Ariel Filadoro *
Resumen
Ante la crítica realidad por la que atraviesan los países subdesarrollados, los enfoques teóricos que prevalecen en la actualidad –tanto en la literatura del crecimiento como del desarrollo económico– ofrecen dispositivos conceptuales que, en gran medida, dificultan más de lo que contribuyen al esclerecimiento de los problemas.
En este marco, el presente artículo pretende reeditar el concepto de excedente económico. Se sostiene que este concepto contiene características que permiten abordar los procesos de desarrollo y crecimiento económico desde un enfoque integral. En efecto, la noción de excedente económico reincorpora –y permite tratar en simultáneo– dimensiones como la puja distributiva, los usos alternativos del excedente, el rol del Estado en el proceso social de acumulación y las relaciones centro-periferia en el sistema mundo.
El artículo contine reflexiones teóricas, propone un modo de medición del excedente, y detalla, sintéticamente, aquellas dimensiones que son abordables a partir de la utilización del concepto de excedente económico.
Abstract
Considering the problematic economic situation that underdeveloping countries are getting through, most of the current theoretical approaches –both in growth and development economics– are studied with concepts that, in general, do not help to explain the economic reality.
From this framework, this article pretends to reconsider the concept of economic surplus. It holds that this concept has certain features that facilitate an integral approach of the growth and development topics. In fact, the economic surplus notion joins at the same time different aspects like: output and income distributive conflict, alternative uses of the economic surplus, the Goverment’s role in the social process of accumulation and center–periphery relationships in the world system.
This article contains theoretical considerations, porposes a way of measurment of the economic surplus, and details those dimensions that can be understood by using the concept of economic surplus.
Querían paz. Y la paz, para mis amigos, era la próspera y tranquila prosecución de sus negocios prósperos y tranquilos. Y para los otros, para los infelices, […] paz era siesta y mate.
Andrés Rivera, El farmer
La crisis y la oscura teoría económica
Los momentos de crisis aceleran los cuestionamientos, pues, en la medida en que se tengan pretensiones de modificar aquello que atraviesa un estado crítico, será necesario abandonar las representaciones vigentes e incorporar otras que permitan la transformación de la realidad. Sería oportuno esperar que estas representaciones contengan, mínimamente, elementos que permitan, por una parte, explicar la situación y, por otra, iluminar cursos de acción para el pasaje de un estado crítico a uno más saludable. El proceso de dar cuenta de los problemas es crucial para su solución y, sin duda, las teorías encuentran allí su razón de ser; incluso es decisivo el mismo acto de dar nombre a los factores claves de la problemática.
La realidad económica por la que atraviesa el capitalismo argentino desde hace tres largas décadas viene acusando sucesivas crisis. Lo más sustancial de estas crisis radica en un sostenido proceso de deterioro en los niveles de vida de la mayor parte de la población. Valga como indicador del caso citar que la pobreza ha trepado desde niveles inferiores al 5% de la población hacia principios de los ’70 a más de un 50% en la actualidad. En el sentido esencialmente material del término, se trata de un problema económico, en la medida en que esa población está privada de los recursos más elementales para su reproducción. Este problema de regresividad en la distribución del ingreso es acompañado por bajas tasas de crecimiento y acumulación de capital, primarización de la producción y destrucción de empleo, por nombrar los emergentes más importantes.
Ante esta situación, el estudio de la dinámica económica que condujo a la profunda crisis actual se impone por la fuerza de los hechos. Indudablemente, forma parte de un desafío de primer orden para los estudios económicos dar cuenta de estos fenómenos, si es que aun conservan alguna pretensión de contribuir a la construcción de un orden más justo y sustentable económica y socialmente en el tiempo. Sin embargo, desde los enfoques tradicionales que abordan los procesos de crecimiento, distribución y acumulación, son pocas las luces que permiten iluminar esta realidad. Se trata, más bien, utilizando una expresión de Joan Robinson, de luces que confunden. En la medida en que se piense que la teoría económica debe brindar elementos para la comprensión y transformación económica y social, la incapacidad para comprender estos fenómenos, se traduce inmediatamente en una incapacidad para su superación; en otras palabras: mal se puede revertir –a menos que sea azarosamente– aquello que no se alcanza a entender. Poco se puede hacer desde la práctica sin ciertos principios –teóricos– ordenadores que permitan entender el desafío y diferenciar lo principal de lo accesorio. Y de allí que todo esfuerzo teórico que no consigue habilitar acciones superadoras termina por contribuir a la reproducción del orden existente; por contribuir al mantenimiento del statu quo.
En esto es preciso ser claro: si se trata de un orden que reproduce pobreza, hambre y exclusión social para la mayoría de la población, por una parte, y crecimiento económico en beneficio de una minoría, por otra, reproducir el statu quo, implica contribuir a la reproducción de esa realidad.
Dada la naturaleza del problema de la acumulación y la distribución, y como forma de contribuir a la comprensión de la dinámica económica, nuestro universo de estudio incluye preguntas en torno a la manera en que el mercado ordena y asigna recursos a partir de la búsqueda privada del beneficio; la relación entre los fenómenos económicos, las decisiones políticas y el poder, así como cuestiones vinculadas al rol del Estado.
Constituye el objetivo central de este trabajo contribuir a la reflexión conceptual para abordar el problema del crecimiento, la acumulación de capital y la distribución del ingreso. Para ello, se propone recuperar la noción de excedente económico 1. En principio, se problematizará la relación entre acumulación, distribución, poder económico y poder político. A continuación se repasará, sintéticamente, la contribución del trabajo de Paul Baran (1959), así como las implicancias que tuvo en materia de estudios que se desarrollaron a partir de entonces en la Escuela de la Dependencia. En el siguiente apartado, se abordará con detenimiento el concepto de excedente económico propiamente dicho. Se propone una definición del excedente económico, un modo de cálculo y se apuntan los principales elementos que permiten sostener la pertinencia del concepto para el estudio del crecimiento, la acumulación y la distribución desde una perspectiva estructuralista.
Furtado señala que en todas las sociedades han surgido grupos minoritarios que de una u otra manera supieron apropiarse del excedente de la producción:
“Por el lado de la producción, aparece la creación del excedente; por el de la distribución, la apropiación de ese excedente por parte de un grupo minoritario; y por el lado de la acumulación, la posibilidad de aumentar la productividad con la incorporación del excedente al proceso productivo. Si observamos este proceso en el tiempo, vemos que la tercera fase se reencuentra con la primera: el incremento de productividad, causado por la incorporación de nuevo capital, da lugar a la creación de un nuevo excedente, el cual, al pasar a manos del grupo minoritario, se transformará en nuevo capital, etc. “ (Furtado, 1964, p. 108)
Cuando nos acercamos al análisis del capitalismo, vemos que este circuito de acumulación reposa en la capacidad de apropiación y reinversión del excedente por parte de aquellos que, persiguiendo beneficios, reinivierten su capital: los empresarios capitalistas. La reproducción de este esquema tiene como resultado, generalmente, la ampliación de la escala productiva, aumentos en la productividad y crecimiento económico.
En este sentido resulta decisivo el destino del excedente que se genera en cada período, pues el mismo puede ser consumido, acumulado para ampliar la escala de producción o, tal como sucede recurrentemente en Argentina, mantenido en forma de inversiones financieras en el exterior. De ahí que cuanto mayor la cantidad de excedente que la clase capitalista destine a la inversión productiva, tanto mejor para la acumulación.
Sin embargo, esta dinámica de acumulación no sólo depende del quantum de excedente acumulado; también puede asumir muy distintas modalidades dependiendo de la estructura de distribución del ingreso vigente en cada sociedad, la cual, a su vez, condiciona el destino de las inversiones. Para decirlo más claramente: en el marco de una distribución regresiva del ingreso, las inversiones irán destinadas a captar los ingresos de las clases más altas, fundamentalmente a la producción de bienes de lujo. En contraste, en el marco de una distribución más equitativa del ingreso, como resultado de la búsqueda de maximizar beneficios por parte de la clase capitalista, las inversiones irán destinadas a bienes de consumo masivo contribuyendo a delinear otra estructura productiva.
