(Notas para un debate sobre poder popular, socialismo y Estado Vasco)
IÑAKI GIL DE SAN VICENTE
1. ORÍGENES DEL MOVIMIENTO POPULAR
2. PUEBLO TRABAJADOR Y MOVIMIENTO POPULAR
3. LOS EFECTOS DEL CONTRAATAQUE DEL ESTADO
4. MOVIMIENTO POPULAR Y CONSTRUCCIÓN NACIONAL
5. BAJO EL SEGUNDO ATAQUE DEL ESTADO
6. MOVIMIENTOS POPULARES Y SOCIALISMO
7. MOVIMIENTOS POPULARES Y CRISIS CAPITALISTA
8. PERSPECTIVAS DE FUTURO
1. Hablar de independencia y unificación nacional,
socialismo, reuskaldunización y sociedad no patriarcal en Euskal
Herria sin tener en cuenta el papel crucial de los movimientos populares,
es, además de una negación de la historia, también
un retroceso político a la ideología burocrática
de la democracia burguesa. De la misma forma en que el capitalismo puede
aceptarlo todo con tal de sobrevivir, excepto la extinción de
la propiedad privada de las fuerzas productivas; del mismo modo, la
democracia burguesa puede aguantarlo todo excepto los embriones de democracia
socialista que laten en los movimientos populares y en los embriones
del consejismo y del sovietismo que palpitan en cualquier lucha obrera
no constreñida ni desvirtuada por el reformismo sindical y político.
2. Para saber qué son los movimientos populares tenemos que comprender
primero las conexiones entre “clase obrera”, “clase
trabajadora”, “pueblo trabajador” y lucha de liberación
nacional, conceptos que van de menor a mayor, de exclusión a
inclusión, y que han sido empleados por las fuerzas revolucionarias
desde el siglo XIX, pero especialmente desde que los estudios sobre
el imperialismo y las tesis bolcheviques sobre el derecho de autodeterminación
y la liberación de los pueblos, actualizaron y ampliaron el uso
del concepto de “pueblo trabajador”. Desde la V Asamblea
la izquierda abertzale asumió este concepto como decisivo para
entender la estructura social vasca, su lucha de clases e independentista
en el capitalismo de la época. Sin embargo, las corrientes entonces
denominadas liquidacionistas y españolistas fueron abandonándolo.
3. La historia reciente de Euskal Herria nos muestra una práctica
colectiva que podemos definir como movimientos populares en ciernes,
embrionarios, empezando por los iniciales grupos de ayuda a los prisioneros
del franquismo, prácticamente desde 1937 en adelante, siguiendo
con los grupos complejos y poco estudiados que se formaron desde 1945
y que junto a restos de los sindicatos y partidos ilegalizados por el
franquismo, pudieron impulsar una oleada de protestas populares, obreras
y sociales, con huelgas, cierres, boicots, manifas, etc., hasta finales
de los ’40 e incluso comienzos de los ’50 especialmente
en Nafarroa. En aquellas condiciones de represión aplastante,
la dinámica que conduce de la autoorganización clandestina
a la autodefensa frente a la dictadura, pasando por la autogestión
del grupo y su permanente autodeterminación sobre qué
hacer, debía superar diariamente toda serie de obstáculos,
pero funcionó durante un tiempo.
Sin embargo, tras el salvavidas que obtuvo la dictadura franquista con
la decisión de los EEUU, Gran Bretaña, etc., de hacer
del Estado español una de las bases decisivas de retaguardia
estratégica frente a la URSS, tras esta decisión imperialista
que fue un mazazo terrible, se produjo un parón en la tendencia
a la recuperación de las luchas, y un retroceso casi absoluto
en su mayoría. Especial impacto negativo tuvo el abandono práctico
del derecho de resistencia, de autodefensa, por parte de la mayoría
de las fuerzas que habían resistido violentamente al franquismo
y al nazismo en Euskal Herria y que disponían de fuerzas armadas
en el sur del Estado francés y en el norte de Euskal Herria.
Por un lado, el triunfalismo franquista tras salvarse gracias al imperialismo,
por otro el abandono de la lucha en su forma decisiva por los partidos
ilegalizados, y ambos golpes cayeron además en una década,
la de los ’50, en la que autarquía socioeconómica
del régimen resultaba un rotundo fracaso que multiplicaba la
indefensión del pueblo trabajador.
Pero esta situación empezó a cambiar por varios motivos
que sólo podemos enunciar aquí como fueron, uno, los efectos
sociales y políticos de las reformas económicas introducidas
a finales de los ’50, especialmente la recomposición de
la clase trabajadora y de la clase obrera industrial; dos, el alto componente
de represaliados por el franquismo existente en las primeras levas de
emigrantes de varias naciones, culturas y regiones hispanas que empezaron
a llegar a Hego Euskal Herria desde comienzos de los ’60 y que,
mal que bien, se fueron integrando en la recomposición trabajadora
y obrera ya en ciernes; tres, el desencanto manifiesto de bases carlistas
que, como se vio en Nafarroa, se alejaron como base de masas de la dictadura
franquista en Hego Euskal Herria, aumentando la debilidad del régimen;
y cuatro, la llegada a la edad juvenil y adulta de una generación
que había vivido pasivamente la guerra de invasión franquista
de 1936, o que justo había nacido en esos años, y que
no habían padecido en carne propia, directa y vitalmente, el
terror de la dictadura, aunque sí en su familia y entorno. Dentro
de estos nuevos colectivos juveniles destacó el grupo EKIN.
Simultáneamente a estos cambios, e internamente a amplios sectores
de Euskal Herria, se fue reactivando la conciencia euskaldun más
allá de los estrictos, cerrados y apenas conocidos límites
de la familia euskaldun, que hasta entonces había mantenido su
identidad lingüístico-cultural en la intimidad, cuando no
había claudicado a la represión, a la persecución
y a las presiones múltiples permitiendo que sus hijas e hijos
no aprendiesen el euskara, que lo redujeran a pocas frases o que lo
perdiesen. La inminencia de la pérdida definitiva de la lengua
vasca y de la desnaturalización de la cultura a ella unida vitalmente,
este peligro mortal que se sentía en la piel y en la conciencia,
fue significativamente el origen del primer movimiento popular merecedor
de tal nombre: la autoorganización de un grupo social para luchar
por una necesidad colectiva al margen de toda ayuda oficial y superando
todas las trabas legales y represivas.
Una característica del movimiento popular euskaltzale es que
se fue plasmando en muchos frentes, desde las gaueskolas e ikastolas
infantiles, hasta las propuestas de una Euskal Unibersitatea, pasando
por periódicos, revistas, programas de radio, bertsolaris, euskal
musika, euskal dantza, grupos como Ez Dok Amairu, películas decisivas
en su época como Ama Lur, o textos de impacto como Quousque Tandem,
etc., de modo que resulta algo difícil separar analíticamente
dónde acaba y dónde empieza cada una de las formas de
recuperación del complejo lingüístico-cultural euskaldun.
Semejante forma de autoorganización popular permitía llegar
a muchos problemas en un contexto represivo en apariencia omnipotente,
pero a la vez anunciaba una forma de acción que más tarde
sería presentada como un gran “invento” como el de
la “organización en red”. Y aquella forma de autoorganización
popular tenía sus deficiencias, eran mayores sus ventajas.
Más adelante, cuando estudiemos las relaciones entre movimiento
popular y formas organizativas, movimiento popular y movimiento social,
cambios capitalistas y movimiento popular, etc., volveremos a este tema.
Ahora nos interesa concluir remarcando el crucial e histórico
papel jugado por este movimiento que, además de ser prácticamente
en primero en surgir, hizo que todos los demás que le siguieron
no tuvieran otro remedio que posicionarse a favor, indiferentemente
o en contra de la identidad vasca en su forma esencial, de su complejo
lingüístico-cultural como base de un identidad nacional.
Un ejemplo ilustrativo de la importancia de esta cuestión lo
tenemos en que prácticamente todas las escisiones españolistas
y estatalistas en ETA se caracterizaron, entre otras cosas, por su indiferencia
o rechazo implícito de la lucha por la reuskaldunización
del país, a excepción de casos individuales muy meritorios.
2.- PUEBLO TRABAJADOR Y MOVIMIENTO POPULAR
4. En este ambiente, el concepto de “pueblo trabajador”
encontró un suelo muy fértil para arraigar y demostrar
su valía práctica par ayudar a la expansión de
los movimientos populares desde mediados de los ’60 del siglo
XX, como formas autoorganizadas de lucha por la recuperación
de aspectos centrales de la existencia de la nación vasca en
las condiciones de opresión y dictadura franquista, con limitaciones
tremendas, bajo el dominio absoluto del castellano y del francés,
y bajo una situación socioeconómica y de estructura clasista
de la Euskal Herria caracterizada por drásticos cambios impuestos
por una expansión industrial descontrolada e irracional en cuanto
a la inexistencia de todo plan estratégico, de equilibrio entre
las áreas en crecimiento con red lógica de comunicaciones
y de respeto siquiera mínimo al medioambiente, a la salud colectiva.
5. A partir de aquí empezaron a crearse otros movimientos populares
a la vez que el movimiento obrero daba un salto cualitativo con la creación
de las comisiones obreras y, más tarde, con la aparición
de otros sindicatos, especialmente con los declaradamente sociopolíticos.
