domingo 14 de junio de 2009
Como sospecho habrá sucedido con unos cuantos cámaras, supe
del editorial de la más reciente edición de Debate socialista,
leyendo hoy, domingo 14 de junio, la columna dominical de Eleazar Díaz
Rangel en el diario Últimas Noticias.
En un aparte intitulado Abrir la discusión, Díaz Rangel
escribió sobre un "importante debate sobre el proceso revolucionario,
que no obstante su contenido y trascendencia, y la notoriedad de casi
todos sus participantes, apenas ha sido divulgado". Se refiere,
claro, al evento organizado por el Centro Internacional Miranda (CIM),
Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos
de apertura, realizado entre el 2 y 3 de junio pasados.
Según reseña Díaz Rangel, el evento "reunió
a numerosos intelectuales para que opinaran libremente sobre la evolución
del proceso, desarrollo, perspectivas, conducción, el partido,
errores y omisiones, en fin, para examinarlo críticamente con
el propósito de contribuir a una discusión pendiente y
que seguramente por estar en plena fase organizativa, no estimula el
Psuv". Luego, pasa a citar un par de fragmentos del ya mencionado
editorial, intitulado El mapa de hoy, y publicado en el número
58 (Año 2) de Debate socialista. Díaz Rangel lo considera
un buen ejemplo de las "incomprensiones y críticas"
que han suscitado las intervenciones de los intelectuales convocados
por el CIM.
Pero vale la pena citar más que dos fragmentos. El mapa de hoy
comienza prometiendo "revisar las ideologías que se mueven
en el campo de batalla, sus expresiones prácticas, sus posibles
movimientos". Esfuerzo fallido desde el inicio, porque apenas atisba
a señalar tres: 1) la oligarquía; 2) el campo revolucionario;
y 3) la pequeña burguesía. Sin duda, un mapa de fuerzas
de una complejidad inobjetable.
Cosa muy curiosa - y que aporta una de las claves para entender el
texto: el editorial dedica un solo párrafo - así es, uno
- a señalar las "expresiones prácticas" y los
"posibles movimientos" del que se supone el enemigo principal:
la oligarquía. Y lo hace así: "La oligarquía
endureció su posición, se dejó de frivolidades
democráticas y tomó el camino del enfrentamiento al margen
de toda regla común. Ahora no esgrime más argumento que
la fuerza, por eso van desde la guarimba hasta el magnicidio, pasando
por el golpe de Estado". Fuerza, guarimba, magnicidio y golpe de
Estado. Fuerza, guarimba, magnicidio y golpe de Estado. ¿Les
suena? Repitan: fuerza, guarimba, magnicidio y golpe de Estado. El negocio
es así: disponga estratégicamente estas cuatro palabras
en una misma oración, y usted pasará por analista o estratega
revolucionario. Pero que nadie se atreva a señalarles que la
frase: "no esgrime más argumento que la fuerza", es
precisamente la negación de un análisis de la situación
política, en tanto que no deja lugar para el análisis
de diversas "expresiones" o "movimientos". Te dirán
que eres un cómplice de la guarimba, del magnicidio y del golpe
de Estado.
Acto seguido, dedica dos párrafos al campo revolucionario:
"Enfrentado a ésta encontramos el campo revolucionario,
que si bien en lo económico está clarificando y afirmando
sus posiciones socialistas, prestigiando a la Propiedad Social de los
medios de producción, lo que significa un extraordinario avance,
en lo ideológico aún se debate en la ambigüedad de
no engranar a la Propiedad Social con la Conciencia del Deber Social.
De esta manera, gruesos sectores de las masas no captan la importancia
de las medidas económicas, ni son impactadas en su conciencia
por ellas.
"Esta situación produce debilidad en la organización
política y social, y difumina la percepción que el pueblo
tiene de su Estado Revolucionario".
No voy a preguntar qué significa "Conciencia del Deber
Social". Seguimos.
Luego, la parte gruesa del editorial - y traguen grueso: cinco párrafos
dedicados a la pequeña burguesía. ¡Cinco! Y van
así:
"En el medio de estos dos polos se encuentra la ideología
pequeño burguesa, que hasta hace poco dictaba pauta dentro de
la Revolución hasta sufrir un rotundo desmentido en la práctica.
Pero, ahora surge maltrecha a cumplir su papel: distraer, confundir,
no dejar concretar la marcha al
Socialismo.
"Fabrican encuentros de intelectuales cuyos pronunciamientos son
confusos, dejan traslucir su resquemor por el liderazgo de Chávez,
que ellos denominan 'hiperliderazgo' o 'cesarismo progresista'. Sin
duda, son chavistas sin Chávez, pero avergonzados de salir a
la luz del día, de saltar definitivamente la talanquera.
"En el extremo donde se soldan la ultraderecha con el tremendismo
irresponsable, encontramos grupos con tapujos de socialistas, pero antichavistas.
Dedicados a certificar a la Revolución, para ellos esto no es
Socialismo, pero Cuba tampoco.
"Proponen disparates, son simples aficionados de la política,
irresponsables. Su peligro estriba en que están infiltrados por
los servicios oligarcas, que les influyen en tareas contra la Revolución.
"En este paisaje la Revolución debe enfrentarse a la oligarquía
nacional e internacional, a la ideología pequeño burguesa
que aún resuella en su interior, y a los diletantes al servicio
de los oligarcas".
Les advertí que había que tragar grueso. Resumiendo:
los intelectuales pequeño burgueses reunidos en el CIM sólo
estaban cumpliendo su papel: "distraer, confundir", evitar
la concreción del socialismo. Son la más fiel expresión
del chavismo sin Chávez, sólo que permanecen en el clóset
del antichavismo y están a punto de saltar la talanquera. Se
dan la mano con la ultraderecha, "proponen disparates, son simples
aficionados de la política, irresponsables" y diletantes.
