Patrón distributivo en el período post-convertibilidad
Mariano Féliz
La salida de la convertibilidad a comienzos de 2002
ha sido propuesta desde los despachos oficiales como comienzo de una
nueva etapa de acumulación de capital “progresista”
en Argentina. Esta afirmación pareció corroborada por
algunos datos generales de desempeño macroeconómico (crecimiento
del empleo, aumentos salariales, reducción en la incidencia de
la pobreza).
En otro lugar hemos señalado nuestra disidencia con esta argumentación,
presentando al proceso actual como una etapa de acumulación neodesarrollista
que se sostiene en el par salarios bajos-tipo de cambio alto, en un
marco de explotación intensiva (saqueo) de las riquezas naturales
(Féliz, 2008; Féliz, 2007; Féliz y Pérez,
2007).
Es cierto que luego de la crisis capitalista dentro del patrón
de convertibilidad y luego de haber alcanzado un piso en la primera
mitad de 2002, los patrones usualmente asociados a un buen desempeño
macroeconómico mejoraron sostenidamente. Sin embargo, esa mejorar
en los indicadores macro- y socio-económicos no se condice con
un cambio en el patrón de acumulación. Por el contrario,
ellos fueron los coletazos de un proceso de lucha social que alcanzó
su punto más alto a finales de 2001. Ya hacia finales de 2006,
la hegemonía social del capital se había reestablecido
temporalmente (Féliz, 2007).
Los últimos dos años han comenzado a mostrar el verdadero
rostro del capitalismo dependiente argentino. De la bonanza del “modelo
kirchnerista” comenzamos a caminar su fundamento, su dinámica
inmanente: pobreza estructural, bajos salarios y desigualdad social.
Los fundamentos conflictivos que articulan el actual patrón de
acumulación pudieron ser contenidos en tanto el crecimiento podía
parecer “incluyente” y el contexto internacional era auspicioso.
El cambio de contexto, interno y externo, permiten auspiciar un resquebrajamiento
progresivo de legitimidad social del gobierno y por tanto del patrón
de acumulación.
En función de discutir dotar de mayor contenido a estos argumentos,
este texto buscar presentar algunos de los rasgos característicos
del modelo de acumulación neodesarrollista que desde 2002. Nos
concentraremos en los aspectos ligados a la producción y distribución
del ingreso pues estos son elementos claves para comprender las condiciones
de la legitimidad del marco estructural.
Cae la tasa de creación de empleos
En primer lugar, cabe marcar la performance del modelo en términos
de su capacidad de generación de empleo. Este ha sido uno de
los “puntos fuertes” de la política económica
del kirchnerismo en sus diferentes versiones (Lavagna, Miceli, Peirano,
Lousteau).
Desde mayo de 2002 el empleo ha crecido sistemáticamente. Hasta
finales de 2007 el empleo total había crecido un 22,2%, mucho
más que en el período 1991-1998 de auge de la convertibilidad.
El crecimiento trimestral en el empleo total ha sido de 1,3% desde el
punto más bajo luego de la salida de la convertibilidad.
Esto no es sorprendente, por supuesto, dado el crecimiento acelerado
de la economía en la etapa. El capitalismo requiere de la fuerza
de trabajo para reproducirse y el aumento del empleo no es más
que la condición necesaria del desarrollo del capital en las
etapas de reproducción exitosa.
Sin intentar hacer apología de la convertibilidad, cabe remarcar
que el actual “modelo” se alimenta de la reestructuración
del capital concluida en la década pasada. De hecho, ya a la
salida de la “crisis del tequila” podía verse el
rostro del nuevo patrón capitalista pero aún en el cascarón
de la convertibilidad (Féliz y Panigo, 2002). En efecto, el empleo
total entre el mayo de 1995 y el mayo de 1998 creció a una tasa
trimestral superior a la actual (1,8%). Es decir que el crecimiento
del empleo en la actualidad se sostiene en un patrón productivo
que ya se encontraba vigente en potencia a mediados de los noventa.
Este no es un crecimiento “rico en empleos”, como pretenden
sugerir algunos, sino que es un patrón de acumulación
“rico en precariedad laboral”, como veremos. En efecto,
en los primero años del gobierno kirchnerista se observó
un crecimiento del empleo total marcadamente alto en relación
al crecimiento de la economía. En 2005 por cada 1% de crecimiento
del PBI el empleo aumentaba un 0,97%. Sin embargo, la tendencia es a
una caída en la relación entre el aumento del empleo y
el aumento de la producción (la llamada “elasticidad empleo-producto”).
En 2008 esa relación se había reducido a 0,62% de aumento
en el empleo por cada 1% de aumento en el producto. En los noventa,
en su etapa próspera, esa relación fue de 0,52% a 1%,
no muy diferente a la actual (Féliz y Pérez, 2007: 343).