Rápidamente, podemos constatar esta secuencia de movimientos
populares hasta mediados de los años ’80 del siglo XX:
Amnistía; Medios de comunicación críticos y euskaldunes,
como EGIN, EUSKALDUNON EGUNKARIA, y otros muchos más; Antinuclear
y ecologista; Internacionalista; Feminista y de liberación de
sexo-género, dotado de una especificidad que no podemos exponer
ahora; Antidrogas; Contra el servicio militar español y Contra
el referéndum de la OTAN. Una matización hay que hacer
con respecto al movimiento vecinal que llegó a tener fuerza en
muchas zonas pero en el que, a diferencia de los otros, hubo desde un
principio mucha más presencia de las fuerzas estatalistas y reformistas,
implantación que más tarde usarían para liquidarlo
en buena medida al llegar los “ayuntamientos democráticos”.
6. Hemos puesto aquí el límite temporal de mediados de
los ‘80 porque en realidad fue un límite socioeconómico
y político determinado por el hecho de que fue en la segunda
mitad de los ’80 cuando empezaron a surtir efectos los cambios
estratégicos introducidos primero por UDC y luego por el PSOE,
siempre con el apoyo de PNV y más tarde de UPN, y que analizaremos
más adelante por su gran importancia. Como veremos, desde finales
de los ’80 empezaron a cambiar muchas cosas. Pero antes debemos
remarcar varias cosas sobre los movimientos populares de la época
por su decisiva influencia para los años sucesivos:
6.1 Desde los años ’30 había sido apreciable y frecuentemente
decisiva la acción de la mujer, acción central en los
primeros grupos euskaltzales y que luego iría ampliándose
a otras facetas de la resistencia popular. La especificidad del movimiento
feminista arriba citada consiste en que debe estar y está compuesto
exclusivamente por mujeres por razones tan obvias que no merece la pena
repetirlas, y es esta especificidad de sexo-género la que le
garantiza en buena medida su supervivencia, capacidad y movilización
en un campo de lucha tan duro, violento, egoísta y ferozmente
irracional. Esto hace del feminismo un movimiento específico
que penetra en toda la realidad, en el movimiento obrero y sindical,
en los movimientos populares, en los sociales, en toda serie de grupos,
colectivos, organizaciones y partidos. El movimiento feminista requiere
de un análisis más pormenorizado que el que podemos hacer
aquí.
6.2 Durante estos primeros años fue quedando claro para las fuerzas
revolucionarias y reformistas que el capitalismo era más complejo
y resistente de lo que habían creído durante la anterior
lucha meramente antifranquista. Se fue viendo que la estructura interna
de la explotación económica, opresión nacional
y dominación de sexo-género era muy profunda y totalmente
entrelazada con los intereses de la burguesía vasca; también
se vio casi de inmediato que ni los partidos representantes de esta
burguesía, ni la socialdemocracia, ni el eurocomunismo querían
avanzar en una verdadera democracia, en una ruptura cualitativa con
el poder franquista.
6.3 Generalmente de forma inmediata y directa, los movimientos populares
que ye existían y los que se fueron creando, sufrieron en su
interior las tensiones crecientes entre el bloque reformista que hemos
citado, y el bloque revolucionario. Allí donde el primero tenía
fuerza, procedía a desmantelarlos o controlarlos para hacer de
ellos, previa depuración, simples peones de sus maniobras tácticas.
Desde la instauración de la “democracia”, una de
las obsesiones de estos partidos fue la de desactivar los movimientos,
destrozándolos, e integrar sus restos en la vida parlamentarista
y municipalista, empezando por la parte que controlaban del movimiento
vecinal que había sido tan fuerte en muchas zonas del país,
y que casi desapareció en cuanto a movimiento independiente al
ser supeditado a la acción municipal burocratizada.
6.4 La complejidad inherente al capitalismo se plasmaba ya entonces
en una enorme variedad de diferencias externas, tan dispares en su apariencia
formal una de otras que, a simple vista, no podía existir una
cohesión interna, estructural, que les uniese en su fondo, en
el subsuelo de la opresión diaria. Uno de los méritos
teóricos de la izquierda abertzale radica en haber sabido demostrar
en la práctica la unidad esencial que los recorre pese a tanta
diversidad superficial. La izquierda abertzale del momento explicó
la unidad esencial de fondo que cohesionaba a los movimientos, y cómo
las reivindicaciones de independencia de toda Euskal Herria, socialismo
y reuskaldunización iban tomando cuerpo teórico al calor
de la lucha práctica de las masas, de los debates y escisiones
internas y del consiguiente enriquecimiento teórico. Uno de los
fracasos teóricos y estratégicos de las fuerzas revolucionarias
tradicionales, marxistas y anarquistas en todas sus corrientes, fue
el no poder comprenderlo, pero en rechazarlo en la práctica abandonando
los movimientos excepto meritorios casos individuales.
6.5 Tales izquierdas desconocieron o rechazaron explícitamente
la unidad substantiva que estructuraba todas ellas alrededor de la opresión
nacional del pueblo trabajador vasco. Interpretaban la realidad vasca
desde la perspectiva de que no existía opresión nacional,
de que lo únicamente decisivo era una “clase obrera”
abstractamente definida según la visión estatalista, sin
engarce en la lucha de liberación. Esta concepción veía
las luchas por el euskara, etc., como luchas meramente tácticas,
democraticistas y puntuales, separadas entre sí y, sobre todo,
sin conexión con la opresión nacional.
7. Pero llegar a esta conclusión decisiva no valía de
nada si no se sustentaba en una forma organizativa adecuada a ella.
El modelo de funcionamiento basado en organizaciones específicas
compuestas por militantes seleccionados y formados, que actuaban en
el interior de los problemas estructurales de Euskal Herria, demostró
tanto su efectividad que llegó a convertirse en uno de los objetivos
a destrozar por la represión española y actualmente por
la francesa. Y demostró esa efectividad, con sus errores y limitaciones
inevitables, porque uno de sus ejes decisivos giraba alrededor de los
movimientos populares, sobre cómo impulsarlos desde dentro sin
recurrir a métodos burocráticos que más temprano
que tarde terminarían ahogándolos.
8. Ahora bien, este modelo materializado en la segunda mitad de los
años ’70, sufría sin embargo de una contradicción
latente que iría agudizándose con los años: la
que existía entre la tesis del partido dirigente, que termina
supeditando los movimientos populares a la dirección del partido,
y la tesis del movimiento de liberación compuesto por organizaciones,
sindicatos y movimientos populares centralizados alrededor de objetivos
comunes, estrategias y tácticas adecuadas a ellos.
9. Prácticamente hasta finales de los ’80, los movimientos
populares presentaron determinadas características comunes que
debemos reseñar. La primera y decisiva era su entronque con la
lucha de liberación nacional, aunque adaptado a las peculiaridades
de cada área de lucha, presentándolo de forma directa
y explícita o indirectamente e implícitamente según
los casos.
9.1 La segunda era su capacidad mayor o menor, pero siempre deseada,
de integrar a la mayor cantidad de personas, presentando para ello unos
perfiles amplios, incluyentes y mucho más abiertos que el de
las organizaciones y partidos.
9.2 La tercera era la importancia crucial dada a la información
verídica y directa al pueblo en su conjunto, contando con los
verdaderos movimientos populares que crearon EGIN, EGUNKARIA y otros
medios de prensa pertenecientes a los respectivos movimientos, a las
organizaciones, colectivos y grupos. Como indicaban ya entonces todos
los estudios sobre el consumo de prensa, la población vasca era
una de las más “consumidoras”, si no la que más
del todo el Estado, y desde luego la que disponía de más
información crítica y contrastable gracias a los movimientos
populares y a la izquierda abertzale.
9.3 La cuarta era su preocupación por la independencia práctica
y económica, y aunque se pidiesen subvenciones siempre era desde
el criterio irrenunciable del mantenimiento de la independencia ante
los aparatos del Estado y de la burguesía.
9.4 Y la quinta era su muy mayoritario tono defensivo, de lucha contra
opresiones e injusticias iniciadas por el Estado, antes que de propuestas
ofensivas precisas en pos de un modelo alternativo construido mediante
el debate democrático, aunque cada vez más e impelidos
por las necesidades crecientes de todo tipo, los movimientos populares
comenzaron a elaborar alternativas concretas, siguiendo las pautas iniciadas
por la creación de los medios de prensa euskaldun y crítica
que hemos citado.
3.- LOS EFECTOS DEL CONTRAATAQUE DEL ESTADO
10. Como hemos dicho, en la segunda mitad de los ’80
comenzaron a sentirse los efectos de la política neoliberal y
represora desencadenada masivamente por el PSOE. Por un lado, la urgencia
por ampliar las reformas socioeconómicas y laborales que facilitasen
un salvaje aumento de los beneficios empresariales; por otro lado, aplicar
la involución estaturaria, la LOAPA, decidida inmediatamente
después del tejerazo de febrero de 1981; además, el estrepitoso
fracaso de la guerra sucia de los GAL y por último, los resultados
del referéndum sobre la OTAN en 1986 y los electorales de la
izquierda independentista en 1987, así como la crisis anterior
del PNV al escindirse EA, estos y otros factores como los datos obtenidos
por estudios sobre la evolución al alza de la identidad vasca
y vasquista y el retroceso de la española, llevaron al PSOE a
un profundo cambio en su estrategia contra Hego Euskal Herria.
10.1 Una de las nuevas tácticas introducidas fue la de abrir
una fase de conversaciones entre el gobierno del PSOE y ETA en Argel
desde finales de 1987 hasta comienzos de 1990, fase en la que no podemos
entrar ahora porque desborda los objetivos de este texto excepto en
lo que atañe al movimiento popular que, en contra de lo deseado
y esperado, apenas jugó un papel clave en la movilización
de masas que se necesitaba como fuerza popular decisiva para ese momento
y sobre todo para nueva fase que se iniciaría de tener éxito
las negociaciones.