Joan Robinson es categórica en relación con el tema:
“Es un hecho muy notable que en la teoría económica ortodoxa no se discute para nada cuál forma de inversión es la más deseable, desde el punto de vista de la sociedad. […] Los economistas por lo general parecen aceptar el principio capitalista de que es correcto lo que es lucrativo. La aplicación de este concepto al Tercer Mundo ocasiona que gran parte de cualquier excedente que se obtenga se dedique al tipo de producción menos propicio para un progreso económico bien estructurado. Los que se benefician con esta clase de consumo y con las ganancias que de ahí se derivan, son los que tienen más poder político (junto con los terratenientes y los agricultores capitalistas), y no es probable que estén dispuestos a dar su apoyo a una clase diferente de desarrollo.”. (Robinson, 1981, p.54)
Es preciso atender la magnitud del cuestionamiento; si se abandona el criterio que homologa la maximización de beneficios a la maximización del bienestar social, la problemática del destino del excedente que se dirime como resultado de la dinámica del mercado capitalista, cobra otro sentido.
Tanto la porción de excedente apropiado por cada una de las clases sociales como las inversiones destinadas a la transformación de la estructura productiva dependen, así, de factores institucionales. En última instancia, de factores políticos y sociales.
Aparecen, de este modo, riesgos de caer en dinámicas de acumulación de excedente económico poco saludables para la mayoría de la población, en la medida en que marcos distributivos regresivos estimulan que buena parte del trabajo y esfuerzo social –en fin, del producto– se dirija a la satisfacción de necesidades “sofisticadas” de grupos de altos ingresos; sin que se atienda el hecho de que pueden coexistir necesidades básicas insatisfechas de amplios sectores de la población excluidos de esta dinámica. Lo que resulta particularmente importante es que precisamente esta dinámica del sistema, al cobrar estas características, puede tender a reforzar el esquema regresivo 2.
Y este mismo cuestionamiento a la relación entre beneficios y bienestar social, que determina la modalidad de acumulación de capital, tiene su correlato en el tipo de Estado que moldean, cuando los gobiernos reducen toda política económica a la maximización del crecimiento del producto, sin importar su composición ni estructura. Muchas veces, para salvar este problema, se apela a la estimación de promedios, por lo que la medida del bienestar de un país pasa a ser el PIB per cápita.
Es preciso, entonces, ahondar en la relación entre la estructura de acumulación y la toma de decisiones políticas, la relación entre poder económico y poder político. Para estudiar esta relación vale la pena subrayar que las grandes empresas –decisivamente influyentes sobre el poder político– “no necesitan preocuparse por el significado del bienestar, pues operan de acuerdo con la sencilla máxima de que lo que rinde ganancias es bueno” (Robinson, 1981, p.14)
Siguiendo este razonamiento, se proyectan ciertas dudas sobre la capacidad que tiene el libre juego de la oferta y la demanda para contribuir al bienestar. Y tanto menos cuanto más concentrado se encuentra el poder de mercado de grandes corporaciones. La maximización de beneficios y las campañas de ventas de estas empresas resultan determinantes en la dinámica de los mercados.
Para establecer relaciones entre el poder económico y el poder político se requiere tomar cuenta, entonces, de la desigual capacidad que tienen los actores económicos para conducir las decisiones políticas. Retomando lo apuntado por Furtado, podemos decir que en el capitalismo los grupos minoritarios que se apropian del excedente tienden a conducir las decisiones de los gobiernos y las funciones que desempeña el Estado, en particular en torno a la regulación y capacidad de apropiación y uso de excedente. El problema de la autonomía –“relativa” según Nicos Poulantzas– del Estado respecto del capital es puesta, así, en cuestión.
Es en este sentido en que puede comprenderse la afirmación de Joan Robinson a propósito de la resistencia de los grupos que acumulan poder para conformar un patrón distinto de desarrollo. Desde una óptica distinta pero convergente con esta discusión José Nun sostiene que:
Hablar del Estado nunca es hablar de un dato sino de una construcción, de un artefacto cultural que aparece, a la vez, como el producto y la expresión de determinados conflictos y tradiciones, cristalizados en conjuntos históricamente específicos de instituciones y de prácticas. […] Decir Estado, entonces, connota siempre experiencias particulares. (Nun, 2000, p.63)
El núcleo de la conflictividad pasa por la acumulación económica y de poder. Y es en este marco de conflictividad entre los diferentes sectores sociales que se va conformando el Estado como institución histórica, como construcción.
Pero vale decir que en los países subdesarrollados las presiones de los sectores más concentrados del capital sobre los Estados son aún mayores que en los países desarrollados, a instancias de una doble debilidad. Por un lado, la debilidad del empresariado de los países subdesarrollados en relación con las fracciones más concentradas del capital internacional; pues, la estructura de acumulación de los países dependientes se articula subsidiariamente en el capitalismo como sistema-mundo.
Por otro lado, tiene lugar la debilidad de los Estados de estos países periféricos para, aunque más no sea, limitar el poder del capital más concentrado (local e internacional). Estos Estados resultan débiles porque la forma Estado es una construcción que resulta de la conflictividad económica, social, cultural y política.
La peculiaridad de que distintas fracciones (locales y extranjeras) conformen el bloque de poder introduce nuevas complejidades. En efecto el carácter que asume el Estado en los diferentes patrones de acumulación está relacionado con la manera en que dichas fracciones detentan el predominio estructural y la conducción política; que no necesariamente son ejercidas simultáneamente por todas ellas, sino que pueden estar disociadas y ser patrimonio de alguna de ellas exclusivamente. De allí que N. Poulantzas (1970) destaque que:
El Estado capitalista presenta también, por su estructura específica, y en sus relaciones con las clases y fracciones dominantes una particularidad respecto de los otros tipos de Estado. [...] En efecto, se comprueba, en el caso de este tipo de Estado [el capitalista], una relación específica entre las clases o fracciones a cuyos intereses políticos responde ese Estado. Esto permite precisamente situar las relaciones entre las formas de Estado de este tipo y la configuración típica que presenta la relación entre clases y fracciones dominantes en un estadio de una formación capitalista. [...] Si esa coexistencia de varias clases es un carácter general de toda formación social, reviste formas específicas en las formaciones capitalistas. Puede establecerse, en esas formaciones, la relación entre, por una parte, un juego institucional particular inscripto en la estructura del Estado capitalista, juego que funciona en el sentido de una unidad específicamente política del poder del Estado, y, por otra parte, una configuración particular de las relaciones entre las clases dominantes: esas relaciones, en su relación con el Estado, funcionan en el seno de una unidad política específica recubierta por el concepto de bloque de poder. (Poulantzas, 1970, pp. 295 y 296).
A los efectos de nuestro trabajo, lo que nos interesa subrayar es que el direccionamiento del excedente económico hacia un patrón de acumulación que beneficie al conjunto de la sociedad –por lo menos a las mayorías– difícilmente se desprenda espontáneamente de la interacción de los empresarios en búsqueda de beneficios, y tanto menos cuanto más concentrada y dependiente sea la estructura económica.
Ejemplo claro de lo que estamos señalando son las presiones de los organismos multilaterales de crédito y el capital financiero para la redefinición de los Estados periféricos 3.
En cuanto a las características de la dinámica de acumulación, quisiéramos, siguiendo a Yeldan (1995), precisar ciertos elementos recuperando nuestra argumentación: la resolución del conflicto distributivo por la apropiación del excedente económico se da previamente a la acumulación y la producción. El excedente se crea y extrae a través de varios mecanismos económicos y socio-políticos que exigen un determinado tipo de Estado.
En el apartado que sigue se recupera el análisis de la acumulación y la distribución desde la óptica de Paul Baran, quien fuera el encargado de reeditar la noción de excedente económico a mediados del siglo XX.
La publicación de La economía política del crecimiento en 1957 resultó fuertemente influyente para la teoría del desarrollo, en particular, para la teoría de la dependencia de los años ‘60 y ’70. Con una impronta marxista fuertemente crítica en relación con el conocimiento económico de su época, Baran enfatiza que la búsqueda del desarrollo económico necesariamente se opondrá a los intereses de aquellos que gozan de las virtudes de la situación imperante, quienes prefieren el mantenimiento de orden.
