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La importancia de la "democracia politica" en el pensamiento de S. Allende


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Juan Carlos Gómez Leyton

En la década de los años ochenta, en plena dictadura militar, un grupo de cientistas sociales que integrábamos el Área de Estudios Históricos del Instituto de Estudios Contemporáneos (IEC) nos propusimos, bajo la coordinación del historiador Patricio Quiroga, recuperar para la memoria histórica y política de la sociedad popular chilena, el pensamiento y obra de Salvador Allende, a través de la recopilación de sus escritos y discursos realizados a lo largo de su carrera política. Luego de dos años de intenso trabajo de recopilación, el IEC y Ediciones LAR, presentamos en marzo de 1988, el primer volumen de las Obras Escogidas de Salvador Allende Gossens, 1933-1948. El camino hacia la identidad. Por tanto, este año se cumplen 20 años de la publicación de ese volumen, que tiene la particularidad de haber sido la primera sistematización de la obra escrita y del pensamiento de Salvador Allende, realizada en Chile post1973.
En la introducción del volumen de 1988, presentábamos a través de la pluma de Patricio Quiroga a Salvador Allende como un “hombre del siglo XX, padre del hombre del siglo XXI”. Hoy que estamos iniciando la conmemoración de los 100 años de su natalicio nos podríamos interrogar: si esta autodefinición de Salvador Allende de verse como el “padre del hombre del siglo XXI”, a 35 años de su trágica y heroica muerte y a 100 años de su natalicio, es efectiva. En otras palabras, lo que quiero plantear es: la pregunta por la vigencia y actualidad del pensamiento político de Salvador Allende en Chile y, sobre todo, en América Latina.
En verdad, esta interrogante es bastante compleja y difícil de ser resuelta en una exposición de algunos minutos. Es más bien una tarea que debería ser abordada por las nuevas generaciones de cientistas sociales y sobre todo, por los intelectuales de la izquierda latinoamericana y chilena. Pues, muchos de los planteamientos formulados por Salvador Allende poseen una extraordinaria y sorprendente actualidad. Fundamentalmente, porque las problemáticas sociales, políticas y económicas de las sociedades latinoamericanas continúan siendo las mismas que conoció Salvador Allende. Incluso podríamos sostener que estas se han visto profundizada y agravadas por la acción de los actuales procesos sociales y políticos que ha implicado la nueva división internacional del trabajo impuesta por la “globalización o mundialización” de la dominación capitalista.
Indudablemente, que muchos de los planteamientos que realizara Salvador Allende a lo largo de su vida política, que podríamos fijar entre los años 1926 y 1973, o sea, durante 47 años de una intensa y prolifera actividad política ininterrumpida, han sido superados por la historia y su devenir. Hay otros que mantienen su vigencia y constituyen una clara orientación política para enfrentar los desafíos del presente. Por consiguiente para poder establecer cuáles aspectos del pensamiento como de la obra del Presidente Allende trascienden hasta hoy; debemos, necesariamente, adentrarnos en el estudio sistemático de ese vasto, amplio y profundo mar de ideas que constituye el pensamiento de Salvador Allende. Lo más seguro que allí descubriremos que determinadas temáticas o problemáticas que hoy están presente en la sociedad latinoamericana, fueron abordadas por Salvador Allende.
En ese sentido, pienso, que una de las cuestiones trascendentes del pensamiento como de la acción política de Salvador Allende esta relacionado con el tema de la democracia y su relación con la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista en perspectiva de la construcción del socialismo.
Hoy en América Latina como también en Chile la democracia, a pesar de su instalación en los años ochenta, sigue siendo un tema pendiente. Como es sabido y conocido, el tipo de régimen político democrático que reemplazo a las dictaduras militares de la seguridad nacional y de la reestructuración capitalista neoliberal atraviesan actualmente por diversos problemas. La crisis de la democracia neoliberal ha impulsado en algunas sociedades latinoamericanas la construcción de un nuevo tipo de régimen político democrático que de cuenta de los principales problemas sociales, políticos, económicos y culturales de la región.
Cuando revisamos el pensamiento político de Salvador Allende podemos constar que la noción de democracia, en cuanto régimen político, ocupaba un lugar destacado y fundamental en su ideario socialista. Democracia y Socialismo constituían en el pensamiento político allendista un binomio conceptual teórico y practico, o sea, histórico, inseparable.
Por esa razón, podemos sostener la hipótesis de: que Allende concebía la construcción del socialismo sin necesidad de suspender o eliminar la vigencia de la democracia liberal representativa. Pienso, que esta particular forma de entender la construcción del socialismo colocaba a la democracia liberal y sus formas e instituciones como un mecanismo idóneo para avanzar hacia el socialismo. Es decir, Allende veía en la extensión y profundización de la democracia representativa y sus libertades asociadas un camino de emancipación y liberación de los pueblos de la dominación capitalista. Ello explica que Salvador Allende rechazara, de manera tajante y categórica, la idea de que para llegar al socialismo había que abolir la democracia, todo lo contrario, la democracia, aunque burguesa o liberal, era una condición de posibilidad del socialismo.