10.2 Hay varias razones que explican esta relativa inhibición
práctica, que no política y mucho menos democrática,
de la mayoría del movimiento popular en esos momentos, destacando
entre ellas la que indica que faltó o que fue muy débil
una campaña previa de concienciación sobre la necesidad
de las movilizaciones populares como garantes de la valía del
proceso negociador. Nos damos cuenta del punto fuerte de este argumento
si recordamos la contradicción arriba citada entre la tesis del
partido dirigente que suplantaba la iniciativa de los movimientos populares
y la tesis de la forma-movimiento, basada en la iniciativa de esos movimientos.
Aunque la tesis del partido dirigente tuvo su fin en 1987, los movimientos
populares no tuvieron apenas tiempo para desarrollar todas sus potencialidades
de movilización y aportación porque la tregua acabó
justo a comienzos de 1990.
10.3 Otro objetivo del Estado español fue el de conocer mucho
más exactamente qué sucedía en el interior de la
izquierda independentista, especialmente en la juventud vasca, y en
otras organizaciones, para, después, aplicar una represión
bifronte: selecta y precisa contra sus direcciones y masiva contra sus
bases y áreas populares de influencia. Tras las detenciones de
1992 y posterior, hacia 1994 se aceleró la espiral represiva,
acompañada con el inicio de una nueva fase de movilizaciones
de grupos “pacifistas” desde el Estado y con el apoyo de
la burguesía vasca; recordemos las concentraciones del “lazo
azul” que pese a su fracaso último fueron el comienzo de
la línea neofascista que culminó en el “espíritu
de Ermua” de 1997 y en la oleada de ilegalizaciones que se mantiene
hasta ahora.
10.4 En realidad, la actual estrategia de que “todo es ETA”
amparada en la ley de Partidos Políticos de 2002, había
empezado a fraguarse en la práctica en estos años ’90
cuando se inició la campaña creciente de acoso y derribo
de la izquierda abertzale estado aún el PSOE en el gobierno del
Estado. Al calor de una licuación casi total del pensamiento
revolucionario y crítico tras la implosión de la URSS,
del mito del “fin de la historia” de 1992 y del “choque
de civilizaciones” de 1997, del postmodernismo y de la proliferación
de toda serie de “nuevos movimientos sociales” representantes
de la “sociedad civil” y del giro al centro y a la derecha
del grueso de las ONG,s., al calor de esta resaca involucionista el
Estado lanzó una ofensiva ideológica e individualista
reforzada por la recuperación económica iniciada a mediados
de los ’90.
11. A la vez de estas innovaciones represivas, desde finales de los
’80 salieron a la superficie los efectos de los cambios estructurales
producidos en el capitalismo que en lo que concierne a los movimientos
populares fueron básicamente dos: uno, la constatación
de la pérdida de peso número del obrero fabril clásico,
y el ejemplo paradigmático del cierre de Altos Hornos de Bizkaia
en verano de 1996, con el crecimiento del sector de servicios, bancarios
y ahorros, etc.; y otro, la altísima precarización del
trabajo asalariado. Ambos cambios además de asestar golpes a
la capacidad de lucha del movimiento obrero, también impactaron
en los movimientos populares precisamente por su alto contenido de trabajadores
y trabajadoras en su seno. Al aumentar la pobreza relativa, la precariedad
y el tiempo de trabajo, se reduce a la fuerza el tiempo disponible para
militar en los movimientos populares.
12. Sin embargo, aunque el panorama general no era el mismo a mediados
de los ’90 que el existente hacía una década, a
mediados de los ’80, el movimiento popular cosechó en esos
años varias victorias entre las que reseñamos dos por
su importancia manifiesta: la primera no tiene fecha exacta de datación
pero consiste en la definitiva toma de conciencia del pueblo vasco de
que lo relacionado con la droga y especialmente con la heroína,
estaba conectado de un modo u otro con los aparatos represivos del Estado,
aumentando así su deslegitimación social que venía
del pasado y que se había incrementado con los descubrimientos
sobre los GAL. La segunda victoria política fue la de la autovía
de Irurtzun-Andoain en 1995, y aunque hubo críticas sobre supuestas
rebajas por parte del movimiento popular que llevó el peso del
conflicto, lo cierto es que se trató de una victoria innegable
si se la inserta en el contexto represivo que ya padecía el país.
4.- MOVIMIENTO POPULAR Y CONSTRUCCIÓN NACIONAL
13. Teniendo en cuenta el marco de absoluta negativa
a cualquier mejora del trazado y de total rechazo y hasta criminalización
del movimiento anti-autovía, las grandes movilizaciones de masas
que éste logró, y su legitimidad y prestigio se debieron
tanto a la efectividad de su militancia y de los amplios sectores populares
por ella concienciados, como al cambio producido en la izquierda abertzale
en algo decisivo: pasar de la mentalidad de resistencia a la mentalidad
de construcción nacional. Tal cambio ha sido crucial para la
continuidad de los movimientos populares cuanto más arreciaba
contra ellos el cerco y la criminalización.
13.1 Por mentalidad de resistencia hay que entender, en lo relativo
a los movimientos populares, la práctica consistente en priorizar
el rechazo de los planes que el Estado y la burguesía quieren
imponer, si apenas plantear alternativas propias, modelos que solucionen
esos problemas desde y para las necesidades del pueblo. Aunque, como
hemos dicho, ya desde sus orígenes, hubo alternativas prácticas
en los movimientos populares --formas mejores de enseñar y usar
el euskara, crear medios alternativos de prensa, avanzar en alternativas
a la droga en el debate sobre ilegalización o legalización,
etc.--, en realidad no existía una decisión global de
que los movimientos debían y podían abrir debates democráticos
para elaborar soluciones progresistas y nacionales vascas a los problemas
existentes.
13.2 Por mentalidad de construcción hay que entender precisamente
el salto cualitativo que supone pasar a elaborar soluciones propias,
democráticas y progresistas dentro de un modelo de vertebración
nacional vasca orientado hacia la independencia y el socialismo, en
un marco en el que el euskara llegue a ser la lengua mayoritaria y,
sobre todo, la lengua de la producción y reproducción
social. El salto a la mentalidad de construcción exigía
y exige una superior formación intelectual, cultural, técnica
y legal, así como una superior capacidad de relacionarse con
otros grupos e instituciones que pueden aportar nociones, datos técnicos
y demás conocimientos necesarios para elaborar las alternativas
populares. La experiencia extraída en la lucha contra la autovía
Irurtzun-Andoain confirmó la fuerza movilizadora de las propuestas
progresistas de los movimientos, muy superiores a las oficiales.
14. La importancia de este paso adelante se inscribe además de
en el contexto político del momento, también en el contexto
teórico e ideológico relacionado con el debate sobre los
“nuevos movimientos sociales”, la “sociedad civil”,
las ONGs, al que nos hemos referido antes, y que reflejaba la desintegración
de viejas izquierdas como fuerzas revolucionarias y su caída
en picado hacia el reformismo. En las condiciones ideológicas
del momento, caracterizadas por el dominio burgués, el ascenso
de la derecha conservadora y la licuación de la teoría
sistemática en base a las tonterías postmodernas, en una
situación así, los tópicos sobre los “nuevos
movimientos sociales” actualizaban debates antiguos sobre la centralidad
de la lucha de liberación nacional o, por el contrario, sobre
la pluralidad y autonomía de los “múltiples sujetos
sociales” que luchaban por su cuenta, sin un objetivo histórico
vertebrador y por tanto sin una estrategia básica que les orientase
en los recovecos de los conflictos diarios.
14.1 Hemos hablado de “tópicos sobre los nuevos movimientos
sociales” porque hay que distinguir claramente entre los movimientos
sociales que siempre han existido en el capitalismo, insertos en el
proceso revolucionario cuando éste ascendía, débiles
cuando éste descendía e inexistentes o muy débiles
en las fases de derrota y represión. La teoría marxista
está repleta de reflexiones sobre los movimientos sociales, sobre
cómo vertebrarlos y relacionarlos con los sindicatos, organizaciones
y partidos. También el anarquismo y, a otro nivel, la socialdemocracia.
Lo que une a estos movimientos es que luchan en sociedades en las que
no existe opresión nacional, en la que, a lo sumo, chocan a muerte
dos proyectos nacionales antagónicos como son el de la burguesía
y el del proletariado. Al no existir opresión nacional ni ocupación
extranjera, el contenido popular queda muy licuado y más aún
el contenido nacional, excepto cuando el ascenso de la revolución
plantea el choque entre el modelo nacional burgués y su opuesto,
el proletario.
14.2 Los movimientos sociales volvieron a reaparecer desde finales de
los ’60 y comienzos de los ’70 al calor del aumento de las
luchas, organizándose en la mayoría de los países
al margen del stalinismo y de la socialdemocracia porque estos partidos
y organizaciones mantenían un dirigismo burocrático que
les aisló de los movimientos y les enfrentó a ellos. Se
enfrentaban a problemas a los que estas fuerzas burócratas y
dirigistas apenas prestaban atención y que habían surgido
impulsadas por la larga expansión capitalista posterior a 1945.
Exceptuando grupos marxistas minoritarios por su antiestalinismo, el
grueso del “marxismo oficial” fracasó en comprender
qué eran y qué aportaban tales luchas.
14.3 A grandes rasgos, el concepto de “nuevos movimientos sociales”
se popularizó ya cuando se produjo el final de aquella oleada
a mediados de los ’80, y sobre todo después del hundimiento
de la URSS y de la debacle teórica de muchos intelectuales formados
en la dogmática stalinista. Esto explica que el grueso de esta
casta pasase a sostener que los “nuevos movimientos sociales”
representaban también una “nueva política”,
no radical ni extremista, que no “supeditaba” estas luchas
a la “centralidad obrera” porque habían aceptado
la tesis anterior sobre la “muerte del proletariado”. Con
el tiempo, muchas de estas “izquierdas” han abandonado toda
militancia en el movimiento obrero en cualquiera de sus formas de expresión
para dedicarse exclusivamente a los emigrantes, vagabundos y empobrecidos,
etc.