No faltaba más: están infiltrados.
No estoy seguro de que alguna de estas acusaciones alcance a describir
la posición política o el talante intelectual de gente
como Vladimir Acosta, Iraida Vargas, Luis Britto García, Santiago
Arconada, Rigoberto Lanz, Judith Valencia, Edgardo Lander, Mario Sanoja,
Javier Biardeau o Miguel Ángel Contreras, por sólo citar
algunos pocos de los que participaron de aquellos debates. Lo que sí
sé es una cosa: tenía mucho tiempo sin disfrutar del privilegio
de leer unos párrafos tan prístina e inconfundiblemente
estalinistas. Extrañaba a los policías del pensamiento.
Una muestra inigualable del espíritu que condujo al fracaso de
los socialismos del siglo XX.
No estoy seguro de cuál de ellos - tal vez fue algún
otro - habló de "hiperliderazgo". Por supuesto, leí
la entrevista a Juan Carlos Monedero que publicó hoy mismo Últimas
Noticias. Y sí, leí que Monedero se refirió al
concepto en los siguientes términos:
"Si en el seminario hablamos de hiperliderazgo es porque creemos
que esa forma de ejercer el poder debilita al Presidente. Estamos absolutamente
convencidos de que la figura del Presidente es indispensable al día
de hoy en la marcha de este proceso. De ahí mi enfado con aquellos
que se acomodan a ese liderazgo, algo que me recuerda mucho a los extras
de las películas, que se tapan el rostro para poder salir en
más escenas. Son personas que se escudan en el portaviones Chávez
para ellos no recibir ningún tipo de daño. Pero al final,
como decía Fidel Castro, el presidente Chávez no puede
ser el alcalde de todos los pueblos de Venezuela. Eso, por un lado,
lo refuerza para tener el máximo poder, pero por otro lo deja
absolutamente vulnerable".
¿Alguno estará en desacuerdo?
Lo que sí recuerdo con claridad es quién introdujo en
nuestros debates el uso del concepto gramsciano de "cesarismo progresivo".
Fue Javier Biardeau, amigo y camarada. A sus análisis me referí
en alguno de mis artículos, hace un par de años. De uno
de los primeros artículos en que Javier abordó el asunto,
extraigo este fragmento:
"La ruptura del mando despótico involucra profundizar la
revolución en una dirección radical-democrática,
pluralista y contra-hegemónica, evitando el fetichismo de masas.
Son quienes se aprovechan del carisma del líder, para fines de
acumulación de privilegios, riqueza, poder y prestigio los principales
obstáculos a un proceso de encauzamiento popular autónomo.
Como beneficiarios directos de la lealtad incondicional al líder
se construye el mito-cesarista incuestionable y la falsificación
histórica de que sin su presencia es imposible una revolución
socialista".
Cualquiera podrá estar en desacuerdo con Javier Biardeau. Pero
que alguien me explique cuál de esas líneas - o cuál
de los numerosos artículos de Javier - podría inspirar
un editorial tan rancio, con todas sus acusaciones e invectivas, como
el de Debate socialista.
A todas éstas, ¿quiénes son estos preclaros revolucionarios
que la han emprendido con tanta vehemencia contra esta intelectualidad
disparatada-infiltrada-irresponsable pequeño burguesa salta-talanquera
y antichavista-de-clóset? Vaya casualidad: los mismos que la
emprendieron, hace no mucho, contra el "anarquismo pequeño
burgués", atrevimiento que provocó la amable respuesta
de José Roberto Duque, que les recomiendo leerse íntegra,
y de la que sólo dejo aquí un párrafo:
"Hay quienes piensan que sólo merecen ser convocados al
debate quienes han sido capaces de absorber, digerir y repetir dócilmente
unas cuantas fórmulas académicas o casi-casi, y unas cuantas
consignas paridas en laboratorios de propagandistas y publicistas que
cobran en dólares. Para estos caballeros, un Revolucionario no
es alguien dispuesto a liquidar al Estado Burgués sino alguien
incapaz de cuestionarlo siquiera. Alguien que llama a esta mierda en
avanzado estado de putrefacción 'Estado Revolucionario' sólo
porque Chávez es el Jefe de ese Estado. Bello: el Estado venezolano
está pletórico de instituciones adecas, leyes adecas,
procedimientos adecos, corrupción adeca, prácticas adecas,
lenguaje adeco: la cultura adeca en pasta, pero creemos tener un Estado
Revolucionario porque sus ministros y directores no son adecos sino
pesuvistas. Las policías son los mismos reductos de criminales,
matraqueros y asesinos que nos entregó la llamada 'cuarta república';
los hospitales son eso que ya ustedes saben; en la revolucionadísima
DIEX persisten las mafias que expiden pasaportes y otros documentos
por debajo de la mesa si les pagas; los 'organismos de inteligencia'
han hecho negocio ayudando a escapar del país a Ortega, Carmona,
Lapi y Nixon. Ah, pero tu obligación rrrevolucionaria es rendirle
culto a estas estructuras y prácticas, porque si las cuestionas
eres un anarcoide que le hace el juego a la oligarquía".
Y todavía la gente de Debate socialista tiene la voluntad de
cerrar el fulano editorial con la consigna: "¡Con Chávez
y con el Socialismo Auténtico!". ¿Y cuál será
ese "Socialismo Auténtico"? Pues no sé. Lo que
sí sé es que los que nos ofrecieron El mapa de hoy no
tienen siquiera una brújula.
Se los presento: son los hiperchavistas.