El 29 no habrá nada que festejar, sino mucho por construir
1- Millones de pesos despilfarrados obscenamente, en una campaña
plagada de frivolidades y vaciada de todo debate político relevante,
no pueden ocultar lo evidente: cuando el 28 por la noche cierren las
mesas de votación, nada tendrá para festejar el pueblo
pobre de nuestro país. Cualquiera de las medidas económicas
y sociales imprescindibles para atender a las necesidades populares,
para defender el salario y el empleo, para proteger a nuestros ancianos
y niños, para fortalecer la salud y la educación pública,
se encuentran completamente ausentes de la agenda multimediática
y de los “programas” de los principales candidatos. Es que,
más allá de sus diferencias y peleas (de las reales y
de las sobreactuadas) el kirchnerismo, el PJ “disidente”
y el radicalismo reciclado disputarán el próximo domingo
una “interna abierta” en dónde todos defienden perspectivas
completamente hostiles a los intereses populares.
2- Estas elecciones se realizarán en medio de una crisis económica
que ha cobrado grandes proporciones en los centros del poder mundial
y que empieza a repercutir seriamente en nuestro continente. Para evitar
que una vez más seamos los de abajo los que paguemos las consecuencias
de la crisis provocada por el capital, se imponen medidas como la recuperación
de bienes naturales y recursos energéticos, la nacionalización
de las industrias estratégicas, la eliminación de los
impuestos regresivos y toda una serie de políticas que atiendan
a las necesidades sociales más vitales descargando los costos
de la crisis sobre las ganancias capitalistas. Estas medidas, muchas
de las cuales ya se están llevando adelante en países
como Venezuela, Bolivia o Ecuador, y que difieren radicalmente del rescate
al gran capital aplicado por las mayores potencias mundiales, son rechazadas
de plano, aunque con algún matiz discursivo, por las tres coaliciones
principales que competirán el 28. El modelo extractivo-agroexportador
que se consolidó después de la devaluación, y que
está basado en la depredación de nuestros bienes comunes
y en salarios relativos por el piso, está fuera de discusión
y es el consenso básico de todo el establishment político
argentino. Lo que está en debate entonces es qué personal
político gestionará la crisis en favor de las finanzas
y el gran capital: si el kirchnerismo con sus tímidos arrestos
“neo-desarrollistas” y una mayor presencia estatal que garantice
los negocios del empresariado amigo; o la variante más ortodoxa
y neoliberal, expresada en las dos fuerzas opositoras, que pugnan por
un mayor peso relativo de los agroexportadores y la vuelta a las “relaciones
carnales” con EE.UU y los organismos financieros internacionales.
Las grandes empresas periodísticas como el Grupo Clarín
nos han dejado en claro que la mayoría de la clase dominante
argentina ha optado por la segunda variante. Como se ve, nada que ganar
para nuestro pueblo.
3- Así es que hoy la agenda popular se encuentra bien lejos
de la que intentan imponer tanto los K como la oposición de derecha
y su política de mano dura: nuestras prioridades pasan por articular
la resistencia para evitar que los efectos de la crisis deterioren aún
más nuestro nivel de vida. La lucha contra los despidos, suspensiones
y rebajas salariales, por el aumento de los presupuestos de salud y
educación, por la defensa de nuestros bienes comunes y por políticas
sociales universales e inclusivas debe ser nuestra tarea inmediata.
Lejos de los flashes periodísticos y de la política espectáculo
que nos invaden hoy, es desde estas luchas cotidianas y desde las construcciones
de base que iremos creando y fortaleciendo nuestras organizaciones,
madurando nuestras propuestas y herramientas de acción, preparando
las luchas ofensivas dentro de una perspectiva de cambio social radical.
4- El dato central de estas elecciones es entonces la ausencia absoluta
de una alternativa política realmente popular. Es en esta notable
carencia donde las organizaciones del campo popular debemos poner el
centro de nuestra reflexión y también nuestros esfuerzos
organizativos. Es que a pesar de las luchas y los procesos de organización
que se han dado luego del 2001, y que en muchos casos aún mantienen
vitalidad, no hemos logrado construir una alternativa política
con posibilidades de disputa real frente a los poderosos. Lo expresan
bien los compañeros del Frente Popular Darío Santillán
cuando dicen, respecto de estas elecciones, que “el problema de
fondo en este caso es que, como pueblo, no hemos logrado la acumulación
de fuerzas necesarias para intervenir e incidir a nuestro favor en un
terreno institucional donde las reglas del juego las fijan las clases
dominantes.” Esto no significa, de ninguna manera, menospreciar
la importancia de la disputa en el terreno electoral, que de hecho ha
cobrado gran relevancia en varios procesos latinoamericanos actuales.
Mas bien, lo que no compartimos, es la importancia central que pequeñas
organizaciones sin inserción real entre la mayoría de
los trabajadores suelen otorgarle a una participación electoral
con recursos infinitamente desiguales frente a los partidos tradicionales
(cosa inevitable) y que no expresa construcciones populares potentes
y con capacidad de disputa. Máxime cuando no se hace otra cosa
que reproducir en lo electoral prácticas sectarias y divisionistas
que afectan incluso a los respectivos trabajos de base. Mucho menos
podemos compartir las eternas (y siempre frustradas) expectativas en
que “colgarse” de alguna figura del progresismo, más
o menos mediática y con buena imagen, pueda reemplazar la necesaria
organización popular. Sobre todo cuando estas experiencias devienen
en general en el abandono de toda perspectiva anticapitalista y su reemplazo
por un pragmatismo extremo. A pesar de no compartir estas perspectivas,
de ninguna manera igualamos estos intentos, sean más o menos
exitosos, a las prácticas que desarrollan los aparatos políticos
tradicionales (hoy el FPV-PJ, Unión Pro o el Acuerdo Cívico
y Social) y nos consideramos compañeros de lucha de la mayor
parte de los que militan dentro de estos proyectos de izquierda.
5- Nuestro principal problema, como ya dijimos, es la imposibilidad
que hoy tenemos en el campo popular de ubicar una alternativa propia
en el escenario electoral. Superar esta carencia no depende de una táctica
de coyuntura sino de un trabajo, paciente pero persistente, de organización
de la resistencia, fortalecimiento de la militancia de base y del ensayo
de una articulación política popular y anticapitalista.
Por lo pronto, ante las elecciones del 28 desde La Mella planteamos
NO votar a ninguna de las alternativas que van a gobernar en nuestra
contra, es decir a los K, el PRO, la UCR o la Coalición Cívica.
Esto puede suponer votar a cualquiera de las expresiones de izquierda
y del campo popular, apoyar iniciativas como el voto propuesta o voto
programático como la que impulsa el espacio Otro Camino para
Superar la Crisis del cual formamos parte, o votar en blanco o no votar.
Como sea, lo relevante para nosotros no es a quién se vote, sino
el seguir construyendo después del 28 la organización
popular, desde abajo y a la izquierda, y en ese camino aspiramos a construir
en unidad aún con los compañeros con los que no coincidimos
en el terreno electoral. Porque bien sabemos, en las elecciones se puede
jugar el futuro de algún político del sistema o la cotización
futura de algún experto en marketing electoral. Nuestro futuro,
en cambio, se forja en nuestros trabajos, en nuestros lugares de estudio
y en nuestros territorios, organizando, luchando y construyendo todos
los días poder popular para otra sociedad.
*Corriente Julio A. Mella*
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