14.4 En Euskal Herria esta corriente fue alejándose de la centralidad
de la lucha de liberación precisamente desde sus orígenes,
pero todavía más cuando la represión se multiplicaba
y extendía contra los movimientos populares. Desde el movimiento
euskaltzale y EGIN hasta el reciente movimiento contra el Tren de Alta
Velocidad, pasando por absolutamente todos los demás, esta corriente
ha ido desligándose e intentando crear sus “nuevos movimientos
sociales” obteniendo fracasos estrepitosos. La razón no
es otra que se limitan a copiar fórmulas dogmáticas y
exteriores a la realidad vasca, sin adaptarlas y mucho menos sin partir
de un estudio de la realidad concreta. Dogmatismo libresco y cegato
que lea ha llevado a un fracaso estratégico e histórico,
sin posibilidad de recuperación.
14.5 Aunque la aplicación mecánica y forzada de Stalin,
Mao, Trotsky y hasta de interpretaciones simplonas de Lenin, Engels
y Marx, por citar a los “clásicos”, realizada al
comienzo, dio paso con los años a la aplicación igualmente
dogmática de otras concepciones más “abiertas”
a las “nuevas realidades”, para terminar en la derrota actual,
aunque fue así a la larga, también hay que afirmar que
en algunas cuestiones aquellas izquierdas incluso se adelantaron al
independentismo en apreciar el valor de ciertas luchas iniciales que
una parte del independentismo no captó. Por ejemplo, el rechazo
al servicio militar español, la aparición de nuevas formas
de protesta y diversión de la juventud vasca, la autoorganización
en formas de radios libres y fascines, etc.
14.6 Sin embargo, nada de esto anula el valor de los movimientos sociales
allí donde no existe opresión nacional y considerados
según los parámetros marxistas y anarquistas. Más
aún, dentro mismo de Euskal Herria existen movimientos sociales
dignos de tal nombre, meritorios y loables, porque centran sus esfuerzos
de combatir situaciones injustas menores, pasajeras y puntuales, que
por serlo no podrán estabilizarse en movimientos permanentes,
de tan larga duración como la que dure la opresión nacional.
Desde esta perspectiva, los movimientos sociales auténticos se
caracterizan por sostener reivindicaciones sectoriales, de grupos sociales
relativamente pequeños pero dignos de total e incondicional apoyo.
14.7 Pero cuando un movimiento social crece, aumenta su implantación
porque va dándose cuenta que la reivindicación por la
que luchaba transciende los estrechos límites de lo puntual,
entonces tiene inevitablemente a dar el salto a movimiento popular.
La razón es muy simple y se comprende con tres ejemplos, uno
del pasado y otro actual. El pasado es el del movimiento juvenil contra
el servicio militar, que empezó como rechazo práctico
minoritario pero con un incondicional apoyo masivo y popular porque
tocaba el instrumento clave de la opresión nacional. Las limitaciones
de una parte de la izquierda abertzale impidieron que ésta se
lanzara masivamente en la implantación de esta lucha, pero una
vez realizada la autocrítica lo que había empezado siendo
un rechazo parcial y legalista terminó siendo un potentísimo
movimiento popular juvenil que ha dejado lecciones imperecederas.
14.8 El segundo ejemplo, el actual, trata sobre cómo la reivindicación
de selecciones deportivas nacionales vascas ha pasado de ser una acción
minoritaria y localizada en áreas muy pequeñas, a ser
un verdadero movimiento popular consciente de que la simbología
del deporte no industrializado ni comercializado, no violento ni machista,
tiene un innegable contenido político de construcción
nacional, sobre todo cuando tal movimiento se esfuerza por recuperar
desde una perspectiva popular, festiva y colectiva antiguos deportes
insertos en la cultura vasca a punto de desaparecer, ellos y la cultura
a ellos unida. La negativa tajante del poder español a reconocer
estos derechos no hace sino confirmar el contenido nacional vasco de
tal movimiento popular en ascenso.
14.9 El tercer ejemplo es el crecimiento de un conjunto de reivindicaciones
obreras y populares que han surgido en los últimos años
impulsadas por la juventud para revertir su creciente precarización
laboral, su empobrecimiento, sus extremas dificultades para obtener
una vivienda, el deterioro de sus condiciones de estudio, el recrudecimiento
del arma de la droga como medio de alienación en primera instancia
y de exterminio después, etc. La juventud independentista y socialista
inició una lucha global en plena fase de expansión capitalista
y ahora, cuando se agrava la crisis, esta lucha global va superando
el relativo aislamiento que tenía antes para presentarse como
la única alternativa de futuro para el resto de la juventud vasca.
Al estar esta lucha global dentro de la perspectiva de construcción
nacional y de logro de un Estado vasco, tiene todas las bazas para convertirse
en un poderoso movimiento popular juvenil que puede trascender su limitación
de edad en la medida en que otros sectores adultos se sumen a él.
5.- BAJO EL SEGUNDO ATAQUE DEL ESTADO
15. La última década, concretamente desde
el cierre de EGIN en 1998 hasta ahora, confirma la fuerza de los movimientos
populares en condiciones extremas de represión, cerco y acoso
institucional y criminalización mediática. La capacidad
demostrada por el pueblo trabajador para poner en circulación
no un periódico sino dos tras los cierres de EGIN y EGUNKARIA
es impresionante, se mire como se mire. De mismo modo lo es la capacidad
para mantener grandes movilizaciones de masas y casi permanentes actos
menores durante una década de represiones múltiples, sobre
todo las que reivindican los derechos de prisioneras y prisioneros vascos,
la Amnistía, los que denuncian de manera incuestionable las torturas
y los malos tratos, y un largo etc.
16. ¿Y qué decir del hecho único en Europa y probablemente
en el mundo, de que desde 2003 hasta ahora la izquierda abertzale haya
superado con notas máximas todas las ilegalizaciones y prohibiciones,
restricciones y constricciones al elemental derecho humano de elecciones
libres y democráticas? Solamente quienes desconozcan la ágil
y viva interacción mutua entre la izquierda abertzale y los movimientos
populares, quienes interpreten la realidad profunda vasca desde dogmatismos
plomizos exteriores o de los odios españolistas y capitalistas,
puede desconocer que la impresionante fuerza movilizadora de la izquierda
abertzale no tiene nada que ver con el arraigo de los movimientos populares,
además de con la legitimidad y prestigio ético-político
de la propia izquierda independentista.
17. No es casualidad que el sumario 18/98 fuera precisamente lanzado
contra lo que la represión española creía que era
el cerebro y el alma de la capacidad de lucha de masas del independentismo.
Del mismo modo que UCD pensaba que acabaría con ETA rápidamente;
que otro tanto creía el PSOE, y que el PNV imaginaba lo mismo
a comienzos de los ’80 al crease la ERTZAINTZA, y que todas las
fuerzas constitucionalistas creían desde comienzos de los ’90
al lanzar el “lazo azul” y más tarde el “espíritu
de Ermua”, etc.; al igual que todo lo anterior, la represión
creía que con el 18/98 liquidaría para siempre al movimiento
popular vasco, y no ha sido así.
18. Es innegable que el movimiento popular ha sufrido derrotas, estancamientos
y retrocesos a lo largo de su historia. Pero si nos fijamos éstos
no se han producido tanto por los méritos del Estado y de la
burguesía vasca, aunque sí en algunos casos, como por
los errores internos y, sobre todo, por la periódicamente inevitable
bajada de tensión militante que siempre suele producirse en las
largas luchas, tras victorias determinadas y, en especial, al calor
de las transformaciones sociales, capitalistas, que se producen al cabo
de los años. Transformaciones que cogen desapercibidos, con el
pie cambiado, a los movimientos porque la realidad siempre va por delante
de la inteligencia.
18.1 Como hemos dicho, el clima ideológico individualista y postmoderno
creado por la burguesía en los ’90 afectó primero
a la izquierda que no pudo asimilar la desintegración de la URSS.
Después, a raíz de la recuperación económica
iniciada en la mitad de los ’90, en amplios sectores se expandió
como un cáncer el pasotismo fácil y chabacano reforzado
por el muy bajo precio del dinero, la sobreabundancia de préstamos
baratos, el relativamente bajo precio del combustible, etc.; a la vez,
los mitos de la “nueva economía”, de la “economía
de la inteligencia” y “desmaterializada”, se sumaban
a unas grandes cifras de crecimiento sin base productiva, aparentemente
eterno e inagotable, y aunque la cotidianeidad era infinitamente más
cruda porque, en realidad, aumentaba la pobreza relativa, la precariedad
y la sobreexplotación, aunque era así, empero, la ficción
consumista ocultaba los problemas crecientes de la vida.
18.2 Simultáneamente, la mezcla de represión, retroceso
ideológico y auge económico empezó a golpear a
sectores militantes y de los movimientos populares. La salida de Aralar
de la izquierda abertzale se debe en buena medida a estas y otras presiones.
Personas que llevaban años y hasta décadas actuando en
los movimientos populares fueron paulatinamente deslizándose
hacia la “normalidad”, una forma de vida cada vez más
sujeta a las exigencias consumistas y rutinarias de vida. Se trata de
la “sorda coerción del capital” que, como un agujero
negro, engulle en su interior a las personas que debilitan la intensidad
crítica d su conciencia política y se dejan engullir por
la anodina “normalidad” diaria. Fluctuaciones de estas se
producen periódicamente en todos los conflictos prolongados.
