios alternativos.
(4) También en distintas ocasiones, tanto en las pasadas y más
recientes Reflexiones del Compañero Fidel Castro, así como
en las intervenciones públicas del Presidente del Consejo de Estado
y Ministros, el General de Ejército Raúl Castro, han sido
aclaradas una y otra vez las razones por las cuales Cuba no regresará
jamás a ese repugnante sistema interamericano. “Primero nacerá
una serpiente de un huevo de águila”, expresó el también
Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de
Cuba, al citar a José Martí. Únicamente trataré
de acercarme, sin todo el rigor y la profundidad académica, debido
al espacio y al tiempo, a dos anécdotas reales que no son tan conocidas
sobre el triste historial de la OEA con respecto a la Mayor de las Antillas.
En 1947-1948, cuando se preparaba en Cuba, específicamente en Cayo
Confites, una expedición armada contra el dictador Rafael Leonidas
Trujillo -el denominado “General Chapitas” por la cantidad
de medallas que se había auto-conferido y ostentaba en su pecho
de militarote- y la misma fue abortada por el gobierno del Dr. Ramón
Grau San Martín, gracias a los prejuicios y recelos de su Jefe
del Ejército, el General Genovevo Pérez, la recién
estrenada OEA, pero más que todo, la Junta Interamericana de Defensa
(JID) y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR),
que ya habían dado sus primeros pasos entre 1946 y 1947, bajo la
égida del Pentágono, los órganos de inteligencia
de los EE.UU. (la CIA también se funda casualmente en 1947) y las
oligarquías criollas dependientes y clientelistas de la región.
Ésta impuso a Cuba la primera “Comisión de Monitoreo”
para evitar cualquier otro intento de que un país de “Nuestra
América“ se comprometiera en una acción liberadora
contra un tirano impuesto por las élites de poder estadounidenses.
Habría que recordar entonces que el mismísimo Franklin Delano
Rooseveelt, uno de los presidentes más inteligentes y capaces del
Imperio del Potomac, ya había expresado que, “[...] Trujillo
era un hijo de p..., pero que era nuestro hijo de p...”
Pero lo cierto es que tal restricción dictada por la OEA contra
Cuba, y la susodicha comisión estuvieron vigilando al gobierno
de Grau San Martín y al del presidente Carlos Prío Socarrás
-su sucesor (1948-1952)-, no porque fueran los artífices de tales
manifestaciones-acciones antidictatoriales y latinoamericanistas, sino
porque en esas actividades estuvieron involucradas variadas fuerzas de
izquierda y democráticas, aunque también hubo muchos aventureros
y oportunistas, que pretendían apoyar al pueblo quisqueyano, así
como ayudar a otros luchadores progresistas del continente. No sería
ocioso acordarse que en esa expedición frustrada estuvo presente
el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien a última hora y, ante
la inminencia de ser capturado, se lanzó hacia un mar infestado
de tiburones y logró llegar a tierra poniéndose a salvo
de la persecución desatada.
Sólo pasarían unos meses más y en 1948, -y también
a inicios de la década del 50-, el gobierno del también
miembro del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), creado en
1934, el ya mencionado Carlos Prío Socarrás -“la gran
caca” de la brillante generación intelectual y política
cubana de los años 30, al decir del Canciller de la Dignidad, Raúl
Roa García-, volvió a ser sometido a una “Comisión
de Monitoreo”, pero esta vez por haber apoyado el Congreso Nacional
las medidas del gobierno reformista-nacionalista de Juan Arévalo
en Guatemala y, más tarde, al aprobar este mismo órgano
congresional una moción de apoyo al líder independentista
puertorriqueño Pedro Albizu Campos, detenido por el gobierno de
la metrópolis al dar comienzo a la Revolución Nacionalista
en ese país hermano en 1950, y que más tarde, los EE. UU.
convirtió, junto a otros patriotas, en el preso político
más antiguo del continente.
Las anécdotas, fidedignas, nos sirven para demostrar la raíz
extremadamente reaccionaria de la OEA y de sus distintos órganos
subsidiarios, aunque algunos de ellos muchas veces actuaron y continúan
haciéndolo de forma independiente, pero siempre sometidos a los
dictados de los gobiernos norteamericanos. En el caso del presidente Ramón
Grau San Martín, quizás la actitud de los Estados Unidos
fue un poco más consecuente si se reconoce históricamente
que éste personaje mantenía un contencioso sentimiento personal
muy anti-norteamericano, por el no reconocimiento oficial de los EE.UU.
a su “Gobierno de los 100 días” -en realidad 128 días-,
(4) creado el 11 de septiembre de 1933 y derrotado el 15 de enero de 1934,
por una gran conspiración militar y “cívica”
bajo el mando del General traidor Fulgencio Batista, el embajador yanqui
Jefferson Caffery y el nuevo mandatario Carlos Mendieta.