En el trabajo de Baran se articulan dos dimensiones analíticas: el enfoque desde el excedente económico y una teoría del imperialismo. En cuanto a la categoría de excedente económico, Baran distingue tres tipos:
- Excedente económico real: “es la diferencia entre la producción real generada por la sociedad y su consumo efectivo corriente”. (Baran, 1959, p. 39) Señala que es menor que el concepto de plusvalía de Marx puesto que se trata de la plusvalía realmente acumulada, es decir, luego del consumo de los capitalistas. Es idéntico al concepto de ahorro corriente o acumulación. Incluye instalaciones productivas y equipo, atesoramiento de oro y saldos en el exterior.
- Excedente económico potencial: “es la diferencia entre la producción que podría obtenerse en un ambiente técnico y natural dado con la ayuda de los recursos productivos utilizables, y lo que pudiera considerarse como consumo esencial.” (Ibidem, p.40). Corresponde al consumo excesivo, los trabajadores improductivos, la mala organización y el desempleo. Este excedente aparecería bajo cuatro formas:
- El consumo excesivo de la sociedad, que representa aquel consumo por encima de lo que puede considerarse una cesta de consumo esencial.
- el producto que perdería la sociedad por la existencia de trabajadores improductivos, constituido por bienes que son resultado de la irracionalidad del sistema capitalista
- el producto perdido a causa de la organización dispendiosa del aparato productivo existente, por ejemplo, en una absurda diferenciación de productos que atenta contra la productividad y las economías de escala y,
- el producto no materializado por la existencia de desempleo, vinculado a la insuficiente demanda efectiva 4.
Como forma de graficar el excedente económico potencial formula cálculos que estiman la cantidad de producto que hubiera sido generado si los trabajadores desempleados que arrojó la crisis del 30 hubieran continuado en sus puestos. Citando a lo que formulara un miembro del Comité de Trabajo de Estados Unidos apunta que “si los que trabajaron en 1929 hubieran continuado en su empleo durante los últimos nueve años, todos los que ahora estamos trabajando podríamos tomar unas vacaciones de un año y dos meses y la pérdida en el ingreso nacional no sería mayor de lo que en realidad ha sido” (Baran, 1959, p.58). Del mismo modo, señala que en tiempos de guerra, el aumento del producto y la subordinación de los mecanismos de mercado a un criterio como es el ordenamiento del trabajo para la producción de armamentos, evidencian la disponibilidad potencial de recursos en las sociedades capitalistas.
- Excedente económico planificado: se trata del excedente tal como tomaría cuerpo en una economía socialista. Nada dice que tiene que ser la máxima producción posible, ni que el consumo sea el mínimo imprescindible. Estas magnitudes dependen de las decisiones que racionalmente tomaría la sociedad, atendiendo la innecesariedad de ciertos productos, del trabajo improductivo, etc.
Luego de formular las tres definiciones de excedente económico, pasa a analizar la dinámica del capitalismo que, por cierto, ve con ojos pesimistas. Las nociones de excedente las utilizará en su argumentación para demostrar que el capitalismo monopolista ya no contiene las fuerzas que propulsaron al capitalismo competitivo hacia la acumulación del excedente y el crecimiento económico.
En efecto, analiza cómo los vectores que conducen a la inversión en el capitalismo competitivo dejan de operar en el marco del capitalismo monopolista. La competencia y la ética capitalista contribuían a la acumulación en la medida en que la reinversión de excedentes representaba la mejor opción para maximizar beneficios.
En cambio, en el marco de una economía capitalista concentrada, la maximización de beneficios se funda, frecuentemente, en la discriminación de precios (su imposición a los capitales de menor tamaño) y a la dosificación de las innovaciones, con el objeto de extender la vigencia de rentas tecnológicas. Como resultado de esta dinámica, el excedente económico deja de ser repartido entre pequeñas empresas y es principalmente captado por corporaciones que alteran la lógica de reinversión de utilidades disminuyendo sus inversiones en las ramas que controlan.
“En la fase monopólica del desarrollo capitalista, el mecanismo de igualación de las tasas de ganancia opera sólo en el sector competitivo –que está fuertemente comprimido- del sistema económico. Allí, las tasas de beneficio son bajas y la masa de ganancias disponible para la inversión relativamente pequeña. En las esferas monopolistas y oligopolistas de la economía, las tasas de ganancia del capital invertido son desiguales, pero predominantemente altas, y la masa de ganancia disponible para la inversión prodigiosamente grande. Esto tiende a reducir el volumen de la inversión total, puesto que las relativamente pocas empresas monopolísticas y oligopolísticas a las que corresponde la mayor parte de las utilidades no encuentran lucrativo el invertirlas en sus propias empresas y se hace cada vez más difícil invertirlas en otras esferas de la economía.” (Ibidem, p.106)
Del mismo modo en que analiza el comportamiento de la inversión, atiende el comportamiento del consumo y sus restricciones. Descarta la posibilidad de que los capitalistas aumenten tanto los salarios individualmente –porque esto implicaría su bancarrota–como su propio consumo.
En consonancia con los aires keynesianos de los años ’50 ve en el accionar del Estado la única posibilidad de absorber los excedentes; análisis que contiene una lectura particular sobre el Estado y su relación con el capital monopolista. Señala que el gasto militar será el que adquiera mayor importancia –bajo la forma de consumo público– para la absorción de excedentes 5.
También en relación con la función que desempeña el Estado, apunta diferencias entre el capitalismo competitivo y el monopólico; mientras que otrora el Estado era de “la burguesía en su conjunto” ya que cada capital individualmente no detentaba poder suficiente como para subordinar al Estado, con la consolidación de las corporaciones, el Estado pasó a ser el Estado de las corporaciones. Formula que se mantuvieron en ciernes los discursos vinculados a la neutralidad del Estado, el rudo individualismo y la competencia. En efecto, citando a Horkheimer apunta que “el valor del individuo ha sido exaltado por aquellos que tuvieron una posibilidad de desarrollar su individualidad a expensas de los otros” (ibidem, p.116). Así, la ideología de la competencia continúa vigente aun en un marco de concentración económica.
En cuanto al vínculo entre las corporaciones y el Estado, señala que éstas hacen uso del gobierno para desarrollar sus inversiones, para disminuir sus riesgos vinculados a problemas económicos e incertidumbres políticas en las economías dependientes –donde venden sus productos o se aprovisionan de materias primas–. Los gobiernos imperialistas también gestionan los préstamos de organismos a los países dependientes de manera que se hagan efectivas las inversiones que ellos requieren para su desarrollo. Del mismo modo, ya no opera el mecanismo de ajuste del balance de pagos que forzaba devaluaciones ante déficits en el balance comercial de los países dependientes, pues las corporaciones fuerzan, vía préstamos, el financiamiento de estos déficits.
A continuación, pasa a concentrase en el estudio de las economías subdesarrolladas en particular. Realiza una genealogía del atraso capitalista en estos países subdesarrollados, apelando a ejemplos históricos. De este modo, se concentra crecientemente en el estudio del imperialismo, particularmente señala los elementos que justifican la imposibilidad del desarrollo en los países atrasados.
El excedente en estos países –fundamentalmente proveniente del sector agrícola– va a parar a manos de intermediarios, comerciantes, burguesías industriales débiles o empresas extranjeras 6. Señala que estas últimas gastan una pequeña parte de este excedente localmente, remitiendo sus utilidades a las casas matrices. Concentrándose fundamentalmente en la explotación de materias primas, toda vez que requieren infraestructura o la sanción de regulaciones, movilizan recursos –por medio de los Estados– para conseguir estos objetivos. Las inversiones iniciales suelen ser pequeñas en relación con las tasas de retorno que alimentan el grueso de las inversiones futuras; éstas, sin embargo, son realizadas en los países de origen. El pago en salarios en los países dependientes representa una porción menor de los ingresos.
Asimismo, desestima argumentaciones que defienden los efectos de las inversiones extranjeras en los países dependientes tales como: que sin el impulso exterior nunca serían movilizados los recursos en la periferia; que algo reparten y aumentan la capacidad productiva en estos países, que existen externalidades o que dejan regalías al Estado.
A su vez, la influencia de las empresas extranjeras tiende a fortalecerse por las siguientes razones: porque en la economía subdesarrollada se consolidan intereses locales vinculados a la comercialización y provisión de las transnacionales, porque los industriales monopolistas temen el desarrollo del capitalismo industrial ante el riesgo de perder sus privilegios y porque los terratenientes locales se atrincheran en el atraso de sus sociedades.