18.3 A la vez, la acción deliberada del poder ofreciendo “ayudas
desinteresadas”, “subvenciones públicas”, “donativos
neutrales”, etc., a movimientos que lleven decenios sin apenas
ayudas de ningún tipo, facilita el giro a la “normalidad”
de dichos sectores. Otras veces, esas personas son tentadas con puestos
de trabajo en instituciones y oficinas, etc. Centenares de ex militantes
ultrarevolucionarios en su tiempo, que criticaban de pequeño
burguesa y reformista a la izquierda abertzale trabajan hoy para la
burguesía en sus instituciones, y también ex militantes
independentistas. Buena parte de los “nuevos movimientos sociales”
creados por la ex izquierda tras salirse de los movimientos populares
están ahora integrados en las instituciones como “ecologistas”,
“euskaltzales”, “consejeros”, “feministas”,
etc.
19. Pese al poder de absorción del sistema, que aquí hemos
expuesto muy brevemente, los movimientos populares han resistido mal
que bien este decenio pasado. Nos hacemos una idea clara de su vitalidad
y especificidad mediante sólo dos ejemplos aplastantes: uno,
todos los esfuerzos del PNV por crear algo parecido a movimientos populares
peneuvistas en áreas básicas como la euskaldunización
y los medios de prensa, han fracasado en lo decisivo pese a sus recursos
inagotables. HABE en la euskaldunización y DEIA en la prensa,
han sido rotundos desastres, por no hablar de EGI en cuanto “movimiento
juvenil”. El otro ejemplo es algo diferente porque muestra la
incapacidad del Estado español en Hego Euskal Herria para crear
un “movimiento ciudadano” permanente y fuerte en sus manifestaciones
contra el independentismo. Tras la aparente implantación inicial
del “lazo azul” y del “espíritu de Ermua”,
las aguas volvieron a su cauce con bastante rapidez, aunque ello no
indique la extinción de una base social reaccionaria y fascista,
que está ahí, a la espera de ser azuzada por el Estado
y lanzada como una jauría contra los derechos humanos elementales.
6.- MOVIMIENTOS POPULARES Y SOCIALISMO
20. El secreto último que explica la pervivencia
de los movimientos populares, las extremas dificultades de los “nuevos
movimientos sociales”, y los fracasos del poder para crear y mantener
sus propios “movimientos”, no es otro que el proyecto nacional
inserto en los movimientos populares, proyecto que palpita en su interior,
que se muestra de forma adaptada a sus necesidades, que vive en sus
luchas y que se enriquece en sus debates. Al tener un contenido popular,
esos movimientos están dentro del pueblo trabajador, son parte
del pueblo trabajador y muchos de sus participantes, la mayoría,
pertenecen a la clase trabajadora en general, a la clase obrera en particular
y a sus diversas fracciones internas. También los hay de la pequeña
burguesía vieja y nueva, de eso que llaman “clase media”,
autónomos, profesionales independientes, etc., pero en menor
medida.
20.1 Su inserción en el pueblo trabajador hace que estos movimientos
vivan en su interior las contradicciones objetivas e inevitables que
surgen de la explotación asalariada, de la dominación
patriarcal y de la opresión nacional, porque es el pueblo trabajador,
como síntesis que incluye a la clase trabajadora y a la clase
obrera, el que asumen sobre sí todas las formas de opresión,
dominación y explotación. Por tanto, estos movimientos,
a la fuerza, están dentro de una realidad estructural, total
e histórica de larga duración que es inseparable de la
evolución de las contradicciones del modo de producción
capitalista. Dicha realidad envolvente e interna es la realidad capitalista
que, en Euskal Herria, es también realidad de opresión
nacional y, en cuanto sistema patriarco-burgués, es realidad
de explotación global de la mujer.
20.2 La cohesión de estas instancias, o niveles o subsistemas
insertos en un sistema superior, en una totalidad que los integra y
dota de sentido, dicha cohesión genética viene impuesta
por algo tan obvio como es el hecho de que una minoría, la clase
dominante, es la poseedora de las fuerzas productivas, mientras que
la mayoría inmensa de la población, el pueblo trabajador,
no tiene otra propiedad que su fuerza de trabajo, habiendo sectores
que incluso ni eso: enfermos, jubilados, infancia, personas psicológica
y físicamente desechas por la explotación, etc., que deben
malvivir de las ridículas limosnas sociales y de las ayudas familiares
cuando las tienen.
20.3 Cada movimiento popular refleja y asume su parte correspondiente
de esta realidad opresora, y es el movimiento feminista el que más
las sufre porque la triple opresión, de sexo-género, nacional
y de clase, resume en sí misma la esencia histórica del
modo de producción capitalista. Por esto, el movimiento feminista
abertzale supone la más radical negación del orden material
y simbólico basado en la propiedad privada, ya que la mujer es
históricamente la primera propiedad privada, sobre la que luego
se levantó la nacional y la clasista. Las tres constituyen la
fuerza de trabajo humana a su vez inserta en las fuerzas productivas
que son propiedad privada de la burguesía. La mujer, los pueblos
oprimidos y las clases trabajadoras han de venderse, o aceptar su dominación,
el hecho de ser propiedad del capital, para poder sobrevivir.
20.4 Semejante realidad determina al resto de movimientos populares
pero en sus áreas específicas. Por ejemplo, la lucha por
la recuperación del euskara lleva en su interior la ruptura de
la dominación cultural extranjera, y a la vez de su poder socioeconómico
porque, en el capitalismo, lo lingüístico-cultural es una
fuerza productiva, un mercado y una mercancía. Pero no se pueden
superar ambas si no se conquista el poder político, la independencia
como pueblo soberano, con recursos legales que le garanticen que su
lengua no esté ni bajo los ataques políticos exteriores
ni bajo los ataques económicos del capitalismo. La mundialización
de la ley del valor lleva esta dinámica a sus extremos absolutos
ya que, además de acelerar la desaparición directa, material,
de las lenguas que carecen de poder sociopolítico y económico,
de Estado independiente en suma, entre ellas el euskara, también
lleva a la desaparición lenta pero imparable de las lenguas que
incluso teniendo esos poderes están en manos de una clase burguesa
mentalmente colonizada, que acepta la dictadura lingüístico-cultural,
científica, técnica, artística, etc., aplicada
por las potencias imperialistas también hegemónicas en
la producción científico-cultural y por tanto lingüística.
Lo peor de todo resulta cuando la burguesía está colonizada
mentalmente y además de carecer de Estado propio no sólo
no lucha por conseguirlo sino que apoya al Estado o Estados ocupantes
y colabora en la represión del independentismo en su propio pueblo.
En estos casos extremos, como es el de Euskal Herria en su conjunto,
el movimiento popular por la recuperación lingüística
es una pieza clave para el presente y el futuro como pueblo.
20.5 Podemos seguir analizando cómo el resto de movimientos populares
tienen en esencia el mismo contenido crítico e inasimilable por
el Estado en su fase actual, aunque en sus áreas de lucha. Por
ejemplo, la reivindicación de la Amnistía plantea en el
fondo el problema crucial de la definición de democracia: la
de las potencias ocupantes o la del pueblo ocupado. Miremos por donde
miremos, en situaciones de opresión nacional, la Amnistía
exige la solución práctica de la contradicción
inherente a la definición abstracta, metafísica e idealista
de democracia como una vaguedad vacía de contenido concreto,
separada totalmente de la opresión objetiva e histórica.
Por esto, la Amnistía cuestiona radicalmente todo lo emanado
de la denominada “transición”, incluido el amejoramiento
y la autonomía por lo que pone en el centro político la
urgencia de una auténtica solución democrática
que de la voz al pueblo.
20.6 Movimientos contra el TAV, contra la autovía Irurtzun-Andoain,
contra el pantano de Itoiz, contra las nucleares y otras “alternativas”
energéticas contaminantes, así como el ecologista, por
ejemplo, muestran en su conjunto una determinante visión de otra
Euskal Herria diferente al modelo desarrollista e hiperconsumista del
capitalismo, muestran también un modelo nacional endógeno
y autocentrado en algo tan decisivo como es su red de transportes. Aunque
algunas de estas luchas han concluido, sus lecciones quedan integradas
en la experiencia popular, en la teoría de otro modelo social
y en la mejora de las formas de autoorganización y de relaciones
con otros colectivos. Otras de estas luchas están creciendo,
como las citadas por una vivienda para la juventud, contra la precarización
de sus condiciones de trabajo, contra su empobrecimiento, contra las
drogas, etc.
20.7 La lucha contra las drogodependencias y lo relacionado con ellas
es más importante es más importante de lo que se cree
habitualmente. Por un lado y de forma inmediata, plantean una forma
de vida liberada de la esclavización psicofísica de las
drogas, lo que en el capitalismo actual es una necesidad imperiosa;
por otro lado, muestra las conexiones de los aparatos de Estado con
las drogas como arma de exterminio biológico de las fuerzas revolucionarias
y de sectores potencialmente combativos de las clases explotas, además
de su uso como sistema de control policial; y por último, saca
a la luz el papel del narcocapitalismo dentro de la economía
mundial, como medio de rápido enriquecimiento para una fracción
de la burguesía. Es tal la fusión entre droga, economía,
política y represión que, probablemente, en esta lucha
un descuido, una relajación en la intensidad, conllevan una rápida
recuperación del consumo en sus peores formas y con todas sus
nefastas consecuencias.
20.8 La independización de la drogodependencia va unida al inicio
de otra forma de vida, y en este sentido hay que analizar la creciente
implantación de formas de diversión, deporte y ocio no
mercantilizados, libres de la dependencia de la industria del deporte,
y que, como hemos visto arriba, recuperan en las actuales condiciones
antiguos deportes, fiestas y tradiciones vascas al borde de ser extinguidas
por el capitalismo y la opresión nacional. Se trata de la reivindicación
y de la práctica popular de otra manera de concebir la vida y
la fiesta, el ocio, las relaciones vecinales y colectivas, formas libres
del poder represor machista y de su violencia jerárquica, libre
de los dictados de las empresas mediáticas y comercial, de las
grandes finanzas, de la televisión y de sus retransmisiones,
etc. Quien no vea en esta tendencia al alza, boicoteada descaradamente
por un poder, una fuerza popular activa, es que está ciego.
