4 de junio de 2009.
Declaración del Frente Popular Darío Santillán
ante las elecciones del 28 de junio.
Si vas a votar, no votes contra el pueblo.
No votes contra vos mismo/a.
Antes y después del 28 de junio
Unite, organizate, luchá.
Construí poder popular.
El 28 de junio nuevamente hay elecciones nacionales. Las alternativas
con posibilidades de ganar están conducidas por partidos políticos
que no representan los intereses del pueblo.
En el gobierno, el PJ-FpV conducido por los Kirchner, cada vez más
atado a la burocracia política y sindical, entre ellas a una
de las figuras de la derecha justicialista de los 90, Daniel Scioli.
Su política de corte neodesarrollista beneficia fundamentalmente
a las empresas exportadoras de riquezas naturales, como las compañías
petroleras, mineras, graneras; y en segundo lugar, a algunos grupos
industriales que viven eternamente atados a los subsidios del Estado,
con los que todo el pueblo les sostiene su tasa de ganancia.
En el marco de una crisis mundial que se extiende por el mundo y que
estamos pagando los trabajadores, la Argentina no escapa a la regla
general de todos los países del continente mestizo, ricos en
“recursos”. En la división internacional del trabajo
dispuesta por los poderosos, los territorios de Nuestra América
están destinados a la penetración y el saqueo por parte
de empresas trasnacionales, principalmente norteamericanas y europeas.
Y el gobierno “nacional y popular” alienta políticas
en este sentido, tanto desde sus gobiernos provinciales como desde oficinas
nacionales que tienen por objetivo salir a vender el país en
el mundo. Basta ver cómo están compuestas las exportaciones
argentinas y el protagonismo de los distintos sectores económicos
en ellas, para observar el nuevo colonialismo, al que no le importan
tanto los discursos sino cuánto lo benefician concretamente las
políticas de Estado.
Negándose a la posibilidad de enfrentar la crisis con medidas
a favor del pueblo, el gobierno elige atender los reclamos patronales:
la consigna es tener un dólar alto, que licúe los “costos
salariales”, para hacerlos más competitivos (a ellos),
mientras se mantienen puestos de trabajo en condiciones precarias, que
aseguren que ningún derecho laboral vaya a entorpecer las necesidades
del capital; si cae la tasa de ganancia y hay que despedir, suspender
o recortar salarios, así se hace. En la estrategia empresaria,
la precarización juega un rol central en la tarea de dividir
la fuerza de trabajo, disciplinando la fábrica. Y a los que quedan
afuera, como sobrante de los trabajos útiles para el sistema,
le queda seguir años y años con planes sociales equivalentes
a migajas, que se devalúan día a día y muestran
el cinismo de la clase gobernante: ni siquiera son capaces de universalizar
esa mínima asistencia, que, primero que nada, es repartida clientelarmente
entre sus punteros.
Extranjerizante y antipopular, el modelo de saqueo y bajos salarios
es compartido (y más) por las figuras de la oposición
por derecha, representadas por el peronismo impresentable y el radicalismo
vuelto a reunir tras la debacle de 2001. La derecha viene a profundizar
el modelo, fortaleciendo los lazos con el imperialismo, agitando el
tema de la “inseguridad” para acentuar la represión
y dando aún mayores garantías para los negocios de unos
pocos asentados en el hambre de millones.
Como parte de este entramado, es natural que entre sus filas se encuentren
responsables del asesinato de Darío Santillán y Maximiliano
Kosteki en la Masacre de Avellaneda, que intentó atender el pedido
del poder económico -la Asociación de Bancos, la Sociedad
Rural- de poner orden el 26 de junio de 2002. Felipe Solá y Alfredo
Atanasof, hasta hace minutos integrantes del gobierno “nacional
y popular”, ahora son candidatos en los primeros lugares de la
lista de la Unión PRO, detrás de la que se encuentra –como
es ampliamente sabido, aunque ni se mencione en los medios monopólicos-
el propio Eduardo Duhalde.
