26 de junio de 2009
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¡BASTA DE IMPUNIDAD!
Seguimos reclamando al gobierno de los kirchner el juicio y castigo
ya los responsables políticos de la Masacre de Avellaneda: Eduardo
Duhalde, Felipe Sola, Anibal Fernandez, Jorge Vanossi, Alfredo Atanasof,
Jorge Matzkin, Oscar Rodríguez, Juan Jose Alvarez y Carlos Soria
la tienen que pagar.
Seguimos reclamando Juicio y Castigo al ex presidente Duhalde que ordenó
las muertes y a sus funcionarios, responsables del asesinato de Maxi
y Darío.
¡BASTA DE REPRESIÓN!
Por Darío y Maxi, por Fuentealba y por todas y todos los mártires
de la clase trabajadora y del pueblo caídos en la lucha.
Desmantelamiento del aparato represivo. Cumplimiento efectivo de la
condena perpetúa a Franchiotti y Acosta. Amnistía y/o
desprocesamiento de los luchadores populares.
Basta de gatillo fácil, aparición con vida de Luciano
Arruga.
No a la baja de imputabilidad.
Aparición con vida ya de Jorge Julio López.
POR TRABAJO, SALUD, EDUACIÓN Y DIGNIDAD PARA TODO EL PUEBLO:
¡Los monopolios, los terratenientes y banqueros generaron la
crisis, que la paguen ellos!
Prohibición de despidos y suspensiones. Reparto de las horas
de trabajo. No al saqueo de la Anses. Subsidio universal al desocupado
igual ala canasta básica. Jubilación equivalente al 82%
móvil.
Hoy se cumplen siete años de una de las represiones más
brutales sufridas por el pueblo argentino bajo un gobierno constitucional
conocida como Masacre de Avellaneda, que cobró las vidas de nuestros
compañeros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki
y dejó un saldo de más de 30 manifestantes heridos de
bala.
Este nuevo aniversario de lucha nos encuentra a horas de una nueva
convocatoria electoral, donde las tradicionales estructuras políticas
responsables de las penurias históricas de nuestro pueblo y los
medios de comunicación voceros del poder económico nos
dicen que así “el pueblo elige” a sus representantes.
En las principales listas están representados los responsables
políticos de los crímenes de Darío y Maxi. Más
allá de las falsas alternativas que, a fuerza de recursos del
Estado o millonarias inversiones publicitarias, intentarán seducir
el voto de nuestro pueblo, las organizaciones populares que nos proponemos
construir una sociedad justa e igualitaria sabemos cuál es la
forma más efectiva de hacer valer nuestros derechos. Por eso,
más allá de las opciones tácticas ante estas elecciones,
siguiendo los ejemplos de nuestra historia de luchas obreras y populares,
siguiendo el ejemplo de Darío y Maximiliano, decimos: nuestra
principal elección es la lucha popular. Las mayorías populares
tenemos reivindicaciones laborales y sociales de fondo, vamos a ejercer
nuestro derecho y a conquistarlos de la manera más efectiva que
el pueblo conoce: a través de la lucha.
La memoria es parte vital de la lucha por la justicia, por eso vamos
a recordar el contexto en el que se dio aquella criminal represión
que aún tiene a sus responsables políticos en la impunidad.
En aquellos días retumbaban con fuerza los ecos del 19 y 20
de diciembre de 2001. Las luchas sociales de los sectores populares,
principalmente de las y los trabajadores ocupados/as y desocupados/
as, alcanzaban un pico histórico en el país. Aquel 26
de junio de 2002, el gobierno de Duhalde jugo a fondo la carta represiva
con una masacre planificada y deliberada desde la cúpula del
poder político. Con ello no hicieron más que seguir las
exigencias de todo el establishment económico, político
y comunicacional.
Por esos días, la embajada norteamericana y del FMI exigían
al gobierno “mayor control social” a cambio de la reprogramació
n de la deuda externa. La cúpula de la sociedad rural reclamaba
abiertamente la represión. Los gobernadores del PJ – en
una reunión celebrada en La Pampa días antes de la represión,
de la que participo Nestor Kirchner como mandatario de Santa Cruz- exigió
al gobierno de Duhalde que “pusiera orden al costo que sea”.
Los monopolios mediáticos de la burguesía, que agitaban
permanentemente esta campaña contra el supuesto caos de las luchas
sociales y piqueteras, serían luego los principales encubridores
de la política y del gobierno, que solo la masiva reacción
popular de repudio del días siguiente recién desenmascararí
a.