De manera que el empleo crece rápido sólo como resultado
de un crecimiento económico que se mantiene por encima del 8%
anual. Pero es un crecimiento cada vez más “pobre”
en empleo. Si el crecimiento cayera a 5% anual (rápido en términos
históricos) el crecimiento del empleo sería apenas suficientes
para absorber el crecimiento en la oferta de fuerza de trabajo (población
económicamente activa), poniendo un límite al descenso
en la desocupación, que hoy llega al 10% en promedio pero se
mantiene por encima del 20% entre los miembros de hogares pobres.
Los salarios crecen menos que la inflación
La salida de la convertibilidad significó una caída generalizada
en los salarios reales. Los salarios del sector público cayeron
27% entre 2001 y 2003, mientras en el sector privado se redujeron un
32% entre los trabajadores no registrados (“en negro”) y
11% entre los trabajadores registrados.
Cuadro 1. Evolución de los salarios reales. 2001-2007, Argentina.
Período Variación del salario real
Sector Privado – Registado Sector Privado – No registrado
Sector Público
2001-2003 -11% -32% -27%
2003-2005 17% 10% -1%
2005-2006 9% 7% 0%
2006-2007 Inflación oficial (8,8%) 9% 12% 14%
Inflación alternativa (26%) -6% -3% -1%
Fuente: Estimación propia sobre la base de datos del INDEC.
Los primeros dos años del primer gobierno kirchnerista (2003-2005)
marcaron un aumento de los salarios reales en el sector privado. En
el sector público, los salarios reales se estancaron al compás
de la política de superávit fiscal. Durante 2005-2006
continúo una tendencia similar. Igualmente, en 2006 el poder
de compra de los salarios se encontraba aun en promedio un 5% por debajo
del nivel de 2001. Sólo los trabajadores formales habían
superado ese nivel con 14% de aumento real, mientras los estatales e
informales aún tenían mucho por recorrer.
En 2007, por primera vez desde 2003, los salarios de los trabajadores
estatales subieron por encima de los salarios en el sector privado.
En todos los casos, según la inflación oficial, el aumento
en los salarios reales habría sido superior al crecimiento del
PBI real (8,7% en 2007).
Sin embargo, si tomando en cuenta las estimaciones más “realistas”
de la inflación la situación se modifica sustancialmente.
Según un estudio de los trabajadores del INDEC, la inflación
en 2007 habría triplicado los valores oficiales, alcanzado el
26% (Junta Interna ATE-INDEC, 2008). Teniendo en cuenta esta información,
se aprecia que los salarios reales no sólo no subieron el año
pasado sino que cayeron de manera leve pero generalizada, revirtiendo
la tendencia anterior.
Si se toma en cuenta que el nivel de crecimiento económico se
mantuvo sostenido durante el 2007 y con ello el empleo continuó
aumentando, la dinámica salarial de los últimos dos años
está encontrando un límite del modelo. Ese límite
se vincula a dos restricciones macroeconómicas de la acumulación
capitalista periférica y dependiente.
Por un lado, la competitividad internacional se sostiene en la super-explotación
del trabajo. Por lo tanto, para sostener la actual inserción
internacional del capital local, los salarios no deben crecer por encima
de la productividad y no deben absorber el superávit externo.
Si los salarios en el sector privado aumentan más que la productividad,
la rentabilidad se reduce y con ella cae la competitividad internacional
de los sectores que compiten con importaciones o exportan mercancías
industriales. Si los mayores salarios aumentan la demanda interna de
alimentos y combustibles, el saldo exportable puede reducirse sustancialmente.
La superexplotación del trabajo se manifiesta en la necesidad
política de sostener los salarios en el sector privado creciendo
no más que la productividad y en niveles por debajo de la canasta
básica a una proporción importante de las familias trabajadoras.
Luego de 5 años en que el PBI ha crecido un 53% en términos
reales, más del 20% de la población todavía es
pobre (según las dudosas cifras oficiales).
La segunda restricción macroeconómica se vincula a la
voluntad de sostener un superávit fiscal suficiente como para
afrontar las obligaciones de la deuda pública y la acumulación
de reservas del Banco Central.
Se agotó el proceso de mejorar distributiva
El resultado general del proceso de creación de empleos y aumento
de salarios en la etapa inicial del modelo actual permitieron reducir
la desigualdad distributiva.
Gráfico 1. Participación en el ingreso. Tasa de variación.
Deciles de ingreso según ingreso total familiar. 2001-2007, Argentina.
Fuente: Estimación propia sobre la base de datos del INDEC.
Entre 2001 y 2003, en la salida de la convertibilidad, sólo el
decil 1 (los más pobres) y el decil 10 (los más ricos)
vieron subir su participación en los ingreso totales. Esos fueron
los únicos dos sectores que no vieron caer sus ingresos reales
en el período. Los primeros, básicamente, producto de
la generalización de los Planes Jefes y Jefas y los últimos
por ser los beneficiarios directos del proceso devaluatorio.
En los dos primeros años del primer gobierno kirchnerista (2003-2005)
toda la población, excepto por el quintil superior, recuperó
peso en la distribución del ingreso en particular los hogares
más pobres. Los ingresos reales del 40% más pobre de la
población (cuya mayoría tiene ingresos por debajo de la
línea de la pobreza) aumentaron más de 40% en ese período
(su participación en el ingreso pasó de 10,15% a 12,27%),
mientras en el otro extremo el ingreso del decil más rico aumentó
sólo un 11% (su participación en el ingreso total cae
de 40,82% a 36,76%). Este proceso estuvo fuertemente asociado al aumento
en los niveles de empleo.