Como forma de cerrar esta lógica estancacionista, apunta que el capital industrial local es un riesgo para las corporaciones porque sube la amenaza de la nacionalización, podría aumentar relativamente los deprimidos salarios de los países retrasados, así como tendería a incrementar la intervención gubernamental para financiar el desarrollo industrial –podrían subir los tributos que tiene que pagar la empresa extranjera, se podrían establecer controles de cambios y regulaciones al giro de utilidades a las casas matrices–.
Las corporaciones despliegan todas sus palancas para detener estos procesos y ponen en marcha todo tipo de recursos para sostener este statu quo –por ejemplo, promueven intervenciones militares así como el acceso a créditos para aquietar disturbios sociales–.
Del mismo modo como deshecha las posibilidades de direccionar el excedente económico para el desarrollo por parte de terratenientes, burguesías industriales débiles y empresas extranjeras, deshecha que los gobiernos de los países dependientes lideren procesos de acumulación de capital absorbiendo el excedente. Ni las colonias, ni los que llama “gobiernos de carácter mercenario”, ni aquellos con orientación New Deal –tal seria el caso de Argentina, Brasil o México– tienen chances de completar estos procesos. En el primer caso, porque la política de los países colonos continúa priorizando el aprovisionamiento de materias primas, en el segundo, porque países como Kuwait, Arabia Saudita o Afganistán, derivan todo su excedente a los países desarrollados y tienen muy baja capacidad para cobrar impuestos a las empresas extranjeras. Por último, los países con orientación New Deal se encuentran atravesados tanto por fuerzas progresistas como por fuerzas conservadoras, por lo que el saldo final terminna impidiendo el desarrollo.
A modo de balance del aporte de Baran cabe apuntar el mérito de resignificar la noción de excedente económico –en relación con el significado que le atribuían los clásicos–, así como el uso de la misma a la luz de las relaciones económicas internacionales. Captó elementos que dan cuenta de lo dispendioso e inequitativo del sistema, elementos que hoy se han radicalizado tal como lo muestra la concentración de riqueza vigente, así como la proliferación de la pobreza. Del mismo modo, sentó bases para la discusión de los efectos de la empresa extranjera en las economías dependientes. Formuló una exposición de la dinámica de acumulación y distribución del excedente económico, apuntó las relaciones entre clases y precisó cómo interactúan el poder económico y los Estados.
Sin embargo, como señala Lippit (1996), la modalidad en que Baran trabaja el imperialismo y los efectos estancacionistas que trae aparejado, hacen que la categoría de excedente económico quede subordinada a la relación entre países desarrollados y subdesarrollados. Bloquea, de esta manera, el uso del concepto cuando historiza el proceso y deriva el subdesarrollo como consecuencia ineludible del desarrollo de los países más adelantados. Dificulta, en fin, una medición del excedente económico.
Otros inconvenientes vinculados al uso de la categoría de excedente económico en Baran pasan por la imprecisión en su formulación en la medida en que se hace difícil su medición. Dado que el excedente económico real poco se diferencia de la inversión o ahorro corriente, es el potencial aquel que reviste interés; sin embargo aquí es donde más se complica su medición. Aparecen problemas vinculados a la consideración de categorías que corresponden al producto y coexisten con otras que corresponden al ingreso.
Tal como señala Palma (1987), puede considerarse a Baran como el “padre” de la Teoría de la Dependencia. Nos interesa agregar aquí hacia dónde fueron conducidos los estudios de esta escuela, como forma de mostrar las derivaciones que tuvo el uso del enfoque de Baran. Seguiremos la caracterización de Palma, según la cual:
La mayoría de los trabajos que analizan las distintas contribuciones a la escuela de la dependencia tienden a distinguir tres grandes enfoques dentro de ella. El primero consiste en aquellos trabajos que niegan la posibilidad de desarrollo capitalista en la periferia, porque este sistema sólo puede llevar al “desarrollo del subdesarrollo”; el segundo, son aquellos estudios que se concentran en el análisis de los obstáculos que enfrenta el desarrollo capitalista en la periferia (particularmente por las limitaciones de una economía de mercado); y el tercero, aquellos que aceptan la posibilidad de desarrollo capitalista en la periferia, pero hacen hincapié en la forma dependiente que adopta en relación con el capitalismo del centro. (Ibidem, p. 48)
El primer enfoque es el que se desprende directamente de Baran. Los autores que forman parte de este grupo son Andre Gunder Frank y Theotonio Dos Santos, como los expositores más importantes, así como Rui Mauro Marini y Orlando Caputo, entre otros. Las trabas al desarrollo del capitalismo en la periferia que encuentran estos autores –tal como vimos en el estudio de Baran– vienen dadas por la misma dinámica del capitalismo como sistema. Las relaciones entre las elites locales y las burguesías de países centrales dan como resultado la imposibilidad estructural de sortear estos obstáculos. De esta manera, existe un determinismo desde las condiciones internacionales –impuestas por los países desarrollados– hacia las condiciones locales de los países dependientes que es imposible de superar. La salida del esquema dependentista sólo podía tener lugar mediante transformaciones revolucionarias en el mismo modo de producción capitalista.
El segundo enfoque es el que corresponde a los estudios de la CEPAL, entre los que Palma distingue a Osvaldo Sunkel y Celso Furtado. Puede decirse que estos estudios invirtieron los términos del análisis. Las trabas al desarrollo –concebidas al amparo de la diferenciación entre países centrales y países periféricos de Raúl Prebisch– fueron atribuidas a las propias características de las economías dependientes. Estos estudios fueron originalmente formulados desde una crítica a las nociones tradicionales del comercio internacional, es decir, a las nociones vinculadas a las ventajas comparativas de David Ricardo y sus continuadores. Precisamente la crítica radicaba en que las nociones clásicas desestimaban la asimetría existente entre los países centrales y los periféricos, cuestión sobre la que ahondó Prebisch. Las economías centrales cuentan con una estructura productiva homogénea y diversificada, mientras que las economías dependientes tienen una estructura heterogénea y especializada.
Los procesos de sustitución de importaciones se inspiraron en este tipo de visiones, atendiendo la posibilidad del desarrollo económico nacional sujeta a la superación de la heterogeneidad estructural y los desequilibrios externos. El proteccionismo, el control de cambios, las acciones del Estado como agente productivo, así como el estímulo a la suba de salarios como forma de generar espacios de acumulación internos, fueron algunas de las medidas propuestas por los estudiosos de la Cepal.
Sin embargo, los problemas con que se enfrentaron estas economías mostraron que el proceso de desarrollo contaba con aristas que no podían ser resueltas exclusivamente desde los países periféricos. Pues no consideraron que las “fuerzas productivas actúan dentro del marco de un proceso de generación, de apropiación y de utilización del excedente y que dicho proceso –y las relaciones de explotación en que se apoya– no se producen exclusivamente dentro de cada polo, sino también entre los dos polos de la economía mundial” (Palma, 1987, p. 67), es decir, entre el centro y la periferia.
El tercer enfoque, asociado a Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, en cambio, se concentra en estudios de caso donde se analizan, dialécticamente, las relaciones entre el centro y la periferia. Apuntan que las condiciones del sistema capitalista asumen formas particulares en los casos nacionales, la dominación externa aparece como fenómeno interno. Por lo tanto, existe una mutua constitución del todo y las partes. Fija la atención en los dos polos, ya no en el centro y su determinismo hacia la periferia –al estilo Frank–, ni en la periferia autonomizándose de la lógica del sistema –como los cepalinos–.
Se requiere, por consiguiente, y ello es fundamental, una perspectiva que, al poner de manifiesto las mencionadas condiciones concretas –que son de carácter estructural– y al destacar los móviles de los movimientos sociales –objetivos, valores, ideologías– analice aquéllas y éstos en sus determinaciones recíprocas. […] De esa manera se considera al desarrollo como resultado de la interacción de grupos y clases sociales que tienen un modo de relación que les es propio y por tanto intereses y valores distintos, cuya oposición, conciliación o superación da vida al sistema socioeconómico. La estructura social y política se va modificando en la medida en que distintas clases y grupos sociales logran imponer sus intereses, su fuerza y su dominación al conjunto de la sociedad” (Cardoso, F. y Faletto, E. 1996, p.18).