Así lo sostuvo en su discurso del 5 de noviembre de 1970, refiriéndose a la vía que utilizaría para la construcción del socialismo o para realizar las transformaciones revolucionaras que condujeran al socialismo, dijo: “Nuestro camino será aquel construido a lo largo de nuestra experiencia, el consagrado por el pueblo en las elecciones, el señalado en el Programa de la Unidad Popular: El camino al socialismo en democracia, en pluralismo y en libertad”.
Esta posición la ratifico en su primer discurso al Parlamento, el 21 de mayo de 1971, cuando sostiene: “las libertades políticas son una conquista del pueblo en el penoso camino por su emancipación. Son parte de lo que hay de positivo en el período histórico que dejamos atrás, Y, por lo tanto, deben permanecer”. Luego agregaba, “nuestro respeto por la libertad de conciencia y todos los credos”. Y, concluía en este punto, que no “seríamos revolucionarios si nos limitáramos a mantener las libertades políticas. El Gobierno de la Unidad Popular fortalecerá las libertades políticas. No basta con proclamarlas verbalmente, porque son entonces frustración o burla. Las haremos reales, tangibles y concretas, ejercitables en la medida que conquistemos la libertad económica.”
Allende, en su profunda convicción democrática aceptaba la existencia de la oposición política como una dimensión de las libertades políticas, decía, “reconociendo a la oposición las libertades políticas y ajustando su actuación dentro de los límites institucionales” o sea, en otras palabras, estaba planteando que la existencia y respeto al Estado de Derecho democrático, no como un simple compromiso formal, sino como un reconocimiento explícito a que el principio de legalidad y el orden institucional son consustanciales a un régimen socialista.
Para Salvador Allende sin democracia política, que él identifica con las libertades políticas, las elecciones regulares, la existencia de una oposición, la pluralidad política, o sea, en términos dahlianos, sin la existencia de una poliarquía, no es posible avanzar en la conquista de las libertades sociales, y, sobre todo, fundamental, para establecer, la igualdad económica. Para avanzar en la construcción de la democracia social y económica Allende consideraba que había que quebrar las barreras que impiden su implementación. Una de las principales barreras que se levantan en las sociedades capitalistas impiden la instalación de las libertades sociales y la igualdad económica, lo constituye la existencia de la propiedad privada de los medios de producción. Ello explica la importancia estrategia que Allende otorgaba a “la construcción del área de propiedad social”, constituyó uno de los grandes objetivos de su gobierno. “La incorporación a ella, sostenía, de la mayor parte de nuestras riquezas básicas, del sistema bancario, del latifundio, de la mayor parte de nuestro comercio exterior, de los monopolios industriales y de distribución, es una tarea que el gobierno popular debe profundizar. Por tanto, instaurar el socialismo significa, explicaba, reemplazar el modo de producción capitalista mediante un cambio cualitativo de las relaciones de propiedad y una redefinición de las relaciones de producción”. Se trataba de expandir la democracia hacia aquel derecho que la dominación capitalista no permitía su democratización, el derecho a la propiedad.
En ese contexto, la construcción del área de propiedad social tiene un significado humano, político, económico, democrático. Al incorporar a grandes sectores a un sistema de propiedad colectiva, se pone fin a la explotación del trabajador, pues, se democratiza la distribución de la riqueza generada de manera igualitaria, con ello, Allende pensaba que se creaba un hondo sentimiento de solidaridad, lo cual permite que el trabajo y el esfuerzo de cada uno formen parte del trabajo y del esfuerzo comunes, o sea, colectivo. Esto es socialismo democrático.
La ampliación de los derechos como de las libertades sociales y económicas estaban directamente relacionadas con la constitución de una propiedad social y colectiva. En ese sentido, Allende era heredero del pensamiento socialista chileno de comienzos del siglo XX. Recordemos que Luís Emilio Recabarren en su proyecto constitucional donde planteaba la instauración de la República Federal Socialista pasaba, fundamentalmente, por liquidar la propiedad privada e instaurar la propiedad social colectiva. En ese sentido, Allende tenía una clara concepción anticapitalista. Pero no anti-democrática.
