Miguel Mazzeo
Canto Hereje (ediciones Baobab, Buenos Aires, 2005) y La Gomera de David (Editorial Universitaria de La Plata , 2007), son el noveno y décimo poemarios de Jorge Falcone. Yo sólo conocía Íthaca. Lírica de emergencia (Hombre Nuevo, Buenos Aires, 2003) y aún conservo un vago recuerdo de unos poemas mimeografiados, abrumadoramente transparentes, firmes y tiernos, de "un tal Falcone, compañero y poeta de la 'orga' (1) y, además, hermano de María Claudia" (2), que me llegaron a mediados de los ‘80. Creo que formaban parte de una obra llamada Piedra libre para todos los compañeros. Era una época en la que yo aún dudaba respecto del régimen que más se correspondía con la revolución: si el de la poesía o el de la ciencia. Con tiempo disipé esas dudas juveniles.
Pero una tarde escapista de domingo, no tuve en cuenta esos antecedentes y asumí la lectura de los nuevos materiales con la predisposición melindrosa del degustador. Hice mal, muy mal. En unas pocas horas, sin prorrogas, leí poema tras poema y libro tras libro. Terminé fagocitado por los textos de Falcone, exhausto por los destellos rebosantes, las patadas en los huevos y las caricias más insensatas. Como atado a un péndulo este tipo me hizo viajar, sin estaciones intermedias, de la angustia (al corroborarme la estructura lógica del mal, el desastre que acecha), a la felicidad (al confirmarme la estructura ilógica del bien, por hacer entrar el porvenir en oleadas tenues). Su literatura vapulea con su vaivén del Averno a la Esperanza , de la Esperanza al Averno, y así, sin parar... Pero lo principal es que, después del zamarreo, queda claro que la vida no es un callejón sin salida. Su poesía está siempre abierta a la desmesura de la utopía. Su poesía se abre de gambas, generosa. Además viene acompañada de imágenes plásticas afines: Canto Hereje cuenta con los dibujos de Gabriela Podestá y Fernando Buen Abad Domínguez. La Gomera de David con los de Marcelo Carpita.
Yo considero que estos textos (y las imágenes que los acaban, o mejor: la imágenes con las que se acaban mutuamente) son audaces como gatos, no saben apretarse en hileras pálidas, no saben quejarse. Son armas de construcción masiva. Supongo que eso se debe a que Falcone: 1) gambeteó la decadencia ideológica y resistió el coleccionismo, la neurosis y la melancolía y ahora intuye los modos y regímenes futuros de lo mejor de su pasado (y de lo mejor su generación, la de los luchadores populares del 70); 2) pateó el bastón de la burocracia y persistió -alquimista- en los inventos temerarios; 3)conservó la indiferencia relativa por los "resultados"; 4) siempre trabajó culturalmente en función del proyecto colectivo que creará el contexto donde la magia funcione (siendo consciente que todas las Iglesias son hostiles a la magia y a la herejía); 5) nunca dejó de tener la edad que sueña el harén.
Su poesía es diáfana desde todos los puntos cardinales. Queda muy claro que ha sido construida y sigue construyéndose como enclave no corrompido para resistir. Por lo tanto, los de Falcone son textos aptos para leer mientras se espera el deseo.
(1) Jorge Falcone fue militante de la organización Montoneros. "Orga" es el apócope de organización.
(2) María Claudia Falcone: estudiante de la Escuela de Bellas Artes de La Plata y militante popular. Fue secuestrada junto a otros jóvenes por las fuerzas de seguridad en 1976, en la denominada "Noche de los lápices".