Con el kirchnerismo se consolidó la política cuya viga
maestra había establecido el gobierno anterior: devaluación
de la moneda, depreciación de los salarios, licuación
de las deudas de los capitalistas todo esto a pesar de los discursos
redistributivos dados en una coyuntura económica internacional
y regional favorable para el crecimiento. Bajo su gobierno las patronales
de la ciudad y del campo se enriquecieron en forma escandalosa a costa
del salario y la mayor explotación de sus trabajadores. Mientras
tanto las y los campesinos/as pobres, las y los trabajadores/ as y las
organizaciones populares seguimos padeciendo el despojo y la exclusión.
En el último año, tanto el gobierno como la oposición
neoliberal se reorganizaron en torno a la disputa por la renta extraordinaria
sobre las riquezas que produce “el campo”. Pero hay una
verdad incontrastable: en un país que produce alimentos para
once veces su población, sólo se explica que haya hambre
y exclusión social por el sistema que explota y destruye al ser
humano y a la naturaleza. A aquel conflicto se sumó la crisis
global y los intentos de las clases dominantes de descargar sus efectos
sobre los trabajadores y el pueblo. Los empresarios aprovechan para
estancar salarios, amenazar con despidos y profundizar la precarización
laboral. La peor parte la llevan los trabajadores en negro, flexibilizados,
tercerizados, y ni hablar de los y las desocupados/ as o subocupados/
as, a los que la crisis y los aumentos de precios directamente les devora
el ingreso (todavía hoy los planes sociales, recortados drásticamente,
siguen en los mismos valores de antes de la devaluación). En
los últimos meses volvió a aumentar, en número
de otros dos millones, la cantidad de personas por debajo de la línea
de pobreza. A contramano de lo que afirman el gobierno y la burocracia
sindical, los despidos de los últimos meses se cuentan por decenas
de miles.
Para ocultar esta realidad, desde el gobierno plantean un discurso
falso que apela a la adhesión popular. Hablan de un gobierno
popular jaqueado por la amenaza de volver a los ´90; sin embargo
ese discurso que busca polarizar entre lo “malo” y lo “menos
malo”, no debería hacernos perder de vista que uno y otro
modelo tienen coincidencias de fondo, en las políticas extractivas,
de saqueo de los bienes naturales y precarización de la vida
de los trabajadores y el pueblo, mientras se sostienen los beneficios
de petroleras, bancos, y multinacionales. No podemos dejar de reafirmar
que, más allá de los discursos oficiales, la principal
amenaza para el pueblo trabajador es la precarización de la vida,
las amenazas de despidos y bajos salarios, el saqueo de los bienes naturales,
la represión ahí donde el que protesta es un trabajador
despedido, una familia sin vivienda, o un militante popular en lucha…
Como en cada lucha desde los asesinatos de nuestros compañeros
Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, estamos hoy aquí
para exigir el Juicio y Castigo a todos los responsables políticos
y materiales de aquellos crímenes.
La causa federal iniciada en 2002, que debía investigar al ex
presidente Duhalde y a las principales responsabilidades políticas,
se encuentra literalmente cajoneada en el Juzgado Federal Nº 4,
a cargo del Juez Ariel Lijo. El gobierno nacional ya ni siquiera se
preocupa por “amagar” con “mover” la causa si
Duhalde sale a hacer política opositora, como hicieron durante
los primeros años de gestión. El gobierno de kirchner
colaboró ampliamente con la impunidad de estos crímenes
políticos revelando que su verdadera política de derechos
humanos fue en siete años dar lugar al encarcelamiento de un
puñado de genocidas octogenarios, a la dilación infinita
de los juicios por los crímenes de la dictadura, al encubrimiento
de la policía bonaerense responsable de la desaparición
del compañero Julio López, dejando en libertad al 95%
de los genocidas.
Cuando asumió, Néstor Kirchner había prometido
a los familiares y a los compañeros y compañeras de militancia
de las víctimas “investigar hasta las ultimas consecuencias
sin importar quien caiga” a través de una comisión
investigadora. Pero esa promesa exigía una condición:
“si quieren una comisión abandonen las protestas (en particular
el Puente Pueyrredón)”. Ni los familiares, ni las organizaciones
populares aceptamos ese condicionamiento. El gobierno nunca hizo efectiva
esa comisión y el Puente Pueyrredón terminó militarizado
ante cualquier protesta, decisión que la actual presidenta mantiene
y profundiza.