Sin embargo, entre 2005 y 2006, la propia información oficial
confirma que el proceso de redistribución progresiva de los ingresos
comenzó a detenerse. En efecto, en ese período el 40%
más pobre de la población perdió participación
en los ingresos totales, al igual que el 10% más rico. Fueron
los sectores medios (deciles 5 al 9) los que ganaron en ese año.
En este período el ingreso real de los hogares más pobres
(decil 1, con ingresos por debajo de la línea de indigencia)
cayó, algo que no ocurría desde 2001-2003.
Si bien no hay información oficial a partir de entonces, como
señalamos antes, la desaceleración en la tasa de creación
de empleos y el aumento de los salarios por debajo de una inflación
“real” en ascenso, marcan que la tendencia de 2005-2006
se habría profundizado a partir de 2006.
Los.as trabajadores.as dejaron de recuperar terreno en el espacio de
la distribución del ingreso.
Entre 2001 y 2003, la crisis provocó una fuerte caída
en la participación de los trabajadores y las trabajadoras en
el ingreso. Una caída en los salarios reales y el empleo mayor
a la caída en el producción, llevaron su participación
en el ingreso a sus niveles mínimos desde 1993 (año en
que comienza la estadística oficial).
Gráfico 2. Participación de los.as asalariados.as en el
ingreso. Porcentaje del VAB a precios básicos. 1993-2007, Argentina.
Fuente: Estimación propia sobre la base de datos del INDEC. Nota:
la participación de los asalariados en el ingreso se estima como
“Remuneración al Trabajo Asalariado” como porcentaje
del Valor Agregado Bruto (VAB) a precios básicos, ambos en precios
corrientes.
El período 2003-2006 estuvo signado por un aumento en esa participación.
Esto fue producto de un aumento en la masa salarial superior al crecimiento
del PBI.
En 2007 no hay estadísticas oficiales pero utilizando la información
disponible de crecimiento del ingreso, inflación, salarios y
empleo puede estimarse que esa relación habría continuado
en ascenso (línea punteada del gráfico), casi recuperando
el nivel de 2001.
Teniendo en cuanto la inflación “real”, sin embargo,
puede plantearse la hipótesis de que en realidad la participación
de los asalariados y las asalariadas en el ingreso retomó su
tendencia descendente. Esto es consistente con la reducción en
la capacidad de creación de empleos de la economía y el
aumento en la inflación por encima del crecimiento nominal de
los salarios.
Referencias
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en Argentina? De la reestructuración capitalista a su estabilización”,
en ¿Coyuntura favorable o nuevo modelo?: Economía argentina,
Anuario EDI, Economistas de Izquierda, 3, Ediciones Luxemburg, pp. 68-81,
Buenos Aires, 191 pags., ISSN: 1669-3817, Abril.
Féliz, Mariano y Panigo, Demián T., “El rol del
mercado de trabajo en la determinación de los ingresos familiares”
, en Globalización, empleo y generación de ingresos, pp.
249-270, 286 págs., Banco Mundial/Grupo de Trabajo de ONGs sobre
el Banco Mundial, Agosto 2002, Buenos Aires (Argentina).
Féliz, Mariano y Pérez, Pablo E. (2007), “¿Tiempos
de cambio? Contradicciones y conflictos en la política económica
de la posconvertibilidad”, en Boyer, Robert y Neffa, Julio C.
(comp.), Salidas de crisis y estrategias alternativas de desarrollo.
La experiencia argentina, Institut CDC pour la Recherche / CEIL-PIETTE/CONICET,
Editorial Miño y Dávila, 1ra edición en castellano,
pp. 319-352, 760 pgs., Buenos Aires. ISBN: 978-84-96571-57-0.
Féliz, Mariano y Sorokin, Isidoro (2008), “¿Rigidez
estructural del tipo de cambio? El caso de la Argentina a la luz de
un enfoque marxista”, en Toledo F. y Neffa, J.C. (comp.), Interpretaciones
heterodoxas de las crisis económicas en argentina y sus efectos
sociales, Editorial Miño y Dávila, Buenos Aires, 368 pags.,
pp. 283-310, ISBN10: 8496571785. ISBN13: 9788496571785.
Féliz, Mariano; Panigo, Demian (2000), “Desigualdad, Pobreza
y Bienestar en las regiones Argentinas”, ponencia, 1ras Jornadas
de Sociología, participación como ponente, Departamento
de Sociología, Universidad Nacional de La Plata, 30 de Noviembre
y 1 de Diciembre, La Plata (Argentina).
Junta Interna ATE-INDEC (2008), “Índice de precios al consumidor
IPC-GBA del año 2007: ejercicio alternativo ante la imposibilidad
del cálculo del IPC-GBA debido a la intervención del INDEC”,
Comisión Técnica ATE-INDEC, documento No. 4, Enero.