Jorge Gómez Barata
La elección de Barack Obama, ha despertado expectativas, incluso
optimismo en elementos de la izquierda que, aun cuando son conscientes
de que ningún presidente modificaría las bases del sistema,
creen posible un cambio de estilo y no descartan sus programas mínimos.
Otros sectores más radicales advierten que nada debe esperarse.
Tal vez la respuesta se encuentre a mitad del camino y tengan razón
los que creen que: “La verdad es mezcla”. Unos y otros pueden
citar antecedentes.
En 1864, en medio de la Guerra Civil, en Estados Unidos se efectuaron
elecciones presidenciales en las cuales Abraham Lincoln resultó
reelecto. La recién fundada Organización Internacional
de Trabajadores encabezada por Carlos Marx, envío a un mensaje
de saludo.
La carta fue redactada y firmada por Marx.
A Abraham Lincoln, Presidente,de los Estados Unidos de América
Muy señor mío:
Saludamos al pueblo americano con motivo de la reelección de
Ud. por una gran mayoría.
Si bien la consigna moderada de su primera elección era la resistencia
frente al poderío de los esclavistas, el triunfante grito de
guerra de su reelección es: ¡muera el esclavismo!
Desde el comienzo de la titánica batalla en América, los
obreros de Europa han sentido instintivamente que los destinos de su
clase estaban ligados a la bandera estrellada. ¿Acaso la lucha
por los territorios que dio comienzo a esta dura epopeya no debía
decidir si el suelo virgen de los infinitos espacios sería ofrecido
al trabajo del colono o deshonrado por el paso del capataz de esclavos?
Cuando la oligarquía de 300.000 esclavistas se abrevió
por vez primera en los anales del mundo a escribir la palabra «esclavitud»
en la bandera de una rebelión armada, cuando en los mismos lugares
en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años,
la idea de una gran República Democrática, en que había
sido proclamada la primera Declaración de los Derechos del Hombre
y se había dado el primer impulso a la revolución europea
del siglo XVIII, cuando, en esos mismos lugares, la contrarrevolución
se vanagloriaba con invariable perseverancia de haber acabado con las
«ideas reinantes en los tiempos de la creación de la constitución
precedente», declarando que «la esclavitud era una institución
caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema
de las relaciones entre el capital y el trabajo».
Y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre
«piedra angular del nuevo edificio», la clase trabajadora
de Europa comprendió de golpe, ya antes de que la intercesión
fanática de las clases superiores en favor de los aristócratas
confederados le sirviese de siniestra advertencia, que la rebelión
de los esclavistas sonaría como rebato para la cruzada general
de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores,
sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían
en tela de juicio en esa grandiosa guerra del otro lado del Atlántico.
Por eso la clase obrera soportó por doquier pacientemente las
privaciones a que le había condenado la crisis del algodón,
se opuso con entusiasmo a la intervención en favor del esclavismo
que reclamaban enérgicamente los potentados, y en la mayoría
de los países de Europa derramó su parte de sangre por
la causa justa.
Mientras los trabajadores, la auténtica fuerza política
del Norte, permitían a la esclavitud denigrar su propia república,
mientras ante el negro, al que compraban y vendían, sin preguntar
su asenso, se pavoneaban del alto privilegio que tenía el obrero
blanco de poder venderse a sí mismo y de elegirse el amo, no
estaban en condiciones de lograr la verdadera libertad del trabajo ni
de prestar apoyo a sus hermanos europeos en la lucha por la emancipación;
pero ese obstáculo en el camino del progreso ha sido barrido
por la marea sangrienta de la guerra civil.
Los obreros de Europa tienen la firme convicción de que, del
mismo modo que la guerra de la Independencia en América ha dado
comienzo a una nueva era de la dominación de la burguesía,
la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de
la dominación de la clase obrera.
Ellos ven el presagio de esa época venidera en que a Abraham
Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión
de llevar a su país a través de los combates sin precedente
por la liberación de una raza esclavizada y la transformación
del régimen social.
Sin más nada.
K. Marx
Escrito: Por K. Marx entre el 22 y el 29 de noviembre de 1864.