Este nuevo aniversario de aquella represión encargada desde
el poder político nos encuentra con el reclamo urgente por la
aparición con vida del joven Luciano Arruga, visto con vida por
última vez en una dependencia policial; y la permanencia del
reclamo por la desaparición de Julio López, por su compromiso
en las causas contra los genocidas de la pasada dictadura; reclamando
también la libertad de los militantes populares encarcelados
y el esclarecimiento de otra serie de hechos de violencia e intimidaciones
ante luchas populares con el fin de amedrentar a quienes sostenemos
en alto las banderas de lucha ante un gobierno que no da respuesta a
las demandas populares de trabajo, educación, salud, vigencia
de los derechos humanos y defensa de los bienes naturales. Hoy están
presos por razones políticas en las cárceles de Kirchner
los compañeros detenidos en el acto antiimperialista denunciando
las matanzas del Estado terrorista de Israel contra el pueblo Palestino,
agregar listado de compañeros y las compañeras!!! , la
libertad de los seis presos paraguayos, así como la militante
de HIJOS Karina Germano López.
Ninguno de estos hechos puede darse sin el amparo, complicidad o directamente
sin las órdenes del poder político. Por eso, en este séptimo
aniversario de la Masacre de Avellaneda centramos el reclamo en la exigencia
de Juicio y Castigo al ex presidente Duhalde y los demás funcionarios
de su gobierno (Atanasof, J.J. Álvarez, Soria, Rodríguez,
Vanossi, Aníbal Fernández, Solá) que planificaron,
dieron la orden y encubrieron los asesinatos de Darío y Maximiliano,
y continuaremos la lucha hasta conseguirlo. La mayoría de estos
funcionarios o ex funcionarios se mantuvieron cercanos al gobierno nacional,
provincial o como ahora a la oposición pejotista de los De Narváez
– Macri – Sola.
Con la fuerza de la lucha y la movilización constante, en el
Puente Pueyrredón, en la Estación de Avellaneda (hoy Estación
Darío y Maxi) y en los Tribunales de Lomas de Zamora logramos
que el comisario Fanchiotti y el cabo Acosta tuvieran que pagar con
condena perpetua y otros policías sean también condenados.
En el juicio quedó demostrado que la represión tuvo directivas
políticas, que fue monitoreada por la SIDE, que su jefe de entonces,
Carlos Soria (hoy intendente de Gral. Roca), reconoció que con
las muertes el gobierno había buscado "frenar" un clima
de creciente protesta y unidad popular. Sin embargo, el fiscal se prestó
a la escandalosa maniobra de eximir de prestar declaración a
Duhalde, Álvarez y Solá.
Hoy Franchiotti y Acosta han solicitado la revisión de sus condenas.
Sus pedidos se encuentran en la Cámara de Casación. Mientras
tanto, Franchioti sigue gozando de todo tipo de privilegios, con la
complicidad del Servicio Penitenciario y de la cúpula policial.
A siete años de la masacre de Avellaneda y a tres del juicio
contra Franchiotti y Acosta, reclamamos la confirmación de la
pena y su cumplimiento efectivo.
Durante todos estos años el gobierno K priorizó el sostenimiento
del aparato represivo, el mismo que protagonizó la cacería
del 26 de junio, como fuerza propia de choque contra las protestas de
los de abajo en todo el país; como sucedió durante años
con los trabajadores petroleros y los docentes en Santa Cruz, con las
familias sin techo de Mar del Plata, los desocupados de Mosconi, o en
cada lugar del país donde los que protestan son trabajadores
o desocupados que luchan contra las políticas de miseria salarial
y precarización laboral impuestas por el gobierno.
El poder se pretende preservar encubriendo sus propias represiones,
y protegiendo a sus ejecutores se protege a sí mismo. Sólo
así se explican la impunidad respecto de quienes decidieron los
asesinatos de Darío y Maxi, o la protección del gobernador
Sobisch por el asesinato del maestro Fuentealba, la impunidad de Lázaro
Duarte, y la falta de esclarecimiento de la desaparición de Luciano
Arruga y Julio López. El aparato represivo que hoy sigue intacto
es la continuidad del que ejecuto el golpe militar del ´76, el
que se monta sobre el discurso de la inseguridad para reclamar su reforzamiento,
con la baja de edad de imputabilidad y la criminalizació n de
la pobreza para encubrir su propia responsabilidad y protagonismo en
el delito estructural que asola a los trabajadores, especialmente a
la juventud y a las mujeres.
Aunque en forma más sutil pero más cotidiana, igual de
letales son las políticas de hambre, trabajo precarizado y exclusión
que también matan todos los días de manera silenciosa.
Millones de hogares humildes de nuestro pueblo, nuestros hijos, nuestros
ancianos, después de años de “crecimiento económico”
para unos pocos, siguen al margen del sistema de salud, de educación,
de vivienda, de trabajo y de toda contención social y a merced
de la explotación y precarización laboral.