El resultado de estas interacciones puede explicar, por ejemplo, las consecuencias de los patrones de consumo imitativo, los limitantes que se derivan de las restricciones del balance de pagos, o bien la dinámica que la distribución del ingreso impone al crecimiento económico.
Será en este marco, en el que nos interesará inscribir el estudio de los países periféricos desde la categoría de excedente económico.
De todas maneras, vale reconocer a las tres corrientes su capacidad para abordar el problema del desarrollo desde una mirada originada en los países subdesarrollados 7 y bajo una perspectiva estructural, enfoque que fue abandonado por la teoría del desarrollo a partir de los años ’80.
Del mismo modo que a nivel de la teoría de las relaciones internacionales el trabajo de Paul Baran estableció bases para la proliferación de nuevos trabajos teóricos, el uso del concepto de excedente económico comenzó a ser reformulado y redefinido por distintos autores.
Uno de los primeros que se propuso continuar el desarrollo conceptual, contemporáneo a Baran, fue Charles Battelheim (1965). En particular se encargó de precisar una definición del excedente económico pensando en la economía planificada de la Unión Soviética.
A nivel internacional, luego de la publicación de El capital monopolista por Baran y Sweezy en 1966, donde utilizan el excedente económico de manera análoga –aunque no idéntica– a como había sido planteado por Baran en 1957, aparecen escasos registros de la utilización del concepto –o por lo menos resulta marginal en el ámbito de las publicaciones académicas–. No obstante, Cem Somel (2003) apunta que fue utilizado para distintas mediciones en Estados Unidos por Stanfield 9 y Dawson and Foster 10.
Hacia 1996, con la publicación de Víctor Lippit en la Review of Radical Political Economy, el concepto de excedente económico vuelve a ser reconsiderado 11. Tal como señaláramos anteriormente, Lippit propone –tomando distancia de lo realizado por Baran– la utilización de este concepto para la problemática del desarrollo, priorizando los aspectos internos de la acumulación y apropiación del excedente; dejando para una segunda etapa la vinculación con el sistema-mundo capitalista. Según señala, la mayor parte del excedente económico en los países subdesarrollados no es remitido al exterior, sino que es apropiado por las élites locales. Mediante la medición y seguimiento del excedente económico, Lippit plantea que pueden esclarecerse elementos claves para comprender el atraso de muchos países subdesarrollados.
El trabajo que tomaremos como referente es el que desarrolló Erinç Yeldan (1995), Surplus Creation and extraction under structural adjustment: Turkey, 1980-1992 (Creación y extracción de excedente bajo ajuste estructural: Turquía, 1980-1992), quien retoma la propuesta de Danielson de medir el excedente económico a partir de las estadísticas tal como aparecen en el Sistema de Cuentas Nacionales. Vale mencionar que, recientemente, en el año 2003, Cem Somel publicó Estimating the surplus in the periphery: an application to Turkey (Estimando el excedente en la periferia: una aplicación a Turquía) en el Cambridge Journal of Economics donde utiliza un cálculo alternativo para la medición del excedente.
En cuanto al uso del concepto en Argentina, vale decir que se ha utilizado con distintos propósitos. Miguel Teubal publicó en 1975 “Estimaciones del excedente financiero del sector agropecuario argentino” donde problematizaba que el ahorro del sector agropecuario no se transforma en inversión productiva. Durante los años ’80 el concepto de excedente económico fue utilizado en el marco del análisis regional (Rofman, 1984) donde la atención se centró en la capacidad de los distintos agentes económicos regionales de retener –o no– excedente dentro de los circuitos de acumulación regionales. Por su parte, cabe destacar que Sbatella (2001) publicó “El excedente económico en la República Argentina” en Realidad Económica formulando una estimación para el período 1980-2000.
Retomando lo dicho al principio de este trabajo, denominaremos excedente económico al producto que excede el valor necesario para la reproducción de los trabajadores en una sociedad determinada.
EE = Y – ws * L – dK (1)
Donde EE representa el excedente económico, Y al producto bruto interno, ws el salario de subsistencia, L la cantidad de trabajadores y dK la depreciación de los bienes de capital.
El producto de ws por L constituye el valor de reproducción de la fuerza de trabajo. Existe una discusión en cuanto a la población (L) que debe ser considerada: algunos autores señalan, tal como Somel (2003), que para este cálculo debe tomarse en consideración al conjunto de la población y no solamente a la clase trabajadora. Siguiendo a Yeldan, solamente consideraremos –al menos de manera preliminar– a la población empleada (y sus familias).
Un elemento más controvertido resulta la magnitud a considerar como salario de subsistencia (ws). Retomando nociones presentes en los autores clásicos (Smith, Ricardo, Marx, Mill, etc.), vale recordar que no se trata de un mínimo fisiológico, sino que se encuentra constituido por un monto que cambia según las condiciones históricas.
Las necesidades naturales, el alimento, el vestido, la calefacción, la vivienda, etc., varían con arreglo a las condiciones del clima y a las demás condiciones naturales de cada país. Además, el volumen de las llamadas necesidades naturales, así como el modo de satisfacerlas, son de suyo un producto histórico que depende, por tanto, en gran parte, del nivel de cultura de un país y, sobre todo, entre otras cosas, de las condiciones, los hábitos y las exigencias con que se haya formado la clase de los obreros libres. A diferencia de las otras mercancías, la valoración de la fuerza de trabajo encierra, pues, un elemento histórico moral. Sin embargo, en un país y en una época determinados, la suma media de los medios de vida necesarios constituye un factor fijo. […] La suma de los medios de vida necesarios para la producción de la fuerza de trabajo incluye, por tanto, los medios de vida de los sustitutos, es decir, de los hijos de los obreros, para que esta raza especial de poseedores de mercancías pueda perpetuarse en el mercado. (Marx, 2000, p.124-5)
En la actualidad, las estimaciones efectuadas por los organismos de estadísticas –en Argentina el Indec– de la Canasta Básica de Alimentos recogen este indicador. Otra posibilidad ante la falta de información –y es la que considera Yeldan para Turquía–, consiste en considerar como salario de subsistencia a aquel que pagan las empresas manufactureras de menor tamaño (Pymes industriales). No se toman los salarios de las grandes puesto que tienden a ser relativamente elevados y no reflejan la nómina de salarios vigentes en las sociedades de los países subdesarrollados.
Cabe señalar que, al deducir del producto solamente los salarios de subsistencia –y la depreciación–, es perfectamente posible que los trabajadores se apropien de parte del excedente toda vez que sus salarios se encuentren por encima del salario de subsistencia. También vale señalar que puede existir un aumento de salarios reales sin que ello implique, linealmente, un descenso en los beneficios. Esto depende del momento del ciclo económico que se esté considerando. Para decirlo en otras palabras, el tamaño de la torta puede aumentar lo suficiente, en determinado período, como para sostener un aumento de salarios y beneficios a la par. Recíprocamente, puede darse el caso en que, en momentos de ajuste y recesión, ambos desciendan a la vez. Obviamente, también puede darse el caso –típico– de que uno aumente en desmedro del otro (Yeldan, 1995).
Es preciso puntualizar que los componentes del presupuesto público que atienden a la salud, la educación y el transporte –de la clase trabajadora– se consideran apropiación de excedente por parte de esta clase 13. Por el contrario, y retomando aspectos analizados en Baran, otros gastos de gobierno, por ejemplo, los gastos militares, no formarán parte del consumo de los trabajadores.
Siguiendo a Yeldan (1995), efectuamos una apertura del producto bruto interno (a precios de productor) desde el punto de vista de los ingresos y vemos que se compone de:
Y = W + B + N + dK + Ti – Z (2)
donde, como dijimos, Y es el producto, W la nómina total de salarios, B los beneficios, N los intereses, dK la depreciación del capital, Ti los impuestos indirectos y Z los subsidios.