Esa extraña pero real deuda histórica fue cobrada por el
Dr. Grau San Martín, cuando terminada la Segunda Guerra Mundial,
no renegoció la permanencia de los militares estadounidenses en
las bases aéreas de San Antonio de los Baños y San Julián,
en La Habana y Pinar del Río, respectivamente; así como
tampoco permitió que la Marina de Guerra Norteamericana siguiera
surta en los puertos cubanos y realizara labores de patrullaje en el Caribe,
sacándolos simple y llanamente de la Isla. Otra acción independiente
de este controvertido mandatario fue la de oponerse al derecho de veto
del Consejo de Seguridad de la recién fundada Organización
de las Naciones Unidas (ONU). La posición antibatistiana de Grau
llegó al clímax cuando solicitó su salida del territorio
nacional mientras durara su mandato entre 1944 y 1948. Y ello tuvo un
costo político para el viejo profesor universitario que había
sido un acérrimo antimachadista, porque ya Batista era el “hombre
fuerte de Cuba” para los vecinos del Norte.
El castigo de los EE.UU., a través de la OEA, aun sabiendo que
el Dr. Grau era un personaje muy célebre, de finos modales -era
amanerado aunque mujeriego, dicen quienes lo conocieron en los pasillos
de gobierno- y de un discurso grandilocuentemente populista -“las
mujeres mandan en Cuba”, decía de forma seria y en chiste
al final de sus discursos-, pero que también conocían era
un hombre que dio rienda suelta a la corrupción administrativa
y política -recordar que en su gobierno abundaron las tristemente
famosas “botellas” donde grupos gansteriles cobraban salarios
ilegales del gobierno sin trabajar a través del “Inciso K”
del Ministerio de Educación y de la asaltada, contrarrevolucionariamente,
Confederación de Trabajadores de Cuba, y que pululaban las pandillas
o las bandas paramilitares que, por cierto, en el Reparto Orfila en La
Habana, Grau tuvo el cinismo de dejarlas confrontar en un sangriento tiroteo
para que se auto-liquidaran, tuvo una connotación muy parecida
a una vendetta al estilo de las mafias italianas.
Todo ello sin demeritar la actitud bastante audaz y la sagacidad política
de Grau, un hombre lleno de veleidades y que murió en Cuba, luego
del triunfo de la Revolución Cubana sin ser molestado por el Gobierno
Revolucionario, en su “pequeña choza” -una gran casa
o chalet- de la 5ta Avenida en Miramar. Una verdad que nadie se atrevería
a desmentir, porque también tuvo una actitud antibatistiana a pesar
de algunos coqueteos con algunos grupos mediacionistas.
La historia actual y sus equívocos.
Lo que acontece hoy con la OEA y Cuba tiene el mismo cariz, aunque hayan
variado en algo las circunstancias del sistema hemisférico de dominación
y hegemonía, pero son cambios meramente cosméticos en el
caso del Ministerio de Colonias Yanqui. La Revolución Cubana, sin
embargo, podría considerar con algún beneplácito
un auténtico mea culpa por parte de la OEA, en primer lugar, por
ser un acto de justicia y humildad ante las agresiones que fue objeto
su pueblo y, en segundo lugar, porque ello podría significar un
intento de recuperación de cierto sentido del honor de esa institución.
Pero en realidad no constituye para Cuba una necesidad su entrada en la
misma, ni siquiera un problema de dignidad recobrada, pues esa le sobra
en cantidades que nadie puede otorgarle a no ser la solidaridad desinteresada
de los gobiernos y pueblos que votan masivamente a su favor en contra
del bloqueo estadounidense en las Naciones Unidas. La OEA es una organización
muerta en vida, es un cadáver insepulto que muchos grupos burgueses
dominantes, ahora transnacionalizados y neoliberales, en Washington, en
América Latina y el Caribe, tratan vanamente de resucitar.
Pero, ¿por qué esos deseos repentinos de la Secretaría
General de la OEA de solicitar la re-entrada de Cuba a la organización?
