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Jorge López Ave

Tengo que darles una noticia, algo que desconocen porque se trata de una exclusiva a la que he tenido acceso de un modo casi secreto: Obama ha ganado las elecciones en EE.UU....

Porque si alguien dudaba de la fuerza y poder del Imperio, de su capacidad para meterse en cada una de las casas (a veces lo hacen con tanques y otras con la televisión), estos días han quedado convencidos.
Al punto de no poder criticar al tal Obama porque automáticamente se pondría uno del lado de Bush, eso dicen los que dicen que saben de estas cosas.
En realidad un juego macabro y falso, un bipartidismo reaccionario parido por el sistema para no dar posibilidades al pensamiento de izquierdas. Está prohibido dudar, Obama es de los nuestros y punto. (En la imagen, Obama, necesitado de zapatos).
El planeta todo sabe que hay nuevo emperador, pero no todo el mundo piensa que esta vez puede incluso ser más peligrosas sus acciones, porque goza del respaldo y fervor de la gran mayoría, incluso de los sectores reaccionarios que han visto en él a su gran esperanza. Y es que hartos del torturador sanguinario, cualquier candidato parecía mejor, incluso si hubiera sido la nominada, Hillary Clinton, la campaña mediática no se diferenciaría, donde pone negro, pondría mujer, y se hablaría de la importancia histórica de que una mujer accediera a la Casa Blanca.
Eso sí, del programa político del ganador o de su último voto como senador (a favor de saquear el dinero público para dárselo a la banca privada), no es políticamente correcto hablar. Tampoco de los apoyos financieros de su campaña, incluido el poderosísimo lobby sionista, ni su postura en las distintas ocupaciones que ejerce su país/imperio en este momento, por ejemplo, en Afganistán, donde amenaza, por cierto, con enviar más tropas.
De momento puede más la esperanza y no hay gobierno en el mundo ni ciudadano decente que no haya respirado con algo de alivio, quizás, no tanto por la victoria del mentado Obama, sino por la salida del alcohólico y genocida presidente de EE.UU, George W. Bush.
Ahora bien, pasada la medio euforia, queda preguntarnos qué valores de izquierda tendrá Obama en su programa político. Ninguno.
¿Entonces? En principio parecería que es el candidato perfecto (buena imagen, joven, afroamericano, sonriente...) para que el gran capital tome cuanta medida necesite para preservar el sistema capitalista en EE.UU., y ello no es poco, porque la crisis que atraviesa ese país, necesita, -dicen esos poderosos-, de medidas muy duras, de ajustes muy contundentes y con un personaje como Bush/McCain en la presidencia, era más que seguro que millones de trabajadores se tirarían a las calles a protestar y poner en jaque todo cuánto se hiciera desde la Casa Blanca y otros centros de poder privados.
Con Obama es perfecto porque el margen de maniobra es mayor, la gran mayoría va a quedarse en casa esperanzada y viendo la televisión, hay más tiempo. El tema es cuánto van a concederle las grandes masas que sufren ya la crisis en EE.UU. al nuevo inquilino, antes de salir a la calle.
Entender esto es importante, porque el Partido Demócrata (ubicado, por cierto, muy a la derecha de cualquier otro partido conservador del mundo) no va a tardar en agitar la bandera de Bush para explicar a los millones de votantes que se trata de Obama o Bush, de ellos o el caos, que la herencia dejada es devastadora, que hace falta tiempo, etc, y, mientras, a aplicar neoliberalismo, que de eso se trata.
Escepticismo pues, pero sobre todo la certeza, de que jamás hubiese llegado a la Casa Blanca nadie que trajese un programa electoral no ya de izquierdas, sino tímido.
El sistema es en ello implacable, no deja espacio para la duda, por muy negro (o mujer) que sea el elegido.
Mientras, que deje en paz a los pueblos, que los respete sin amenazarlos ni invadirlos ni bloquearlos. Con eso nos daríamos por satisfechos, pero nos tememos que ni quiere ni le van a dejar.
Él no es de los nuestros, por más afroamericano que sea.

Publicado en Venezuela en Revolución