A su vez, consideramos que la nómina total de salarios (W), puede desagregarse en
W = ws * L + wns * L (3)
Es decir, entre lo que representa la nómina salarial de subsistencia (ws * L) y la nómina salarial que se encuentra por encima del valor de reproducción de la fuerza de trabajo (wns * L). Con lo cual, si sustituimos (3) en (2), nos queda:
Y = ws * L + wns * Lns + B + N + dK + Ti – Z (2’)
Efectuando el pasaje de términos correspondiente, podemos reexpresar (2’) de la siguiente manera:
Y – ws * L – dK = Wns + B + N +Ti – Z (4)
De modo tal que se obtiene el excedente económico en el miembro de la izquierda, mientras que en el miembro de la derecha se ven reflejados tanto los distintos componentes que resultan del conflicto distributivo entre las diferentes clases por el excedente económico como la intervención del Estado. En efecto, B y N representan apropiación de excedente por parte de las clases capitalistas, quienes también disputan entre ellas su reparto. Por otro lado, Wns refleja la nómina de salarios que se encuentra por encima del valor de reproducción de la fuerza de trabajo. Dentro de esta magnitud (Wns) pueden individualizarse los siguientes componentes:
- Los salarios correspondientes a la salud, educación y transporte público, información que se desprende del análisis del presupuesto del Estado.
- El valor de la nómina salarial que excede a la canasta básica de alimento. Este componente también exigirá discriminar hacia dentro de los asalariados, en la medida en que el mercado laboral se encuentra fuertemente segmentado y los sueldos de los técnicos y profesionales se distancian crecientemente de los salarios de los trabajadores no calificados.
- Otros salarios pagados por el sector público
De la misma forma, puede expresarse el destino del excedente según tenga como finalidad el consumo o la inversión. Es decir, se puede discriminar qué porción del mismo se destina a una ampliación de la capacidad productiva y qué porción se consume –así como se puede discriminar cuánto consume cada clase social–. Visualizando esta apertura es posible detectar los comportamientos empresariales que redundan en dinámicas de crecimiento o de estancamiento, o bien esquemas distributivos regresivos o progresivos. Asimismo, puede discriminarse, por ejemplo, qué porción de excedente es extraído del circuito de acumulación local ya sea mediante los beneficios que remiten las empresas extranjeras a sus casas matrices o por fuga de capitales al exterior.
El seguimiento de los impuestos y subsidios (Ti y Z), a su vez, permite visualizar cómo mediante la intervención del Estado, existen modalidades de redireccionamiento del excedente económico. De hecho, el apoyo del Estado a la industria, a la exportación o a la radicación empresarial en determinados territorios, implica capturar excedente y transferirlo a favor de determinada fracción de la clase capitalista.
En este sentido, también será de interés distinguir entre el excedente del que se apropian las clases dominantes como resultado de la dinámica productiva, de aquel que es apropiado por estas clases por intermedio del Estado en su rol de “redireccionador de recursos”. A tales efectos, nos interesa recuperar la distinción de Yeldan entre creación y extracción de excedente económico:
- Creación de EE: es el que se origina en el proceso productivo bajo la evolución natural del sistema en el marco de la propiedad privada del capital y otros medios de producción. Se basa en el poder del capitalista de retener el valor agregado residual, es decir, luego de deducir todos los costos en que incurre al comandar el proceso productivo.
- Extracción de EE: es el que se origina fundamentalmente bajo la intervención del Estado o a través de relaciones secundarias de distribución. En esta modalidad no es necesario que el excedente provenga de la producción, puesto que puede proceder del endeudamiento público. Tanto los subsidios como las intermediaciones forman parte de esta modalidad de apropiación de excedente económico.
A esta altura, nos interesa recapitular los usos posibles de la categoría de excedente económico, destacando aquellas dimensiones del análisis económico sobre las que puede echar luz.
En efecto, existen distintas problemáticas del desarrollo que pueden ser abordadas satisfactoriamente a partir de la aplicación del concepto de excedente económico. En particular se trata de brindar herramientas para avanzar en torno al problema de la distribución y la acumulación, así como las relaciones entre el poder económico y el poder político, y la problemática del Estado como espacio donde confluyen lógicas de muy distinta naturaleza. Al mismo tiempo, se puede contribuir al esclarecimiento de usos reales y potenciales de aquello que constituye la capacidad productiva en una sociedad.
Veamos, entonces, para qué puede servir y qué puede mostrar esta categoría teórica.
El análisis del excedente económico esclarece el conflicto distributivo en la medida en que se ve a las distintas clases sociales disputar su apropiación 14. Vale decir que esta disputa no sólo existe entre el capital y el trabajo, sino que también se da entre los distintos sectores que componen a la clase capitalista.
Recuperando lo señalado por Furtado, históricamente, ha sido siempre un grupo minoritario quien ha conseguido apropiarse del mismo. Y en el marco del capitalismo, estos grupos minoritarios han cambiado según el tiempo y lugar a considerar. Por ejemplo, en la historia argentina, en el marco del modelo agroexportador vigente hasta 1930, la burguesía agropampeana junto con el capital inglés fueron los grupos minoritarios que mayor participación tuvieron en la apropiación del excedente económico configurando un régimen de acumulación particular. Durante los años en que estuvo vigente la Industrialización por sustitución de importaciones (ISI), el excedente se repartía fundamentalmente entre distintas fracciones de la burguesía industrial –local y extranjera– y la clase trabajadora. A partir de 1976, se reprimirá el consumo de la clase trabajadora a la par que aumentará proporcionalmente la porción de excedente destinado a la burguesía, donde, a su vez, la puja hacia dentro de este sector, reposicionará cada vez más al capital financiero.
Incluso si se trata de excedente económico que redirecciona el Estado, pueden efectuarse estimaciones de la magnitud del mismo, según el sector que lo capte.
La apertura de la información que se propone mediante el uso de la categoría de excedente económico facilita la visualización del juego en que los diferentes actores económicos disputan su participación por acceder a mayores niveles de recursos. La producción parece, de este modo, como “torta” que se genera en un marco de naturaleza social. En este sentido, tanto Battelheim (1965) como Lippit (1996) se refieren al excedente como la porción del producto que se encuentra “libre” para un uso “discrecional”, sujeta a la lucha de clases.
La capacidad de cuantificar el resultado de estas disputas representa indudablemente un aporte muy significativo a la comprensión de la dinámica económica, en particular en la medida en que se puedan individualizar los mecanismos de creación y extracción, así como los distintos marcos institucionales en que tienen lugar estos procesos.
Tal como sabemos, la capacidad de aumentar la escala de la producción en una sociedad está estrechamente asociada a la tasa de inversión o de acumulación de capital. De manera tal que existirán diferencias sustanciales en la trayectoria económica de largo plazo según el excedente económico sea acumulado o consumido. Asimismo, si se trata de consumo, es de interés discriminar si es consumo popular o de las élites, de consumo masivo o suntuoso. A su vez, también será de interés apuntar si existen fugas de excedente al exterior, en tanto serán otro destino posible –por cierto de gran importancia en el marco de la valorización financiera–.
Tal como resulta de esperar, el destino del excedente, cuando se analizan los datos de manera agregada, está vinculado a la disputa distributiva señalada anteriormente, pues la racionalidad de los distintos actores económicos permite comprender el uso que harán del mismo. Sin embargo, tiene sentido diferenciarlas analíticamente en la medida en que conocer el destinatario del excedente no es idéntico a conocer su destino. Para decirlo en otras palabras: que el excedente vaya a parar al empresariado industrial nacional no determina su destino a priori; de hecho, han existido períodos en que estos sectores reinvirtieron sus beneficios en el circuito de acumulación local –por ejemplo la década del ´50– y otros en los que fugaron excedente económico al exterior –tal como sucedió en la segunda parte de los años 90 15–. Considerando conjuntamente la disputa y el uso del excedente se pueden establecer relaciones entre distribución del ingreso y acumulación de capital.
Según apunta Lippit (1996), a pesar de que el ahorro y la inversión en los países subdesarrollados aparecen como problemáticos, es decir, registran bajos niveles, para la mayoría de estos países se detecta una cantidad importante –y mensurable– de excedente económico disponible para el desarrollo. De hecho, esta es una de las conclusiones que hacia 1957 se desprendían de La economía política del crecimiento de Baran. Somel (2003) apunta, en la misma línea que Lippit y Baran, la existencia de excedente disponible en los países atrasados; incluso avanza sobre este tema y señala cuatro modalidades de reproducción del subdesarrollo como resultado de los distintos destinos hacia los que se direcciona el excedente.