El Gobierno y la oposición de derecha comparten en esencia que
la salida a la crisis económica debe efectuarse beneficiando
a las grandes empresas: “nacionales” (por ejemplo Techint,
Arcor) y extranjeras (Mercedes Benz, Peugeot-Citroen, Ford, entre otras).
Porque más allá de un discurso u otro –¡algunos
incluso muy nacionalistas! -, coinciden en que primero hay que subsidiar
a los capitalistas porque así los beneficios después (siempre
después) se derramarían sobre el pueblo. Recetas que ya
conocemos de sobra como terminan: los ricos fugando divisas, los pobres
pagando con aumentos de precios. De esta manera sus políticas
terminan descargando los efectos de la crisis sobre el pueblo trabajador,
que a través de (bajos) salarios reales y (altos) impuestos regresivos
continúa financiando la fiesta de los pocos cada vez más
ricos.
Sin embargo, la propaganda del kirchnerismo “hace como si”
se tratara de modelos diametralmente opuestos. El gobierno nos pide
el voto útil para enfrentar el avance de la derecha. Todavía
nos acordamos cuando nos pidieron el voto útil para evitar que
subiera Angeloz, que venía “con el lápiz rojo para
tachar gastos del Estado”, y ganó Menem. Nos acordamos
también cuando nos pidieron el voto útil para que no ganara
Duhalde, “el vicepresidente de Menem”, y subió De
La Rúa. Nos parece que no se trata simplemente de cambiar de
collar, sino de algo más importante.
Por eso decimos claramente: Si vas a votar, no lo hagas por los que
van a aplicar políticas en tu contra, no votes a los Kirchner
y sus aliados provinciales; ni a la oposición de derecha expresada
en las alianzas entre Macri, Solá, Duhalde y De Narváez
o entre Carrió, la UCR y López Murphy.
¿Y los sectores populares? ¿no tienen que presentarse
a elecciones?
El escenario parece ser complicado, porque los sectores de trabajadores
difícilmente vamos a salir favorecidos tras estas elecciones.
Todo está armado para legitimar un modelo que conserve este nivel
de desigualdad, o en todo caso hacerle correcciones “por derecha”,
profundizando la situación de pobreza e inseguridad social en
la que vive la mayoría de la población.
Por supuesto, también hay fuerzas políticas de izquierda
y centro-izquierda que presentan sus candidatos en estas elecciones,
y no creemos que son todos lo mismo. Reconocemos en muchas de estas
fuerzas a compañeras y compañeros honestos, aunque no
compartimos que la disputa en los mismos términos con los partidos
hegemónicos pueda ayudar a obtener cambios decisivos a favor
del pueblo. Por tal razón, en esta etapa decidimos orientar todos
nuestros esfuerzos a seguir generando organización de base y
articulación entre los sectores populares que construimos para
transformar esta realidad injusta.
No se trata de una cuestión de principios, ni pensamos que todos
los momentos políticos y las elecciones son iguales. El problema
de fondo en este caso es que, como pueblo, no hemos logrado la acumulación
de fuerzas necesarias para intervenir e incidir a nuestro favor en un
terreno institucional donde las reglas del juego las fijan las clases
dominantes. Enfrentamos en desventaja un sistema en el que la "democracia"
sólo es un acto de elección de quiénes gobernarán
sin cumplir los mandatos populares, sin respetar los intereses de los
trabajadores; gobernando de hecho para quienes detentan el poder real
en la sociedad. Por eso, construir poder popular es también alentar
otro tipo de democracia: desde el pueblo, de participación directa
y asamblearia, de mandatos revocables y donde, los que sean elegidos,
deban "mandar obedeciendo" al pueblo, y no al poder económico.