20.9 El movimiento popular internacionalista es consustancial a la izquierda
independentista desde su origen. No se trata de que un “pequeño
y antiguo pueblo” necesite la ayuda de otros más grandes
y “modernos”, nada de esto. Sólo el internacionalismo
permite comprender la esencia del independentismo socialista en un mundo
dominado por el capitalismo, y a la inversa, sólo el independentismo
permite comprender la mundialización de las represiones imperialistas
y por tanto la urgencia del internacionalismo militante. Por el contrario,
el reformismo nunca es internacionalista en su pleno y radical sentido
porque no se puede predicar en el exterior lo que se combate en el interior,
en el propio pueblo. La experiencia de los colectivos que se dicen internacionalistas
y que, de un modo u otro, han surgido tras escindirse de la izquierda
abertzale así lo muestra: más pronto que tarde, en el
exterior se termina haciendo lo mismo que en el propio pueblo.
20.10 Por no extendernos, la existencia de una amplia red de medios
de concienciación y de prensa críticos, abertzales y democráticos,
con una legitimidad y credibilidad en el seno del pueblo trabajador
superiores a la prensa oficial, manipuladora y mentirosa, este logro
diario puesto siempre en peligro por los ataques del poder, es un producto
de los movimientos populares en su conjunto, además de otras
fuerzas en general. No debemos reducir estos medios a dos o tres diarios,
varias radios libres y revistas periódicas, sino a una larga
lista de medios de concienciación democrática y contrastable
que circulan en el seno del pueblos, en sus movimientos populares, organizaciones
de todo tipo, etc., lista de medios concienciadores basada en la acción
popular sistemática, en el voluntariado de miles de personas
autoorganizadas y que no reciben subvenciones de ningún tipo,
si no al contrario, toda clase de obstáculos y trabas.
21. Hemos visto la incompatibilidad de los movimientos populares con
el capitalismo con lo que su papel en la lucha por el socialismo aparece
clara e inequívocamente. Por ellos mismo aparece con absoluta
nitidez el contenido democrático del socialismo, su esencia de
intervención popular básica en cada uno y en todos los
problemas de su vida. Sin la acción directa de los movimientos
el socialismo derivaría casi al instante en una degeneración
burocrática, lo mismo que sucedería sin la acción
del movimiento obrero autoorganizado no sólo en sindicatos sociopolíticos
sino a la vez en la amplia experiencia de comités, asambleas,
consejos y soviets.
22. Cuando usamos aquí la palabra “democracia” lo
hacemos desde y para su contenido revolucionario, es decir, de la democracia
de las y los explotados. Una democracia que se ejerce primero y fundamentalmente
a nivel de calle, de trabajo, de estudio, de domicilio, de relaciones
personales, de afectividad y de placer, etc., y luego a nivel del parlamento
burgués, en áspera lucha permanente con la democracia
burguesa. Para entender esta división irreconciliable entre la
democracia socialista y la capitalista, hay que partir de la abrumadora
experiencia histórica que demuestra la naturalidad con la que
las oprimidas y oprimidos se autoorganizan en contrapoder sectorial,
en grupos que terminan dando el salto a movimientos populares que, al
crecer y fortalecerse, pueden llegar a ser auténticos dobles
poderes en sus reivindicaciones. Por ejemplo, el movimiento antinuclear
fue un doble poder fáctico, no reconocido de jure, pero material,
tan material que se impuso al poder material del Estado y de la burguesía.
Y podemos seguir con otros muchos ejemplos que muestran la tendencia
al alzar de la dinámica que se inicia en el contrapoder y avanza
hasta ser un doble poder en lo que concierne a sus reivindicaciones.
23. La democracia socialista existe embrionariamente como tal sólo
cuando aparece como un contrapoder, el que fuera. La brillante inteligencia
de un reaccionario como Bismarck comprendió bien pronto que la
socialismo latía embrionariamente en una simple huelga obrera
no controlada por el reformismo. Y la democracia socialista palpita
en las libres decisiones de una asamblea de vecinos en su lucha contra
la especulación inmobiliaria, por ejemplo; o en las huelgas estudiantiles
contra la privatización de la enseñanza; o en los actos
contra la tortura y el terrorismo en cualquiera de sus formas, desde
el patriarcal y el empresarial hasta el estatal. La democracia socialista
da un salto de lo latente a lo palpable cuando obliga al poder a entrar
en negociaciones que antes éste había rechazado con indignada
brutalidad represiva. Por el contrario, la democracia burguesa demuestra
su esencia dictatorial cuando decide sin la mínima consulta al
pueblo trabajador, despilfarrar centenares de miles de millones de euros,
dólares y otras monedas en taponar las brechas de la crisis financiera
provocada por el egoísmo criminal de una infinitesimal parte
de la población: la fracción financiera de la clase burguesa.
24. En el avance, la democracia socialista debe asumir las luchas y
las reivindicaciones de los movimientos populares y debe a la vez, llevarlas
a la acción en un nivel preciso, el parlamentario, en cuanto
un instrumento más, pero no el decisivo, del proceso de liberación.
Una izquierda que se diga socialista pero que no representa ni defiende
en el parlamento burgués a los movimientos populares, a sus movilizaciones
y métodos, no es izquierda sino reformismo charlatán.
De hecho, el llamado “programa socialista” debe ser también
la síntesis de los programas elaborados por los movimientos a
lo largo de su experiencia, errores y aciertos. Esta y no otra es la
experiencia histórica incluso antes de la aparición del
movimiento socialista.
25. La interacción entre movimientos populares y democracia socialista
está siempre inserta en la globalidad de la lucha de clases e
independentista, es parte de esa lucha que no cesa nunca, que se muestra
de mil modos y maneras. Además, la lucha de clases específicamente
obrera y trabajadora, la que se libra en el obrero y el patrón,
que sólo es parte de una lucha de clases e independentista mucho
más amplia, se conecta a diario con la democracia socialista
embrionaria que practican los movimientos populares. Las formas de conexión
son inagotables porque son la vida misma, y crecen en la medida en que
los obreros en el sentido tradicional de la palabra, empiezan a integrarse
con las luchas de los movimientos y porque los movimientos reivindican
derechos vitales para el pueblo trabajador en su conjunto. Un ejemplo
de lo dicho lo tenemos en que el sindicalismo reformista y burocrático,
estatalista, rechaza simultáneamente cualquier colaboración
con los movimientos populares, acepta incondicionalmente el marco constitucional
y se opone a todo avance democrático.
7.- MOVIMIENTOS POPULARES Y CRISIS CAPITALISTA
26. Los movimientos populares han sufrido los altibajos
socioeconómicos de una forma algo diferente a la del movimiento
obrero, pero siempre dentro de los grandes impactos positivos o negativos
inevitables al conjunto de las clases explotadas. La razón de
dicha diferencia no esencial radica en que los movimientos populares
tienen unas posibilidades más reducidas de independencia económica
que las que tiene el movimiento obrero mediante los sindicatos y otros
recursos como prestaciones sociales, etc. Al sufrir una mayor indefensión
económica, los movimientos están más sujetos a
los vaivenes de las fases de expansión y contracción,
de crisis en suma, del capitalismo. No ocurre tanto con la mayoría
de los “nuevos movimientos sociales”, de las ONGs, etc.,
pues al estar integradas en la lógica del sistema, al que no
combaten radicalmente, sí tienen más posibilidades de
seguir recibiendo subvenciones, muy especialmente cuando son directos
y fuertes sus lazos con los partidos del orden, con las instituciones
y con el Estado. No se puede comparar, por ejemplo, los sacrificios
voluntarios que debe asumir el movimiento a favor de la Amnistía
y de los derechos de prisioneras y prisioneros, con la abundancia de
recursos oficiales que protege a “movimientos ciudadanos”
creados por el poder.
27. Pero también están sujetos los movimientos populares
a los vaivenes sociopolíticos, a los cambios buenos o malos,
o peores, de los derechos democráticos que tienden a la baja,
a la restricción. También hay aquí algunas diferencias
formales, por ahora, con respecto al movimiento obrero ya que si bien
se están restringiendo lentamente en la vida laboral, como menos
tiempo para realizar asambleas en horas de trabajo, o su total supresión,
etc., todavía no se ha llegado a la ilegalización pura
y dura de sindicatos sociopolíticos, de liberación nacional.
Los vaivenes ideológicos inciden también de modo diferente
en el movimiento obrero y en el popular porque el mundo del trabajo
abarca a un tiempo asalariado obligado, mientras que la participación
en los movimientos populares es voluntaria, motivada por razones de
conciencia y no por obligatoriedad de supervivencia.
28. Cuando estalla la crisis económica, tanto el movimiento obrero
como el popular sufren los efectos de las congelaciones y reducciones
salariales, los efectos de la política de austeridad, los recortes
en la ayuda pública y de las prestaciones sociales etc. Pero
a estas consecuencias negativas comunes, el movimiento popular debe
sumar un ataque añadido: la reducción de las muy escasas
subvenciones públicas, si es que existían. Por ejemplo,
el movimiento euskaltzale en Nafarroa viene sufriendo un sistemático
recorte que las pocas ayudas recibidas que ahora, con la excusa de la
crisis, se está endureciendo todavía más.
