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por Franck Mintz

25 años de … consideraciones desde las experiencias de la Argentina con democracia capitalista, de la Bulgaria con democracia popular y de la España franquista
En los tres casos tenemos discursos dementes -en total antagonismo con el sarcasmo de vida de los asalariados de a pie- desde las esferas del poder de encumbrados políticos (e intelectuales afines) con el sostén de la prensa de la dictadura –franquista o del proletariado [o sea del partido comunista en su versión dictadura del proletariado]- o cooptada.
Veamos brevemente cada caso.
En 1964, Franco (“Caudillo por la gracia de Dios”, fórmula acuñada en las monedas) celebraba 25 años de Paz, ¿qué paz? “La victoria sobre el bolchevismo, la recuperación de los valores patrios como el catolicismo, el orden social y la monarquía” para citar los clichés de la época. El trabajo de decenas de millares de esclavos presos republicanos hasta fines de los 1950, unos 100.000 fusilados, medio millón de desterrados políticos no obviaban el concepto de Paz franquista, ni tampoco el fusilamiento del dirigente comunista Julián Grimau en julio de 1963 tras múltiples solicitudes de indulto –y un intercambio de telegramas corteses entre Franco y Nikita Kruchev, primer secretario del PC de la Unión soviética-, el agarrotamiento de los anarquistas Joaquín Delgado y Francisco Granados en agosto del mismo año. Tampoco obscurecía el regocijo oficial la sangría de la emigración por motivos económicos a partir de los 1960 y sin embargo ¿qué es una emigración sino la comprobación de que la “patria“ es incapaz de solucionar graves problemas cotidianos?
“25=100” pintado y colgado en todos los barrios era el espectacular eslogan del partido comunista búlgaro en 1969. Gracias a la liberación del país por el Ejército Rojo el 9 de setiembre de 1944, Bulgaria en 25 años había logrado en todos los ámbitos un adelanto de un siglo. En el papel la nación había multiplicado por 3 o 5 el número de médicos e ingenieros, e incluso los mandaba a Argelia y Tanzania a ayudar “países hermanos”. Pero en Argelia la gente prefería recorrer centenas de kilómetros para ver a un médico checo o alemán del Este antes que consultar a un médico búlgaro; en Bulgaria el pueblo no tenía esta suerte. El PCB aplicó el marxismo leninismo como en la URSS y bajo la supervisión de la embajada soviética, o sea la dedocracia y el mérito de la militancia partidaria antes que los conocimientos laborales y científicos. Hubo un alud de “chantadgía” (gente con un maletín de ejecutivo y con la cabeza huera) con diplomas universitarios de valor cero y carné del PC; pero no había un plantel de estudiantes sin etiquetas y con conocimientos como en la misma URSS y las otras colonias. Total, para curarse se debía ir discretamente a casa de un médico jubilado formado bajo “el fascismo” o a los curanderos. Un departamento valía diez años de salarios y el sueldo mensual no permitía ahorrar. No era lo peor.
En un plano, sí, la patria adelantó decenios e incluso se anticipó a EE UU: un estudiante con notas excelentes no podía ingresar en la universidad y se justificaba “tenés a un tío emigrado a un país capitalista”, “tu hermano es -naroden vrag- enemigo del pueblo”, etc. Siempre el concepto de “partiynost” –la entrega al verticalismo y dedocracia, fuente de privilegios personales-, antes que la capacidad de crear e inventar, o sea “ la tecnología soviética” [la Cheka de Lenin que la creó el 20 de diciembre de 1917], toda la población fue cuadriculada, fichada de acuerdo a sus familiares, vecinos y amigos. Y es un saber que sigue sirviendo puesto que los “trabajadores de la Seguridad Estatal –DS Darzhavna Sígurnost-” están reconvertidos en policías democráticos en la Unión Europea, con la “misma depuración” que en España y en Argentina después de las dictaduras.
Dados los ejemplos citados me parecen dignas de un caso de emergencia manicomial declaraciones como: “Podemos decir satisfechos que cumplimos con nuestra principal meta: construir -mediante el diálogo, el consenso y la ética- una democracia para el Estado y la sociedad argentina que trascienda nuestro gobierno y siente las bases de 100 años de paz y prosperidad para la Argentina. […] Hoy podemos afirmar con certeza que la dictadura militar que asoló nuestra República entre 1976 y 1983 fue, es y será la última.” (El ex presidente Raúl Alfonsín, Página 12, 30 de Octubre de 2008).
Comparado con los 25 años búlgaros en lugar de “25=100”, Alfonsín y otros ilusos e hipócritas nos proponen un “# 25-100” [de 25 vamos a 100 más], tan grotesco como trágico.
En los tres ejemplos de demagogia de aniversarios, las mentiras católica o marxista leninista con desarrollismo, la de la chusma de presidentes neo liberales, todas huelen a chabacanería barata frente a la realidad padecida por los asalariados y los excluidos y los 100 niños que se mueren al día por falta de alimentos y medicinas básicas.
Frank Mintz, 2 de noviembre de 2008