La situación argentina contrasta enormemente con la de países
hermanos, donde el pueblo, como parte de una lucha que excede lo institucional,
ocupa también estos espacios. Basta mencionar como ejemplo el
caso de Bolivia, donde el instrumento electoral fue creado por los movimientos
sociales después de largos procesos de lucha y acumulación
de fuerzas; proceso que incluyeron insurrecciones y crisis políticas
en las que el pueblo alcanzó triunfos decisivos, como la guerra
del agua.
Con muchas fuerzas sociales y políticas seguramente nos seguiremos
encontrando en las distintas luchas en los barrios y en los lugares
de trabajo y estudio. Las posiciones en esta coyuntura pueden ser diversas:
votar candidatos propios, abstenerse, votar en blanco. También
el voto propuesta, como el impulsado desde Otro Camino para Superar
la Crisis, espacio en el que participamos coordinando con agrupaciones
y movimientos de diferentes sectores. Lo fundamental en esta etapa,
nos parece, es tener en claro la necesidad de construir unidad en la
lucha concreta. Trabajamos para que las elecciones no dividan la resistencia
a las políticas de ajuste. Políticas que ya comenzaron
y sólo prometen ser peores.
Creemos que tras el 28 de junio se abrirá un escenario donde
se requerirá la más amplia movilización y unidad
popular para resistir las políticas que intentan quienes aún
nos dominan. Las políticas que apuntarán a descargar la
crisis sobre las espaldas de los trabajadores serán mucho más
evidentes. Necesitamos organizarnos desde abajo y unirnos para recuperar
los bienes de nuestro territorio; bienes que tienen un efecto directo
en las condiciones de vida de las clases populares. Tenemos que luchar
para enfrentar los despidos y las suspensiones, por salarios y contra
la precarización, por condiciones de trabajos dignas. Tenemos
que lograr una seguridad social que permita que todas las familias,
las que consiguen empleo y las que no, tengan un plato de comida en
su mesa. Tenemos que tener salud, educación, vivienda, justicia.
Para conseguir todo esto tenemos que ir generando los lazos que nos
unan con nuestras/os iguales. Tenemos que hacer posible más organización
popular que nos ponga en otra situación de fuerzas. Y más
allá de estas elecciones, nuestros iguales son aquellos y aquellas
que luchan por otro presente y otro futuro.
Por todo esto, si decidís ir a votar, te proponemos que, como
primera medida, no votes por los candidatos que van a terminar gobernando
contra el pueblo. Y antes y después del 28 de junio: unite, organizate,
luchá. Entre todas y todos construyamos poder popular.
Sólo la unidad y organización irá creando las
condiciones para otra realidad para todas y todos.
Unidad del pueblo trabajador
Que la crisis la paguen quienes la generaron
Trabajo y salario digno
Prohibición de los despidos por dos años
Fábrica cerrada = fábrica ocupada y puesta a producir
por los trabajadores.as
Salario igual a la canasta familiar
No a la precarización: blanqueo salarial y pase a planta de
los precarizados.as
Basta de subsidios a los ricos: redistribución de ingresos verdadera
Ingreso universal igual a la canasta básica de alimentos
Sueldos y condiciones dignas de trabajo
¡No al tarifazo! Tarifa social de transporte y servicios públicos
Eliminación del IVA a los alimentos y los medicamentos. Impuestos
progresivos (a la renta financiera –todavía exenta- y a
la renta extraordinaria del agro, minería, petróleo y
otras empresas extractivas del territorio común)
Apoyo a la redes de las organizaciones populares en los barrios: instrumentación
de mercados de alimentos al costo y obra pública a través
de cooperativas de trabajo genuinas, organizadas desde los barrios
Tierra y vivienda para todas las familias. Donde hay una necesidad,
hay un derecho.
Por trabajo, dignidad, cambio social
Frente Popular Darío Santillán
frentedariosantillan@gmail.com
Teléfono de contacto:
(011) 15 5489 1374 (Federico Orchani)