29. Básicamente, el capitalismo tiene dos formas para intentar
salir de la crisis que él mismo provoca. Una es la denominada
“keynesiana”, pero que se ha aplicado en esencia con antelación
a Keynes y que puede presentar muchas formas diferentes, y que consiste
en, por un lado, que el Estado invierta capitales en aquellas industrias
que reactivan la producción, que reinician los pedidos industriales,
que exigen puestos de trabajo, etc. Otra es la restricción de
las inversiones públicas al máximo, excepto para represión
interior y defensa exterior, de modo que el sistema se recupere por
sí mismo a costa de enormes sacrificios. Pero en ambas tácticas,
el Estado siempre apoya a la fracción burguesa más poderosa,
en contra de las más débiles, y a toda la clase dominante
contra las luchas de las masas explotadas. En las dos el pueblo trabajador
paga los efectos de la crisis de forma inevitable, aunque la primera,
la keynesiana, quiere aparentar una mayor “justicia social”
mientras que la segunda, la neoliberal, es más directa en las
restricciones de los derechos. Pero el keynesianismo ha sido magnificado
por la socialdemocracia, ocultando su realidad de sistema explotador,
bastante más duro en la práctica histórica de lo
que dice la propaganda reformista.
30 Existe un denominador común a estas dos tácticas, y
es que, en última instancia, los beneficios sólo surgen
de la venta de mercancías, y éstas sólo surgen
de la fuerza de trabajo, es decir, de la explotación de la clase
trabajadora. Por tanto, al final, para salir de la crisis no hay otro
remedio que aumentar esa explotación. Un ejemplo lo tenemos en
la denominada táctica “socioliberal” que pretende
quedarse con lo “bueno” de ambas rechazando lo “malo”.
No hace falta decir que esta visión mecanicista es totalmente
falsa e ilusoria, tramposa, como se ha demostrando en la práctica
allí donde la socialdemocracia la ha aplicado: siempre, en todas
partes, con esta “solución”, la clase burguesa ha
seguido acaparando más propiedad privada mientras que el pueblo
trabajador ha ido perdiendo salario real y poder adquisitivo, es decir,
empobreciéndose de forma relativa o absoluta.
31. Ahora bien, las restricciones de derechos, el empeoramiento de las
condiciones de vida más allá de un límite socialmente
establecido, el aumento del malestar psicosomático, etc., tarde
o temprano terminan provocando la reaparición de las protestas
si éstas habían desaparecido anteriormente, cosa que ocurre
tras dictaduras sanguinarias que arrasan con el terrorismo y la tortura
casi toda resistencia organizada. En los conflictos sociales no es cierto
que el tiempo lo cure todo, sino que el tiempo reaviva las luchas conforme
las contradicciones se agudizan y las condiciones sociales empeoran.
Por si fuera poco, lo que ahora ocurre es que los previsibles efectos
negativos de la crisis se suman a un deterioro paulatino anterior. Por
lo general, las consecuencias negativas de las crisis se perciben con
bastante rapidez, se dispara el aumento del paro, los cierres de empresas,
las caídas salariales, se multiplica el empobrecimiento, etc.
Si con anterioridad a la crisis, el pueblo trabajador disponía
de una reserva económica, de unos ahorros, los efectos tardaban
más tiempo en hacerse notar. Ahora, tras una década de
dinero barato, de préstamos fáciles, de consumo desbocado,
las deudas son enormes y los ahorros muy pequeños, no habiendo
apenas reservas.
32. Los movimientos populares se enfrentan a una situación doble
ya que, por un lado y como hemos dicho, sufrirán los efectos
de la política burguesa pero, por otro lado, se verán
en mejores condiciones para desarrollar su tarea y para ampliar sus
áreas de acción. En la situación vasca, el fortalecimiento
del Estado español mediante la claudicación de UPN y PNV
ante el PSOE sólo puede acarrear un corte aún más
severo de las ya muy reducidas posibilidades de acción de los
movimientos. Tal restricción coincidirá con un progresivo
aumento del malestar social, malestar que empezará siendo difuso
e impreciso, racionalizado luego en base a argumentos reformistas, autonomistas
e interclasistas, pero una parte de ese malestar irá tomando
conciencia política y nacional vasca. Que este proceso sea mayo
y más rápido dependerá de varios factores, siendo
uno de ellos el de la capacidad de los movimientos populares para extenderlo
e intensificarlo.
33. Asumiendo que todavía estamos en el comienzo de la crisis,
que muy probablemente ésta sea de una gravedad y profundidad
desconocidas desde hace muchos decenios, que también es muy probable
que la crisis socioeconómica se agrave al fusionarse con la crisis
medioambiental a escala planetaria, que estos y otros factores en los
que no podemos extendernos terminen haciendo fracasar las promesas de
un neokeynesianismo y propicien un endurecimiento represivo, militarista
y belicista, asumiendo con realismo cauto estas tendencias fuertes y
moviéndonos siempre en la realidad vasca, podemos aventurar una
de serie de restos y pruebas que pueden presionar muy fuertemente a
los movimientos populares desde el inmediato futuro:
33.1 El movimiento feminista, decisivo por su cuantía y especialmente
por su centralidad única que hace que esté presente en
el interior de absolutamente todas las realidades, está viendo
ya cómo empeoran las condiciones de vida y trabajo de las mujeres,
cómo se envalentona el sistema patriarco-burgués, cómo
aumentan los índices de desigualdad, cómo disminuye la
poca independencia económica de la mujer que tiene un trabajo
asalariado, etc. Pero si este futuro ya presente es muy inquietante,
tanto más empeora cuando vemos cómo le afecta la opresión
nacional. En la medida en que los Estados español y francés
refuerzan su poder imperialista, restringen los derechos de las naciones
que oprimen y cargan sobre ellas --y contra ellas-- buena parte de la
política anticrisis, en esta medida son y serán las mujeres
de las naciones oprimidas las que sufran una multiplicación correspondiente
de las cargas y obligaciones añadidas.
33.2 El movimiento euskaltzale está ya padeciendo el aumento
de los recortes en Nafarroa y la política francesa en Iparralde,
pero en todos estos lugares y también en el trocito de la CAV
prestado por la monarquía española a los colaboracionistas
vascos, la situación general se verá presionada por la
objetividad de las medidas anticrisis, sobre todo al sumarse el empobrecimiento
popular y el recorte aún mayor de las ya muy reducidas ayudas
públicas, allí en donde siguen recibiéndose. Además
de esto, otro riesgo probables es la extensión de la creencia
de que el euskara no debe tener el mismo valor que otras lenguas más
“modernas” y “eficaces” a la hora de buscar
trabajo asalariado porque, con la excusa de la crisis, lo fundamental
es aumentar la productividad del trabajo, aumentar el rendimiento y
las mejoras tecnológicas, lo que exige, “como todo dios
sabe” el dominio de “lenguas científicas”,
como el inglés, el alemán y cada vez más el chino
y el ruso, etc. Esta tesis ha existido desde el siglo XIX y ha sido
reforzada periódicamente por el nacionalismo francés y
español, y en la actualidad está reforzada por las cesiones
del gobiernillo vascongado en la CAV.
33.3 El movimiento antirrepresivo se encuentra frente a un ataque sin
precedentes a las libertades democráticas, ataque que ha llegado
ya a la recuperar disciplinas punitivas esclavistas y medievales pero
con las tecnologías más modernas como son los proyectos
de poner grilletes electrónicos a las ex prisioneras y ex prisioneros
que han cumplido su condena, por citar una parte. Se trata de la vuelta
a los grupos segregados de la sociedad, criminalizados y vigilados permanentemente,
como en su tiempo eran los esclavos especialmente rebeldes, los leprosos,
enfermos, gitanos, agotes, etc. Pero si bien esta nueva escala es grave,
lo decisivo es la tendencia general de aumento del control, vigilancia
y represión que recorre todo el capitalismo mundial, y que se
agudizará más con la crisis. Sobre esta tendencia objetiva,
que sirve como excusa normalizadora, los Estados español y francés
así como los subpoderes regionalistas y autonomistas amplían
sus propias medidas de coerción. El movimiento antirrepresivo,
por tanto, está cobrando una importancia mayor como garante de
las libertades democráticas básicas.
33.4 Un conjunto de movimientos que van a adquirir mayor importancia
debido a la crisis es el que se lucha por la calidad de vida psicosomática
del pueblo trabajador, contra las drogas en todas sus formas dañinas,
contra las ludopatías y, en síntesis, contra los efectos
negativos inevitables que las crisis profundas generan en las personas
angustiadas por su inseguridad vital, por su precarización existencial,
por sus deudas y empobrecimiento, por su presente y por el futuro de
sus familiares y personas queridas, etc. Es innegable que cuanta más
crisis global, se producen más desgaste psicosomático,
más dependencias subconscientes e irracionales, más intentos
de encontrar consuelo y paliativos en drogas legales e ilegales, más
reacciones tensas y agresivas, más violencia cotidiana contra
las personas explotadas en la privacidad cotidiana, en la familia, en
las relaciones laborales, etc. El empobrecimiento, además, fuerza
a que estás funestas “alternativas” sean de menor
“calidad” que otras porque se busca por lo general productos
más baratos, como peores alcoholes y drogas ilegales o legalizadas,
formas de diversión más concentradas en el tiempo y en
el espacio como los botellones, prostitución menos controlada
sanitariamente, por citar algunos ejemplos.