Las banderas reaccionarias de la llamada “derecha de mano dura”
fueron sucesivamente asumidas por el gobierno, desde el impulso de las
leyes represivas como la nefasta ley antiterrorista promovidas por el
falso ingeniero Blumberg hasta la imputabilidad de los menores. Por
eso decimos: luchamos por el desmantelamiento de todo el aparato represivo
y centramos todos nuestros esfuerzos políticos y comunicacionales
en denunciar que ese aparato represivo y el estado -vinculados hasta
la médula en el narcotráfico, el contrabando, la trata
de personas en especial mujeres y niños y cuanto delito existe-
son la principal fuente de inseguridad ciudadana.
La contraparte de esta impunidad, lejos de la resignación o
el escepticismo, seguirá siendo la memoria, la denuncia y la
lucha popular. El juicio y castigo para todos los responsables de la
Masacre de Avellaneda y del asesinato del profesor Fuentealba, el reclamo
por la libertad de los presos políticos y el desprocesamiento
de los luchadores no saldrán de la voluntad de ningún
juez apegado al poder político de turno, ni del mismo Estado.
Tampoco las políticas laborales y sociales que beneficien a los
trabajadores y el pueblo. Sólo a partir de la movilización
y lucha popular y de un reclamo nacional y masivo conseguiremos la justicia
para Darío, para Maxi, para Fuentealba, para Javier Barrionuevo
y para todos quienes sufren la exclusión, la explotación
o la represión.
A siete años de sus asesinatos, estamos aquí junto a
Maxi y Darío todos unidos, los que no dejamos la lucha a cambio
de puestos en ministerios ni despachos oficiales, con todos nuestros
caídos en la lucha, codo a codo, para barrer esta impunidad.
Seguimos levantando las mismas banderas, por trabajo genuino y salarios
dignos, contra el hambre y la represión, por una verdadera transformació
n social. Darío y Maxi siguen presentes en esas luchas y en esas
demandas.
El 26 de junio del 2002 peleábamos por un subsidio universal
para los trabajadores desocupados acorde con la línea de indigencia,
por trabajo, salud, educación y a 7 años el Estado sigue
haciendo oídos sordos de este reclamo que beneficiaría
a millones de hogares pobres.
Somos parte del movimiento popular en lucha que se mantiene en la calle,
con luchas en defensa del trabajo y por aumentos salariales, con movilizaciones
de trabajadores, desocupados y estudiantes. Si pensamos en mejoras concretas
de la realidad de los trabajadores y el pueblo, es urgente un aumento
general de salarios para recuperar el poder adquisitivo perdido, el
blanqueo de todos los trabajadores y la estabilidad laboral. Que absolutamente
nadie, aunque esté desocupado, tenga ingresos por debajo de la
canasta básica. Con decisión política, se debería
eliminar totalmente el IVA a los alimentos de la canasta básica
y aumentar progresivamente el impuesto a las ganancias, a la riqueza
y a la renta financiera (hoy exenta) para subvencionar la rebaja de
los precios de los alimentos. Teniendo en cuenta al verdadero sujeto
social del campo, los peones rurales y desplazados de sus tierras, será
fundamental un cambio en el modelo agropecuario. Se impone terminar
con el modelo de saqueo de los bienes naturales y la explotación
laboral.
Desde este histórico Puente que une a la Capital Ferderal con
la provincia de Buenos Aires le decimos a los Macri, a los Scioli, a
los kirchner que vamos a seguir peleando en defensa de los derechos
de nuestro pueblo, que vamos a seguir luchando por trabajo, justicia
y dignidad para todo el pueblo trabajador.
Que vamos a seguir insistiendo y vamos a seguir luchando por trabajo,
justicia y dignidad para todo el pueblo trabajador. Por Darío
y por Maxi, pero también por los 30 mil desaparecidos durante
la dictadura; por los más de 50 asesinados en democracia en protestas
sociales, por la libertad de los y las presos políticos y para
revertir esta realidad con la que quieren condicionar el futuro de nuestro
pueblo. La lucha de Darío y Maxi es la lucha de todo el pueblo.
Es la lucha por una transformació n social que termine con las
condiciones de hambre, miseria, desocupación y explotación
que nos oprimen. Es la solidaridad y el compromiso con el compañero
junto al que salimos a luchar y la intransigencia y consecuencia en
esta pelea.
A siete años de la masacre de Avellaneda decimos una vez más…
¡Darío y Maxí presentes!
¡Ahora y siempre!
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