La nación de democracia manejada por Allende esta estrechamente vinculada a la noción socialismo. De allí que podríamos sostener, y en esto no hay nada inédito, que para Allende el socialismo era una forma superior de democracia, pero no su negación. Así lo manifiesta con entusiasmo desbordante en su discurso del 4 de noviembre de 1971, al sostener que durante su primer año de gobierno, se ha afianzado, ampliado y hecho concreta la libertad. Con qué satisfacción puedo decir que en este país hay una auténtica democracia. Aquí no hay un solo preso político, pese que algunos que abusan de la libertad y merecerían estar en la cárcel…no hay ningún estudiante universitario detenido. Aquí se respeta la autonomía universitaria, no hay una sola revista clausurada, e incluso, señala que desde el 4 de septiembre de se han creado dos o tres diarios y cinco o seis revistas. Lo que esta reflejando la total libertad de expresión, de reunión, y la totalidad de las libertades políticas y cívicas que suponen la existencia de una democracia. Ninguno de los gobiernos concertacionistas en poder desde 1990 podría sostener lo mismo en estos últimos de 17 años de democracia neoliberal.
Para Allende la mantención y conservación de manera activa los mecanismos democráticos constituía la mejor forma de defender el proceso transformación revolucionaria en marcha. La revolución socialista se defendía con democracia.
El modelo de democracia que Allende propiciaba es el que hoy en día se conoce como la democracia social participativa. En diversos pasajes de sus discursos, especialmente, aquellos que se ubican temporalmente en el período 1970-1973, la apelación constante a la conformación de un poder popular, de la activa participación social ciudadana a nivel local, al control de la gestión pública y política de la autoridades por parte de los trabajadores y de los sectores populares en general, esta indicando o señalando que el pensamiento y la acción política allendista realizada durante su gobierno anticipa: la combinación entre la democracia directa/participativa y las instituciones de la democracia liberal representativa. Allí la actualidad y trascendencia no sólo del pensamiento político allendista sino de su praxis política.
Tengamos presente que la democracia directa/participativa la podemos definir como la forma política en que cada miembro de la comunidad política, o sea, las y los ciudadanos asumen la responsabilidad de ser gobierno y que cada día deben tomar decisiones gubernamentales. Allende en diversas ocasiones señalo a los sectores populares que ellos eran responsables directos del gobierno popular: en una oportunidad señalo que los chilenos deben ser protagonistas de la transformación de la sociedad y cada uno debe compenetrarse responsablemente con la tarea común de hacer de la sociedad chilena una sociedad socialista democrática. Ello sólo es posible a través de la activa “participación popular”. “Cada habitante de Chile, señala el discurso de 5 de noviembre de 1970, de cualquier edad, tiene una tarea que cumplir.”
Esta es, pienso, una de las ideas fuerzas que actualmente los movimientos sociales populares y políticos -especialmente, aquellos que se plantean la autonomía política de las vanguardias- han hecho suya en el sentido de que la democracia directa es producto de la acción política de los sujetos antes que de los representantes políticos. No obstante, la democracia directa/participativa es una democracia mucho más exigente que la democracia representativa que descansa en la delegación de responsabilidades y compromisos políticos y cívicos por parte de las y los ciudadanos. Por ello, una ciudadanía que renuncia a sus responsabilidades políticas como son por ejemplo, las electorales, contribuye a la mantención y consolidación de la democracia neoliberal que restringe las libertades políticas y cívicas a meras formulas vacías de participación política.
Los esfuerzos que actualmente diversos teóricos, intelectuales y políticos realizan en distintos lugares de América Latina de conciliar la democracia representativa con la democracia social participativa o directa encuentran en el pensamiento de Salvador Allende un conjunto de reflexiones anticipatorios relevantes para superar ciertos nudos o puntos complejos que aun no logran ser plenamente resueltos tanto a nivel teórico como practico, tal como podemos observar en los procesos políticos que se desarrollan en Bolivia, Venezuela o Ecuador, por ejemplo.
En ese sentido, puedo concluir, este breve ensayo, que el pensamiento político de Salvador Allende esta mucho más presente y vigente fuera de Chile. Una gran incógnita que nos presenta los 100 años del natalicio de Allende será como la izquierda nacional va recuperar el pensamiento y su obra. Aunque soy bastante escéptico en pensar que la “izquierda concertacionista” clara orientación neoliberal, vaya a recuperar los fundamentos centrales del pensamiento allendista como sería por ejemplo su concepción radical de la democracia, el activo y manifiesto anticapitalismo, su profundo antiimperialismo y latino-americanismo y, sobre todo, su concepción socialista democrática.
Estamos, también, a la espera que surja en Chile la “nueva izquierda”, que actualmente recorre distintos lugares de América Latina. Esa izquierda que se plantea tanto la superación del capitalismo neoliberal a través de la construcción de una democracia social participativa. Los hombres y mujeres del siglo XXI para transitar por las grandes alamedas necesitan conocer y hacer concreto, o sea, histórico el pensamiento político que nos lego Salvador Allende. Sólo así, podremos sostener que Allende es realmente el padre de los hombres y mujeres del presente siglo.