33.5 Pero otro conjunto de movimientos relativamente nuevos y ya vistos,
como son todos los relacionados con formas de vida, ocio y cotidianeidad
alternativas a las burguesas, desde el deporte popular hasta otras formas
de diversión en barrios, etc., estos movimientos que han crecido
facilitados en parte de los años de “bonanza económica”,
que ya han concluido, éstos sí que sufrirán un
fortísimo ataque por parte de las instituciones y de los anunciantes
privados. Si las primeras ya miraban antes con lupa el contenido de
esos actos para encontrar cualquier excusa que impidiera concederles
mínimas ayudas, ahora se va ha cerrar más la soga económica,
del mismo modo que las pocas pequeñas y medianas empresas locales
que sufragan alguna parte de los gastos populares restringirán
o anularán tales apoyos. También aquí, como en
todo, la opresión nacional estructura internamente esta realidad
compleja como lo estamos sufriendo ahora mismo cuando el gobiernillo
vascongado ha retrocedido en algo tan decisivo en la simbología
nacional vasca como es retirar el nombre de Euskal Herria de la selección
nacional vasca de fútbol imponiendo el de “Euzkadi”.
Lo peor de todo esto es que es en períodos de crisis larga cuando
más necesario es desarrollar políticas populares de fiestas
y formas de diversión colectiva que desarrollen conciencias positivas,
críticas, creativas y alegres para reforzar la lucha contra los
efectos negativos arriba descritos.
33.6 Hace varios meses, nada más surgir a la prensa la noticia
sobre una crisis que, en realidad, venía creciendo desde hacía
más de un año, empezaron a divulgarse propuestas sobre
la necesidad de “realismo” con respecto a los planes de
Kyoto, de reducir los gastos en depuración y anticontaminación,
etc., y sobre todo, incluso con anterioridad, con la escasez energética,
de volver a la energía nuclear pero “controlada”.
El desarrollismo y la incitación al consumismo compulsivo se
van a incrementar aludiendo a la urgencia de la reactivación
económica. Por ejemplo, la irracionalidad del TAV va a ser todavía
más ocultada diciendo que es imprescindible para mantener y aumentar
los puestos de trabajo, para activar la industria, para reducir costos
energéticos, etc. Si esto es en los grandes problemas, en los
pequeños y más difíciles de divulgar al pueblo,
la avaricia empresarial pretenderá zafarse de todo control medioambiental
por pequeño que sea. Del mismo modo que la burguesía no
se preocupa por el número de trabajadoras y trabajadores que
asesina en sus empresas, menos aún se va a preocupar por cumplir
las ridículas leyes anticontaminantes que existen.
33.7 La crisis económica ya mundial porque los últimos
datos indican un deterioro significativo en la economía china,
otro retroceso aún más grave en las Américas, por
no hablar de África. Se está produciendo una toma de conciencia
en muchos pueblos del planeta, además de la ya existente con
anterioridad, así como se acelera el acercamiento entre China,
Rusia, Brasil, India… para hacer frente al imperialismo occidental,
al japonés y a los monopolios transnacionales. En estas condiciones
que van para largo, el movimiento internacionalista vasco tiene restos
decisivos ya que, por un lado, el imperialismo español y francés
va esforzarse lo máximo para saquear a otros continentes; por
otro lado, la burguesía vasca va a apoyar decididamente a ambos
imperialismos; además, en la medida en que la lucha contra el
racismo también es parte de la solidaridad internacionalista,
este movimiento ha de enfrentarse al crecimiento del racismo inseparable
de toda crisis, y por último, al aumentar las luchas mundiales,
este movimiento ha de realizar una tarea bifronte: aprender de las luchas
exteriores para acelerar nuestra liberación, y a la vez, estrechar
los lazos con los pueblos para desarrollar la ayuda mutua.
33.8 Por concluir este punto, no podemos dejar sin citar al movimiento
de una prensa crítica, libre y concienciadora, movimiento básico
en cualquier sociedad pero más en donde se sufre opresión
nacional. Como al resto de movimientos, la creciente pobreza relativa
y la aparición de la pobreza absoluta en ciertas áreas
sociales, golpeará con mucha fuerza a la prensa libre, que depende
prácticamente del voluntariado y hasta del esfuerzo consciente
de decenas de miles de personas. Una gran cantidad de pequeños
medios concienciadores basados en la acción de grupos y colectivos
locales, de movimientos sociales y sobre todo de los movimientos populares,
de sindicatos y partidos revolucionarios, esta amplia y muy diversificada
red concienciadora, sentirá, ya está sintiéndolo,
cómo presiona un poco más la tenaza formada por el acoso
económico y el acoso político.
8.- PERSPECTIVAS DE FUTURO
34. Nos desborda el intento de valorar aquí
en su justo alcance la situación que se abre para los movimientos
ya que, por un lado, empeoran las condiciones objetivas pero, por otro
lado, aumentan las condiciones para una creciente concienciación
subjetiva precisamente por lo anterior. Nos desborda por dos motivos,
el primero y fundamental porque deben ser los propios movimientos los
que hagan esa tarea ya que nadie mejor que ellos para realizarlo en
base a su propia experiencia; y el segundo porque todavía está
por llegar lo peor de la crisis y por tanto de sus efectos negativos
y, dialécticamente, de las vías concienciadoras que abren.
Este segundo punto no significa que haya que esperar a que la crisis
esté al máximo para realizar el estudio. Al contrario,
hay que empezar cuantos antes porque las fuerzas que tengamos en un
futuro serán mayores, más formadas y organizadas, si para
entonces disponemos de las herramientas básicas. Esperar es suicida
porque el tiempo nunca es neutral, casi siempre es un instrumento del
poder.
35. Sí debemos acabar esta aportación intentando ayudar
con cinco consideraciones sobre las vías de acumulación
de fuerzas que se abren con la crisis y que recorren a la totalidad
de los movimientos populares. La primera consideración se refiere
al arraigo y consistencia que han demostrado los movimientos a pesar
de los vaivenes y altibajos inevitables. Este punto es crucial en los
períodos de crisis porque la experiencia teórica y práctica
acumulada, el prestigio popular alcanzado, etc., no son solamente garantías,
avales, para el futuro, sino fuerza material y eficacia práctica
cuando hay que responder a las nuevas urgencias, a las muchas preguntas
e interrogantes que aparecen con la crisis. Un ejemplo de lo que estamos
diciendo es, sin ir muy lejos, estas jornadas de reflexión colectiva.
No tenemos minimizar los logros organizativos, las victorias conseguidas,
las lecciones obtenidas. La autocrítica siempre es necesaria,
pero el masoquismo es negativo.
35.1 La segunda consideración hace referencia a la experiencia
global del pueblos trabajador vasco en su conjunto adquirida durante
los setenta años transcurridos desde que empezaron a intuirse
los primeros indicios de lo que sería el movimiento popular al
cabo de los decenios, con muchos problemas, de forma fugaz y renqueante
hasta sumergirse en el subsuelo de la cotidianeidad y de la memoria
colectivas, para emerger más tarde a la acción en pleno
franquismo. La memoria popular vasca está hoy viva, con sus lecciones
y logros, en varias decenas miles de personas que durante lustros construyeron
las bases de los actuales movimientos, aunque ahora no militen en ellos
por edad o por otras razones. No tenemos que minimizar la influencia
de esta memoria en la capacidad de respuesta a los nuevos retos provocados
por la crisis.
35.2 La tercera consideración hace referencia a la estructura
del capitalismo en nuestra tierra, a su naturaleza esencialmente antivasca
por cuanto necesita, para sobrevivir, de la protección del capitalismo
español y francés. El capitalismo vasco ha tenido y tiene
dos grandes fuerzas impulsoras, que desde una perspectiva histórica
de medio y largo plazo han funcionado en estrecha interconexión:
por un lado, el impulso endógeno, el desarrollado por la burguesía
autóctona; por otro lado, el impulso exógeno, fundamentalmente
las fuerzas militares, los ejércitos español y francés,
sin los cuales el capitalismo vasco hubiera corrido una suerte muy diferente
al actual. Pues bien, pese a sus diversos niveles, tanto el movimiento
obrero como el feminista y el popular, además de los movimientos
sociales no reformistas, son los enemigos a batir por el capitalismo
por cuanto forman el pueblo trabajador en su globalidad, la mayoría
inmensa de la nación vasca, mayoría que depende directa
o indirecta de su fuerza de trabajo para sobrevivir. Por tanto, el movimiento
popular no está ni solo ni aislado, al contrario, es parte esencial
de una totalidad irreconciliable con el capitalismo y con la opresión
nacional unida a este modo de producción.
35.3 La cuarta consideración hace referencia a la fuerza de la
unión, es decir, del mismo modo en el movimiento popular es una
parte del pueblo trabajador, lo que amplia su fuerza, de igual modo,
cualquier movimiento particular por pequeño que sea o al margen
de una situación transitoria de debilidad que pueda sufrir, en
realidad es parte del movimiento popular en su conjunto. La fuerza de
la unión consiste en que, a pesar de sus diferencias formales,
los movimientos pueden y deben buscar las formas de apoyarse mutuamente
en las campañas, informando de otras luchas, mostrando la unidad
de fondo, el hecho innegable de que las medidas capitalistas para salir
de la crisis afectan negativamente a la totalidad del movimiento popular
vasco por atacan al pueblo, a Euskal Herria. Demostrar en la acción
esta unidad subterránea cohesionadora permite dotar de sentido
nacional a las reivindicaciones puntuales de cada movimiento como parte
de una totalidad superior.
35.4 La quinta y última consideración es la síntesis
de las anteriores expresada en puridad radical: el futuro del movimiento
popular vasco de su capacidad de aportar con sus avances democráticos
básicos en el contexto durísimo forzado por la crisis
capitalista que se extiende como un cáncer destructor, tanto,
en un primer momento, a la resolución del conflicto violento
que se libra a consecuencia de la opresión que padece nuestro
pueblo, como, en un segundo momento, al avance de la construcción
nacional hacia la independencia y el socialismo.
36. Pero nada de todo lo aquí visto tendría sentido si
no se inserta en el proceso de creación de una República
Socialista Vasca que sea la forma legal e institucional de un Estado
obrero independiente.
EUSKAL HERRIA
19/11/2008