¿Qué se trama ante ese acto de “reivindicación”
que no podemos observar y analizar sin una mirada muy crítica?
Si volvemos nuevamente a la historia, pero la más reciente, podremos
percibir que, desde el año 2001, fue firmada la Carta Democrática
de esta organización muy en consonancia con el Consenso de Washington
(1989-1990), que traza pautas muy precisas acerca de los derechos humanos,
la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico
ilegal de personas, los procesos migratorios, la actitud ante los movimientos
guerrilleros que aún subsisten en la región, etc. Así
mismo, están delineados los principios desiguales y asimétricos
de la autodeterminación, de la independencia, soberanía
y seguridad nacionales, todos muy condicionados a los imperativos estadounidenses;
de los comportamientos a asumir ante la libertad de prensa, de reunión,
de la pluralidad política e ideológica; de las relaciones
económicas, comerciales, financieras entre sus Estados miembros,
en especial, hacia los Estados Unidos. En fin, todo acerca del liberalismo
burgués y la democracia representativa del gran capital que debe
ser el pensamiento único en la región que EE.UU. sigue tratando
como su traspatio natural.
Y solamente extraeremos una sola conclusión: si Cuba entrara a
la OEA, posiblemente sólo estaríamos unas horas en la misma,
o de lo contrario comenzaríamos a sentir otra vez las presiones
y chantajes que padecimos en los años 1959 y 1960, 1961 y 1962,
cuando fue expulsado “el gobierno de La Habana” por ser el
marxismo-leninismo incompatible con el sistema de valores políticos
y teórico-prácticos de este engendro panamericanista y,
finalmente, volveríamos a ser sancionados jurídica, comercial,
económica y financieramente como en 1964. No es que se tenga miedo
a discutir, debatir y polemizar en ese medio o cualquier otra tribuna
regional e internacional, si no que ya tenemos aprobadas la Primera y
Segunda Declaraciones de La Habana, y la Declaración de Santiago
de Cuba. Y éstas tienen plena vigencia, por lo que no sería
necesario volver a pronunciarlas. La historia se repetiría como
tragedia.
Y eso no le conviene ni a EE.UU., ni a la OEA, ni a América Latina
y el Caribe, y mucho menos a Cuba. Siempre hemos sido muy generosos con
el adversario y no pretendemos humillarlo. Además tenemos el “Juramento
de Baraguá” y las “Demandas del Pueblo Cubano”
ante el terrorismo de Estado perpetrado por los EE.UU. contra Cuba. Y
nadie hasta ahora, ni siquiera el flamante presidente negro Barack Husseim
Obama y su Secretaria de Estado Hillary Clinton, han hecho mención
sobre estos temas, como tampoco han hablado de la Ley de Ajuste Cubano,
del bloqueo que ellos llaman técnica y eufemísticamente
embargo, ni de la Ley Torricelli y la Ley Helms Burton. Deberían
estar ya acostumbrados que para Cuba, los principios no son negociables.
Sin cesar en sus impulsos “integracionistas” para con Cuba,
el secretario Insulza
solo recibe bofetadas desde los EE.UU. y hasta desde su propia organización.
¿Habrá una sublevación interna en los órganos
de la OEA, contra su liderazgo? ¿Cuánto tiempo le queda
al chileno en ese cargo si insiste en reincorporar al Verde Caimán
a la organización que dirige? ¿Está hablando en serio
o forma parte de la farsa?
Ya los Estados Unidos incluyó a Cuba en los países miembros
del Eje del Mal en esas orbitas que son deslizantes, nos tienen además
en las listas de los promotores del tráfico de droga, y más
recientemente nos metieron a la fuerza entre los gobiernos que promueven
el terrorismo. Y unas pocas horas atrás la DDHH., de la propia
OEA, nos puso entre los violadores de los derechos humanos, de la libertad
de prensa, de expresión y de reunión; entre los grandes
perseguidores de los opositores políticos, incluyendo a los periodistas
independientes.
Hay algo que huele a podrido -como escribiera Fidel Castro- en ese entramado
tan “benéfico y paradisíaco”, para creer en
las “buenas intenciones” de la OEA. Preferimos estar fuera,
pero dentro del Grupo de Río, en el ALBA, en el CARICOM, y en cualquier
otra organización que no se pliegue a los dictados de Washington.