En primer lugar señala que la acumulación de reservas en los Bancos Centrales junto con los flujos de divisas al exterior son una fuente de drenaje de excedente. De hecho, es el capital financiero especulativo el que precipita esta dinámica. Esta lógica presiona a los tipos de cambio hacia abajo para mantener las reservas que exige el capital financiero. Para tener una medida de los efectos, pueden contrastarse los niveles de tipo de cambio de las monedas de países subdesarrollados con los tipos de cambio que arroja la Paridad del Poder Adquisitivo.
En segundo lugar, el patrón imitativo de consumo refuerza la dependencia y debilita la capacidad de acumular excedente direccionando el consumo hacia bienes importados. Resulta interesante el señalamiento de que los estratos de más altos ingresos son los que imitan el consumo de los países desarrollados y que esto también atraviesa al resto de los estratos sociales de menor poder adquisitivo.
En tercer lugar, se produce un deterioro en la formación de capital fijo –es decir, baja la inversión productiva– producto de la liberalización financiera. Adicionalmente los países subdesarrollados se ven presionados a mantener tasas de interés altas para atraer capitales y ello refuerza la lógica que conspira contra la formación de capital fijo y el aumento de la tasa de acumulación.
Por último, los destinos sectoriales de la inversión también son condicionados por la desregulación financiera en los países subdesarrollados. La volatilidad de las tasas de cambio termina favoreciendo la inversión para producir bienes no transables, en sectores que detentan ventajas comparativas naturales, protección del Estado, o bien en sectores cuya dinámica responde a las estrategias de aprovisionamiento de las empresas transnacionales. Así, los proyectos en sectores transables sujetos a la competencia internacional tienden a ser desestimados a medida que aumenta la desregulación financiera.
Vale apuntar, sin embargo, que Somel señala que, por lo menos en Turquía, es mayor el excedente económico gastado en consumo no esencial que aquel que se fuga.
El problema que surge, precisamente, es dar respuesta a por qué el excedente económico es usado de la manera en que se usa; y se pueden demostrar –y cuantificar– las consecuencias que esto acarrea. Por ejemplo, la formulación de indicadores que reflejen qué proporción del excedente tiene como destino el consumo de bienes de lujo puede habilitar medidas de política económica criteriosamente dirigidas. Del mismo modo, si se verifica que la inversión se destina a mansiones en lugar de aumentar capacidad productiva, aparecen criterios de clasificación de las inversiones.
El destino del excedente, en este sentido, es decisivo para la trayectoria de la sociedad bajo análisis. De hecho, una de las potencialidades del concepto de excedente económico es que apunta a mostrar usos alternativos de los recursos.
Recuperando la problemática del Estado, es posible analizar la manera en que éste arbitra en el reparto y uso del el excedente económico. En efecto, las distintas políticas llevadas adelante por los Estados nacionales habilitan distintos marcos institucionales para el reparto y destino del excedente económico.
Yeldan (1995) detalla cómo la reforma del Estado en Turquía hacia los años ’80 consolidó el poder de los distintos capitales privados y propició el pasaje de una modalidad de creación a otra de extracción del excedente económico, caracterizada por la utilización del Estado para la apropiación de excedente por parte de los distintos capitales. En particular, apunta que el Estado –siguiendo los lineamientos del FMI– pasó a ser una pieza clave en esta apropiación de excedente por parte de los grupos económicos en Turquía, fundamentalmente a través de políticas de subsidios a las exportaciones. En este sentido, Yeldan sistematiza cuatro mecanismos de extracción de excedente propiciados por el Estado: a través de políticas comerciales, a través de represión de salarios, a través de política fiscal y a través de política de precios.
El estudio del tamaño y funciones que desarrolle el Estado en determinado período contribuye decisivamente a conformar una matriz de distribución y acumulación del excedente económico. El análisis del rol del Estado en relación con el mercado permite enriquecer e historizar su condición en relación con los distintos actores sociales. Asimismo se puede cuantificar el efecto de la interacción de los capitales en los distintos marcos regulatorios propiciados por el Estado.
A partir de precisar quiénes captan el excedente que redirecciona el Estado, puede comprenderse tanto la naturaleza de los cambios como la permanencia de determinadas formas de Estado.
Puesto que, como señala Nun (2000), la forma que asume el Estado y sus funciones son una construcción social e histórica, también lo son sus preferencias de clase. Así, las relaciones entre poder económico y poder político pueden ser abordadas de manera enriquecida.
Recuperando el planteo de Palma (1987) al rescatar la necesidad de analizar la interacción entre las lógicas de acumulación globales y las locales, el seguimiento del excedente económico contribuye al estudio de las relaciones entre países. Se trata de recuperar la idea de que las características del capitalismo y las relaciones de dependencia resultantes, se comprenden mejor estudiando las formas especificas que asume el capitalismo en los distintos países. Subrayando su contenido histórico, resulta más prudente estudiar casos de dependencia que intentar formular teorías mecánico-formales.
Bajo este prisma, el estudio de las problemáticas del desarrollo podría recuperar su perspectiva estructuralista; y abandonar de una vez los enfoques de tipo “asistencia humanitaria a los pobres del mundo”, tan frecuentes en los informes de PNUD.
El estudio de las diferencias de tasas de crecimiento del producto entre países –que tanto preocupa a los teóricos de la corriente principal (o main stream) del crecimiento económico– se vería enriquecido a la luz de mensurar los traspasos de excedente de la periferia al centro si, tal como formulara Baran, efectivamente buena parte de las inversiones de los países centrales provienen del excedente extraído en la periferia.
Somel (2003) presta particular atención a la relación entre países y al traspaso de excedente de unos a otros. La cultura del consumo estimulada por los países centrales generaría dinámicas de alianzas de clases retardatarias para la periferia. El sistema mundo, apunta Somel, influencia y contribuye a delimitar estas formaciones a través de la interacción de intereses extranjeros con los intereses de las clases gobernantes locales de modo tal que conforman los incentivos y restricciones al ahorro y la inversión en estas formaciones sociales. Luego, el problema central para estos países es el reemplazo de estos incentivos y restricciones que impone el sistema mundo por otros incentivos y regulaciones basados en prioridades nacionales de desarrollo según los intereses de las masas trabajadoras.
Lippit (1996) sostiene que la principal causa del retraso de los países subdesarrollados, sin embargo, hay que estudiarla dentro de estos países en primer término y luego tener en cuenta la interacción con el sistema mundo. Por otro lado, también señala que cuanto más influyen las fuerzas externas del sistema mundo sobre los países subdesarrollados, peor es el uso interno del excedente económico.
Insistiendo sobre el trabajo de Baran, también puede decirse que, en tiempos en que la concentración económica implica que una cuota muy significativa del comercio mundial se da de modo intrafirma, resulta de gran importancia visualizar las modalidades de extracción, acumulación, localización y utilización del excedente económico que las corporaciones transnacionales realizan a diario, así como el modo de relacionamiento que desarrollan con los Estados nacionales.
A partir de la cuantificación del excedente económico pueden simularse los efectos que tendrían sobre el crecimiento económico formas alternativas de distribución o de acumulación.
Por ejemplo, Baran (1959) efectúa una estimación que apunta a inferir las consecuencias del uso de cierta magnitud de excedente para la acumulación de capital. Apunta que, por ejemplo, con una relación capital-producto de 3:1, el flujo de ingreso que hubiera generado la inversión de aquel excedente puede estimarse sin mayores problemas. Incluso aclara que no se trata de una estimación aventurada puesto que no incorpora el efecto acelerador de la inversión ni supuestos “subversivos” como presionar para que las empresas productoras tributen más.
En otro pasaje, a modo de ejemplo, Baran señala que, para el caso de la India, el 15% del excedente puede invertirse sin reducir el consumo de las masas. Este ejercicio es interesante para estimar cómo, disminuyendo el consumo de bienes de lujo de las clases superiores, puede aumentar el bienestar de la población de menores ingresos de manera duradera. Es decir, que para crecer no necesariamente sería necesario reducir el consumo –muy deprimido– de las masas.
Lippit (1996), con un ejemplo en el mismo sentido, señala cómo en China, de niveles de ingreso per cápita muy bajos, se pudo elevar el consumo y la inversión simultáneamente por la existencia de un excedente económico muy alto, sin que ello signifique sacrificar el consumo de la mayor parte de la población. Cita, asimismo, el ejemplo de Bangladesh donde los flujos de ingresos a la burocracia corrupta han condicionado su desarrollo.
