Liliana Daunes
Intervención en la sesión simbolica en homenaje al Dia de
la Mujer organizada en la legislatura porteña
Como trabajadora de la comunicación y como feminista, quiero
expresar que es imposible en este tiempo transformar el lugar de las
mujeres y de los sectores más vulnerables de la sociedad, mientras
los grandes medios de comunicación, privados y públicos,
sigan siendo fuentes fundamentales de la reproducción de una
cultura patriarcal. Sigan siendo voceros del gran capital, y formadores
de un imaginario consumista, en el que todo se vuelve mercancía,
desde el agua hasta la basura, desde la educación hasta el cuerpo
y las vidas de las mujeres.
Medios de comunicación que construyen y defienden valores funcionales
al poder, negando o banalizando derechos fundamentales como el derecho
al trabajo, a la educación, a la salud, a la vivienda. Medios
en los que se criminaliza a las trabajadoras o a los trabajadores en
huelga, a las desocupadas o a los desocupados que demandan su lugar
en la sociedad, a las maestras o a los maestros que defienden la educación
pública, y hasta pueden reproducir impunemente la propaganda
electoral de quien dio la orden de represión que terminó
con la vida de Carlos Fuentealba. Medios de comunicación en los
que Julio López vuelve a desaparecer. Medios que minimizan la
violencia machista e invisibilizan los feticidios. Medios de comunicación
en los que las mujeres que exigimos educación sexual, anticonceptivos
para no abortar y aborto legal para no morir, somos estigmatizadas por
el coro patriarcal de la Santa Inquisición.
La democracia en la comunicación es mucho más difícil
aún, cuando se
recorta o condiciona el lugar para la pluralidad de voces que intenta
expresar la comunicación alternativa. Cuando se cierran espacios
públicos como el canal de la ciudad, con el consiguiente despido
de trabajadores y trabajadoras de la comunicación, y se siguen
desvalorizando los espacios con perspectiva de género en la radio
pública. Se trata de políticas que precarizan aún
más el empleo, como parte de las políticas flexibilizadoras
con que el gobierno de la ciudad y sus legisladores y legisladoras vienen
castigando a las trabajadoras y trabajadores, para dibujar los éxitos
de su presupuesto.
Son políticas que al mismo tiempo, recortan o niegan la posibilidad
de
promover las voces que visibilizan las demandas, las historias, el lenguaje
y las prácticas de mujeres que han venido bregando históricamente
por su emancipación, como parte de la emancipación general
de la humanidad. Y es preciso aclarar: no me estoy refiriendo solamente
a la inclusión de más mujeres en los medios.
El ser mujer no asegura una posición de lucha contra las opresiones.
Lo
que estoy planteando es el derecho a la pluralidad ideológica,
en medios de comunicación que hegemónicamente reproducen
la cultura androcéntrica. Es la posibilidad de que se exprese
una mirada del mundo, no la propia, no la de una u otra periodista,
sino la de una corriente histórica y la de un movimiento, que
se va creando a sí mismo desde la identificación de la
opresión de las mujeres que realiza el patriarcado, y desde las
batallas por nuestra emancipación. Es la palabra de un feminismo
que no pretende lograr un cupo para integrarse en la dominación,
sino que aspira a deconstruir todas las dominaciones de una cultura
opresora en la que se refuerzan mutuamente, el capitalismo, el patriarcado,
el racismo, la violencia.
Es sabido que si unos pocos controlan la información, no es posible
la
democracia. En Argentina aún nos rige una Ley de Radiodifusión
de la
dictadura. Es algo vergonzoso. Es la ley hecha a medida de los Videla,
de los Massera, de los Martínez de Hoz.
Es indispensable una nueva ley que garantice el pluralismo informativo
y
cultural. Si bien se trata de una ley nacional, demandamos que también
en la Ciudad se vaya haciendo camino en esta dirección. Necesitamos
que los medios públicos sean fuertes, y estén al servicio
de todas y todos y no de los gobiernos de turno o de los sectores del
poder.
El derecho a la comunicación es un derecho humano y no un negocio.
La mercantilización de la cultura, agrava y profundiza la realización
de una programación de los medios de comunicación que
desbordan de lenguaje sexista, de humor misógino, de estereotipos
machistas, de vulgaridad en el tratamiento de problemas constituyentes
de la identidad de las personas como por ejemplo la sexualidad, de naturalización
de los roles subalternos de las mujeres, de bastardeo a la libre opción
sexual de lesbianas, gays y travestis.
Es imprescindible que se cumplan con los avances que ya fueron logrados
por el movimiento de mujeres, y que en este momento están amenazados
por la política proteña.
Quiero recordar que la Constitución de la Ciudad, establece en
los artículos 36, 37 y 38 que la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires debe garantizar la igualdad real de oportunidades y de trato entre
varones y mujeres en el acceso y goce de todos los derechos y la incorporación
de la perspectiva de género en el diseño y ejecución
de las políticas públicas. Por lo tanto, se dispone que
el Gobierno porteño debe respetar la perspectiva de género
en todas sus políticas públicas, incluyendo las comunicacionales.
Esto se afirma también en la ley 474, que crea el Plan de Igualdad
de Oportunidades y de Trato entre varones y mujeres. No queremos que
estas leyes sean letra muerta.
Los medios de comunicación suelen ser en su gran mayoría
los fieles voceros de un orden que mata, reprime, discrimina y excluye.
Los problemas sociales, las demandas de las mujeres, no pueden tener
como respuesta la represión.
Las personas que vivimos y transitamos en la ciudad de buenos Aires
somos ciudadanas y ciudadanos. Somos sujetos y sujetas de derecho y
no objetos de represión.