Ya una vez nos echaron de la OEA, pero nos fuimos con los pueblos de América,
incluyendo lo mejor del pueblo norteamericano. Y estaríamos dispuestos
a hacerlo nuevamente si se nos traiciona cobardemente y por la espalda.
No duden nunca de la palabra y las acciones de Cuba revolucionaria y socialista.
Dr. Orlando Cruz Capote, Investigador Auxiliar, Instituto de Filosofía,
Cuba
Bibliografía y Notas:
(1) La inicial manifestación expresa del panamericanismo fue la
Primera Conferencia Internacional Americana celebrada en Washington entre
1889-1890. Entre 1890 y 1933 se celebraron otras seis conferencias americanas:
(México (1901-1902), Río de Janeiro (1906), Buenos Aires
(1910), Santiago de Chile (1923), y en La Habana (1928) y la séptima
en Montevideo (1933). Posteriormente, se celebró una Conferencia
Extraordinaria en Buenos Aires, en 1936. Entre 1938 y 1942 fueron realizadas,
la Octava Conferencia Americana en Lima, en 1938 y, más adelante,
tres reuniones de consulta de los ministros de Relaciones Exteriores del
continente a saber: en Panamá (1939), La Habana (1941) y Río
de Janeiro (1942). En 1945 se realizó en México (Chapultepec)
una Conferencia Extraordinaria conocida como Conferencia de Chapultepec
(oficialmente Conferencia Interamericana sobre los Problemas de la Guerra
y la Paz). Con tales antecedentes, se inauguró en Quintandinha,
Río de Janeiro, en 1947 la “Conferencia Interamericana para
el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad Continentales”, donde
es creado el TIAR y, en 1948 se celebra en Bogotá, Colombia, la
Novena Conferencia Internacional Americana en la que se aprueba la Carta
de la Organización de los Estados Americanos (Carta de Bogotá)
y el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas de (Pacto de Bogotá).
El TIAR se puso en vigor desde 1948,y la Carta de la OEA el 13 de diciembre
de 1951. Ver: Conferencias Internacionales Americanas. 1889- 1936, Dotación
Carnegie para la Paz Internacional, Washington, 1938; Conferencias Internacionales
Americanas, Primer Suplemento, 1938-1942, publicada por la Dotación
Carnegie para la Paz, Washington, 1943; Actas de la Conferencia de Consolidación
de la Paz, Congreso Nacional, Buenos Aires, 1936; Resolución XXX
en Acta Final de la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra
y la Paz, Unión Panamericana, 1945 (¿?); Ruth Russell A
History of The United Nations Charter, The Brookings Institution, Washington,
1958; Tratados y Convenciones Interamericanas. Firmas, ratificaciones
y depósitos, Secretaría General de la OEA, 1980, entre otros.
(2) En los años 20 y los 30 de la pasada centuria, un excelente
caricaturista cubano, Eduardo Abela, pintaba en la prensa nacional una
caricatura “El Bobito”, que se atrevía a burlar diariamente
la censura machadista -del dictador Gerardo Machado (1925-1933)- que fue
derrocado por una huelga general revolucionaria y de masas, el 12 de agosto
de 1933. Ese personaje con cara de tonto decía a su manera, y muchas
veces solamente con un gesto, todo lo que el pueblo y las fuerzas patrióticas,
revolucionarias y antiimperialistas querían expresar pero no podían
hacerlo de forma abierta, so pena de ser perseguidas, torturadas, detenidas
y asesinadas.
(2) Jorge Mañach Indagación del Choteo, (1928), 2da edición,
Editorial La Verónica, La Habana, 1940.
(3) Orlando Cruz Capote La Revolución Cubana y su inserción
en la contradictoria realidad latinoamericana-caribeña en 1959
(en cuatro partes); Estados Unidos y la Revolución Cubana. Del
diferendo a la confrontación. 1959-1961 (en dos partes); Las grandes
victorias política-militares y diplomáticas de la Revolución
Cubana (en dos partes); La cumbre de América Latina y el Caribe:
La OEA se fue a bolina (en tres partes), entre otros.
(4) Ese “Gobierno de los 100 días” fue el primer gobierno
antioligárquico de la historia de Cuba, y tuvo un ala de izquierda
representada por el revolucionario radical Antonio Guiteras y Holmes como
Secretario de Estado, Guerra y Marina; un ala derecha liderada por el
General Fulgencio Batista; y, el ala centrista dirigida por el presidente
Ramón Grau San Martín.
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