Yeldan (1995), por último, señala que también el concepto de excedente económico guarda potencialidades para el análisis de problemas del medio ambiente.
A esta altura nos interesaría recapitular algunos elementos. Luego de analizar las potencialidades del concepto de excedente económico –en particular como forma de contribuir a la reflexión conceptual del crecimiento del producto, la acumulación de capital y la distribución del ingreso– queremos explicitar que una de los elementos más ricos de este concepto consiste en reposicionar la dimensión política del proceso económico. Esto significa que, a partir del estudio de las lógicas de distribución y acumulación del excedente, pueden visualizarse cómo en la esfera económica existe simultáneamente una cierta organización productiva con una dinámica conflictiva para resolver la apropiación del producto.
En este juego, se ha señalado que la participación del Estado resulta determinante, en la medida en que éste provee el marco institucional para el desenvolvimiento del proceso. La medición del excedente económico constituye un indicador cuantitativo que aporta información muy rica a los estudios en torno al Estado que han sido abordados cualitativamente, tal como se analizara al inicio de este artículo 16.
El modo en que se plantea el análisis, subrayando este componente político del proceso económico, es el mismo que puede habilitar la formulación e implementación de políticas alternativas para el uso del excedente. En efecto, nos interesa subrayar, a esta altura, que el abordaje del excedente contrubuye a mostra cómo los conflictos en el marco de la apropiación, la dinámica de la acumulación y las acciones del Estado, se encuentran atravesados por los intereses de clase.
El presente trabajo apuntó a una reformulación conceptual desde una perspectiva estructural, atendiendo las asimetrías y los conflictos que constituyen al proceso económico. La noción de excedente económico, creemos, puede contribuir a tal objetivo, puede ser clave tanto para una teoría integrada del desarrollo económico, como para echar luz sobre esa compleja intersección entre economía y política.
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Notas
* Docente de la Universidad de Buenos Aires. El presente artículo es una versión resumida de un docmuento de trabajo más extenso. El correo electrónico del autor es arielfiladoro@yahoo.com.ar
1 A modo de definición preliminar se considerará excedente económico al producto que excede el valor necesario para la reproducción de los trabajadores en una sociedad.
2 Cabe apuntar que desde la perspectiva de la teoría neoclásica poco se puede decir al respecto, en la medida en que, se sostiene, no se puede saber lo suficiente de la utilidad –subjetiva– que el consumo reporta a cada individuo. El análisis sistémico –la utilidad y función de bienestar social– pasará por la agregación de utilidades individuales pensadas según estos principios.
3 Para el estudio del caso argentino, ver en Basualdo (2001) las presiones de distintas fracciones del capital para la remodelación del Estado luego de la crisis hiperinflacionaria de 1989.
4 A propósito, señala que los momentos del ciclo económico tienen una desocupación mayor que lo que arrojan las cifras oficiales puesto que comparan dos momentos donde existe ya subutilización; por ejemplo, en el auge, las empresas consideran que pueden venir tiempos malos y son prudentes en el uso de los recursos moderando su producción.
5 A su vez, añade que para sostener el aparato militar –principal destino del excedente en los países centrales– es necesaria la preparación ideológica que “se tiende sobre toda la vida política y cultural del país imperialista, eliminando los principios, la honradez, el humanismo y el valor. […] El énfasis en un pragmatismo brutal, en la ‘ciencia’ del control y de la manipulación, mata toda preocupación sobre los propósitos y objetivos de la actividad humana y eleva a la eficacia como fin en sí, sin importar qué es lo que debe realizarse ‘eficazmente’. En caso de que la propaganda, el adoctrinamiento y las presiones sociales y administrativas no logren mantener al pueblo en consonancia con las exigencias del imperialismo, se provocan incidentes para dar base a los temores cultivados, para dar fundamento a una histeria sistemáticamente mantenida. Tales incidentes se producen fácilmente. Rodeados por naciones coloniales y dependientes, subdesarrolladas, hambrientas y en continua ebullición, las potencias imperialistas se enfrentan ininterrumpidamente con desafíos a su autoridad y a su hegemonía. La oferta de incidentes es, por lo tanto, muy grande y las oportunidades para acciones de policía, grandes o chicas, se presentan todo el tiempo.” (ibídem, p.153-4).
6 “El excedente económico de los países subdesarrollados, de cuya parte más importante se apoderan los consorcios monopolistas, no se utiliza para fines productivos. No se reinvierte en sus propias empresas ni tampoco sirve para desarrollar otras. Aquel que no fluye al exterior a mano de accionistas extranjeros, se utiliza en forma casi igual a como lo hace la aristocracia terrateniente. Sirve para mantener una vida ostentosa de los que lo reciben, se gasta en la construcción de residencias urbanas y rurales, en sirvientes, en consumo excesivo, etc. Lo que queda se invierte en la adquisición de tierras rentables, en el financiamiento de actividades mercantiles de todas clases, en la usura y la especulación. Por último, aunque no por ello menos importante, se llevan al exterior fuertes cantidades, donde se tienen como protección contra una devaluación de las monedas nacionales o bien como una reserva que asegure a sus propietarios un retiro decoroso en caso de que surjan disturbios sociales y políticos en esos países” (Ibídem, p.204)
7 Para un análisis sobre las dificultades de los países periféricos para desarrollar conocimientos que atiendan a sus realidades, véase Lander, Edgardo (comp.) (2000): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas, Clacso-Unesco, Buenos Aires.
8 Stanfield (1973): The economic surplus and Neo-Marxism, Lexington, MA, Lexington Books
9 Dawson and Foster (1992): The tendency of the surplus to rise 1963-1988, pp.42-70, en Davis, J.B.(ed), The economic surplus in advanced economics, Aldershot, Edward Elgar.
10 Existe un trabajo –no disponible en el país– de Danielson (1994), The economic Surplus: Theory, Measurment, Applications, publicado por Praeger Publishers que lamentablemente no hemos podido consultar.
11 También podrían ser considerados como parte del valor de reproducción de la fuerza de trabajo. Sin embargo, incluirlos como excedente apropiado por los trabajadores via Estado, subraya la figura del Estado dentro del conflicto distributivo.
12 De este modo, toma distancia de nociones de tipo neoclásico como que la remuneración a los factores productivos –capital y trabajo– se da conforme a su productividad marginal; las que en su pretensión de neutralidad valorativa terminan siendo, en el mejor de los casos, ingenuas.
13 Véase Basualdo, Eduardo (2003): ”Las reformas estructurales y el Plan de Convertibilidad durante la década de los noventa. El auge y crisis de la valorización financiera”, en Revista Realidad Económica, nro. 200, IADE, Buenos Aires.
14 Somel efectúa, tal como mencionáramos, una medición alternativa del excedente económico. Incorpora una apertura que apunta a captar un traspaso de excedente económico entre países centrales y periféricos por medio del comercio exterior. Siguiendo a Köhler, G (1998): “The structure of global money and world tables of anequal exchange”, en Journal of World System Research, vol. 4, no. 2, 145-68, plantea la posibilidad de medir un intercambio desigual entre economías desarrolladas y subdesarrolladas. Este intercambio se basa en la existencia de tipos de cambio distorisionados en la periferia en relación con la Paridad del Poder Adquisitivo (PPA) que calcula Naciones Unidas. Esta “distorsión” se da como resultado de los flujos de capitales especulativos –que persiguen altas tasas de interés– y de las presiones que existen sobre los gobiernos de países subdesarrollados para la acumulación de reservas. La diferencia entre estas dos paridades –tipo de cambio oficial versus PPA, multiplicada por los flujos de exportaciones a los países centrales, representaría la magnitud del intercambio desigual que Somel incorpora al cálculo de excedente económico.
15 La relación capital-producto simplemente es el resultado de realizar el cociente entre el valor del stock de capital y el valor del producto generado en una economía a lo largo de un año. Dado que este parámetro es relativamente estable a lo largo del tiempo, es posible realizar estimaciones de este tipo.
16 Para profundizar elementos vinculados a una teoría del Estado véase Poulantzas (1970) y O’Donnell (1984).
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